De pronto, súbito, sentí que entendía la vida. El
sol, la música, un café. Y luego se fue. Se perdió de mi vista. Lentamente.
Pero la comprensión quedó, o la reminiscencia de ella. La vida es simplemente
esto. No hay más.
21 de septiembre de 2012
18 de septiembre de 2012
Volver a la esencia más íntima de la vida
Me siento de vuelta en la esencia más íntima de la
vida. Del caos que es la vida. De la incertidumbre. Anclada en la pérdida del
control. La vida en bruto. Al desnudo. Despojada de todo. Los dos extremos de
la existencia, juventud y adultez. La pasión cierta, la pasión volátil. No entiendo
casi nada y mi cabeza da vueltas. He traspasado quizá demasiados límites. Estoy
reacomodándome luego de la ruptura de mis estructuras. Han pasado seis meses
desde mi separación. Y estoy tan lejos del lugar desde el que partí que siento
que ya nunca podré volver. Nunca volveré a ser la misma. Porque ya sé que la
vida puede ser mucho más. Que hay límites, pero todos pueden romperse, todo
puede romperse, y lo que queda es el gran vértigo de la vida despojada de todo.
La vida real. La esencia de la vida. Despojada de las estructuras que han
querido enseñarnos. Un gran rayo de sol entra ahora por mi ventana directo a mi
mirada. Es la primavera de la vida. Donde nuevas cosas nacen. Impensadas. Desconocidas.
No pensé estar preparada para este nuevo mundo. Voy de a poco sintiéndome que
aterrizo con comodidad. Pero lo único que tengo es perplejidad. Gran desconcierto
de los nuevos mundos. Tarde o temprano
había que saber lo que es la vida. Las mentiras que hemos escuchado no logran
ocultar su realidad para siempre. Un día las cosas cambian. Todo acaba. Todas las
seguridades se desvanecen. Todos los caminos preestablecidos son desenmascarados.
No hay tales caminos. Se hace camino al andar, Antonio Machado tenía toda la
razón. Al andar se va construyendo la ruta. Olvido mis seguridades y certezas. Nada
a qué aferrarme. Estoy partiendo de cero. A mi alrededor nada es como antes. Quiero
decir mi nombre, pero soy otra. No sé nada. Miro atenta solamente. Intentando identificar
lo que me rodea. Su esencia íntima. La realidad de la vida. ¿De qué se trata vivir?
¿De renacer cada cierto tiempo? ¿De borrar todo lo andado y partir de nuevo? Te
dicen que la vida es de una manera, y al final termina siendo de otro modo
totalmente distinto. Por esto, lo mejor es ir hacia donde uno cree, porque nada
es tan cierto con el tiempo. Lo que queda es seguir al alma y al corazón adonde
quieran llevarte. Yo solo quiero comprender la existencia, la maldad, el amor. Me
he sentido sobrepasada de vivencias, de información. Me detengo de cuando en
cuando e intento ir comprendiendo lo que acontece. Ir sacando conclusiones que
ordenen de alguna manera el total caos. Quiero amar el caos. Quiero hacerme
amiga del vértigo. Relacionarme sanamente con él y aprender a ver lo que nace
de su substancia. De ella solamente. Eso que no está en la seguridad, infértil.
Al final lo que me queda son mis libros. Poder expresar los laberintos de mi
alma. Compartir con ellos todos los volcanes que siento, de amor, de dolor. Las
pequeñas porciones de paraíso que van llegando a mí de cuando en cuando. Las quebradas
por las que camino, sus bordes, escarpadas orillas. Las ideas que vienen a mí acompañadas
de grandes tropeles de dudas. El desamparo de la incertidumbre. La incierta
magia del azar. La exaltación de las cosas. Las vehementes verdades con las que
voy colisionando cada cierto número de pasos. Las vehementes verdades que luego
se desvanecen y dan paso a nuevos horizontes. La obligación de estar aquí y
vivir la vida de manera coherente. La desesperación de no poder escapar. La embriaguez
de tanta maravilla puesta a nuestra disposición. La expectación de tanta
belleza esperando ser descubierta. Una infinidad de certezas por venir,
iluminarnos y desaparecer. Me pierdo a veces entre la realidad y la ficción. Vislumbro
que la vida es una gran novela. Y que mi novela es una gran vida. Entonces todo
se confunde. Todo se funde en una sola cosa. Y ya no sé qué es real y qué no.
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