25 de abril de 2012

Ensayando la conexión

 A veces no sabes cómo pero todo conecta perfectamente. Esas piezas que nunca llegaban a tocarse se entrelazan. De pronto hay razones. De súbito hay ganas. Los acordes surgen. La voz aparece. Los ritmos duelen de placer. Las voces lastiman de gozo. Unas guitarras. Un piano. En esos momentos las guitarras son guitarras y los pianos son pianos. Cuando intentas que los pianos sean guitarras acaso vas demasiado lejos. Cuando los pianos duelen mucho déjalos ir. Volverán. Cuando las guitarras están cerca tómalas y toca una canción. Luego se marcharán. Cuando suenen los violines sonríe. Cuando dueles mucho déjate ir. Volverás. Cuando estás cerca sé una canción. Luego te marcharás. Cuando quieras decirle algo no lo hagas. Espérate un poco. La espera es como un violín. Muy agudo que te persigue. Querrás seguirlo si sigue sonando en tu oído. Lograrás ser ese violín en su oído. Cuando te dedique una canción dile que no has podido escucharla todavía. Cuando quiera invitarte a bailar contesta que en unos momentos más. Prolongas la agonía. Estiras el placer. Entonces después vuélvete canción y sáltale encima como un felino silencioso pero certero. Cuando las guitarras son guitarras y los pianos son pianos entonces vas bien encaminado. Siente esos acordes que encajan perfectamente. Una conexión que explota de perfección. Un felino silencioso pero certero.

22 de abril de 2012

Propongo vivir cantando

 Trajiste unas notas a mi vida. De esas que llegan al alma. Que destruyen la compostura. De esas que inspiran ganas de volar. Y que no puedes dejar de pensar en ellas. Tocaste esos acordes simplemente. Sin saberlo pero intencionalmente. Todo se vino abajo. Y continuaste tocando. Mientras se rompían las murallas. Una lágrima de emoción quiso escapar. Una sensación de estar a la intemperie. Un gran desierto florido. Un gran prado marchito. Con tanta luz que encandila. Quise rogarte que no lo hicieras. Pero ya era demasiado tarde. Se avecinaba la tormenta luminosa. Todo eso hiciste. Sin querer pero queriendo. Todo lo hiciste. Con esas notas grandiosas. Sublimes. Sabes lo que haces te pregunté. Te inspiró me dijiste. Que desfachatez. Que atrevimiento. Y que paraíso. Canté unas estrofas. Con el brío de mi corazón. Con timidez. Con ingenuidad. Con ternura. Sabes lo que haces me preguntaste. Quiero vivir cantando me respondiste. Se unieron nuestros acordes. Desde lejos. Desde el alma. El tiempo se detuvo para observarnos bien. Para sentirnos. Me entregué al tiempo detenido mientras renacía. Una y otra vez. Cien vidas en un instante. Cincuenta edades recorridas. Ochenta lugares andados. Lo suficiente para morir tranquilo. Para dejarlo todo por esos acordes. Te propuse renacer una vez más. El tiempo seguía esperando. Respetuoso de la instancia. Me miraste en silencio. Aturdido. Sobrepasado. Extasiado. Sereno. Me invitaste al mar. A recorrer nuevos lugares. Dejar pasar nuevas edades. Vacías. Cargadas. Efímeras. Me tomaste de la mano. Delicadamente. En la mitad del mar. Quisiste besarme. Hacer tuyas todas esas edades y lugares. El tiempo dio un vuelco y quedó de cabeza. Sorprendido. Sobrecogido. Estupefacto. Las murallas se desvanecieron. Dejaron entrar al ímpetu. Sonreímos. Por esta ocasión. De encontrarnos susceptibles. De encontrarnos completos. De completar el cuadro con este encuentro. De encuadrar la completitud encontrada. Nuestras sensualidades se unieron. Toda nuestra fragilidad. Se alejó cantando. Para hacerse fuerte. Para vivir la sensación con plena conciencia. Invitamos a la pasión. Y volvimos a renacer.  Sonaba una canción. Se hacía inmenso el horizonte. Hicimos un pacto con el tiempo. Sobre ser siempre jóvenes. Sobre vivir cantando.
Propongo bailar viviendo


Te regalo un momento. Un momento sin tiempo. Un gran baile dónde dejemos todo lo que somos. Dónde tu mirada me lleve a un viaje. Sin final. Una catarsis perfecta. El ritmo arrasa y mueve mi cuerpo con soltura. Mis brazos. Mis piernas. Mi cintura. Mi cabeza. En un vaivén incontrolable. Me sigues con la mirada. Y siento el calor de tus entrañas. Aspiro tu deseo que me desviste. Lentamente. El frenesí del instante. Me vuelvo ritmo. Me hago canción. Me transformo en melodía. El furor me recorre. De arriba abajo. No puedo dejar de estremecerme delicadamente. Oscilando armónicamente. Una sinfonía de movimientos. Una cadencia magistral. Que no se detiene. Tu mirada me hace el amor. Me inspira voluptuosidad. Siento la cadencia de un poema. Unas líneas que hablan sobre vibrar con el otro. Poesía pura. Inspiración y trasgresión. Traspasar límites desconocidos. La existencia de nuevas fronteras que se rompen. Tu mirada penetra mi piel. Me da belleza. Te acercas. Te alejas. Quisiera prometerte el infinito en un solo momento. Pero soy ritmo y compás. No puedes asirme. La eternidad se escapa entre tus dedos. Dejando al momento desnudo. Al tiempo inerme. Al poema develado. Llega la respuesta a todas tus preguntas. La música misteriosa que te envuelve y te devuelve a la vida. Mis  movimientos que te abrazan. Que vuelven amor todo lo que hay en tu alma. Esa que me das para que baile con ella. Para que la atesore junto a la mía en un vaivén mágico. Me das tu corazón para que juegue con él mientras soy ritmo. Para que lo esparza por mi cuerpo mientras se agita. Tu mirada cubre cada espacio de mi sustancia. Mi pelo se revuelve y te envuelve. La canción se materializa. Se vuelve venas y sangre que pulsan. Tus latidos me acarician. Sonrío. La emoción palpita. Te acercas. Te alejas. Quisiera prometerte el paraíso en un solo momento. Pero soy armonía y cadencia. No puedes alcanzarme. La inmensidad se escapa entre tus manos. Dejando al instante cargado de brío. Resuelves acercarte. Preguntas por tu corazón. Qué has hecho con él dices. Tú me lo has dado para este gran baile respondo. Necesito acompañarte en estos pasos para que vuelva a mí dices. Se siente bien en mí contesto. Si no serás mía me volveré canción y ritmo para enamorarte dices. El infinito se cristaliza y nos deslizamos juntos. De un lado a otro. Nos convertimos en orquesta. Que repica en nuestro pecho. Una melodía arrulladora. Una pasión sin tiempo. Que se desborda. Sonrío. El furor nos arrebata. Me susurras al oído. Que nada volverá a ser como antes. Que quieres vivir bailando. Que quieres bailar viviendo. Te miro fijamente. Unas vueltas. Unos pasos. De acuerdo te digo. Pero con quién pregunto. Con tu sonrisa y la vida contestas.

14 de abril de 2012

Propongo hacer el amor con la vida

La inmortalidad ya nos pertenece. Podemos hacer el amor con la vida a cada momento. Sentir su sustancia en cada latido hasta reconocernos plenos. Vibrar con cada presente como en un éxtasis eterno. Afuera llueve, y cada gota se siente como sudor por mi cuerpo. Como energía vital que tengo para transmitirte. Como truenos y escalofríos que corren por mi espalda cuando la rozas. Cuando mi cuello se llena de nubes que disipas. Cuando la lluvia es perfecta, como todo lo que me rodea en este momento de magia. En este calor de vida. En este follar a la existencia. Sin expectativas. Sin prisa. Con pasión. Sin esperanzas ni desilusiones. Sin perspectivas. Solo la culminación sempiterna. Un clímax imperecedero. Relámpagos de luz que iluminan este hoy. Que me hacen sentir cerca los latidos de la humanidad. El impulso de tu ímpetu. Que acelera mi corazón. Que embellece la lluvia que baña la realidad. Que la disuelve en pequeñas porciones de paraíso. Como este con el que me sintonizo ahora. Como al que quiero invitarte. Este estado sublime. De fornicar con el instante. De acariciar lo etéreo y lo corpóreo. De estimular los sentidos. Arrancarlos de su adormecimiento. Acariciarlos. Intensificarlos. Escuchando. Mirando. Oliendo. Saboreando. Rozando la piel erizada. Alerta por la tormenta. Esa que te impulsa a vivir. Que te conecta con el propósito de tu vida. Esa individualidad que florece en este acto de amor. Esa unicidad que identificas en esta catarsis. Que resplandece y encaja en el todo. Esa locura que te devuelve a la vida. Que te conecta con tu camino. Que hace encajar todo lo que parecía disperso. Pero que tenía una razón y un espacio. La cristalización de esa locura mágica que te da fuerza. Que se cuela hacia el otro haciéndolo uno contigo. La entrega de este amor a la vida. De esta existencia mágica que quiere perpetuarse. De esa creación constante que colma tu alma de frenesí. De calma. De amor. Ese deseo de desaparecer en el otro. De potenciarse en el otro. De darlo todo por un santiamén. Como esa vida que siempre se está acabando. Que tiene un fin y esa fugacidad es lo maravilloso. Su brevedad. Su intensidad. El abanico de oportunidades. La posibilidad de vivir el infinito de a dos. La posibilidad de vivir el infinito todo el tiempo. La posibilidad de vivir el infinito a solas con la vida. Con una rosa. Con unos acordes y una pradera. Unas nubes que se disipan. Y vuelven. La oportunidad de cambiar. De morar la propia alma y escuchar su voz desnuda. Que te llama. Con claridad. Con cariño. Con firmeza. Que te invita a ser coherente. Que te invita a hacer el amor con la vida. Que te invita a la inmortalidad.