Apareces de manera absolutamente imprevista. Vas y
vienes, como si nada. La vida fluye.
Sin miedos.
Tu tez dorada por el sol. Tus ojos más celestes y
profundos que nunca. Impasible. Apareces. Sonríes. Vas y vienes, como si nada. Tu
mirada me da una paz inusitada.
El arte es banal al lado tuyo. Tu mirada es
belleza. Tu rostro es gracia. Tu tranquilidad apacigua lo alterado que pueda
quedar en mí. Quedo rendida a la calma. A tu abrazo. Vas y vienes, como si
nada.
Nunca me había quedado tan perpleja. Te miro
fijamente en un momento eterno. Mientras tocas la guitarra como si el presente
fuera lo único posible. No conoces otra forma de estar en el mundo. Escuchas una
canción hipnotizado. Admiras a tu alrededor encandilado. La mirada fija. Te importa
todo y nada. No solo estás en el presente, sino que lo eres. No hay nada más
que tú. No hay nada más para ti. La vida depurada de todo. Esencia y presente. Música
y calma. Amortiguas la prisa de mi corazón. Pacificas todo mi ser. Es tan
perfecto que no parece real. Cada vez que partes sé que quizá no volverás, pero
no me importa. Aplacas todas las ansiedades. Disfruto tu presente. Me mantienes
en el ahora. Me enseñas a amar como si fuera la última vez o la primera, o
todas las veces, como si fuera a verte mañana, hoy y todos los días o nunca más.
No existe la preocupación. No hay ansiedad ni agitación. En tu abrazo me
encuentro con la existencia completa.
Tus brazos son un cuadro. Tus grandes manos una
obra de arte. Tu piel, magia. Tu mirada un presente eterno. Una meditación completa.
Tu cercanía, un paraíso. Tus cariños un oasis que aplaca cualquier desazón. Tus
labios son una oda a la vida. Tus besos un vergel perpetuo. Un bosque frondoso,
cerca del mar. Con el olor de la tierra húmeda llena de vida. Un enraizamiento a la vida, unas ganas de vivir más
potentes que cualquier otra cosa que haya sentido. Una voluntad de trascender,
viviendo mil años en una hora. Una ganas de vivir que hinchan el corazón hasta
reventar. Una bienaventuranza certera.
Vienes y te vas, como si nada. Siento ganas de
preguntarte si me echaste de menos todos esos días que no estabas. Pero no lo
hago. Porque no tiene importancia. Estás aquí y es lo único que importa. No quiero
poseerte. No tendría sentido. Vuelas como los pájaros. Yo también estoy
volando. Por qué preguntarlo e introducir el concepto temporal al momento. El instante
atemporal es perfecto. Puedes ir y volver cuando quieras. Porque no quiero
retenerte. Puedo ir y volver cuando quiera. Porque no podrás retenerme. Vuelo como
los pájaros. Y me siento tan ligera y libre. Floto. Y amo el presente.
Vienes y te vas, como si nada. Siento ganas de
decirte que te quiero. Pero no lo hago. Porque no es necesario decirlo. Porque estar
en el presente es amar. Porque amar estando presente es realmente amar. No hay
necesidad de que lo verbalice porque al abrazarte lo sabes. Lo sientes. Te acaricio
como el fin y el comienzo del mundo. Como todo el amor que tengo. Con todo el
amor que puede entregarse. Lenta e intensamente. Sorprendida de toda la energía
de vida. Impactada por la manera como fluye la energía en mí.
Rompiste todos mis esquemas. Y estoy estupefacta. Miro
a mi alrededor y ya nada es lo mismo. Ya nada podrá volver a ser lo mismo. Un poco
aturdida intento entenderte pero identifico que solo debo sentir. Solo debo
emplear mis sentidos. Dejo de lado la mente porque ya no me sirve para abordarte.
Flotas. Acabas con mis ideas predeterminadas de las cosas. Con mis prejuicios. Con
mis requerimientos. Mis creencias respecto de mis necesidades y parámetros. Desafías
mi orden. Vienes con un maravilloso caos que amo. Que fluye. Sin ton ni son,
aparentemente. Pero todo encaja sorprendentemente.
Vienes y te vas, como si nada. Quiero preguntarte
si volverás. Pero no tiene sentido. Porque ni siquiera tú lo sabes. Sonrío por
esta posibilidad de la incertidumbre. Por esta ocasión de fluir con la existencia.
Por esta perspectiva de amar lo desconocido. Por este prodigio de dejar
descansar a las expectativas. Y amar profundamente lo que hay. Que es todo.
Tu cuerpo es un regalo. La conexión con la tierra. Con
lo real. Lo palpable. El olvido de la mente. Que nunca cesa. Una enseñanza de vida.
Una llamada de atención. Un impulso a estar alerta. Una invitación constante a
los sentidos. Al tacto de tus músculos. Al olfato de tu piel. A la vista de tu
perfección. Al gusto de tu cuerpo. Al oído de tu respiración. Al hechizo de tus
gemidos. Al deleite de tu vaivén. Suave y rítmico. Una invitación al éxtasis. Al
placer. A lo físico. Una vuelta a lo sensible. A lo tangible. A lo corpóreo. A lo
orgánico, sistémico, anatómico. Una vuelta a escuchar el corazón. A sentir los
latidos. A reconocernos vivos, respirando. Sentir la respiración. Hacernos conscientes
de los procesos biológicos. De que somos carne y huesos. De que nuestro corazón
late y late. De que nuestros pulmones se expanden y se contraen. Se llenan de
aire a cada momento. Que nuestro cuerpo es un milagro. Que la comunión con otro
es el fenómeno de la vida. Es lo más potente. Y te transporta a la esencia
misma de la vida. Me acurruco en ti y soy la esencia misma de la vida. Soy lo
real. Lo contingente. Lo espacial. Lo temporal. Lo físico, lo material y lo
tangible. Y en esa contingencia está la magia. En lo casual, eventual,
accidental y fortuito. En la maravillosa aventura de vivir. En mi identidad que
está alojada en este cuerpo que refulge. En la unidad que constituyo. Soy cuerpo,
alma y mente. Y en esa realidad soy todo. En esa tangibilidad está el secreto
de lo incorpóreo. Lo supremo y lo sublime. Que me hace volar al sentirte. Eso que
es puro y único. El propósito de mi vida que me acompaña. El propósito de tu vida
que te acompaña. Que es tan simple y elevado que resplandece con belleza. Que irradia
perfección y armonía. Te siento y te quiero.
Pienso que ahora llegarás, pero no estás. Y no sé
cuándo volverás. No me importa. Porque puedo seguir sintiéndote. Dejarme fluir.
Sin requerimientos. Sin necesidades. Sin expectativas. Estoy tan agradecida de
la vida que no puedo pedir más. No quiero pedir más. Quiero dejar de pedir para
siempre. Quiero agradecer y agradecer. Ver que lo que hay es perfecto. Que por
algo llegaste, y por algo te vas a ir.
Mi gratitud es infinita por la gran energía
creadora que has desembocado en mí sin saberlo. Por la inspiración que trajiste
a mi mundo. A mi corazón. Por la potencia todopoderosa que alojaste en mi alma.
Por la nueva mirada que me diste. Por dejar todo patas para arriba. Como si
nada. Por la música infinita que hoy resuena una y otra vez en lo más íntimo de
mi ser. Por mostrarme el amor genuino. Que no espera nada. El amor que no
intentaré comprender, sino sentir. El río de vida que fluye y fluye sin
detenerse dentro de nosotros. Ese que ya nunca más dejará de fluir dentro de mí.
Quizá un día vuelva a encontrarte en algún lugar del orbe. Quizá no. No importa.
Fui completamente feliz.
Soy completamente feliz. Dejaste tu tabla de surf
en mi balcón. Y me recuerda que debo fluir. Que la energía fluye en mí. Que las
olas tienen un ritmo sabio. Que debo enfrentar la vida disfrutando, no
queriendo desafiarla constantemente. Que debo confiar en la existencia. Que debo
confiar en mí misma. Que todo se dará maravillosamente si estoy atenta. Que voy
a regalar pedazos de mi alma por el mundo. Que un día habrá una paz perpetua. Como
la que tú me inspiras. Que el mundo es mi lugar. Que ya no tengo miedo. Que soy
plena para siempre. Que van desapareciendo las restricciones. Que los patrones
establecidos se van modificando. Que llegaré tan lejos que no habrá vuelta atrás.
Que caeré una y mil veces y ya no me importa. Que me iré a recorrer el mundo en
busca de la humanidad. Que somos libres mientras queramos serlo. Que estamos
rodeados de amor mientras podamos verlo. Que tus ojos marinos cambiaron mi vida
para siempre.
He dejado mi alma en todas las actividades
emprendidas. Cociné para ti y fui feliz. Canté para ti y fui feliz. Sonreí para
ti y fui feliz. Las canciones en mi alma van cantándose. Te abracé mirando el
mar y fui feliz. Miré las gaviotas sobre el mar tomando tu mano y fui feliz. Caminé
a tu lado sintiendo la arena mojada en mis pies y fui feliz. Las palabras en mi
alma van brotándose. Germinan, florecen. Nacen, crecen. Resguardada en tu
abrazo, miré el sol esconderse en el mar y fui feliz. Ahora se me va el tiempo
recordando, no lo percibo transcurriendo. De pronto han pasado horas y yo sigo
sintiendo la brisa marina y el tímido sol invernal en mi piel. Nunca había
amado tanto el invierno. Admiro tu altura de miras. Tu estampa firme y tus ojos
marinos cambiaron mi vida para siempre.