19 de octubre de 2011

Amor a raudales en La Educación Sentimental, de Gustave Flaubert.

Metáfora, intensidad, romanticismo e ironía.



Obra: Gustave Flaubert. La educación sentimental (1869).



La educación sentimental

Leo a Flaubert y me encuentro de nuevo con la literatura, la verdadera literatura, ese espacio mágico, donde vibrar con las aventuras de otro como si fuese yo misma, viviendo la trama con el alma en un hilo. Me gustan sus personajes, porque son intensos, como yo, cambiantes, enamoradizos, exagerados, me siento identificada con esos sentimientos en que se va la vida, esas emociones que nos ponen los pies en la tierra y le devuelven el sentido a nuestra alma.



Flaubert dijo, "No leáis La educación sentimental como los niños: por diversión; ni por instrucción, como los ambiciosos. No. Leedla para vivir" (Flaubert 527). Un escritor comentó sobre esto, diciendo: “La mayoría de la gente lee novelas por diversión, por evasión, tal vez también en parte por instrucción. Los buenos lectores leen para vivir, como escribió Flaubert, leen para vivir la vida con más intensidad. Desde que empecé a escribir, a los dieciocho años, me di cuenta que este era un oficio de reflexión en voz alta sobre el mundo en que vivimos, a través del mundo de lo imaginario, que es algo así como un mundo paralelo al que llamamos "real", porque tiene sus propias leyes y goza de total autonomía.” (García-Valiño).



La educación sentimental es efectivamente un libro para vivir, o al menos lo fue para mí. Letras para soñar, ensoñaciones que nos devuelven el sentido. Uno de los grandes aciertos del texto, con los que logra esa “emoción”, son las metáforas y las descripciones de sentimientos amorosos, que por un lado impactan por su belleza, y por otro lado desconciertan por su exageración en grado sumo. Un romanticismo puro, que a veces parece serio, y tantas otras veces despierta sospecha de cierta ironía, por el nivel de intensidad y oscilación. Pero, esa dualidad tiene algo que atrae, por un lado hace creer que todo es una gran burla, y que mientras Flaubert escribía, al mismo tiempo reía, y por otro lado, logra que el lector se encuentre indeciso entre llorar, salir a caminar mirando los árboles o invitar a alguien y declararle su amor eterno. Es un efecto mágico, y Flaubert lo logra magistralmente.



Escogí este aspecto preciso para analizar, casi como una necesidad, porque las citas que menciono me hicieron sonreír de felicidad, y llorar de emoción (muy en sintonía con el lenguaje y sensaciones hiperbólicas de Flaubert, e intentando seguir su línea al expresarme ahora). Luego de la lectura, supe con seguridad que quería escribir sobre esto, para poder atesorar esas citas en mi alma.



Debido a que este es un informe breve, lo que intento en estas escasas páginas, es demostrar mediante citas, la exageración ésta de la que hablo, confusa, ambigua, y lograda por el escritor mediante ensoñaciones del personaje, paisajes y estados que imagina junto a su amada, y mediante la descripción de sentimientos utilizando metáforas, que más parecen hipérboles que otra cosa.



Este es un informe, más para sentir y para soñar, que para otro propósito. Se debe enfrentar con el corazón abierto, sin barreras, con los sentidos preparados y dispuestos. Eso en un primer momento, luego viene la duda, del sarcasmo aquél que tiene algo mágico, al menos para mí, como el humor negro.



Por ejemplo, en esta cita, Moreau prefiere estar al borde de la muerte, que no poder rozar su frente con la de su amada, la señora de Arnoux: “El pobre viejo Meinsius estaba al lado de la señora de Arnoux, en una butaca, cerca del fuego; ella se inclinaba hacia su oído, sus cabezas se tocaban, y Frédéric hubiera aceptado ser sordo, enfermo y vejo por tener un nombre ilustre y cabellos blancos; en fin, por tener algo que le entronizara en una intimidad semejante; se consumía su corazón, furioso contra su juventud ” (Flaubert 67). Su corazón no estaba enojado, un poco molesto, sino que estaba “furioso”, esa es la exageración de la que hablo, y que hace la imagen tan bella y tan romántica.



“Frédéric, al oír aquellas cosas, miraba a la señora de Arnoux; Caían en su espíritu como metales en un horno; se agregaban a su pasión y fomentaban el amor.” (Flaubert 66, la cursiva es propia). Esta es una imagen muy reveladora y “exacta”, metales en un horno, metales hirviendo, que van aumentando la pasión e impulsando al amor. Flaubert tiene la habilidad de encontrar imágenes sumamente gráficas para expresar sentimientos, sobretodo fuertes.



“La señora de Arnoux se adelantó hasta la entrada; Dittmer y Hussonnet le saludaban; ella les alargó la mano; la tendió igualmente a Frédéric, y él experimentó como una penetración en todos los átomos de su piel.” (Flaubert 68, la cursiva es propia). Hay algo sublime en el nivel de exageración de esta comparación. El autor va a lo más profundo, a lo más pequeño, es tan grande el amor, que él no lo siente solamente en la piel, lo siente, en todo los átomos. No existe una imagen que pudiese ir más allá que esa. Los átomos son la medida más pequeña que Flaubert pudo pensar.



“Entonces se sintió presa de esos estremecimientos del alma en que está uno transportado a un mundo superior.  Una facultad extraordinaria, cuyo objeto no conocía, le dominó; se preguntó si sería seriamente un gran pintor o un gran poeta; se decidió por la pintura, porque las exigencias de aquel oficio le aproximarían a la señora Arnoux.” (Flaubert 70). El escritor lo describe como algo evidente, un “lugar común”, ya que dice, presa de esos estremecimientos del alma, “en que está uno transportado a un mundo superior”. Lo expresa como algo natural, así, simplemente, siendo que es una sensación que muy potente, y me parece a mí, que sólo es posible de sentirse en ciertas situaciones especiales, como dijo Borges, con “la música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, (que) quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético” (Borges 18).



“La convicción de una seguridad absoluta le daría valor. Por fin no se alejaba, no se separaba de ella. Algo más fuerte que una cadena de hierro le ligaba a París, una voz interior le gritaba que se quedara.” (Flaubert 85, la cursiva es propia). Era algo realmente muy fuerte lo que le ligaba a la ciudad de su amada, una cadena de hierro, nuevamente Flaubert utiliza la comparación con el objeto que mejor representa lo que quiere decir, la cadena de hierro es a la fuerza, como los átomos son a lo microscópico (usando otra palabra exagerada). Su máxima expresión. Es insuperable.



“Las cenas empezaron de nuevo, y cuanto más trataba a la señora Arnoux, más aumentaban sus languideces. La contemplación de aquella mujer le enervaba, como el uso de un perfume demasiado fuerte. Aquello llegaba casi hasta las profundidades de su temperamento, y se convertía casi en una manera general de sentir, un nuevo modo de existir.” (Flaubert 91, la cursiva es propia). Es tal el amor por la señora de Arnoux que no solamente la quiere, sino que renace en la experiencia amorosa.



La cita que menciono a continuación es larga, pero no he querido cortarla, con objeto de que no pierda la fuerza de las imágenes que recrea: “Las prostitutas que encontraba a la luz del gas, las cantantes ensayando sus notas, las artistas ecuestres en sus caballos a galope, las burguesas a pie, las costureras en su ventana, todas la mujeres le recordaban a aquella, por semejanzas o por contrastes violentos. Miraba en las tiendas los casimires, los encajes y las arracadas de pedrería, imaginándolas colocadas sobre sus hombros, cosidas a su cuerpo, lanzando sus fuegos en sus cabellos negros. En las cestas de las vendedoras, las flores se ofrecían para que ella las eligiese al pasar; en los escaparates de los zapateros las pequeñas pantuflas de raso cerradas de pluma de cisne parecían esperar su pie; todas las calles conducían a su casa; los coches se estacionaban en las plazas, únicamente para ir allá más deprisa; París se refería a su persona, y la gran ciudad, con todas sus voces, sonaba como orquesta inmensa alrededor de ella. Cuando iba al Jardín Botánico, la vista de una palmera le arrastraba hacia países lejanos. Viajaban juntos, sobre dromedarios, bajo las tiendecillas de los elefantes, en la cámara de un yate por azules archipiélagos, o uno al lado del otro en dos mulas con campanillas, que tropezaban en las hierbas o contra columnas en pedazos. A veces se detenía en el Louvre, delante de cuadros antiguos, y su amor regresaba hasta los siglos pasados, encarnando a los personajes de las pinturas. Adornada con un tocado alto, oraba de rodillas detrás de una vidriera de colores. Señora de Castilla o de Flandes, permanecía sentada, con una gorguera almidonada y un corsé de grandes bullones. Luego bajaba por alguna gran escalera de pórfido, en medio de los senadores, bajo un dosel de plumas de avestruz, con un traje de brocado. Otras veces soñaba que la veía con pantalón de seda amarilla en los cojines de un harén; y todo lo que era hermoso, el brillo de las estrellas, ciertos aires de música, el sentido de una frase, un contorno, la llevaban a su pensamiento de una manera brusca e insensible” (Flaubert 93, la cursiva es propia). Todas, no algunas, sino que “todas” las mujeres le recordaban a la señora de Arnoux. En esta cita se crea la ensoñación, paisaje y estado que mencioné era un recurso para lograr el efecto deseado. Es como un cuadro, uno puede ir viéndolo, imaginándolo, con calma, con detalles, con colores, cada imagen es prolongada, y lleva a muchas imágenes más. París entero se refiere a ella, y la orquesta que suena no es grande, es “inmensa”, la imagino con varios timbales, resonando al mismo tiempo, una imagen demasiado imponente, los violines en la nota más alta, sostenida, el piano en unos arpegios interminables. “Todo” lo que era hermoso, la llevaba a su pensamiento. “El brillo de las estrellas, ciertos aires de música”, y, lo más bello de todo lo que me menciona, “el sentido de una frase”. Eso es amor puro, recordar a la persona amada al entender el sentido de una frase. Es una figura hermosa, tenue, sugerente, delicada, frágil.



“Le despediría, indudablemente; o bien, indignándose, le arrojaría de su casa. Él prefería todos los dolores al horrible temor de no verla más.” (Flaubert 93, la cursiva es propia). Nuevamente, el protagonista prefiere un estado distinto y horrible, a cambio de cercanía con su amada, había deseado ser viejo y enfermo, y ahora desea “todos” los dolores, no solo algunos.



“Sin embargo, pensaba en la dicha de vivir con ella, de tutearla, de pasarle la mano suavemente por sus cabellos, o de estar en el suelo, de rodillas, con ambos brazos alrededor de su cintura, bebiendo su alma en sus ojos. Preciso habría sido para esto subvertir el destino; e incapaz de acción, maldiciendo a Dios y acusándose de su cobardía, se revolvía en su deseo, como un prisionero en su calabozo. Una angustia permanente le ahogaba; permanecía horas enteras inmóvil o estallaba en lágrimas; y un día, que no tenía fuerzas para contenerse, Deslauriers le dijo: -Pero… ¡por Dios! ¿Qué es lo que tienes?” (Flaubert 93). Esta imagen y actitud es interesante. La cita tiene varios aspectos que resaltar. “Bebiendo su alma en sus ojos” es una figura poética muy bonita. Por otra parte, el “maldice” a Dios, y se “revuelve” en su deseo, como “prisionero en su calabozo”. Las imágenes son poéticas, y su actitud es muy romántica, y me recuerda a Emma Bovary, permaneciendo Moreau “horas enteras inmóvil”, “estallando en lágrimas”, “no teniendo fuerzas para contenerse”, hasta que su amigo no puede creer que esté así, y tiene que preguntarle, “¡¡Qué es lo que tienes!!”. Esa es una reacción de algo muy grave que está ocurriendo.



“En esto, por encima de sus cabezas, se oyó un trino, y era que la señora Arnoux, creyéndose sola, se entretenía cantando, haciendo escalas, gorjeos, arpegios. Lanzaba notas sostenidas, que parecían quedar en suspenso; otras caían precipitadamente, como las gotas de una cascada; y su voz, pasando por la celosía, cortaba el profundo silencio, elevándose hacia el cielo azul.” (Flaubert 106, la cursiva es propia). Esta es una imagen celestial, la divinización del objeto de su deseo. La voz de la señora de Arnoux, junto con ella misma, se eleva al cielo en cuerpo y alma, como posteriormente lo haría Remedios, la Bella, en “Cien años de soledad”, por su extrema belleza.



“Abordó él el capítulo de las aventuras sentimentales, y ella compadecía los desastres de la pasión, pero le indignaban las infamias hipócritas; y aquella rectitud de espíritu correspondía tan bien con la belleza correcta de su rostro que parecía su consecuencia. A veces sonreía, deteniendo en él sus ojos un minuto. Entonces Frédéric sentía penetrar sus miradas en su alma, como esos grandes rayos de sol que descienden hasta el fondo del agua. La amaba sin segunda intención, sin esperanza de correspondencia, absolutamente; y en aquellos mudos transportes parecidos a expansiones de la gratitud, hubiera deseado cubrir su frente de una lluvia de besos. Sin embargo, un soplo interior le arrasaba como fuera de sí; era aquello un deseo de sacrificarse, una necesidad de adhesión inmediata, y tanto más fuerte, cuanto que no podía saciarla.” (Flaubert 106). Existen en esta cita varios aspectos a recalcar, primero “aquella rectitud de espíritu” que se corresponde tan bien con “la belleza correcta de su rostro”, que “parece su consecuencia”, es esa una imagen hermosa, y que indica la perfección e idealización en grado sumo de la persona amada, característica propia del romanticismo, y del amor romántico. Lo mismo el “soplo interior” que “le arrasaba como fuera de sí”, el “deseo de sacrificarse”, y la “necesidad de adhesión inmediata”. Por otra parte, las miradas que penetran en su alma “como esos grandes rayos de sol que descienden hasta el fondo del agua”, es una imagen poética y romántica, muy hermosa, capaz de impresionar hasta al más indiferente.



“Desde el día siguiente se puso a trabajar con todas sus fuerzas. Se veía en un tribunal, en una tarde de invierno, al final de la sesión, cuando los jurados están pálidos y la muchedumbre, excitada, hace crujir las barandillas del pretorio, hablando hacía ya cuatro horas, resumiendo todas sus pruebas, descubriendo otras nuevas y sintiendo a cada frase, a cada palabra, a cada gesto, levantarse la cuchilla de la guillotina colocada a su espalda; después, en la tribuna de la Cámara, orador que lleva en sus labios la salvación de todo un pueblo, ahogando a sus adversarios con sus prosopopeyas, aplastándolos con una respuesta, con rasgos y entonaciones musicales en la voz, irónico, patético, fogoso, sublime. Ella estaría allí, en algún sitio, en medio de la gente, ocultando con su velo sus lágrimas de entusiasmo; después se juntarían, y los desalientos, las calumnias y las injurias no le alcanzarían si ella decía: “¡Qué hermoso es eso!”, pasándole por la frente sus manos ligeras. Aquellas imágenes figuraban como faros en el horizonte de su vida. Su espíritu, excitado, se hizo más inteligente y más fuerte.” (Flaubert 112). El corazón enamorado de Moreau, encuentra un sentido y un porvenir a su vida con el amor que siente por la señora de Arnoux, romanticismo puro.



“Las nubes, color de rosa, formaban una franja por encima de los tejados; empezaban ya a levantar los toldos de algunas tiendas; los carros de riego derramaban su lluvia sobre el polvo, y una inesperada frescura se mezclaba con las emanaciones de los cafés, que dejaban ver por sus puertas abiertas, entre plateados y dorados, flores en canastillos que se dibujaban en los altos espejos. La gente andaba despacio; había grupos de hombres hablando en medio de la acera, y pasaban las mujeres con cierta blancura en los ojos y ese tinte de camelia que da a las carnes femeninas la lasitud de los grandes calores. Algo enorme se extendía envolviendo las casas. Jamás París le pareció tan hermoso. En el porvenir únicamente se percibía una interminable serie de años enteramente llenos de amor.” (Flaubert 114, la cursiva es propia). En esta bella imagen, emplea la hipérbole, en el “jamás”, en el “tan” hermoso, y una “interminable” serie de años, “enteramente llenos” de amor. Amor, es lo único que hay en esos años. Es un absoluto, que hace que la idea sea muy extrema, no hay intermedios ni grises, el amor estará en todos los años, y ocupando todo sus días.



            Me fue agradable expresar estas palabras. Es que me apasiona demasiado todo esto. Escribir, soñar, plantear inquietudes, miradas, darle una vuelta a las cosas, y en definitiva, sentir, disfrutar y vivir.



            Se preguntará el lector de este informe si había seriedad o ironía en las líneas, y la respuesta, al igual que tendríamos que responder respecto a Flaubert, es que tiene de las dos cosas, ya que de esa forma es la vida, ambigua, cambiante, difícil de asir, a menos que se entre en ella sin ninguna expectativa, o con total esperanza de entenderle el sentido, lo que sería su opuesto.



Igual es interesante ese límite. Entre una cosa y la otra, porque están al lado, y son tan opuestas

Es más que interesante.

Creo que eso es lo que vuelve a mi cabeza. Ese límite. Difuso.

Bueno, si algún día quieres llegar ahí, podemos explorar las opciones.

Es que llevarlo a la práctica, y pasar al otro lado del límite, transformaría las cosas.

Bueno, si no lo haces probablemente nunca sepas. A ti te gustaría, por tu forma de ser, yo sé, me acuerdo.

Lo que es seguro, es que habría sido un punto de inflexión.



Gustave Flaubert

Cuando me encuentro con un libro tan vital y poderoso como La educación sentimental, vuelvo a ser feliz. Vuelvo a amar intensamente, la literatura, la vida, y a confiar en la humanidad. Cada vez que leo a Flaubert es un punto de inflexión. Flaubert me ha devuelto a la vida.



Obras citadas



Borges, Jorge Luis. “La muralla y los libros”, en Otras inquisiciones. Barcelona: Emecé

Editores, 2005.

Flaubert, Gustave. La educación sentimental. Buenos Aires: Debolsillo, 2007.

García-Valiño, Ignacio. Señas de identidad (Poética). http://www.ignaciogarcia-




Bibliografía



Borges, Jorge Luis. “La muralla y los libros”, en Otras inquisiciones. Barcelona: Emecé

Editores, 2005.

Balzac, Honoré de. Eugénie Grandet. Madrid: Editorial Edaf, 2001.

Balzac, Honoré de. “Prólogo del autor a La comedia humana”.

Bourdieu, Pierre. “La conquista de la autonomía, la fase crítica en la emergencia del

campo” Las reglas del arte. Trad. Thomas Kauf. Barcelona: Anagrama, 1995.

Flaubert, Gustave. La educación sentimental. Buenos Aires: Debolsillo, 2007.

Flaubert, Gustave. Madame Bovary. Madrid: Ediciones Cátedra, 2008.

Villanueva, Darío. Teorías del realismo literario. Madrid: Biblioteca Nueva, 2004.

18 de octubre de 2011

La educación sentimental

Leo a Flaubert y me encuentro de nuevo con la literatura, la verdadera literatura, ese espacio mágico, donde vibrar con las aventuras de otro como si fuese yo misma, viviendo la trama con el alma en un hilo. Me gustan sus personajes, porque son intensos, como yo, cambiantes, enamoradizos, exagerados, me siento identificada con esos sentimientos en que se va la vida, esas emociones que nos ponen los pies en la tierra y le devuelven el sentido a nuestra alma.

Gustave Flaubert

Cuando me encuentro con un libro tan vital y poderoso como La educación sentimental, vuelvo a ser feliz. Vuelvo a amar intensamente, la literatura, la vida, y a confiar en la humanidad. Cada vez que leo a Flaubert es un punto de inflexión. Flaubert me ha devuelto a la vida.

14 de octubre de 2011

Lienzo

Un día agradable, el sol sale entre las nubes que vienen y se van
Me agradece la conversación
También la agradezco
Las palabras van llenando de formas un gran lienzo
Las emociones van llenando de vida esta íntima pintura
Colores que se mezclan
Acercarse. Comunicarse
Te agradezco, lo digo porque no ando por la vida conversando las cosas que te dije, pero das confianza, debe ser tu espíritu filosófico
Actúa un rato desde tus emociones
Acércate a las cosas de otra manera
No pienses tanto
De cada conversación sale una pintura
Un gran lienzo con muchos colores
No seas tan empático, dile lo que sientes
Estamos rodeados de pinturas, tranquilas, explosivas, verdes, grises, rojas, negras
Supongo la sexualidad será algo hermoso para ti
Creo que el aceptar las opciones y las renuncias nunca se acaba
Bienvenido al vértigo
Te regalo esta pintura, puedes mirarla cuando tengas dudas
Estemos en contacto
Dime lo último
Qué
¿Eres feliz?
Como un gran lienzo lleno de colores
¿Crees que la universalidad no deja espacio para la particularidad?
Me cansé de la universalidad, quería relacionarme directamente
La verdad absoluta no deja espacio para la diversidad
La verdad absoluta no deja espacio para el amor
Olvida la resiliencia, es el momento de explorar tu alma
Es el momento de emprender lo que te haga sentido
Disfrutar, disfrutar, disfrutar
De esta pintura, de esta conversación
De esta música celestial que empieza a sonar y nunca se detendrá
No más alabar los contratiempos
Tuve la misma sensación que tú
Finalmente todos estamos renaciendo
Todos tenemos dudas, todos debemos aceptar nuestras opciones y renuncias
Bienvenido al vértigo
Bienvenido al mundo paradójico de los seres únicos e iguales
Bienvenido a la fragilidad y la contingencia
No encuentro la fuerza para decirlo
Olvida la timidez, es el momento de explorar tu alma
Por mientras te dejo esta rosa, has de cuenta que es tu corazón y lánzala al aire
Cuando regrese a ti serás libre
Primavera

Estado de emoción constante
Ganas de volar
Iluminación y lucidez
Ganas de correr
De amar

13 de octubre de 2011

Cuadrilátero de estrellas

Te dije que me gusta la idea de salirme un poco de la ley. Sobre todo porque estamos conversando de esto
Déjate llevar, a ti también te gusta, y no tiene porque ser algo malo. Deja de condenarte
¿No te parece raro que hablemos de esto?
En este momento estás siendo natural
¿Raro?
A eso voy. No es raro, es agradable
Por eso sigues. Te lo imaginas
Sí es raro, pero no contigo
Sientes que todo está complicado, y quieres estar en control
Hagamos algo que cumpla con tus restricciones y que a la vez sea entretenido
¿No te llama la atención ni un poco?
No entiendo por qué siempre terminamos hablando estas cosas
Yo creo que es culpa tuya. Piensas en eso todo el rato
Claramente no soy sólo yo
Ahora estoy más atrevido y te estoy proponiendo cosas, pero si soy sólo yo, parece que realmente tengo poder de disuasión, porque puedo hablarte de esto y no te vas
Con todo, igual te entiendo, tienes miedo, y quizá tampoco te llama tanto la atención como para arriesgarte
Entonces, te reprimes, total, no es gran cosa
Te vas a dormir y se te olvida
No es algo que te atormente, es un dato
Pero, el punto es que está ahí
No sólo eso, muchas cosas
Ganas de cantar, de escribir, de bailar, de tocar piano, de desvariar, y de buscar el sentido de las cosas
Pero en tu vida eres profesional, serio
Perdona, vuelve a intentarlo, el resto no calza en el molde
Por lo que vas a vivir hasta los cuarenta años pensando en esto, y vas a desbordarte al final
Entremedio vas a tener pequeñas salidas de cauce
Creo que la gracia real está en vivir a fondo y encontrar un estilo de vida que te haga feliz, que te demande el cien por ciento, y el equilibrio llega solo
No estoy diciendo drogas ni locuras de ese tipo, sino explorar lo que tu cabeza quiere ser
No escribas eso, vale más que lo que tú vas a quererme
Lo bueno es que el desborde va a ser un libro, un cuadro, una canción, ¿no crees? O quizá un affaire, puede ser. Pero, hay que seguir aspirando al equilibrio
¿Alguna vez dejas de pensar?
Yo creo que los únicos momentos en que realmente no pienso es durante un orgasmo
Estoy hablando en serio. Mi cabeza funciona a mil por hora, y busco los extremos para dejar de pensar. Muchos extremos distintos. Pero, en vez de pelear contra eso lo estoy aprendiendo a asumir y a manejar
Soy muy intenso, si tengo que hacer una presentación, doy todo de mí, si tengo que hacer un proyecto, tiene que ser el mas difícil, si tengo que pensar en algo, no puede ser menos que tratar de cambiar el mundo. He aprendido que ese soy yo, y tengo que vivir haciendo eso
Me pasa lo mismo. Es interesante aprender a canalizar la intensidad
Suerte en tu demanda del cien por ciento, cuando te llegue el equilibrio me llamas
Lo haré, pero, ese es justamente el punto, no estoy esperando que nada cambie
Está todo bien así, como está
Como soy, está bien, es sublime
A veces lo es y a veces no
Nos vemos en el equilibrio
Hojas de hiedra

Es la primavera llamando a tu puerta
Cuando ya no se pueda más, será la muerte que llamará a tu puerta
Se debe compatibilizar la vida con el alma
La vida es cambiar vidas
No quiero otra voz, mi voz es hermosa
Crearé canciones que luego serán la primavera llamando a tu puerta

7 de octubre de 2011

Mar violento

En la escalera
Uf..... ¿Como estuvo eso? ¿Te lo imaginaste?
Ha vuelto a mi mente un par de veces. Es que la idea era muy loca. Pero dime, ¿en serio pensaste eso?
Si, te lo merecías. Me habías hecho enojar. Hubiera sido un castigo merecido
Igual es interesante ese límite. Entre una cosa y la otra, porque están al lado, y son tan opuestas
Es más que interesante
Creo que eso es lo que vuelve a mi cabeza. Ese limite. Difuso
Bueno, si algún día quieres llegar ahí, podemos explorar las opciones
Es que llevarlo a la práctica, y pasar al otro lado del límite, transformaría las cosas
Bueno, si no lo haces probablemente nunca sepas. A ti te gustaría, por tu forma de ser, yo lo sé, me acuerdo
Lo que es seguro es que habría sido un punto de inflexión
La persecución

Encontrémonos en el café un día, para conversar un rato, de este mundo tan patas arriba
¿Vas o no?
¿Al café?
Al mundo patas arriba
Ja, vivo ahí
Ja, ¿y?
Vamos

5 de octubre de 2011

Crepúsculo náutico

No puedo asir tanta belleza. No puedo asir tanta vida. No puedo asir tanta música. –
Sólo me queda contemplar, con impotencia. Escribir unas líneas. Salir a correr. Gastar toda esa energía que siento. Volcarla en alguna empresa creativa. Algún proyecto vital. –
Quisiera explicarte lo que se siente. ¿Tú lo sientes a veces? –
Correr, correr sin parar, dejando todo atrás. Sintiendo que las plantas y los árboles en mi camino están realmente vivos y son parte de mí, casi pudiendo hablar con ellos. –
Una energía que no acaba. Sentirse drogado de aire, de existencia, oxígeno, dióxido de carbono, chispa divina, la fuerza de la naturaleza dentro de ti. –
Presente a raudales, presente y trascendencia, realidad, infinito. Sentido. –
Mira los árboles, tienen flores. Muchas flores, abiertas, radiantes, orgullosas. –
Mira el cielo, azul, tranquilo, sin nubes. –
Mira mis ojos, estás en ellos. Mira el brillo de mis ojos. Mira dentro de ellos con detención. ¿Lo ves? ¿Ves la energía que te dije? –
¿Ves la intensidad? ¿Ves que no se puede asir toda? Confía en mí. No esperes mucho más de la vida. Energía y listo. Entregar energía desde la mirada. Un gran y hermoso silencio. Un hermoso encuentro. Un abrazo que te devuelve a la tierra. –
¿Crees que nos seguiremos encontrando? A esta misma hora. Me gustaría. –
¿Sabes por qué te quiero? –
Es esa mirada que te acompaña, esa seguridad y ese miedo que da vértigo. Indiferencia y ansiedad. No te entiendo a veces, supongo que eso me hace seguir indagando. –
Esa libertad que sientes. Ese desdén por las opiniones ajenas, por los chismes ajenos. –
Esa certeza de tu decisión. De tu proyecto. De tus ganas de estar conmigo. -
Es la primavera, es Tori Amos. Es la inspiración que siento. –
Ese piano, esas ganas de trascender. –
Este es uno de esos momentos en que no necesito nada, la vida está bien así. No necesito nada. -
¿Sabes hasta cuándo vamos a querernos? ¿Se acaba eso? –
¿No quieres pensar en cuando se acabe? –
Abrázame. Es suficiente. Pero apretado. Cerremos los ojos. Pero un abrazo largo. Nunca es suficiente. –
A veces no entiendo bien para qué estamos aquí. ¿Tú sabes para qué? –
¿Da lo mismo? ¿Para esto simplemente? Está bien para mí también. –
Yo también estoy enamorada de ti. –
No sé bien qué es el amor, pero esto se siente bien. ¿Es este el verdadero amor? ¿Es así? ¿Tranquilo? ¿Se trata de proyectarnos juntos? ¿De querer crear descendientes que sean tuyos y míos? ¿De querer tener una casa con un huerto y si se puede un bosque? ¿Eso es? –
¿Qué es el amor? –
¿Es esto? –
¿Cómo profundizar? ¿Dándole tiempo? ¿Dándole mucho tiempo? ¿Vale la pena? –
Ya pues abrázame. Buenas noches. –


4 de octubre de 2011

El borde de la luna

Quiero bailar contigo. Te invito. Te acercas. Me rozas. - Quiero hablar contigo. Te invito. Te acercas. Me susurras. - Quiero tocarte. Suavemente. Sin prisas. - Quiero mirarte. Suavemente. Sin prisas. –
Me miras desde lejos. Invitándome. Desde lejos. Me rozas. – Me miras desde lejos. Envolviéndome con la vista. Desde lejos. Me acaricias. – Me tocas desde lejos. Sin prisas. Suavemente. – Bailamos desde lejos. Me rozas. Con suavidad nos deslizamos. –
Las manos transpiran. El corazón se acelera. La presión arterial aumenta. La agitación sube. –
Terrenos inexplorados, me dices. Paraísos posibles, te digo. -
¿Sabes lo que se siente?, te digo. Estoy seguro que bien, me dices. –
Fue por ti, me dices. No lo habría pensado, te digo. –
Me siento despertando a la vida, me dices. ¿Es bonita, cierto?, te digo. –
No sabía lo linda que podía ser, me dices. Yo a veces me ahogo de belleza, te digo. –
¿Sientes ese impulso de vida?, te digo. También me llega ese ahogo de emoción, me dices. –
Desde la primera vez que te escuché en el teléfono me cautivó tu voz, te digo. Yo te vi y supe que mi camino había tornado de rumbo, me dices. –
Todo se volvió de pronto patas arriba, me dices. ¿Supiste que nada volvería a ser igual?, te digo. –
Absolutamente nada, me dices. Es rico sentir esa chispa de vida, te digo. –
La sensación de estar realmente vivo, te digo. No podré olvidarte, me dices. –
Nada será igual, te digo. Nada será igual, me dices. –
¿Dejaste todo atrás?, te digo. Muy atrás, me dices. -
¿Todo es tan real, no te parece?, te digo. Recién empiezo a vivir, me dices. –
¿Se siente bien?, te digo. No imagino algo mejor, me dices. –

1 de octubre de 2011

Noche de cazadores

Ya no puedo escribir cualquier asunto que venga a mi mente, como una caminata en un gran bosque, con el olor de la lluvia, sino que estoy amarrada por la trama de estas páginas. No puedo escapar de este personaje. Aunque quisiera correr por las colinas. Me ata una forma de ser. Una manera de estar en el mundo tan llena de música. Cuándo es el momento de entender todo esto. La gran orquesta que se conjuga en mí. Que unas pastillas van a apaciguar. Para que el río siga su cauce. Fuimos engañados por los cuentos de hadas. No había tal historia. No era posible tal versión. Sólo quisimos sinceridad. No se nos fue dada. Cuentos que duermen. Dónde están ahora. Esperando, para nunca despertar. Soy una bella durmiente de carne y hueso. Anhelando un mundo mejor. Clamando por ranas encantadas y carrozas. Suspirando por salir de esta historia. De esta novela de cambios. Rogando por margaritas. Un poco de sol y nada más. Una tregua de silencio. Un par de bosques. Una cabeza tranquila. Escuchar un poco de música y escribir. Una mente que a veces se calma. Te pregunto si entiendes estos terremotos, pero me miras perplejo. No importa, nos ata un deseo mayor. Un deseo de seguir encontrándonos. Un deseo sublime de crear vida. La aspiración de perpetuarnos juntos, en la mayor obra de arte que pueda crearse. La gran ilusión de dejar de vernos todo el tiempo a nosotros mismos para dar espacio a un nuevo ser hecho de música. Una llamada de atención al presente y a la belleza. La invitación a ser realmente intrépidos y audaces en la creación. De dar ese paso y saltar con valentía. Despegar los pies del suelo con confianza. Darlo todo, por otro, por la belleza, por la creación, por inundar el mundo de historias y música. Esta es la noche de cazar al deseo. De hacer nuestra la alegría de una vez. Que se quede. De entregar al mundo algo frágil, hermoso e invencible. Una esperanza gigantesca de estar firmemente en la tierra. De no engañarnos más y ver lo que hay. Mirar a los ojos y despertar. Dejar de divagar sin rumbo. Dejar de perder una y otra vez el sentido. Haré tantas historias para ti como estrellas hay en el cielo. Y verás cuántos mundos posibles nos rodean. No querrás dejar de soñar. No querrás que acabe nunca. Te cantaré tantas canciones que no podrás dejar de sonreír. Te daré tantas flores que observarás el mundo de colores. Pero intentaré que tu corazón tenga paz. Que no te abrume el mundo como a mí. Que los mundos posibles no te destrocen. Que se detengan las montañas rusas. No puedo mentirte, la existencia no se detiene, aunque quieras. Es algo que debo decirte, querrás que a veces haya pausas. Para poder respirar con tranquilidad, sin prisas que valgan. Pero el tiempo no se detiene. No dejes que esa idea te paralice, porque puedes hacer de él lo que tú quieras. No dejes que nadie te intimide, es tu tiempo. Dale un sentido humano. Llénalo de lo más lindo que tienes dentro. Es tu deber y tu bendición. Darle alas a tus horas. Hacerlas mágicas y livianas. Con poder de transformación. Para cambiar el cemento por verde. El cielo gris por claridad. Harás castillos en la arena como lo único válido. Vendrás a renovar este mundo. A quererlos a todos, a dar energía y amor a los corazones. No aceptarás la muerte de ningún ser vivo. Sabrás que todo lo que vive tiene alma. Las hormigas, los helechos y las personas. Las voces que cantan. Tendrás discurso y acción transformadora. Querrás ser amigo de todos. Sabrás que no existe solamente una verdad, que todas las verdades son válidas. Que todos pueden opinar. Que la verdadera participación nos hará mejores. Que la política nunca estará ausente donde las personas quieran expresarse. Llevarás música a todos los rincones. Darás alma a los cuerpos donde ella esté desapareciendo. Tendrás los pies tan firme en la tierra, que ningún viento podrá llevarte, por muy fuerte que sea. Tendrás la mirada tan decididamente puesta en las estrellas, que ningún malintencionado podrá desviarte. No conocerás fronteras, el ancho mar será tu amigo. Trabajarás arduamente para acabar con las barreras. Serás tú mismo, y tratarás de hacerlo lo mejor posible. Para ese mundo que renace, doy un momento de silencio, hago un espacio.

12 de septiembre de 2011

Montañas rusas

Piensa en lo bueno, la creatividad, sentir cosas que otros no sienten.
The thrill is gone

Ya no es divertido. Ya no es una gracia. Ahora me da un poco de vergüenza. Saber que he actuado porque mi cerebro está fallado. Siento mi creatividad como artificial, como no verdadera. Ahora tengo pena. Por no ser normal. Ahora sí me siento loca, pero ya no es divertido, ahora no me siento única, distinta, me siento fallada, rara.

(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)

11 de septiembre de 2011

Nunca listos

Hay que estar preparado para no estar preparado.

10 de septiembre de 2011

Sólo faltas tú

En el balcón, el ruido no me deja escuchar la música. Dolor de cabeza. Una taza de té, una copa de vino. Una llamada de auxilio que se pierde entre los taladrazos. Víctor Jara diciendo “Paloma quiero contarte que estoy solo, que te quiero”. El amor, de eso se trata, de perder. De perder. Soñar, de soñar, de eso se trata. De cambiar, de cambiar, de eso se trata. De volver y volver, de terminar, de terminar, de eso se trata. De colores y de negro, de eso se trata. De verte con ella, de irme con él. Eso es. Eso es todo, no hay más.
Solitaria empedernida

Soy una solitaria empedernida. En el parque, sintiéndome parte y sintiéndome que no soy parte. La ciudad se mueve a su ritmo, vaivén tranquilo, de domingo, y yo a mi ritmo de torbellino, a mi ritmo de oasis, de volcán, de tregua.
Despedida

Creo que Neruda tenía razón cuando dijo "es tan corto el amor y es tan largo el olvido", y creo que cuando mi corazón descanse estaré bajo tierra. Tengo un impulso de vida constante que me hace ver lo bello, y seguir buscándolo. Doy gracias todos los días por esa sutil percepción que me mueve, me hace ver más allá y me da la posibilidad de expresarme. Creo que la valentía es una cualidad que me acompaña, la realidad nunca me es indiferente, y tengo la certeza de que llegaré lejos. Estoy segura que tú también. Gracias por todo.
Parresía y Eros

El sentimiento fuerte similar al amor me enredó un tanto. Recordé cuanto te admiro, cuan increíble me pareces, cuan interplanetaria es la sensación que te acompaña, que eres único, que eres frágil y delicado, que me gustaría abrazarte y cuidarte para siempre aunque no sea posible, recordé cuanto te amaba, recordé tu suavidad, tu magia, todo. Todo lo que te acompaña y que era un sentido para la vida en sí. Suficiente para ser feliz y vivir en plenitud, obviando el resto de las cosas que componen el existir y que ensuciaron nuestra relación y que son básicamente la realidad a la que hay que hacer frente, y al hacerlo, la existencia adquiere un cariz distinto y una belleza más duradera y profunda.

9 de agosto de 2011

Tema: “Diluvio” y tragedia en Es que somos muy pobres de Juan Rulfo y Dos pesos de agua de Juan Bosch.
Obras: “Es que somos muy pobres” (1953), en El Llano en llamas, de Juan Rulfo; y “Dos pesos de agua” (1941), en Cuentos escritos antes del exilio, de Juan Bosch.

Palabras clave: Diluvio, Agua, Lluvia, Indefensión, Pobreza, Tacha: Tragedia, Remigia: Esperanza.

Aguas trágicas
El agua, tan llena de vida, y tan llena de muerte, cuando hay desprotección, cuando no hay esperanzas con que hacerle frente, cuando llega sin aviso, cuando el cauce del río no es suficiente, cuando el mar se envalentona a pasear por fuera de su cuenca, cuando el hogar es frágil, cuando el cuerpo está tembloroso, cuando las oportunidades son exiguas, cuando el campo y su plantación lo es todo, cuando los animales se resignan a la naturaleza voraz, cuando no hay balsas que resistan, cuando la tierra quiere castigar, cuando no hay salvaciones posibles, cuando se ha luchado hasta el final. En ese escenario, el agua es muerte, y la muerte es muerte.

Aguas sucias
Me ahogo, en tantas aguas sucias, en tanto cataclismo, en tanto abandono. Me ahogo, como la vaca Serpentina, como las batatas, como los caminos. Me hago una con el agua y floto, buscando un nuevo porvenir. Me lanzo al agua con esperanza, escondiendo mi desconcierto, resistiendo a la corriente que no me alcanzará si sigo luchando, rebelándome a mi destino inexorable. Me ahogo, en esta agua maldita que no me da tregua, que no cesará hasta matarme, a pesar de haber hecho tantos sacrificios. Por una última vez miro al cielo y manifiesto mi confusión, mi ignorancia frente a tanta desgracia. Ruego por despertar en tierra firme.

En este escrito de extensión breve, quisiera abordar los encuentros y desencuentros entre los relatos Es que somos muy pobres, del escritor mexicano Juan Rulfo, y Dos pesos de agua, de Juan Bosch, escritor y político dominicano. Ambas narraciones, invadidas por el agua que mata, se encuentran en el sustrato mítico del diluvio, como agente mortal y regenerativo de vida. En estas historias, el final es trágico, no hay nacimiento alguno, ni oportunidad de regeneración, por el contrario, asistimos al funeral de las expectativas. Los cuentos se desencuentran respecto a la actitud de los personajes, Remigia, la protagonista de Dos pesos de agua, sigue pensando hasta el final que plantará batatas, pero el hermano de Tacha, narrador de Es que somos muy pobres, vislumbra el camino a la perdición que cercenará las perspectivas de su hermana, cuando se da cuenta del laberinto sin salida al que esas aguas sucias la están llevando.

“[El diluvio] constituye una catástrofe o cataclismo meteorológico acaecido por voluntad divina, consistente en un largo periodo de lluvias incesantes y de una fuerza y violencia destructora y arrasadora. Por tanto, el diluvio se vincula indisolublemente al agua, que le confiere su significado regenerador y renovador. Este castigo divino acaece cuando se produce un agotamiento de la realidad existente. Así, el diluvio está siempre asociado a faltas cometidas por la humanidad, pecados, trasgresión de las normas y reglas impuestas por la divinidad. […] Esto es lo que desencadena la reacción del dios enviando a los hombres la fatal catástrofe; pero tras ella, la vida aparece de nuevo renovada y dotada de mayor fuerza, el diluvio purifica y regenera a la humanidad a través del agua como si se tratase de un bautismo colectivo, decidido por los dioses” (Serrano 89).

Me dicen Tacha, pero mi nombre es María Guadalupe, soy mexicana. El aguacero que nos llegó casi mata a todo mi pueblo, no sé cómo quedamos vivos. Pero tuvimos pa’ varias semanas con casi na’ pa’ comer, porque el agua se lo llevó todo. Si viniera otro de esos, preferiría irme con el río, me da mucho miedo esa lluvia, cuando parece que el cielo se hubiera enojado como un diablo encendido.

Mi nombre es Remigia, trabajo en el campo. Mi vida ha acontecido siempre en el mismo lugar, y he estado haciendo lo mismo a lo largo de los ochenta años que llevo en este mundo. Es lo que sé hacer, y me gusta. Hace unos meses, vino una lluvia que casi se lleva to’. Yo agarré a mi nieto no más, y no sé cómo le aguantamos.

“La tradición del diluvio o de varios diluvios, está repartida por toda la tierra. […] Es una catástrofe que nunca es definitiva, por tener lugar bajo el signo del proceso cíclico lunar y del carácter regenerativo de las aguas. El diluvio destruye las formas, pero no las fuerzas, posibilitando así nuevos surgimientos de vida. En la lluvia corriente se conserva siempre algo del gran sentido simbólico del diluvio; toda lluvia equivale a una purificación y regeneración, lo que implica en el fondo la idea de castigo y de finalización” (Cirlot 175).

La cosecha de cebada se nos inundó por la lluvia ésta que no para. Y cuando se nos acabe lo que teníamos guardado, no sé qué vamos a comer. Mi mamá dijo que quizá era por mis hermanas, que se fueron pa’ la ciudad, y se ganan la vida de mala forma, tal vez por ellas que nos llega esta lluvia, porque dios allá arriba nos la manda como escarmiento.

Se me va el tiempo cuidando el maíz y los frijoles. Viendo que a los pollos y a los cerdos no les falte comida. Pero lo que llena mi día es ver a mi nieto. Cada día está más grande, y siempre tan calladito, pero yo sé que va a llegar lejos, porque pa’ eso me he esforzado tanto. Me ayuda cuidando la siembra y siempre está sonriendo. Pienso que el taita dios me lo debe haber mandado como un regalo para alegrar mis días. Es que a veces se parecen mucho, y como él va creciendo, así no olvido el paso del tiempo. Ahora tengo una razón para cuidar con más dedicación la cosecha. Ahora la batata, el arroz tresmesino, los frijoles y el maíz dejan en mí un sabor más agradable. Son sagrados, y harán que mi nietecito un día pueda casarse y tener su tiendecita de ron y azúcar, sé que lo hará.

“A lo largo de la historia, [la lluvia] se ha entendido en todas partes como símbolo de la influencia y la acción del cielo sobre la tierra. Muchos pueblos la consideraron como la plasmación de la mítica unión sexual entre el cielo y la tierra y, por consiguiente, como la fecundación de ésta. […] Así, la lluvia, al igual que el agua y la tierra, ha sido uno de los principios fértiles por excelencia. Todas las civilizaciones lo reconocieron así y la vinculación a la otra gran fertilidad conocida, la de la mujer. Este vínculo, constante en casi todas las narraciones simbólicas, se completa con una última asociación: a la Luna, que, por oposición al Sol (fuego), se une a mujeres, tierra, lluvia y agua, como grande símbolos de fecundidad. […] Pero la lluvia, como cualquier otro poder divino, tiene la capacidad de convertirse en un poder destructivo, en castigo de los dioses, en los temidos diluvios (magnificación de las inundaciones y lluvias torrenciales tan sufridas por los humanos)” (Serrano 197).

Somos muy pobres y mi papá confiaba en que mi vaca, la Serpentina, iba a ayudarme a que alguien me quisiera pa’ casarme bien. Pero ya no la he visto más, y yo creo que el río me la mató.

Los que vivimos aquí en Paso Hondo somos muy pobres. Tenemos nuestro conuco, el bohío, algún potro pa’ ir al pueblo, los frijoles, pero nada está garantizado. Si las ánimas no mandan lluvia se nos seca todo, y ahí quedamos. No hay nada que hacer. He pasado días sin comer cuando las cosas están feas. No me importa morirme de hambre, pero a mi nieto quiero que nunca le falte. Lo que yo pido es que taita dios nunca se enoje y me lo quite todo. Que siempre haya algo para mi nieto, que él llegue lejos.

“[El caos] hace referencia al estado del universo antes de ser creado. Parte de la asunción de la existencia de un orden creado en el universo, regulado por dioses o fuerzas sobrenaturales. Su estado previo a ese orden sería, por tanto, el caos, una confusión primigenia y totalizadora. Este complicado concepto se plasmó sobre las imágenes más asibles del vacío (así aparece en la tradición griega y en la bíblica) o del océano en el que todo los componentes del universo está aún disueltos e indiferenciados” (Serrano 48). “Remigia, a favor de la verosimilitud del relato, corrobora los hechos insólitos a través de procedimientos de fe. Estos procedimientos están estrechamente ligados a una cosmogonía judeo-cristiana, y a la creencia sobre la existencia de ánimas que podría cambiar el inexorable destino de sus tierras secas. La fe de Remigia está en función de una espera, y una esperanza. La espera implica el cambio de fortuna, una peripecia vital no para su vida, sino para la de su nieto. Remigia aguarda el momento en que la tierra permita la liberación a la que se condicionan los habitantes del campo, y es dentro de esa espera, en la que su esfuerzo encuentra la esperanza para fraguar sus sueños. […] Después de días de un aguacero incansable, el cuerpo de Remigia flota entre el agua oscura del campo, pero ella cree, ella espera: “En cuanto esto pase siembro batatas” (Garay 5).

Yo creía en dios, pero con esto ya no sé qué pensar. De todas maneras, no creo que nunca me vaya de este pueblo, mi papá dice que afuera hay gente mala. Mi hermano me invitó a jugar ayer, pero a mí sus amigos me dan miedo.

Le rezo siempre a taita dios, para que se acuerde mí. Y cuando pasan cosas malas, le hago un rosario a San Isidro. Así nunca le va a faltar nada a mi nieto, así nunca se van a olvidar de él. Yo en todo momento tengo esperanza, porque me he portado bien, sé que las cosas siempre van a mejorar. Yo tengo fe, y sé que taita dios está conmigo porque yo he sido buena.

“Se considera […] [al agua] como el mantenedor de la vida que circula a través de toda la naturaleza en forma de lluvia, savia, leche, sangre. Ilimitadas e inmortales, las aguas son el principio y fin de todas las cosas de la tierra. Las aguas simbolizan la unión universal de virtualidades, que se hallan en la precedencia de toda forma o creación. La inmersión en las aguas significa el retorno a lo preformal, con su doble sentido de muerte y disolución, pero también de renacimiento y nueva circulación, pues la inmersión multiplica el potencial de la vida. En el plano cósmico, a la inmersión corresponde el diluvio, la gran entrega de las formas a la fluencia que las deshace para dejar en libertad los elementos con que producir nuevos estados cósmicos” (Cirlot 70). “El Arca de Noé, el barco del relato bíblico en el que aquellos que escuchan a Dios salvan sus vidas del Diluvio, es un símbolo de vida resguardada gracias a Dios y a sus preceptos. No es sólo una nave, sino también un cofre que resguarda un tesoro, el de la vida” (Serrano 23).

Una vez leí un cuento de Juan Rulfo, fue en la escuela, pero no me gusta leer. De ese me acuerdo porque la historia que leí era de un diluvio, de una niña igual que yo, por eso me acuerdo. Pero a esa se la llevaba el agua. Yo no quiero que me lleve el agua, para eso tengo pies firmes y manos fuertes.

Una vez me leyeron un cuento de don Juan Bosch. Me pareció medio terrible, pero yo no entiendo mucho de esas cosas. Era de una lluvia grande, como la que tuvimos aquí el año pasado. Pero a esa señora se la llevaba el río. No sé si se moría río abajo después. ¡Y si viene el aguacero de nuevo yo no tengo ni bote pa’ subirme!

“En todas las sociedades, incluyendo las agrícolas, [las vacas] se convirtieron en una importantísima fuente de sustento. Por ello las hembras se consagraron como símbolo de fertilidad, maternidad, vida y abundancia. Todo ello las puso en relación simbólica con la Luna y la tierra (grandes símbolos de fertilidad), lo que generó asociaciones muy visibles tanto en el arte sumerio como en el indio. Por el mismo motivo, los germanos la relacionaron con el agua (otro gran símbolo de vida) en figuraciones como la que afirmaba que el cielo guardaba su lluvia fecundante en una piel de vaca” (Serrano 303).

Ahora que se me murió mi vaca Serpentina ya no quiero vivir más acá, pero no sé adónde más podría ir. Me gustaría ver a mis hermanas, pero ya no viven aquí, y mi papá me dice que mejor que ni me junte con ellas, porque se me podrían pegar las malas costumbres.

Paso Hondo es un pueblo chico, y siempre hemos vivido los mismos. Nos conocemos todos. Me parece bueno, porque nos ayudamos. Si alguien no tiene pa’ comer, compartimos. Si a todos nos puede pasar alguna vez, hay que ser considerado. Yo lo que pido es que nunca llegue nadie malo pa’ acá. Pero, creo que entre todos lo echaríamos. Porque después no vaya ser cosa que las ánimas la agarren con uno y no crezca nada en la siembra. Hay que ser precavido.

Bachelard nos dice que querer vencer al agua es el sueño de voluntad de poder. En estas historias, el agua vence, arrasa con cólera, acaso es la venganza contra los hombres al creerse superiores a la naturaleza. Pero la venganza se hace más cruenta contra los que tienen menos, al no poder hacerle frente. Acaso eso es parte de la fatalidad del asunto. De la fatalidad más cruelmente reflejada en la “soledad” de un continente, como lo es el sudamericano. “Todas esas violencias obedecen a la psicología del resentimiento, de la venganza simbólica e indirecta. Podemos encontrar, en la psicología del agua, violencias similares que van a emplear otra forma de excitación colérica. […] Todos los detalles de la psicología de la cólera se vuelven a encontrar en el plano cósmico” (Bachelard 270).

Lo que yo no quiero es ser piruja como mis hermanas.

Siempre fui fiel a mi marido. No tuve ojos para nadie. Menos cuando murió. Me parece que una mujer debe ser sumisa, aunque el marido de una no le preste toda la atención que uno quisiera. Pienso que Leonidas, ese era su nombre, me quería mucho, a pesar de que a veces no volvía por las noches, o desaparecía algunas semanas. No era algo de lo que yo podía opinar. El era trabajador y eso es lo importante. Si tuvo otras mujeres no sé, prefiero no saber. Es su vida y yo estaba dedicada a la casa y a cuidar la siembra. Nunca quería hacerlo enojar, si él siempre me dio todo. Aunque a veces siento pena de acordarme de cuando lo quedaba esperando en la noche y no llegaba nunca.

“Mil veces sin duda la imagen de las lágrimas se le aparecerá al pensamiento para explicar la tristeza de las aguas. Pero esa relación no es suficiente, […] y [quiero] insistir sobre razones más profundas que señalan el verdadero mal de la sustancia del agua. La muerte está en ella. Hasta aquí evocamos sobre todo las imágenes del viaje fúnebre. El agua lleva lejos, el agua pasa como los días. Pero otra ensoñación nos gana, diciéndonos de la pérdida de nuestro ser en la dispersión total. Cada uno de los elementos tiene su propia disolución, la tierra en el polvo, el fuego en el humo. El agua disuelve más completamente, nos ayuda a morir del todo” (Bachelard 142).

Ahora que perdimos toda la cosecha yo creo que mi papá se va a poner a tomar de nuevo. Después se pone violento y me pega. A veces me gustaría morir.

A nuestro vecino Toribio lo desaparecieron. En esos años tan largos en que mandaba en nuestro país ese sinvergüenza de Rafael Trujillo. Ese Toribio, además era tan buena persona, no se merecía algo así. Y todo fue porque se quejó en la radio de algo feo que le habían hecho a su amigo Rosendo, también desaparecido años después. En esos años, no se podía decir nada, de todo se enteraban esos salvajes. Dios me libre que a mi Leonidas no le pasó nada. No sé qué habría hecho, ahí sola, no sé cómo lo habría podido ayudar. Le dije que ni se metiera en lo de Toribio, porque después iba a salir mal. Menos mal me hizo caso. Si a mi Leonidas le hubiera pasado algo, yo mejor me hubiera muerto que seguir sola.

“El agua cerrada toma en su seno a la muerte. El agua da la muerte elemental. El agua muere con el muerto en su sustancia. El agua es entonces una nada sustancial. No podemos llegar más lejos en la desesperación. Para ciertas almas, el agua es la materia de la desesperación” (Bachelard 143).

No creo que pueda estudiar más, aunque me gustaría, tengo amigas en la escuela. Y sin la Serpentina no sé qué más voy a hacer en el día. Si se me pasaban las horas mirándola, dándole comida, arreglando su cama pa’ que pudiera descansar bien.

El destino de nosotros los campesinos es incierto. Dependemos de que la cosecha esté buena. De que los animales estén sanos y nos permitan vivir. A veces creo que es difícil. Que la vida del campo es cansadora, que todos los días podría venir otra catástrofe. Pero otras veces trato de no pensar en eso, y estar contenta con lo que hay, que es algo. Si podría no haber nada pué. Nunca se sabe lo que puede ocurrir. Con que haiga sol, pienso que se puede estar contenta, y con que mi nieto crezca sano. ¿Qué más se puede pedir?

“El espacio rural en los textos de Bosch y Rulfo es re-significado como un espacio de integridad, y se incluye al agua como un elemento que organiza una causalidad mágica en la zona en que aparece. Finalmente, este elemento iluminaría ecos de un sustrato mítico vinculado a la cosmogonía universal: el agua voraz de los tiempos primigenios, el diluvio como castigo para la humanidad, el hundimiento de la tierra, la destrucción de las esperanzas” (Garay 2).

Quiero seguir cuidando a mi vaca, ¡si pudiera encontrarla! o tal vez pillo por ahí al becerrito.

No me parece que yo haya podido venir al mundo para otra cosa que no sea cultivar este campo, es muy mío. Siempre he estado aquí, supongo que nací para esto. Tampoco necesito mucho más. ¡Con que haiga agua pa’ los frijoles!

“El castigo o purificación por el agua, en estos textos, está lejos de repetir “una concepción cíclica del cosmos” en la que se instale una nueva oportunidad para la humanidad, ya que a diferencia de los relatos fundacionales como el diluvio en la Biblia, o en el Popol Vuh, los cuentos no poseen aquella estructura circular de renovación de las esperanzas. Por el contrario, el único círculo o periodo cíclico que se cumple, es el de enraizar a los hombres a la tierra, ahogar su esperanza y poner en funcionamiento la continuidad del determinismo social que afecta a los sectores rurales de Hispanoamérica” (Garay 11).

Ahora que se fue la Serpentina ya no me queda nada.

Si me preguntan, yo voy a decir siempre que me gustaría que hubiera más igualdad y más justicia. Así estaríamos todos más felices.

“En ‘Es que somos muy pobres’ el agua y la tierra, en su venganza telúrica, reclaman a los campesinos, destruyendo y ahogando los sueños, y con ellos la esperanza de un cambio en el determinismo social con la que ha cargado la genealogía familiar” (Garay 11).

Mi mamá dice que ella cree que las cosas van a mejorar, después de que pase este aguacero y de que se vaya el olor a podrido, pero yo no creo, está muy grande el río, no veo que vaya a poder irse de nuevo pa’ su lugar.

El día que la gran lluvia quiso llevarme, yo pensé firmemente en mi nieto y en que sembraría batatas cuando acabara el diluvio aquel. Con esa idea en mente, sabía no que no podía morir. Le ganaría a ese gran río, porque no era mi momento, y no dejaría a mi nieto solo. La convicción me salvó, y la esperanza. Nunca se debe perder la esperanza.

Fin a la tragedia acuática y a la suciedad cenagosa
Después de siete días de diluvio, he podido finalmente expresarme, sacar fuera esa balsa que no podía hallar, subirme al arca esperando renacer, juntando en ella muchas palabras, para que puedan reproducirse, seguir creando, mezclándose con belleza, con ingenio, he logrado hacer mía la embarcación, para evitar su naufragio, y haciéndola relucir en el gran mar de incertidumbres, hoy navego en aguas tranquilas, que no son trágicas ni sucias, esperando poder dar una esperanza, a aquella mujer del campo dominicano, a aquella niña del pueblo mexicano, una pista, una ilusión, una dignidad. Lo que he intentado en estas líneas, es dar voz a la opresión, es dar confianza a lo excluido, dar lugar a lo desdeñado, a lo abandonado, poner en los labios de los sudamericanos postergados, una palabra de ensoñación, una palabra de serenidad, una seguridad merecida, unas ganas de vivir. He intentado sacar fuera, ese derecho de cada uno a expresarse, validando cada historia personal, como lo más sagrado, que uniéndose en un gran baile de individuos, da lugar a la existencia humana en esta tierra, que es de todos.