Tema: “Aguas trágicas” en La muchacha de La Guaira, y Dos pesos de agua, de Juan Bosch.
Obras: “La muchacha de La Guaira” (1955), en La muchacha de La Guaira y “Dos pesos de agua” (1941), en Dos pesos de agua, de Juan Bosch.
Aguas trágicas
El agua, tan llena de vida, y tan llena de muerte, cuando hay desprotección, cuando no hay esperanzas con que hacerle frente, cuando llega sin aviso, cuando el cauce del río no es suficiente, cuando el mar se envalentona a pasear por fuera de su cuenca, cuando el hogar es frágil, cuando el cuerpo está tembloroso, cuando las oportunidades son exiguas, cuando el campo y su plantación lo es todo, cuando los animales se resignan a la naturaleza voraz, cuando no hay balsas que resistan, cuando la tierra quiere castigar, cuando no hay salvaciones posibles, cuando se ha luchado hasta el final. En ese escenario, el agua es muerte, y la muerte es muerte.
Aguas sucias
Me ahogo, en tantas aguas sucias, en tanto cataclismo, en tanto abandono. Me ahogo, como la muchacha perdida, como las batatas, como los caminos. Me hago una con el agua y floto, buscando un nuevo porvenir. Me lanzo al agua con esperanza, escondiendo mi desconcierto, resistiendo a la corriente que no me alcanzará si sigo luchando, rebelándome a mi destino inexorable. Me ahogo, en esta agua maldita que no me da tregua, que no cesará hasta matarme, a pesar de haber hecho tantos sacrificios. Por una última vez miro al cielo y manifiesto mi confusión, mi ignorancia frente a tanta desgracia. Ruego por despertar en tierra firme.
Nací en La Guaira, una ciudad con un gran puerto, en Venezuela. Juan Bosch escribió un cuento acerca de mí, y de mi suicidio. La verdad es que finalmente no morí, pero esa es otra historia. Efectivamente salté desde el muelle para que el agua acabara con mi vida. Mi cuento, como he querido llamarlo, no menciona ni siquiera mi nombre, y he pensado que de esa manera es posible que otras mujeres como yo, se identifiquen con el personaje. Pero sí tengo un nombre, tengo una vida, y lo más importante, tengo voz, puedo expresarme, y dar mi propia opinión. Escucharán mi historia desde mí misma, porque así podrán saber lo que se siente. Me llamo María Altagracia, y mi existencia ha transcurrido en diversos puertos del Caribe. Mis padres nacieron en Santo Domingo, en la República Dominicana, pero debieron huir al poco tiempo de conocerse. Por eso me llamaron así, porque les recordaba su patria.
Mi nombre es Remigia, trabajo en el campo. Mi vida ha acontecido siempre en el mismo lugar, y he estado haciendo lo mismo a lo largo de los ochenta años que llevo en este mundo. Es lo que sé hacer. Me gusta, y me gusta vivir aquí. Don Juan Bosch, el escritor que fue nuestro presidente, escribió acerca del diluvio que casi acaba con mi vida. Mi nombre de bautizo es María Alejandra. En el cuento se me ha llamado Remigia, por el interés de resguardar mi identidad. Finalmente, opté por conservar ese nombre, me parece que va con mi carácter. Aunque no fui a la escuela, llevo tantos años en esta tierra escuchando a mi gente, que si se me permite, quisiera expresar algunas ideas. No en vano se dice “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Aunque no me he movido nunca de mi conuco en Paso Hondo, ha pasado mucha gente por mi pueblo, y creo conocer un poco a mi República Dominicana.
Decidí llevarme la vida de María Altagracia y de Remigia. Finalmente tuve que devolverlas, pero lo intenté. Estoy hecha de una sustancia que toma todas las formas. “Soy el elemento […] mantenedor de la vida que circula a través de toda la naturaleza en forma de lluvia, savia, leche, sangre. “[Ilimitada e inmortal, soy] el principio y fin de todas las cosas de la tierra” (Cirlot 70). Soy la lluvia y soy el mar. Soy violenta y soy pacífica. Recibí a María Altagracia cuando quiso darme su alma, extinguida minutos antes con la muerte de una paloma. Con la muerte de su único recuerdo bonito. La recibí con tristeza, pero con tranquilidad, porque es la misión que se me ha encomendado, y yo no la obligué, ella vino a mí. Con Remigia fue distinto. La llamé, con fuerza, quería llevármelo todo. Es porque me indigna la injusticia. Soy el alma de América, estoy dentro de todos. Lo lamentable es que mi venganza también es injusta, porque me llevo a los que más padecen la injusticia, pero no tengo alternativa. Sólo puedo elegir destruir una extensión, pero sin seleccionar a los que deben ser castigados. Es parte del cosmos, porque yo también pertenezco a un todo mayor, ordenado, no puedo decidir sola, debo comunicarme con mis hermanos, los elementos. Ellos también pueden manifestarse respecto a lo que se debe hacer.
Me parece que ya me asenté definitivamente en La Guaira, a pesar del recuerdo amargo de mi suicidio frustrado. Pero, no creo que encuentre algo muy distinto en otro lado. Antes de llegar aquí viví en Trinidad, Curazao, Martinica y Cuba. Siempre en puertos. El mar ejerce para mí una atracción especial. Y como no soy de ningún lado, en esos lugares me siento a gusto, porque la mayoría de las personas comparten conmigo ese desarraigo, entran y salen, van y vienen, en definitiva son todo y nada. Una mezcla de ideas y sonidos que no conocen paradero fijo. Una existencia errante y desorientada. La ciudad tiene un poco eso, ese dejo de soledad. Aquí en el Caribe, en los puertos, además es una soledad que parece inexplicable, porque hay tanta gente, al día veo un sinfín de caras, de colores, de acentos. Podría sentirme llena de vida, pero la vida del puerto en general se me hace cuesta arriba, me da la sensación de una existencia miserable, de un vacío que ni ese extenso mar verde-agua puede llenar. Así de grande es.
Paso Hondo es un lugar bonito, me gusta. Bueno, no conozco tantos otros lugares para comparar, pero me parece que es especial. Se me va el tiempo cuidando el maíz y los frijoles. Viendo que a los pollos y a los cerdos no les falte comida. Pero lo que llena mi día es ver a mi nieto. Cada día está más grande, y siempre tan calladito, pero yo sé que va a llegar lejos, porque para eso me he esforzado tanto. Me ayuda cuidando la siembra y siempre está sonriendo. Pienso que el taita dios me lo debe haber mandado como un regalo para alegrar mis días. Es que a veces se parecen mucho, y como él va creciendo, así no olvido el paso del tiempo. Ahora tengo una razón para cuidar con más dedicación la cosecha. Ahora la batata, el arroz tresmesino, los frijoles y el maíz dejan en mí un sabor más agradable. Son sagrados, y harán que mi nietecito un día pueda casarse y tener su tiendecita de ron y azúcar, sé que lo hará.
“El agua, que es la patria de las ninfas vivas, es también la patria de las ninfas muertas. Es la verdadera materia de la muerte muy femenina. […] El que juega con el agua pérfida se ahoga, quiere ahogarse” (Bachelard 128).
Creo que un problema de las ciudades, y se nota mucho en las puertos, es la marginalidad. Yo no pude estudiar en la universidad, mis padres murieron siendo yo joven, y estuve ahí andando de acá para allá, teniendo que trabajar para poder comer algo. He trabajado en cuanta cosa se te ocurra. Pero, nunca he sido prostituta, y de eso estoy orgullosa. He procurado siempre tener trabajos decentes, y vivir en algún lugar, que aunque chico, sea bonito, yo me preocupo de hacerlo lindo. Pero me siento algo así como lo que botó la ola, lo que quedó atrás y a nadie le importa. Eso es terrible.
Los que vivimos aquí en Paso Hondo somos muy pobres. Tenemos nuestro conuco, el bohío, algún potro pa ir al pueblo, los frijoles, pero nada está garantizado. Si las ánimas no mandan lluvia se nos seca todo, y ahí quedamos. No hay nada que hacer. He pasado días sin comer cuando las cosas están feas. No me importa morirme de hambre, pero a mi nieto quiero que nunca le falte. Lo que yo pido es que taita dios nunca se enoje y me lo quite todo. Que siempre haya algo para mi nieto, que él llegue lejos.
“Muchas madres tienen que convertir a los hijos en padres de familia para que las ayuden a aumentar sus ‘ingresos’. ¿Es correcto esto de parte de las madres campesinas? ¿O es mejor dejarlos morir como pollitos? Es verdad, unos letreros que por ahí dicen que Los niños no pueden trabajar, es tiempo de estudiar. En verdad esto tiene mucha importancia, pero los campesinos ¿Cómo estudian? ¿Cómo compran sus lápices y sus cuadernos si no recogen café, tumban cacao o venden chinolas…? En nuestro país se habla de evaluación socio cultural, pero después que los estudiantes están en las aulas ¿Quién se preocupa? ¿Y los venden china para estudiar? ¿Es una irresponsabilidad de la mamá permitir que su hijo venda china? ¿Es la señora Remigia un modelo de las madres que dan la vida por sus hijos?” (De Paula 3).
Yo no creo en dios. Cómo va a haber un dios si estoy tan abandonada, si he tenido que trabajar tanto para terminar teniendo nada, para terminar siendo nada. Existo yo, existe el puerto, existe el mar, no veo que haya nada más.
Le rezo siempre a taita dios, para que se acuerde mí. Y cuando pasan cosas malas, le hago un rosario a San Isidro. Así nunca le va a faltar nada a mi nieto, así nunca se van a olvidar de él. Yo en todo momento tengo esperanza, porque me he portado bien, sé que las cosas siempre van a mejorar. Yo tengo fe, y sé que taita dios está conmigo porque yo he sido buena.
“Ofelia podrá ser, pues, para nosotros, el símbolo del suicidio femenino. Es realmente una criatura nacida para morir en el agua, donde encuentra, como dice Shakespeare, ‘su propio elemento’, El agua es el elemento de la muerte joven y bella, de la muerte florecida y, en los dramas de la vida y de la literatura, es el elemento de la muerte sin orgullo ni venganza, del suicidio masoquista. El agua es el símbolo profundo, orgánico de la mujer que sólo sabe llorar sus penas y cuyos ojos se ‘ahogan en lágrimas con tanta facilidad’” (Bachelard 128).
He leído todos los cuentos de Juan Bosch. Después de que lo conocí, y supe que había escrito una cuento basado en mi historia tuve curiosidad. Además, como después fue presidente, me sentí importante. Sus historias me gustan mucho, me siento identificada con varios personajes. Es que me parece que él entiende bien lo que puede sentirse el ser nómada, ir de acá para allá. Creo que él entiende esa fatalidad que siento a veces. Como una imposibilidad de que las cosas encajen. Como una gran risa de la vida en mi cara. Una gran ironía que me sigue y no me deja tranquila. Yo he querido que las cosas sean distintas, no es indiferencia, pero es esa fatalidad que menciono, que hace que no sea suficiente, y haya algo oscuro bajo este intenso sol.
Leí el cuento que don Juan Bosch me escribió. Me pareció muy lindo, pero yo no entiendo mucho de esas cosas. No he leído otras cosas que él haya escrito. Cuando fue presidente lo escuchaba en la radio de mi comadre Felipa. Nos parecía un hombre bueno.
En los cuentos de Juan Bosch se percibe la duda, y su sentido pesimista y trágico del porvenir. Acaso porque Bosch es capaz de darse cuenta de la realidad bajo la apariencia. Pienso que eso es propio de la complejidad del Caribe, de los varios planos que existen, de la sombra bajo el desgarrante sol, de la esclavitud y el sometimiento en contraste con la música viva, la vegetación exuberante, el gran colorido y la sonrisa que parece existir en la imagen que se proyecta de esas playas. Los cuentos tocan temas muy en boga por estos días, como el malestar de la sociedad, la injusticia social, la pobreza, la violencia contra la mujer, entre otros. “La cuentística de Bosch aborda los temas más impactantes y disímiles: Violencia sexual, injusticias sociales, contrariedades, el abuso de poder, etc. Además presenta variados contextos geográficos de países donde vivió, principalmente de América del Sur y del Caribe” (Emeterio 2). “Amo al Caribe por su multiplicidad y porque todo existe en actividad creadora obedeciendo las leyes de la dialéctica” (Juan Bosch, en Maza 21).
Sé que mis antepasados fueron esclavos. Mi mamá me lo dijo. Esas historias han llegado hasta mí porque son difíciles de olvidar. Quizá es necesario contarlas para sacarlas fuera, y que de esa forma vayan muriendo, hasta que ya no haya rastros de ellas. Yo no tengo hijos, pero quisiera tener una niña, y también le contaré estas historias, para que sepa cuán malas pueden ser las personas, y esté atenta. Sé que mi bisabuelo trabajaba en una plantación, sé que nunca ocupó zapatos. Sé que nunca conoció a sus hermanos. Mi mamá me lo contó todo, para que lo supiera, y nunca en la vida me dejara someter a nadie. Me dijo que la libertad es el bien más preciado, y que me acompaña siempre, que nadie podrá quitarme nunca mi libertad. Una vez me regaló unos versos que aún conservo: “Nadie podrá callarme, porque mi canto es vida. La emoción me sobrecoge, porque puedo expresarme, porque la guitarra canta conmigo y también es vida. Para la libertad, para ella van todas las canciones, todas las vidas, porque ella está en cada canción, que expresa vida, y en todas las vidas que expresan canciones. Para la libertad, para ella entono esta melodía que resuena en la raíz de la violencia y la apacigua. Para la libertad, para ella canto esta armonía que despierta al tirano y lo remece. Para la libertad, para ella digo estas palabras, que taladran la ira y transforman al odio. Para la libertad, para ella toco estos acordes, que brotan dulcemente y desatan todos los nudos y curan todas las heridas. Para la libertad, para ella recito estos versos que enamoran al más frío descongelando su soledad. Para la libertad, para ella grito este júbilo de ablandar los corazones y llenarlos de belleza. Para la libertad, para ella aclamo estas palabras que abren al alma más cerrada penetrando con amor y entrega. Para la libertad, para ella escribo estas estrofas que aclaran las dudas y despejan los miedos. Para la libertad, para ella dirijo estas notas que rompen el caparazón del dolor y lo dejan salir para acabar con la maldad. Para la libertad, para ella hago sonar estas cuerdas, que dan valor al más cobarde, y llenan de pasión creadora al más sombrío. Para la libertad, para ella elevo la voz, que gritará con fuerza: Nadie podrá callarnos, siempre seremos libres.
Yo sé que hubo esclavos, porque me lo contaron. No en mi familia, pero es igual. De todos modos me parece horrible. Sé que los trataban como animales. Que había mucha gente mala, que sólo le importaba que creciera la plantación. Hoy ya no hay esclavos, pero yo veo que a muchas personas igual les queda una rabia. Y tienen razón. No es modo ese de tratar a la gente. A las personas se las trata como personas, y no como animales. Espero que esas cosas feas no vuelvan a ocurrir. Siento mucha lástima cuando cuentan esas historias.
“Como todos los grandes complejos poetizantes, el complejo de Ofelia puede alcanzar un nivel cósmico. Entonces simboliza una unión de la luna y las aguas. Al parecer un inmenso reflejo flotante da una imagen de todo un mundo que se agota y muere. Así, el ‘Narciso’ de Joachim Gasquet recoge, una noche brumosa y melancólica, a través de la sombra de las aguas, las estrellas del claro cielo. Nos da la fusión de dos principios de imagen subiendo juntos al nivel cósmico, el Narciso cósmico uniéndose a la Ofelia cósmica, prueba decisiva del irresistible impulso de la imaginación” (Bachelard 137).
Pienso que el Caribe tiene múltiples identidades. Y que a pesar de eso, logra entenderse. Pero al mismo tiempo creo que hay una gran incomunicación. En un lugar como un puerto, donde las personas entran y salen, a veces no hay espacio para relaciones demasiado profundas. Existe un intercambio superficial constante. Por un lado es entretenido, pero me cansa. Yo quisiera poder entender mejor mi identidad, quisiera poder entender mejor el sentido de por qué estoy aquí. Quisiera más tiempo para poder llegar más profundamente a las personas. Y como no tengo familia, los conocidos que tengo en general no son muy permanentes. Tarde o temprano deciden marcharse. Siempre siento que me falta tiempo para conocer a las personas. A veces me siento confundida, entre tantas lenguas distintas, pienso que esto es como una gran torre de Babel, donde finalmente nadie se entiende. Siento que se nos van muchas cosas que no alcanzamos a asir en esta vorágine de idiomas y culturas. Yo quisiera entender más. Poder llegar más allá.
A Paso Hondo han venido personas de otros lados. Solamente de paso eso sí. A veces no les entiendo cuando hablan. Me parecen muy raros. Aquí todos somos bien parecidos, casi iguales. Es un pueblo chico, y siempre hemos vivido los mismos. Nos conocemos todos. Me parece bueno, porque nos ayudamos. Si alguien no tiene pa’ comer, compartimos. Si a todos nos puede pasar alguna vez, hay que ser considerado. Yo lo que pido es que nunca llegue nadie malo pa’ acá. Pero, creo que entre todos lo echaríamos. Porque después no vaya ser cosa que las ánimas la agarren con uno y no crezca nada en la siembra. Hay que ser precavido.
“Indudablemente que Juan Bosch es un gran narrador social, un artista que muestra el dolor, el aislamiento, el hambre y la ignorancia de un enorme sector de trabajadores de su país: los campesinos. El propio García Márquez lo llama maestro y Alone, el temido comentarista literario de El Mercurio, quedó fascinado con el aliento de su prosa y con la magistral solidez de sus argumentos. Como político le dejó a su pueblo -y al resto de los pueblos de América Latina- su incansable lucha por la democracia, su consecuencia política y práctica en pos de la justicia social. Nos queda la figura de un hombre profundamente ético que creyó en la posibilidad de desarrollo independiente de los países de América Latina y que en virtud de ello, fundó y dirigió dos partidos claves en el desarrollo de la democracia en República Dominicana” (Bosch Carcuro).
Gozo viendo el mar, su color turquesa. La arena blanca. Creo que he estado en varios paraísos naturales. Me cansa eso sí que el Caribe se asocie sólo con eso. Se olvidan de que también hay miseria. Que en las palmeras, la caña de azúcar y el café también se esconde sufrimiento. Que no todo es sol y playas. Que el ron a veces puede ser amargo, y que en la vegetación exuberante puede no sólo haber vida, sino también, dolor y muerte.
Sé que vivo en una gran isla. Que en nuestra isla también está Haití. Pero no conozco el mar. Nunca he ido muy lejos de Paso Hondo, mi vida ha transcurrido aquí. He visto fotos del mar y las playas, pero no me lo imagino bien. Sé que hay grandes hoteles, también me lo han contado, pasa gente por nuestro pueblo, pero no sé cómo se verá un gran hotel. Me parece que debe ser bonito.
“La imaginación de la desdicha y de la muerte encuentra en la materia del agua una imagen material especialmente poderosa y natural. Así, para algunas almas, el agua en verdad contiene la muerte en su sustancia. Trasmite una ensoñación cuyo horror es lento y tranquilo. En la tercera elegía de Duino, Rilke parece haber vivido el horror sonriente de las aguas, el horror que sonríe con la sonrisa tierna de una madre desconsolada. La muerte en un agua calma tiene rasgos maternales. El horror apacible está ‘disuelto en el agua que vuelve ligero el germen vivo’. El agua mezcla aquí sus símbolos ambivalentes de nacimiento y de muerte. Se trata de una sustancia llena de reminiscencias y de ensoñaciones adivinadoras” (Bachelard 140).
Recuerdo la conversación de ese día en el botiquín, acerca de la función del hombre sobre la tierra. No dije nada en ese momento porque estaba muy deprimida, pero eso no significa que no tuviera opinión. Este país es muy machista, a veces los hombres creen que sólo pensamos en tonteras, y no somos capaces de figurarnos ideas abstractas. Me parece absurdo. Por lo demás, estoy segura que pensaron que yo era una prostituta, y no lo soy, ni nunca lo he sido. No puede andar una sola en un botiquín sin que se especule eso. Ese día me sentía agobiada y sólo quería distraerme. Conocí a Hans en ese lugar y creo que alivió, al menos momentáneamente, la angustia que sentía. Me parece triste que el rol de las mujeres tenga que ser el de estar sometidas a los hombres. Que se nos trate como tontas, que no se nos valore, que se nos pague menos que a ellos. Me parece injusto, y creo que ganando en igualdad gana la sociedad toda. ¡Al carajo con Hans y sus amigos del botiquín!
Siempre fui fiel a mi marido. No tuve ojos para nadie. Menos cuando murió. Me parece que una mujer debe ser sumisa, aunque el marido de una no le preste toda la atención que uno quisiera. Pienso que Leonidas, ese era su nombre, me quería mucho, a pesar de que a veces no volvía por las noches, o desaparecía algunas semanas. No era algo de lo que yo podía opinar. El era trabajador y eso es lo importante. Si tuvo otras mujeres no sé, prefiero no saber. Es su vida y yo estaba dedicada a la casa y a cuidar la siembra. Nunca quería hacerlo enojar, si él siempre me dio todo. Me habría gustado eso si, que cuando no iba a llegar a la casa me avisara.
“Bosch escribe con gran soltura, con amenidad que en su hora fue elogiada por Alone, con un naturalismo muy de mediados del pasado siglo. La desgracia atraviesa estas historias, acaso porque el nuestro es un continente desdichado por definición, donde las cosas no calzan bien, empezando por el encuentro/desencuentro de la Conquista. El autor se complace, eso sí, en advertirle al lector que cada anécdota, no más empezada, exhibe ya el germen de la fatalidad. De inmediato uno se echa a temblar. ¿Quién era el tipo aindiado que se la daba de filósofo provocador en el "botiquín" de La Guaira? ¿El diablo mismo? ¿El espíritu del continente mestizo y condenado? […] Aquí se aprecian brutalmente ‘las formas de convivencia, las superposiciones de imaginarios y tiempos culturales, la mixtura de dolores, esperanzas e incertidumbres’. Revueltos los personajes en pura contradicción de tragedia. Tal ocurre con el protagonista empapado de miedo de "La Nochebuena de Encarnación Mendoza", donde Encarnación es un varón que debe una muerte y huye hacia su propia familia. Más fatal imposible. Léase con los dedos cruzados” (Echegoyen).
Creo que es importante poder expresarse sin miedo. Viví la dictadura de este país y tuve mucho miedo. No quería decir nada, en todos lados había que andarse con cuidado. Pensaba que me agarrarían por ser negra, por ser mujer, porque no podría defenderme. Es angustiante vivir así, sin libertad de movimiento, sin libertad de expresión.
A nuestro vecino Toribio lo desaparecieron. En esos años tan largos en que mandaba en nuestro país ese sinvergüenza de Rafael Trujillo. Ese Toribio, además era tan buena persona, no se merecía algo así. Y todo fue porque se quejó en la radio de algo feo que le habían hecho a su amigo Rosendo, también desaparecido años después. En esos años, no se podía decir nada, de todo se enteraban esos salvajes. Dios me libre que a mi Leonidas no le pasó nada. No sé qué habría hecho, ahí sola, no sé cómo lo habría podido ayudar. Le dije que ni se metiera en lo de Toribio, porque después iba a salir mal. Menos mal me hizo caso.
“Para ciertos soñadores, el agua es el cosmos de la muerte. La ofelización es entonces sustancial y el agua es nocturna. Cerca de ella, todo tiende a la muerte. El agua comunica con todas las potencias de la noche y de la muerte, del suicidio, […] El agua expuesta durante mucho tiempo a los rayos lunares se vuelve un agua envenenada” (Bachelard 141).
Me he preguntado por el destino de Latinoamérica. Tantas dictaduras, no sé adonde nos van a llevar. La pobreza, la discriminación, y la marginalidad. Me gustaría tener una visión más optimista, pero con todo lo que he visto, no es fácil. No puedo vivir un día tranquila, sin pensar en el trabajo, en la comida. Los momentos gratificantes que tengo son pocos, y en general dicen relación con poder tomarme un café o un vaso de ron tranquila, conversar un poco. Pero no pasa mucho. He visto a personas de los más diversos rincones de este continente. Siento muchas veces que comparten esa sensación de estar perdidos, como yo. De sentir que hay algo injusto en que unos pocos tenga mucho, y tantos otros tengan tan poco. Creo que eso debería cambiar. Quisiera ver más sonrisas.
El destino de nosotros los campesinos es incierto. Dependemos de que la cosecha esté buena. De que los animales estén sanos y nos permitan vivir. A veces creo que es difícil. Que la vida del campo es cansadora, que todos los días podría venir otra catástrofe. Pero otras veces trato de no pensar en eso, y estar contenta con lo que hay, que es algo. Si podría no haber nada pué. Nunca se sabe lo que puede ocurrir. Con que haiga sol, pienso que se puede estar contenta, y con que mi nieto crezca sano. ¿Qué más se puede pedir?
“[La] inmersión [de Bosch] en las dolorosas realidades de la vida rural rescata de allí las esencias, presentándolas con una sobriedad impresionante que es mérito y garantía de permanencia en el tiempo. Él mismo lo ha dicho: ‘Lo importante no era cómo la gente vistiera o hablara o hiciera las cosas; sino cómo la gente sintiera’. En este sentido, los cuentos de Bosch marcan una ruptura con la tradición narrativa dominicana. Deja, pues, los aspectos superfluos del habla campesina cibaeña, los detalles pintorescos, el folklorismo para turistas, las tarjetas postales que recogen lo más superficial de nuestra idiosincrasia, para desentrañar el alma de hombres y mujeres desheredados. A diferencia de lo que ocurre con los personajes de Horacio Quiroga, de quien es heredero directo, los personajes de Bosch, aunque a veces están enfrentados a la naturaleza, no son devorados por ésta, pues su enemigo más temible no es la selva, inexistente en nuestro caso, sino el amo, el poderoso, el dueño de las tierras. La fatalidad en los cuentos de Bosch está íntimamente vinculada a la explotación y a todas sus aliadas, es decir, la miseria, la ignorancia, la superstición, la marginación social, o cualesquiera otras formas de iniquidad” (Alcántara).
Creo que la función del hombre es tratar de ser feliz con lo que hay. Total, como no queda otra. Creo que hay que disfrutar de las pequeñas cosas. Ahí está el sentido. Intentar hacer el trabajo lo mejor posible, mirar el mar, sentir la arena. No tengo familia ni muchas amigas, pero las que tengo son buenas amigas. Han estado por mí cuando lo he necesitado. Quizá ese es el sentido y basta. No veo que sea algo mucho más abstracto que eso. Si no pienso así, me la paso infeliz. Es cierto que me gustaría que cambiarán muchas cosas, y espero que las oportunidades de personas como yo mejoren, pero por mientras, aprovecho lo que hay.
No me parece que yo haya podido venir al mundo para otra cosa que no sea cultivar este campo, es muy mío. Siempre he estado aquí, supongo que nací para esto. Tampoco necesito mucho más. ¡Con que haiga agua pa’ los frijoles!
“Al estar tan fuertemente ligadas al agua todas las interminables ensoñaciones del destino funesto, de la muerte, del suicidio, no hay que asombrarse de que el agua sea para tantas almas el elemento melancólico por excelencia. Más exactamente, empleando una expresión de Huysmans, el agua es el elemento melancolizante. El agua melancolizante rige obras íntegras, como las de Rodenbach o Poe. La melancolía de Edgar Poe no proviene de una felicidad esfumada, de una pasión ardiente que la vida ha quemado. Es directamente, desgracia disuelta. Su melancolía es realmente sustancial. ‘Mi alma —dice en alguna parte—, mi alma era un agua estancada’" (Bachelard 141).
Los dictadores y militares, de este país y de América Latina, han derrocado gobiernos legítimos, han esclavizado a sus pueblos, han asesinado y torturado a un sinnúmero de personas, se han enriquecido, y han abusado de un sinfín mujeres.
Yo sólo espero que nunca vuelva a ser presidente alguien tan malvado como Rafael Trujillo. Dios nos libre.
“Tal vez por eso había decidido que Trujillo debía morir. Para recuperar, él y los dominicanos, la facultad de aceptar o rechazar por lo menos el trabajo con el que uno se ganaba la vida. […] no sabía lo que era eso. De niño tal vez lo supo, pero lo había olvidado. Debía de ser una cosa linda. La taza de café o trago de ron debían saber mejor, el humo del tabaco, el baño de mar un día caluroso, la película de los sábados o el merengue de la radio, debían dejar en el cuerpo y el espíritu una sensación más grata, cuando se disponía de eso que Trujillo les arrebató a los dominicanos hacía ya treinta y un años: el libre albedrío” (Vargas Llosa 190).
Creo que los europeos que conquistaron América fueron muy crueles con los indios que vivían aquí, y después con los negros que llegaron. No es lo que enseñan en la escuela, cuentan que fue algo muy bueno, pero no lo creo así. Ellos estaban tranquilos en sus mundos, y llegaron a invadirlos. A quitarles todo, hasta la vida. Creo que para que termine la distancia entre estos dos mundos falta mucho, son las consecuencias de la invasión sangrienta y la explotación. Lo primero es que haya respeto y valoración del otro, para los dos lados, digo.
Me parece que no tiene sentido que haya rivalidades con nuestros hermanos que están en Haití. Si hubiese haitianos en Paso Hondo yo los invitaría a mi casa. Creo que a todas las personas hay que tratarlas bien. Creo que eso es lo que quiere el taita dios. Que nos entendamos, que seamos hospitalarios, no habría razón para negarle un plato de frijoles a nadie. Sea de donde sea, hasta de Europa, de los que una vez nos vinieron a conquistar. Creo que para llegar a algún lado hay que pedir permiso. ¡Vaya manera de entrar en nuestro paraíso!
“Mil veces sin duda la imagen de las lágrimas se le aparecerá al pensamiento para explicar la tristeza de las aguas. Pero esa relación no es suficiente, y […] [quisiera] insistir sobre razones más profundas que señalan el verdadero mal de la sustancia del agua. La muerte está en ella. Hasta aquí evocamos sobre todo las imágenes del viaje fúnebre. El agua lleva lejos, el agua pasa como los días. Pero otra ensoñación nos gana, diciéndonos de la pérdida de nuestro ser en la dispersión total. Cada uno de los elementos tiene su propia disolución, la tierra en el polvo, el fuego en el humo. El agua disuelve más completamente, nos ayuda a morir del todo” (Bachelard 142). “`[…] el alma toma forma de paloma, después de la muerte. [La paloma] participa del simbolismo general de todo animal alado (espiritualidad y poder de sublimación)” (Cirlot 359).
Los europeos han creído que nosotros los americanos, los mestizos, no podemos pensar en ideas más elevadas que 1 + 1. Pero claro que sí lo hacemos, incluso en botiquines en el Caribe es posible conversar sobre el destino final de la humanidad, aquí también nos preocupan esas cosas, no todo es playa y palmeras, también tenemos dudas. No solo en un café europeo es posible hablar de esos temas, también en La Guaira, también en América. Ese día me tiré al agua porque sentí desesperación. Recordé una época de mi vida en que fui muy feliz. Y me sentía muy angustiada en ese momento. Miguel se había ido de mi lado hace unas semanas y me sentía totalmente ofuscada, no veía salida. Fue una mezcla de cosas, esa conversación del botiquín, la paloma muerta, el recuerdo de Miguel y la incertidumbre de su partida, ¿si él se marchaba, por qué iba yo a quedarme?
El día que la gran lluvia quiso llevarme, yo pensé firmemente en mi nieto y en que sembraría batatas cuando acabara el diluvio aquel. Con esa idea en mente, sabía no que no podía morir. Le ganaría a ese gran río, porque no era mi momento, y no dejaría a mi nieto solo. La convicción me salvó, y la esperanza. Nunca se debe perder la esperanza.
“Los diversos planos del cuento ‘La muchacha de La Guaira’ nos entregan, magistralmente, las perspectivas vitales del mismo Juan Bosch. En Niebla, en 1955, creó un texto donde se enlazan los niveles de acción del escritor y el político que busca desentrañar el futuro de Latinoamérica, el futuro de los países del Caribe. La acción narrativa nos presenta un mundo de ‘capas’, inesperadamente trágico, con seres inocentes y bellos que esperaríamos pudieran despertar a un sentido de esperanza individual y colectiva; muchachas que no busquen la autodestrucción, con identidad, con nombre, alejadas del “ser para la muerte”, de la naturaleza implacable, menos dominadas por tormentas y volcanes ocultos bajo una superficie quieta, fría y desapasionada” (Maza 26).
Si hay descontento hay que manifestarse. Dejar salir lo que se siente. Me parece que Latinoamérica tiene ese poder, aunque no lo parezca. Tiene esas ganas de hablar, de decir lo que su alma guarda. Constantemente está surgiendo esa fuerza interna de los latinoamericanos, que deben luchar en tantos frentes. Todos queremos un mundo mejor.
Si me preguntan, yo voy a decir siempre que me gustaría que hubiera más igualdad y más justicia. Así seríamos todos más felices.
“El suicidio, desde el ángulo tradicional, es el máximo crimen por destruir el ‘soporte de la evolución’ que es la propia vida. Desde la concepción hinduista […] es un acto enteramente inútil pues suprime sólo el aspecto exterior, un ente. Paradójicamente, desde el ángulo existencial es un símbolo de la destrucción del mundo, puesto que la doctrina que carga todo el valor de la realidad en el ámbito de una existencia identifica con ella la “totalidad” (al menos la suma de juicios que constituyen su representación)” (Cirlot 425). “El agua cerrada toma en su seno a la muerte. El agua da la muerte elemental. El agua muere con el muerto en su sustancia. El agua es entonces una nada sustancial. No podemos llegar más lejos en la desesperación. Para ciertas almas, el agua es la materia de la desesperación” (Bachelard 143).
Fin a la tragedia acuática y a la suciedad cenagosa
Después de siete días de diluvio, he podido finalmente expresarme, sacar fuera esa balsa que no podía hallar, subirme al arca esperando renacer, juntando en ella muchas palabras, para que puedan reproducirse, seguir creando, mezclándose con belleza, con ingenio, he logrado hacer mía la embarcación, para evitar su naufragio, y haciéndola relucir en el gran mar de incertidumbres, hoy navego en aguas tranquilas, que no son trágicas ni sucias, esperando poder dar una esperanza a la muchacha de aquel puerto del Caribe, a aquella mujer del campo dominicano, una pista, una ilusión, una dignidad. Lo que he intentado en estas líneas, es dar voz a la opresión, es dar confianza a lo excluido, dar lugar a lo desdeñado, a lo abandonado, poner en los labios de los sudamericanos postergados, una palabra de ensoñación, una palabra de serenidad, una seguridad merecida, unas ganas de vivir. He intentado sacar fuera, ese derecho de cada uno a expresarse, validando cada historia personal, como lo más sagrado, que uniéndose en un gran baile de individuos, da lugar a la existencia humana en esta tierra, que es de todos.
8 de agosto de 2011
4 de agosto de 2011
David
Me subo a tu tabla, me invitas al mar, como a una fiesta, de personajes marinos maravillosos, de olas que revientan con fuerza pacífica, de gaviotas que quieren acompañarnos, me llamas por mi nombre, soy la sirena del paisaje, agito mi aleta al sol orgullosa, me dices que no hay otra como yo en toda la inmensidad oceánica, me aseguras que estuviste mucho tiempo buscándome, que el brillo de mis ojos es único, que lo seguirás hasta donde el mar acaba en la lejanía, que eres el más afortunado del ancho océano, que ves el azul relucir si mi marítima existencia te toca, sonrío, porque en tus bellos ojos marinos encuentro una revelación del paraíso por venir, una insinuación de la inmortalidad.
Me subo a tu tabla, me invitas al mar, como a una fiesta, de personajes marinos maravillosos, de olas que revientan con fuerza pacífica, de gaviotas que quieren acompañarnos, me llamas por mi nombre, soy la sirena del paisaje, agito mi aleta al sol orgullosa, me dices que no hay otra como yo en toda la inmensidad oceánica, me aseguras que estuviste mucho tiempo buscándome, que el brillo de mis ojos es único, que lo seguirás hasta donde el mar acaba en la lejanía, que eres el más afortunado del ancho océano, que ves el azul relucir si mi marítima existencia te toca, sonrío, porque en tus bellos ojos marinos encuentro una revelación del paraíso por venir, una insinuación de la inmortalidad.
Arriba de la ola
Por primera vez en mucho tiempo, me siento surfeando arriba de la ola, viendo las cosas desde arriba, con serenidad, con calma, con alegría del trabajo hecho, de lo construido, diviso a los delfines y focas sabiendo que está bien que estén ahí, que todo lo que vive tiene y tendrá una razón.
Por primera vez en mucho tiempo, me siento surfeando arriba de la ola, viendo las cosas desde arriba, con serenidad, con calma, con alegría del trabajo hecho, de lo construido, diviso a los delfines y focas sabiendo que está bien que estén ahí, que todo lo que vive tiene y tendrá una razón.
Fechas
Soy una rayada con las fechas, las recuerdo, las puedo superponer y comparar con distintos años, investigo los ciclos, indago en las coincidencias, y me alegro con el entendimiento del plano mayor de la estructura de mi vida, de la estructura de los tiempos, su evolución y circunstancias, las razones del presente, tantas veces entreverada con el pasado, entretejida con los sueños del futuro, tantas veces entrecruzada con los lapsos que retornan, con la posibilidad de avanzar hacia una nueva etapa en el gran espiral de la vida.
Soy una rayada con las fechas, las recuerdo, las puedo superponer y comparar con distintos años, investigo los ciclos, indago en las coincidencias, y me alegro con el entendimiento del plano mayor de la estructura de mi vida, de la estructura de los tiempos, su evolución y circunstancias, las razones del presente, tantas veces entreverada con el pasado, entretejida con los sueños del futuro, tantas veces entrecruzada con los lapsos que retornan, con la posibilidad de avanzar hacia una nueva etapa en el gran espiral de la vida.
Oportunidad
Pensé que no podría escribir sobre aspectos positivos, sonrisas, estaba segura que la oscuridad era todo lo que vería, pero ahora sé que no, que el sol brilla, que la existencia también es disfrutar con lo que hay, también es agradecer y sentir genuina gratitud por la sustancia de la que está compuesta nuestro día a día, por los individuos que acompañan nuestro caminar, por los seres sagrados que están dispuestos a escucharnos, por la maravillosa ocasión de poder escuchar y sentir a esos sujetos que nos rodean. ¡Uf! Se siente bien esta oportunidad.
Pensé que no podría escribir sobre aspectos positivos, sonrisas, estaba segura que la oscuridad era todo lo que vería, pero ahora sé que no, que el sol brilla, que la existencia también es disfrutar con lo que hay, también es agradecer y sentir genuina gratitud por la sustancia de la que está compuesta nuestro día a día, por los individuos que acompañan nuestro caminar, por los seres sagrados que están dispuestos a escucharnos, por la maravillosa ocasión de poder escuchar y sentir a esos sujetos que nos rodean. ¡Uf! Se siente bien esta oportunidad.
Confirmación
Sucede lo siguiente, ya tengo 30, había tomado la decisión de antes, pero ahora la confirmo, no haré nada que no me haga sonreír, no trabajaré ni estudiaré en algo que no me llene en el día a día, aunque envuelva una promesa de porvenir futuro, no hay tiempo, la existencia es fugaz y bella como para desaprovecharla.
Sucede lo siguiente, ya tengo 30, había tomado la decisión de antes, pero ahora la confirmo, no haré nada que no me haga sonreír, no trabajaré ni estudiaré en algo que no me llene en el día a día, aunque envuelva una promesa de porvenir futuro, no hay tiempo, la existencia es fugaz y bella como para desaprovecharla.
Fin a la tragedia acuática y a la suciedad cenagosa
Después de cuatro días de diluvio, he podido finalmente expresarme, sacar fuera esa balsa que no podía hallar, subirme al arca esperando renacer, juntando en ella muchas palabras, para que puedan reproducirse, seguir creando, mezclándose con belleza, con ingenio, he logrado hacer mía la embarcación, para evitar su naufragio, y haciéndola relucir en el gran mar de incertidumbres, hoy navego en aguas tranquilas, que no son trágicas ni sucias, esperando poder dar una esperanza a la muchacha de aquel puerto del Caribe, a aquella mujer del campo dominicano, a aquella niña del pueblo mexicano, una pista, una ilusión, una dignidad. Lo que he intentado en estas líneas, es dar voz a la opresión, es dar confianza a lo excluido, dar lugar a lo desdeñado, a lo abandonado, poner en los labios de los sudamericanos postergados, una palabra de ensoñación, una palabra de serenidad, una seguridad merecida, unas ganas de vivir. He intentado sacar fuera, ese derecho de cada uno a expresarse, validando cada historia personal, como lo más sagrado, que uniéndose en un gran baile de individuos, da lugar a la existencia humana en esta tierra, que es de todos.
(Inspirado en Es que somos tan pobres, de Juan Rulfo, Dos pesos de agua, y La muchacha de La Guaira, de Juan Bosch).
Después de cuatro días de diluvio, he podido finalmente expresarme, sacar fuera esa balsa que no podía hallar, subirme al arca esperando renacer, juntando en ella muchas palabras, para que puedan reproducirse, seguir creando, mezclándose con belleza, con ingenio, he logrado hacer mía la embarcación, para evitar su naufragio, y haciéndola relucir en el gran mar de incertidumbres, hoy navego en aguas tranquilas, que no son trágicas ni sucias, esperando poder dar una esperanza a la muchacha de aquel puerto del Caribe, a aquella mujer del campo dominicano, a aquella niña del pueblo mexicano, una pista, una ilusión, una dignidad. Lo que he intentado en estas líneas, es dar voz a la opresión, es dar confianza a lo excluido, dar lugar a lo desdeñado, a lo abandonado, poner en los labios de los sudamericanos postergados, una palabra de ensoñación, una palabra de serenidad, una seguridad merecida, unas ganas de vivir. He intentado sacar fuera, ese derecho de cada uno a expresarse, validando cada historia personal, como lo más sagrado, que uniéndose en un gran baile de individuos, da lugar a la existencia humana en esta tierra, que es de todos.
(Inspirado en Es que somos tan pobres, de Juan Rulfo, Dos pesos de agua, y La muchacha de La Guaira, de Juan Bosch).
3 de agosto de 2011
Aguas trágicas
El agua, tan llena de vida, y tan llena de muerte, cuando hay desprotección, cuando no hay esperanzas con que hacerle frente, cuando llega sin aviso, cuando el cauce del río no es suficiente, cuando el mar se envalentona a pasear por fuera de su cuenca, cuando el hogar es frágil, cuando el cuerpo está tembloroso, cuando las oportunidades son exiguas, cuando el campo y su plantación lo es todo, cuando los animales se resignan a la naturaleza voraz, cuando no hay balsas que resistan, cuando la tierra quiere castigar, cuando no hay salvaciones posibles, cuando se ha luchado hasta el final. En ese escenario, el agua es muerte, y la muerte es muerte.
(Inspirado en Es que somos tan pobres, de Juan Rulfo, Dos pesos de agua, y La muchacha de La Guaira, de Juan Bosch).
El agua, tan llena de vida, y tan llena de muerte, cuando hay desprotección, cuando no hay esperanzas con que hacerle frente, cuando llega sin aviso, cuando el cauce del río no es suficiente, cuando el mar se envalentona a pasear por fuera de su cuenca, cuando el hogar es frágil, cuando el cuerpo está tembloroso, cuando las oportunidades son exiguas, cuando el campo y su plantación lo es todo, cuando los animales se resignan a la naturaleza voraz, cuando no hay balsas que resistan, cuando la tierra quiere castigar, cuando no hay salvaciones posibles, cuando se ha luchado hasta el final. En ese escenario, el agua es muerte, y la muerte es muerte.
(Inspirado en Es que somos tan pobres, de Juan Rulfo, Dos pesos de agua, y La muchacha de La Guaira, de Juan Bosch).
Aguas sucias
Me ahogo, en tantas aguas sucias, en tanto cataclismo, en tanto abandono. Me ahogo, como la vaca Serpentina, como la muchacha perdida, como las batatas, como los caminos. Me hago una con el agua y floto, buscando un nuevo porvenir. Me lanzo al agua con esperanza, escondiendo mi desconcierto, resistiendo a la corriente que no me alcanzará si sigo luchando, rebelándome a mi destino inexorable. Me ahogo, en esta agua maldita que no me da tregua, que no cesará hasta matarme, a pesar de haber hecho tantos sacrificios. Por una última vez miro al cielo y manifiesto mi confusión, mi ignorancia frente a tanta desgracia. Ruego por despertar en tierra firme.
(Inspirado en Es que somos tan pobres, de Juan Rulfo, Dos pesos de agua, y La muchacha de La Guaira, de Juan Bosch).
Me ahogo, en tantas aguas sucias, en tanto cataclismo, en tanto abandono. Me ahogo, como la vaca Serpentina, como la muchacha perdida, como las batatas, como los caminos. Me hago una con el agua y floto, buscando un nuevo porvenir. Me lanzo al agua con esperanza, escondiendo mi desconcierto, resistiendo a la corriente que no me alcanzará si sigo luchando, rebelándome a mi destino inexorable. Me ahogo, en esta agua maldita que no me da tregua, que no cesará hasta matarme, a pesar de haber hecho tantos sacrificios. Por una última vez miro al cielo y manifiesto mi confusión, mi ignorancia frente a tanta desgracia. Ruego por despertar en tierra firme.
(Inspirado en Es que somos tan pobres, de Juan Rulfo, Dos pesos de agua, y La muchacha de La Guaira, de Juan Bosch).
1 de agosto de 2011
Parresía, pasión y Eros. Una mirada teórica y práctica.
Resumen
En este ensayo, de extensión breve, se intenta en primer lugar, dar significado al término parresía, a la pasión y al Eros. Esto con objeto de generar un contexto adecuado para el desarrollo de la segunda parte del texto. En el segundo acápite, se da lugar a la práctica de la parresía en el Eros, mediante la expresión de la “verdad” en los temas concernientes al alma. Por último, se enuncian algunas conclusiones, respecto al Eros, y a la materialización de la parresía, y sus consecuencias.
I. Parresía, pasión y Eros en la Grecia antigua.
Parresía
La parresía es un término griego que se ha traducido como “franqueza” o “sinceridad”. Vendría a ser el reverso de la retórica. La parresía “es un término griego que alude a la actitud de quien es capaz de decir una verdad crítica del modo más crudo a alguien que está en condiciones de castigarlo por ello. Quien ejerce la parresía tiene la convicción de que la verdad es superior a la conveniencia y siente la obligación de decirla. El objetivo de la verdad parresiástica es invitar al interlocutor a cambiar de vida, a partir del reconocimiento de sus errores” (Santiago 282).
La parresía tiene que ver con la libertad, y sobre todo con exponerse, con atreverse. Implica enfrentar un cierto peligro, y lo impresionante es que supone un compromiso absoluto con la verdad, con la verdad transparente. Pero, para eso se requiere de libertad y de valentía, no es parresía la verdad que se cuenta si no hay un cierto peligro, esa es mera verdad. Pero, cuando arriesgas algo de ti, ahí es parresía. Una característica de la parresía, mencionada por Foucault, es que “hay siempre una coincidencia exacta entre creencia y verdad” (Foucault[a] 36).
Foucault define la parresía como “una clase de actividad verbal donde el que habla tiene una relación específica con la verdad a través de la franqueza, un cierto tipo de relación consigo mismo o con otras personas a través de la crítica (autocrítica o crítica a otras personas), y una específica relación con la ley moral a través de la libertad y el deber” (Foucault[b] 272). Los rasgos de la parresía vendrían a ser entonces la franqueza, la verdad, el peligro, la crítica y el deber. La franqueza, es decir todo lo que se tiene en mente, sin ocultar nada, abrir el corazón y la mente, hablar directo y claro sin retórica. La verdad es decir lo que uno sabe que es verdad, lo que uno verdaderamente cree.
En el plano del Eros, tema de este ensayo, la parresía vendría a ser por un lado el estado en que cae el enamorado. Un síntoma del enamoramiento. El diálogo de los amantes vendría a ser un diálogo franco. Por otra parte, expresarse con parresía, respecto al Eros, implica decir toda la verdad, sin dimensionar las consecuencias, sino que expresarla, arriesgando algo de uno mismo.
Pasión
La pasión es una “emoción o inclinación que coloca al hombre en una situación de pasividad ante sus propias reacciones y que lo lleva a realizar acciones que de no estar dominado por la pasión no llevaría a cabo” (Santiago 284). Ferrater Mora explica la mirada estoica, “los estoicos fueron los que estudiaron las pasiones especialmente como perturbación y, consiguientemente, como algo que debe ser eliminado por medio de la razón, la que actúa con el fin de librar el ánimo de las pasiones y darle libertad. Para los estoicos las pasiones están contra la naturaleza porque seguir la naturaleza es lo mismo que seguir la razón” (Ferrater Mora 278).
Vegetti explica: “Como la enfermedad del cuerpo, la pasión del alma venía a representar entonces una cesión, debida a una intrínseca debilidad, a la presión externa: en este caso a las pulsiones del cuerpo, o también las representaciones provenientes del mundo externo (ofensas o promesas de placer, gloria, riqueza). En este cuadro, la pasión, como la enfermedad para los médicos, representaba entonces una cesión del alma a su ‘otro’: el cuerpo, o bien el ambiente social. Platón, que fue el primero en definir las pasiones como ‘enfermedades del alma’, haría aceptado, al menos en una vertiente de su pensamiento, esa concepción devenida pasiva del pathos, como afección del alma por obra del cuerpo. En Fedón, el alma era vista como empeñada en una lucha perpetua con los deseos, las pulsiones heroicas, las cóleras, los temores que el cuerpo producía sin cesar; pero se trata de una lucha de resultado incierto, porque las pasiones, ‘como si fuesen clavos, fijan el alma al cuerpo’ y hacen difícil, a menudo imposible, su purificación y su reunión final con lo divino” (Vegetti 69).
En cuanto a la pasión, Hegel expresa, “si llamamos pasión al interés en el cual la individualidad entera se entrega con olvido de todos los demás intereses múltiples que tenga y pueda tener, y se fija en el objeto con todas las fuerzas de su voluntad, concentrando en este fin todos sus apetitos y energías, debemos decir que nada grande se ha realizado en el mundo sin pasión” (Hegel en Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, citado en Ferrater Mora 278).
Eros
En cuanto al Eros, Platón lo concibe “como un flujo de fuerza, ‘la energía innata’ del alma” (Vegetti 72). Vegetti analiza esto, dando inicio a su reflexión desde el campo político: “Dado que la tiranía es la proyección política externa de la psicología de la pasión erótica, también por esa vía se vuelve al problema crucial del eros, la ‘fuerza’ mayor en acción en el aparato psíquico, y también la más devastadora. La atracción erótica por la belleza física puede desviarse hacia la belleza ideal de la verdad y la justicia, más aún sin la primera no puede siquiera ser amada la segunda. […] Pero también aquí hay una paradoja, porque la pulsión erótica no puede ser desviada sin que se instaure una relación entre maestro y discípulo que también es erótica, y no sin ambigüedad de planos, como la que se ilustra en la memorable relación entre Sócrates y Alcibíades, una historia tormentosa donde el amante adulto se convierte al fin en el amado del joven, y así puede tratar de dirigir la recíproca atracción erótica hacia el tercer polo ideal” (Vegetti 83). Más adelante profundizaré en la relación Sócrates-Alcibíades.
Eros en Banquete
He querido en este apartado, dar una mirada a las distintas definiciones del Eros que se dan en Banquete. En el célebre diálogo de Platón, se realizan una serie de discursos sobre el Eros, o amor, a propuesta de Erixímaco, siguiendo una idea de Fedro. Por esto, Fedro comienza, haciendo un himno a la divinidad. Principalmente, alude a que Eros es el más antiguo de los dioses, que es el causante de los mayores bienes para los hombres, e inspira valor y sacrificio personal, el único por el que están dispuestos a morir los amantes. Posiblemente, su aporte más original sea “el de presentar a Eros como una fuerza impulsora de nobles acciones” (Librodot 20). En este discurso se muestra a la “virtud como sinónimo de valor, el amante se encuentra ansioso de sobresalir ante los ojos del amado. Eros inspira valor y auto-sacrificio” (Velásquez 47).
Luego es el turno de Pausanias, quien afirma que existen dos Eros, de la misma manera que existen dos Afroditas. El Eros popular ama más al cuerpo, y el Eros celeste, al alma. Pausanias da a entender que cualquier acción humana no es en sí misma ni buena ni mala, sino que depende de cómo se haga, si la intención es buena y tiene como fin el perfeccionamiento moral e intelectual de los amantes, cualquier acto homosexual está justificado. “Se ha querido ver en Pausanias un sofista que hace un uso pervertido de la moralidad para conseguir su meta real: la legitimidad de la pederastia. […] El punto más destacado de su discurso es la visión de Eros como fenómeno sociológico y, en este sentido, es único al exponer la actitud de la sociedad ateniense frente a la homosexualidad” (Librodot 21). Según Velásquez este discurso es, “la sociología del amor, o una evaluación del condicionamiento cultural en los modos de amar. El amor en Atenas, y lo ‘permitido por la costumbre’” (Velásquez 52).
Continuamos con Eríximaco, quien va más allá de lo expresado por Pausanias e insiste en la naturaleza cósmica de Eros como fuerza que actúa en la naturaleza. Su concepto de Eros se basa en la armonía, en la concordia armónica de los contrarios. Pausanias expresa: “Dice, en efecto [Heráclito], que lo uno «siendo discordante en sí concuerda consigo mismo», «como la armonía del arco y de la lira». Mas es un gran absurdo decir que la armonía es discordante o que resulta de lo que todavía es discordante. Pero, quizás, lo que quería decir era que resulta de lo que anteriormente ha sido discordante, de lo agudo y de lo grave, que luego han concordado gracias al arte musical, puesto que, naturalmente, no podría haber armonía de lo agudo y de lo grave cuando todavía son discordantes. La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo; pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice. Justamente como resulta también el ritmo de lo rápido y de lo lento, de cosas que en un principio han sido discordantes y después han concordado. Y el acuerdo en todos estos elementos lo pone aquí la música, […] Y la música es, a su vez, un conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo” (Banquete 187b). Erixímaco habla aquí de la música como conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo. La música como amor entre los graves y los agudos, entre los lentos y los rápidos. La música como acuerdo amoroso. La música como unión de dos discordantes gracias a la acción del amor. El amor como condición de posibilidad de la música. Con la intervención de Erixímaco, se pasa “del plano exclusivamente sexual al plano cósmico universal” (Librodot 23). Consigno aquí el ejemplo de lo música, ya que me pareció especialmente bello.
A continuación, Aristófanes se ha recuperado de su hipo, y hace su discurso sobre Eros, recurriendo a un antiguo mito. El estado actual del hombre no fue el que existía en el origen, sino que antiguamente los seres humanos tenían dos cuerpos con cuatro brazos, cuatro piernas y dos cabezas: eran circulares y existían tres géneros: masculino-masculino, femenino-femenino y masculino-femenino (andrógino). Como eran arrogantes y peligrosos para los dioses, Zeus decidió dividirlos en dos mitades y ordenó a Apolo que saneara y arreglara todo lo que implicaba este corte. De esa forma serían más débiles y más útiles para los dioses, por ser más numerosos. Pero estas mitades morían de nostalgia anhelando su otra mitad, “y rodeándose con las manos y entrelazándose unos con otros, deseosos de unirse en una sola naturaleza, morían de hambre y de absoluta inacción, por no querer hacer nada separados unos de otros” (Banquete 191a). Por lo que Zeus se apiada y decide proporcionarles el sistema de procreación, cambiando hacia la parte delantera los órganos genitales, pues hasta entonces engendraban y parían en la tierra, como las cigarras. Cada uno busca su otra mitad, y esta es búsqueda es Eros, o amor. “Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana” (Banquete 191d). Cuando se encuentran dos mitades que originariamente estaban unidas surge entonces la alegría del amor: “Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esa integridad. Antes, éramos uno, pero ahora, por nuestra iniquidad, hemos sido separados por la divinidad, como los arcadios por los lacedemonios” (Banquete 193a). Si somos piadosos y cuidadosos de nuestros deberes morales y religiosos, podemos ser recompensados alcanzando de nuevo nuestra naturaleza original. Pero si somos impíos, Zeus nos puede cortar en dos una vez más y cada uno de nosotros quedaría como una lonja de pescado o una figura en relieve.
En seguida es el turno de Agatón, quien se centra en la naturaleza misma del dios Eros, para describir con posterioridad sus dones a los hombres. Agatón explica antes de empezar su plan retórico: “la única manera correcta de cualquier cosa es explicar palabra por palabra cuál es la naturaleza de la persona sobre la que se habla y de qué clase de efectos es, realmente responsable. De este modo, es justo que nosotros también elogiemos a Eros, primero a él mismo, cuál es su naturaleza, y después sus dones” (Banquete 195a). Quizá el aporte del discurso de Agatón es que “Eros está ocupado siempre con la belleza” (Librodot 25). Agatón es aplaudido estruendosamente al terminar su discurso, se ha especulado que porque era el anfitrión de la reunión.
A continuación, Agatón y Sócrates tienen una conversación, en la cual Sócrates hace finalmente reconocer a Agatón: que Eros es deseo de algo, que Eros desea algo que no tiene, y que Eros no es ni bello ni bueno. Luego de eso, hace su intervención, en la cual afirma: de acuerdo a las enseñanzas de Diotima, Eros no es ni bello ni feo, ni bueno, ni malo, sino algo intermedio entre todo esto. Esta naturaleza intermedia de Eros le viene de su origen, ya que es hijo de Penía y de Poros (pobreza y recurso), por lo que tiene las características de ambos. Eros es sobretodo un filósofo, un amante de la sabiduría, un intermedio entre el sabio y el ignorante. Quien desea lo que es bello y bueno, desea que sea suyo para siempre, Eros es deseo de poseer siempre lo bueno. Todos los seres humanos son fértiles y tienen deseos de reproducirse, y es a través de la reproducción, la manera como los seres mortales consiguen una especie de inmortalidad. La belleza los estimula a hacerlo, mientras que la fealdad los aparta de ese estímulo, Por esto, Eros es un deseo de procreación en lo bello. La manera correcta de acercarse a las cosas del amor es ascender hasta la comprensión de la Belleza en sí.
Parresía en Banquete
Cuando Sócrates termina su discurso, hace aparición Alcibíades, quien interesa especialmente en este ensayo, ya que realiza su discurso con franqueza, o parresía, una de las materias abordadas por este texto. Alcibíades es invitado a dar su discurso a Eros, y lo que él hace, es realizar un elogio a Sócrates, “la finalidad principal del discurso de Alcibíades es mostrarnos que Sócrates pone en práctica la moral implícita en las palabras de Diotima. Con la visión de Eros como filósofo, Sócrates aparece ahora como la personificación del verdadero Eros. Todo el elogio […] pone en correspondencia punto por punto las virtudes socráticas con la doctrina expuesta en el diálogo Sócrates-Diotima” (Librodot 27). Al terminar su discurso, Alcibíades dice: “Esto es, señores, lo que yo elogio en Sócrates, y mezclando a la vez lo que le reprocho os he referido las ofensas que me hizo. Sin embargo, no las ha hecho sólo a mí, sino también a Cármides, el hijo de Glaucón, a Eutidemo, el hijo de Diocles, y a muchísimos otros, a quienes él engaña entregándose como amante, mientras que luego resulta, más bien, amado en lugar de amante. Lo cual también a ti te digo, Agatón, para que no te dejes engañar por este hombre, sino que, instruido por nuestra experiencia, tengas precaución y no aprendas, según el refrán, como un necio, por experiencia propia. Al decir esto Alcibíades, se produjo una risa general por su franqueza, puesto que parecía estar enamorado todavía de Sócrates. -Me parece, Alcibiades -dijo entonces Sócrates-, que estás sereno, pues de otro modo no hubieras intentando jamás, disfrazando tus intenciones tan ingeniosamente, ocultar la razón por la que has dicho todo eso y lo has colocado ostensiblemente como una consideración accesoria al final de tu discurso, como si no hubieras dicho todo para enemistarnos a mí y a Agatón, al pensar que yo debo amarte a ti y a ningún otro, y Agatón ser amado por ti y por nadie más. Pero no me has pasado desapercibido, sino que ese drama tuyo satírico y silénico está perfectamente claro” (Banquete 227b, la cursiva es propia).
Velásquez hace un análisis de esta franqueza o parresía de Alcibíades: “Lo más parecido a esa forma directa de aproximación amorosa, lo encontramos en nuestro diálogo quizá en el discurso de Alcibíades, si bien debido a que se desenvuelve fundamentalmente como una historia en pretérito, el objetivo erótico directo queda en cierto modo disimulado al interior de la desenvuelta franqueza en el discurso. Y el resultado en este caso, cosa paradójica en otras circunstancias, es la risa de los circundantes. Una risa producida por la parresía, es decir, la ‘cruda sinceridad’, la ‘naturalidad’, consecuencia tal vez de esa ‘libertad de palabra’, esa misma parresía, de la que los atenienses se enorgullecían tanto. Pero esta franqueza es solo el instrumento de la hilaridad de los simposiastas, puesto que la verdadera razón está en la circunstancia de que Alcibíades “parecía hallarse todavía enamorado de Sócrates” (Bq. 222c). Es decir, la clave del éxito del discurso está en haber conseguido escenificar con verosimilitud lo que se supone un discurso ‘erótico’ debe hacer manifiesto, a saber, convocar con éxito todas las piezas del drama en torno a ese objetivo directo de persuasión del ser amado. Así entonces, los ‘discursos eróticos’ de Platón en el Banquete no abandonan del todo la particularidad que se supone tiene todo discurso amatorio, y que consiste en su determinación de apuntar, de poner en la mira al individuo aquel que, como objeto privilegiado de las preocupaciones de amor de un enamorado, sostiene la trama profunda de las palabras” (Velásquez 33). Dicho esto, doy paso a la segunda parte de este ensayo, que intenta lograr esa “verosimilitud” de la que habla Velásquez, consiguiendo la persuasión del ser amado, obteniendo la atención y queriendo remover las fibras internas. Buscando expresar la verdad del Eros y la pasión, con parresía.
Resumen
En este ensayo, de extensión breve, se intenta en primer lugar, dar significado al término parresía, a la pasión y al Eros. Esto con objeto de generar un contexto adecuado para el desarrollo de la segunda parte del texto. En el segundo acápite, se da lugar a la práctica de la parresía en el Eros, mediante la expresión de la “verdad” en los temas concernientes al alma. Por último, se enuncian algunas conclusiones, respecto al Eros, y a la materialización de la parresía, y sus consecuencias.
I. Parresía, pasión y Eros en la Grecia antigua.
Parresía
La parresía es un término griego que se ha traducido como “franqueza” o “sinceridad”. Vendría a ser el reverso de la retórica. La parresía “es un término griego que alude a la actitud de quien es capaz de decir una verdad crítica del modo más crudo a alguien que está en condiciones de castigarlo por ello. Quien ejerce la parresía tiene la convicción de que la verdad es superior a la conveniencia y siente la obligación de decirla. El objetivo de la verdad parresiástica es invitar al interlocutor a cambiar de vida, a partir del reconocimiento de sus errores” (Santiago 282).
La parresía tiene que ver con la libertad, y sobre todo con exponerse, con atreverse. Implica enfrentar un cierto peligro, y lo impresionante es que supone un compromiso absoluto con la verdad, con la verdad transparente. Pero, para eso se requiere de libertad y de valentía, no es parresía la verdad que se cuenta si no hay un cierto peligro, esa es mera verdad. Pero, cuando arriesgas algo de ti, ahí es parresía. Una característica de la parresía, mencionada por Foucault, es que “hay siempre una coincidencia exacta entre creencia y verdad” (Foucault[a] 36).
Foucault define la parresía como “una clase de actividad verbal donde el que habla tiene una relación específica con la verdad a través de la franqueza, un cierto tipo de relación consigo mismo o con otras personas a través de la crítica (autocrítica o crítica a otras personas), y una específica relación con la ley moral a través de la libertad y el deber” (Foucault[b] 272). Los rasgos de la parresía vendrían a ser entonces la franqueza, la verdad, el peligro, la crítica y el deber. La franqueza, es decir todo lo que se tiene en mente, sin ocultar nada, abrir el corazón y la mente, hablar directo y claro sin retórica. La verdad es decir lo que uno sabe que es verdad, lo que uno verdaderamente cree.
En el plano del Eros, tema de este ensayo, la parresía vendría a ser por un lado el estado en que cae el enamorado. Un síntoma del enamoramiento. El diálogo de los amantes vendría a ser un diálogo franco. Por otra parte, expresarse con parresía, respecto al Eros, implica decir toda la verdad, sin dimensionar las consecuencias, sino que expresarla, arriesgando algo de uno mismo.
Pasión
La pasión es una “emoción o inclinación que coloca al hombre en una situación de pasividad ante sus propias reacciones y que lo lleva a realizar acciones que de no estar dominado por la pasión no llevaría a cabo” (Santiago 284). Ferrater Mora explica la mirada estoica, “los estoicos fueron los que estudiaron las pasiones especialmente como perturbación y, consiguientemente, como algo que debe ser eliminado por medio de la razón, la que actúa con el fin de librar el ánimo de las pasiones y darle libertad. Para los estoicos las pasiones están contra la naturaleza porque seguir la naturaleza es lo mismo que seguir la razón” (Ferrater Mora 278).
Vegetti explica: “Como la enfermedad del cuerpo, la pasión del alma venía a representar entonces una cesión, debida a una intrínseca debilidad, a la presión externa: en este caso a las pulsiones del cuerpo, o también las representaciones provenientes del mundo externo (ofensas o promesas de placer, gloria, riqueza). En este cuadro, la pasión, como la enfermedad para los médicos, representaba entonces una cesión del alma a su ‘otro’: el cuerpo, o bien el ambiente social. Platón, que fue el primero en definir las pasiones como ‘enfermedades del alma’, haría aceptado, al menos en una vertiente de su pensamiento, esa concepción devenida pasiva del pathos, como afección del alma por obra del cuerpo. En Fedón, el alma era vista como empeñada en una lucha perpetua con los deseos, las pulsiones heroicas, las cóleras, los temores que el cuerpo producía sin cesar; pero se trata de una lucha de resultado incierto, porque las pasiones, ‘como si fuesen clavos, fijan el alma al cuerpo’ y hacen difícil, a menudo imposible, su purificación y su reunión final con lo divino” (Vegetti 69).
En cuanto a la pasión, Hegel expresa, “si llamamos pasión al interés en el cual la individualidad entera se entrega con olvido de todos los demás intereses múltiples que tenga y pueda tener, y se fija en el objeto con todas las fuerzas de su voluntad, concentrando en este fin todos sus apetitos y energías, debemos decir que nada grande se ha realizado en el mundo sin pasión” (Hegel en Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, citado en Ferrater Mora 278).
Eros
En cuanto al Eros, Platón lo concibe “como un flujo de fuerza, ‘la energía innata’ del alma” (Vegetti 72). Vegetti analiza esto, dando inicio a su reflexión desde el campo político: “Dado que la tiranía es la proyección política externa de la psicología de la pasión erótica, también por esa vía se vuelve al problema crucial del eros, la ‘fuerza’ mayor en acción en el aparato psíquico, y también la más devastadora. La atracción erótica por la belleza física puede desviarse hacia la belleza ideal de la verdad y la justicia, más aún sin la primera no puede siquiera ser amada la segunda. […] Pero también aquí hay una paradoja, porque la pulsión erótica no puede ser desviada sin que se instaure una relación entre maestro y discípulo que también es erótica, y no sin ambigüedad de planos, como la que se ilustra en la memorable relación entre Sócrates y Alcibíades, una historia tormentosa donde el amante adulto se convierte al fin en el amado del joven, y así puede tratar de dirigir la recíproca atracción erótica hacia el tercer polo ideal” (Vegetti 83). Más adelante profundizaré en la relación Sócrates-Alcibíades.
Eros en Banquete
He querido en este apartado, dar una mirada a las distintas definiciones del Eros que se dan en Banquete. En el célebre diálogo de Platón, se realizan una serie de discursos sobre el Eros, o amor, a propuesta de Erixímaco, siguiendo una idea de Fedro. Por esto, Fedro comienza, haciendo un himno a la divinidad. Principalmente, alude a que Eros es el más antiguo de los dioses, que es el causante de los mayores bienes para los hombres, e inspira valor y sacrificio personal, el único por el que están dispuestos a morir los amantes. Posiblemente, su aporte más original sea “el de presentar a Eros como una fuerza impulsora de nobles acciones” (Librodot 20). En este discurso se muestra a la “virtud como sinónimo de valor, el amante se encuentra ansioso de sobresalir ante los ojos del amado. Eros inspira valor y auto-sacrificio” (Velásquez 47).
Luego es el turno de Pausanias, quien afirma que existen dos Eros, de la misma manera que existen dos Afroditas. El Eros popular ama más al cuerpo, y el Eros celeste, al alma. Pausanias da a entender que cualquier acción humana no es en sí misma ni buena ni mala, sino que depende de cómo se haga, si la intención es buena y tiene como fin el perfeccionamiento moral e intelectual de los amantes, cualquier acto homosexual está justificado. “Se ha querido ver en Pausanias un sofista que hace un uso pervertido de la moralidad para conseguir su meta real: la legitimidad de la pederastia. […] El punto más destacado de su discurso es la visión de Eros como fenómeno sociológico y, en este sentido, es único al exponer la actitud de la sociedad ateniense frente a la homosexualidad” (Librodot 21). Según Velásquez este discurso es, “la sociología del amor, o una evaluación del condicionamiento cultural en los modos de amar. El amor en Atenas, y lo ‘permitido por la costumbre’” (Velásquez 52).
Continuamos con Eríximaco, quien va más allá de lo expresado por Pausanias e insiste en la naturaleza cósmica de Eros como fuerza que actúa en la naturaleza. Su concepto de Eros se basa en la armonía, en la concordia armónica de los contrarios. Pausanias expresa: “Dice, en efecto [Heráclito], que lo uno «siendo discordante en sí concuerda consigo mismo», «como la armonía del arco y de la lira». Mas es un gran absurdo decir que la armonía es discordante o que resulta de lo que todavía es discordante. Pero, quizás, lo que quería decir era que resulta de lo que anteriormente ha sido discordante, de lo agudo y de lo grave, que luego han concordado gracias al arte musical, puesto que, naturalmente, no podría haber armonía de lo agudo y de lo grave cuando todavía son discordantes. La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo; pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice. Justamente como resulta también el ritmo de lo rápido y de lo lento, de cosas que en un principio han sido discordantes y después han concordado. Y el acuerdo en todos estos elementos lo pone aquí la música, […] Y la música es, a su vez, un conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo” (Banquete 187b). Erixímaco habla aquí de la música como conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo. La música como amor entre los graves y los agudos, entre los lentos y los rápidos. La música como acuerdo amoroso. La música como unión de dos discordantes gracias a la acción del amor. El amor como condición de posibilidad de la música. Con la intervención de Erixímaco, se pasa “del plano exclusivamente sexual al plano cósmico universal” (Librodot 23). Consigno aquí el ejemplo de lo música, ya que me pareció especialmente bello.
A continuación, Aristófanes se ha recuperado de su hipo, y hace su discurso sobre Eros, recurriendo a un antiguo mito. El estado actual del hombre no fue el que existía en el origen, sino que antiguamente los seres humanos tenían dos cuerpos con cuatro brazos, cuatro piernas y dos cabezas: eran circulares y existían tres géneros: masculino-masculino, femenino-femenino y masculino-femenino (andrógino). Como eran arrogantes y peligrosos para los dioses, Zeus decidió dividirlos en dos mitades y ordenó a Apolo que saneara y arreglara todo lo que implicaba este corte. De esa forma serían más débiles y más útiles para los dioses, por ser más numerosos. Pero estas mitades morían de nostalgia anhelando su otra mitad, “y rodeándose con las manos y entrelazándose unos con otros, deseosos de unirse en una sola naturaleza, morían de hambre y de absoluta inacción, por no querer hacer nada separados unos de otros” (Banquete 191a). Por lo que Zeus se apiada y decide proporcionarles el sistema de procreación, cambiando hacia la parte delantera los órganos genitales, pues hasta entonces engendraban y parían en la tierra, como las cigarras. Cada uno busca su otra mitad, y esta es búsqueda es Eros, o amor. “Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana” (Banquete 191d). Cuando se encuentran dos mitades que originariamente estaban unidas surge entonces la alegría del amor: “Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esa integridad. Antes, éramos uno, pero ahora, por nuestra iniquidad, hemos sido separados por la divinidad, como los arcadios por los lacedemonios” (Banquete 193a). Si somos piadosos y cuidadosos de nuestros deberes morales y religiosos, podemos ser recompensados alcanzando de nuevo nuestra naturaleza original. Pero si somos impíos, Zeus nos puede cortar en dos una vez más y cada uno de nosotros quedaría como una lonja de pescado o una figura en relieve.
En seguida es el turno de Agatón, quien se centra en la naturaleza misma del dios Eros, para describir con posterioridad sus dones a los hombres. Agatón explica antes de empezar su plan retórico: “la única manera correcta de cualquier cosa es explicar palabra por palabra cuál es la naturaleza de la persona sobre la que se habla y de qué clase de efectos es, realmente responsable. De este modo, es justo que nosotros también elogiemos a Eros, primero a él mismo, cuál es su naturaleza, y después sus dones” (Banquete 195a). Quizá el aporte del discurso de Agatón es que “Eros está ocupado siempre con la belleza” (Librodot 25). Agatón es aplaudido estruendosamente al terminar su discurso, se ha especulado que porque era el anfitrión de la reunión.
A continuación, Agatón y Sócrates tienen una conversación, en la cual Sócrates hace finalmente reconocer a Agatón: que Eros es deseo de algo, que Eros desea algo que no tiene, y que Eros no es ni bello ni bueno. Luego de eso, hace su intervención, en la cual afirma: de acuerdo a las enseñanzas de Diotima, Eros no es ni bello ni feo, ni bueno, ni malo, sino algo intermedio entre todo esto. Esta naturaleza intermedia de Eros le viene de su origen, ya que es hijo de Penía y de Poros (pobreza y recurso), por lo que tiene las características de ambos. Eros es sobretodo un filósofo, un amante de la sabiduría, un intermedio entre el sabio y el ignorante. Quien desea lo que es bello y bueno, desea que sea suyo para siempre, Eros es deseo de poseer siempre lo bueno. Todos los seres humanos son fértiles y tienen deseos de reproducirse, y es a través de la reproducción, la manera como los seres mortales consiguen una especie de inmortalidad. La belleza los estimula a hacerlo, mientras que la fealdad los aparta de ese estímulo, Por esto, Eros es un deseo de procreación en lo bello. La manera correcta de acercarse a las cosas del amor es ascender hasta la comprensión de la Belleza en sí.
Parresía en Banquete
Cuando Sócrates termina su discurso, hace aparición Alcibíades, quien interesa especialmente en este ensayo, ya que realiza su discurso con franqueza, o parresía, una de las materias abordadas por este texto. Alcibíades es invitado a dar su discurso a Eros, y lo que él hace, es realizar un elogio a Sócrates, “la finalidad principal del discurso de Alcibíades es mostrarnos que Sócrates pone en práctica la moral implícita en las palabras de Diotima. Con la visión de Eros como filósofo, Sócrates aparece ahora como la personificación del verdadero Eros. Todo el elogio […] pone en correspondencia punto por punto las virtudes socráticas con la doctrina expuesta en el diálogo Sócrates-Diotima” (Librodot 27). Al terminar su discurso, Alcibíades dice: “Esto es, señores, lo que yo elogio en Sócrates, y mezclando a la vez lo que le reprocho os he referido las ofensas que me hizo. Sin embargo, no las ha hecho sólo a mí, sino también a Cármides, el hijo de Glaucón, a Eutidemo, el hijo de Diocles, y a muchísimos otros, a quienes él engaña entregándose como amante, mientras que luego resulta, más bien, amado en lugar de amante. Lo cual también a ti te digo, Agatón, para que no te dejes engañar por este hombre, sino que, instruido por nuestra experiencia, tengas precaución y no aprendas, según el refrán, como un necio, por experiencia propia. Al decir esto Alcibíades, se produjo una risa general por su franqueza, puesto que parecía estar enamorado todavía de Sócrates. -Me parece, Alcibiades -dijo entonces Sócrates-, que estás sereno, pues de otro modo no hubieras intentando jamás, disfrazando tus intenciones tan ingeniosamente, ocultar la razón por la que has dicho todo eso y lo has colocado ostensiblemente como una consideración accesoria al final de tu discurso, como si no hubieras dicho todo para enemistarnos a mí y a Agatón, al pensar que yo debo amarte a ti y a ningún otro, y Agatón ser amado por ti y por nadie más. Pero no me has pasado desapercibido, sino que ese drama tuyo satírico y silénico está perfectamente claro” (Banquete 227b, la cursiva es propia).
Velásquez hace un análisis de esta franqueza o parresía de Alcibíades: “Lo más parecido a esa forma directa de aproximación amorosa, lo encontramos en nuestro diálogo quizá en el discurso de Alcibíades, si bien debido a que se desenvuelve fundamentalmente como una historia en pretérito, el objetivo erótico directo queda en cierto modo disimulado al interior de la desenvuelta franqueza en el discurso. Y el resultado en este caso, cosa paradójica en otras circunstancias, es la risa de los circundantes. Una risa producida por la parresía, es decir, la ‘cruda sinceridad’, la ‘naturalidad’, consecuencia tal vez de esa ‘libertad de palabra’, esa misma parresía, de la que los atenienses se enorgullecían tanto. Pero esta franqueza es solo el instrumento de la hilaridad de los simposiastas, puesto que la verdadera razón está en la circunstancia de que Alcibíades “parecía hallarse todavía enamorado de Sócrates” (Bq. 222c). Es decir, la clave del éxito del discurso está en haber conseguido escenificar con verosimilitud lo que se supone un discurso ‘erótico’ debe hacer manifiesto, a saber, convocar con éxito todas las piezas del drama en torno a ese objetivo directo de persuasión del ser amado. Así entonces, los ‘discursos eróticos’ de Platón en el Banquete no abandonan del todo la particularidad que se supone tiene todo discurso amatorio, y que consiste en su determinación de apuntar, de poner en la mira al individuo aquel que, como objeto privilegiado de las preocupaciones de amor de un enamorado, sostiene la trama profunda de las palabras” (Velásquez 33). Dicho esto, doy paso a la segunda parte de este ensayo, que intenta lograr esa “verosimilitud” de la que habla Velásquez, consiguiendo la persuasión del ser amado, obteniendo la atención y queriendo remover las fibras internas. Buscando expresar la verdad del Eros y la pasión, con parresía.
II. Parresía y Eros: aplicaciones.
Quisiera explicar aquí la segunda parte de mi ensayo. Luego del marco teórico y análisis de algunos conceptos, expongo a continuación lo que he venido en llamar La filosofía práctica (ver infra): 1. La materialización de los conceptos. El entendimiento de la teoría en hechos de más fácil comprensión. 2. Más que escribiendo sobre la parresía, en esta parte del ensayo estoy actualmente actuando con parresía. Lo que busco, es obtener la verdad, y quiero decir la verdad sobre lo que siento, sobre asuntos que arrastro y aún no puedo resolver, sobre asuntos que a veces duelen.
Esto es atípico en un texto de estas características, y lo sé, pero mi propuesta es la siguiente: el tema que elegí para mi ensayo es la parresía, como el “estado en que cae el enamorado”. Mientras leía sobre la temática elegida, me encontré en la situación de tener que resolver asuntos relacionados con esto, con el eros, con las relaciones, con el amor, con el dolor. Es por esto, que puse todo mi esfuerzo en ser clara en las ideas, y sobre todo, expresarme con parresía, exigiendo también lo mismo. A raíz de esto, se me ocurrió que lo que había pasado era un reflejo excelente del expresarse con franqueza, verdad, peligro y crítica. Entonces tuve la ocurrencia de plasmar las ideas expresadas con esta “sinceridad”, objeto de mi investigación en este ensayo. Acaso un ensayo puede ser la práctica de una virtud, más que la explicación teórica de la virtud misma. En esta tarea que me impuse, de hablar con la verdad, hubo un proceso necesario de introspección, de reflexión acerca del presente y del pasado, de arriesgarse para dar un paso, para cerrar viejas heridas, en definitiva, las ganas de expresar mediante mi propia “verdad” la esencia del Eros, y el ánimo de entender los sucesos para existir en un presente pleno. Lo que viene a continuación tiene un solo requisito, todo lo que digo en él viene del corazón. Me dije, “acuérdate, estás escribiendo sobre la filosofía práctica”. En ella se mezclan todos los planos. Todo confluye en una sola “verdad”, en un solo fenómeno. En una realidad coherente. Es el descubrimiento de lo inusitado. La parresía, la pasión y el Eros en pequeñas conversaciones interiores, que asoman al Eros en sí.
Este es un texto de ejercicio de la parresía. Un texto de elogio al Eros. El Eros de “verdad”, que es belleza, perfección, dolor e incertidumbre. El mío es un texto sobre la parresía del Eros. Me arriesgo al expresarlo, me expongo, pero es porque soy libre, porque puedo hacerlo, porque tengo un compromiso con la verdad. La razón de este análisis, reside en la función que he pensado tiene un magíster como éste, ¿qué es lo que hago?: Aprendo, pienso, innovo. Los ensayos son una posibilidad de abrirse a nuevos formatos, a nuevas ideas. No quisiera simplemente exponer lo que otros han pensado, sino que “arriesgarme” a hacer algo distinto, corriendo el peligro de salir de los moldes. Es verdad, al innovar, se cae en la posibilidad de aparentar locura. Pero no hay que frenarse por este hecho, se debe seguir adelante con convicción. No debe uno desmoralizarse en la mitad del intento. Nada hace más vívido lo aprendido que poder expresarse con el alma, haciendo gala en esta ocasión al Eros “sincero”.
Comienzo con la breve explicación de lo enunciado como la filosofía práctica. Luego con el texto “Acerca de la verdad y otros paraísos”, una reflexión acerca de expresar el amor con sinceridad, y acerca de las consecuencias del Eros y sus manifestaciones. A continuación, expongo el texto, “Del contrato del amor y otros problemas”, una pequeña cavilación acerca de la relación actual entre amor y matrimonio, y las consecuencias de las instituciones que no se adaptan a los cambios sociales. Sigo con “Caída y perfección”, un texto acerca de dejar atrás el pasado y dar un paso hacia el verdadero amor, hacia la “procreación en lo bello”. Por último, presento en el texto “Parresía”, la expresión con sinceridad, como forma de avanzar en el conocimiento personal, y como manera de tensionar el presente para salir del pasado, cuando se está empantanado.
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que, una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
Acerca de la verdad y otros paraísos
No hay tales cosas que es mejor no decir, y otras que está bien decir. Lo que hay que hacer es decir la verdad. Si te la preguntan, tan sólo dila. Será muy liberador. La verdad es lo único que cuenta. El resto guárdatelo. Te pregunto cara a cara, ¿qué es lo que sientes? El silencio es tan grande que llega a doler. La lágrima en tu mejilla quizá quiere decir algo. Pero yo quiero que tú me lo digas. No quiero adivinar, se acabaron las adivinanzas. Ahora debes responder.
Sigo mirándote fijamente, tus ojos destruyen mi imperio, pero continúo firme, sintiendo las murallas caer, escuchando el estruendo. Un torbellino nos rodea.
Cae otra lágrima y pareces aprontarte a hablar.
¿Sabes qué es lo que yo quiero?, continúo. Quiero entender, necesito entender. Por qué hubo un final. Por qué decidimos separarnos. Necesito respuestas, que pongan fin al libro de preguntas. Necesito enterrarte. Acaso la tierra de esa tumba se construye de respuestas. Alguna vez te dije que no me importaría si murieras, fue el dolor agudo que hablaba en ese momento. Pero ahora espero que eso no suceda nunca. Que siempre pueda seguir admirando esos ojos que destruyen mi imperio, pero despejan la interrogante acerca del sentido de la vida. Esa mirada que hace caer las murallas y brotar las flores. Que me aniquila y me eleva.
Eso, me dices. Eso es lo que siento. Que quiero morir al verte, y que quiero agradecerte por estar frente a mí, con esa mirada profunda y sublime. Que en esa mirada encuentro un consuelo, un abrazo, un lugar donde llegar, una paz que nadie más ha logrado entregarme. Una promesa de paraíso. Un calor poderoso, que podría derretir cualquier glaciar. Una razón para levantarme cuando clarea el alba, y una razón para caminar por las veredas cada día. Una dirección hacia la cual ir. Un sustrato mágico que dibuja en mis entrañas unas ganas de seguir aquí, que no se borran con nada, a pesar del dolor que siento al recordarte. Nunca he vuelto a sentir nada así, y creo que eso es lo mejor de mí mismo, nunca volveré a serlo ni ha sentirlo. Fui para ti y mi existencia ya cumplió su ciclo. Si no puedo volver a estar contigo, me sacaré el corazón y lo regalaré al primero que pase, para que lo recicle, lo bote o haga lo que quiera con él, porque ya no tiene más utilidad para mí. Tú eres lo mejor que he sido, lo más lejos que llegué y el lugar donde todo acaba. Sin ti no hay nada, y me niego a vivir en un mundo blanco y negro. Tuve los colores y sé que existen, ya no puedo renunciar a ellos. No renunciaré a ti porque no puedo. Porque si tú no estás ya no existo, y sólo quiero contar los días para dejar de llorar. Nunca, ni un solo día he sido feliz sin ti, y me recrimino, porque fui un imbécil, de dejarte ir, de no decirte todo eso que me causas y toda esa magia que ha creado tu nombre en mi corazón. Sin magia no puedo seguir, mi cuerpo tiene tatuadas tus alas y ya no puede olvidarte. Mi piel me grita todo el tiempo que te extraña, que cuándo volverás. Mis manos me protestan con cólera porque están cansadas de esperar. Mis brazos me hacen saber, siempre que pueden, que el espacio está vacío entre ellos y te necesitan para llenarlo. Mi pecho está árido sin tus tibios pechos posados sobre mi sensibilidad. Mi voz no quiere seguir llamando en vano. Mis lágrimas están hartas de salir y salir. Mi tristeza me pide una tregua, que la deje descansar. Mi cabello anhela tanto tus cariños que gime en desconsolados sollozos. Mis caderas quieren que tus piernas vuelvan a rodearlas como tantas millones de veces lo hicieron antes. Mis oídos ya no soportan el estruendo del recuerdo de tu voz. Mi cuello no tiene sentido si tus labios no van a tocarlo, y mejor me arrancara los labios si nunca más van a besarte, y sentir tu lengua de oasis. Existo para ti y no tengo otro sentido para hacerlo si no es a tu lado. Si no vuelves conmigo me condenas al vacío y a poblar otro planeta donde tu figura no me aniquile. Donde tu recuerdo no me haga añicos, allí donde más duele. Te lo ruego. Vuelve conmigo, y vamos a darle un sentido a esta vida, que estoy seguro que lo tiene, si es junto a ti.
Sigo mirándote, estoy petrificada y liberada al mismo tiempo. No puedo parar de llorar, y sé por qué no. Porque yo te amé más que a nadie en el mundo, y ahora debo dejarlo todo atrás. Es por eso que todo esto vuelve, y es por eso que debo dejarlo todo atrás. Porque tus palabras me dan vida, pero no dejaré que tus actos vuelvan a matarme.
Del contrato del amor y otros problemas
A veces pienso que estoy maldita. Que el que se relacione conmigo saldrá perdiendo. Otras veces pienso que la maldición consiste en que nunca puedo estar feliz con alguien por largo tiempo. Que puedo amar a más de una persona. Que es una maldición que se vierte contra mí, y quizá también contra todo el que se relacione conmigo. Es una maldición dolorosa. Consiste en amar demasiado profundo. En amores que nunca acaban. En olvidos que no llegan. En amor que se parece al dolor.
Maledetta. Me ne sono andata e ora sono tornata. Maldita. Me fui, y ahora volví. Me parece que esta frase me describe, la creé hace tiempo pensando en que era yo misma. Eso es, estoy maldita, y es una maldición del cambio, de las montañas rusas, del ir y venir. Pienso que a muchas personas debe pasarles eso, al menos si son sensatas y oyen su corazón y le dan un espacio. El problema es que nadie lo dice. Es algo prohibido, totalmente secreto. Hay que mantener las bases de la sociedad, no podemos destruir los pilares que cimientan el orden social. Pero si se hablara, si no fuera un tabú, entonces las personas que lo sienten no tendrían que creer que están locas, que son raras, marcianos en un mundo de gente estable. Todo parece una mentira, no es posible que no haya duda, que las convicciones perduren a pesar de que uno va cambiando, la vida es transformación y cambio, que por algo las serpientes mudan la piel, dejan atrás la antigua, por algo los árboles botan las hojas y luego liberan nuevas flores, por algo los hielos crecen y luego mueren por las montañas, con rapidez, hacia abajo, y por algo van creciendo los árboles, con lentitud, hacia arriba. Si la naturaleza es así, nosotros también tenemos ciclos, somos cambio constante. Es innegable, y esta sociedad se preocupa de esconder esos ciclos, de hacer ver como que todos somos construcciones difuntas a quienes no les afectan las estaciones, ni el día y la noche, ni el sol y la luna, ni los temporales y los días floridos. No es verdad, todo está construido sobre una gran mentira de quietismo, de la inmutabilidad, de que se debe ser siempre igual y eso es posible y obvio. Me rebelo contra esto, y quiero decirlo, cambiamos, cambia el sentir un amante, cambia el amor, cambia nuestra opinión del mundo, cambia nuestro corazón, cambia nuestra alma, cambia lo que nos rodea, cambian nuestras motivaciones, cambia nuestra pasión, todo, absolutamente todo, cambia. En ese escenario, hay que aceptar que a veces se ama más y otras veces menos, a veces se ama mucho y a veces se ama poco, y todo esto puede sentirse respecto de una misma persona. Entonces celebramos contratos, para cuando vienen cambios, para que la promesa ya esté hecha, para hacer inmutable algo que no lo es, para hacer estático al amor. Eso es lo que nos está matando, querer hacer rígido algo que es maleable, querer petrificar algo que está vivo, y no para de transformarse, querer inmovilizar lo inmovilizable, Me parece que darle tanta estructura al amor es un error, tenemos que vibrar con lo que somos, aceptar nuestra mutable humanidad. Entonces todos quieren ir al psicólogo, porque cambiaron, para arreglar la falla, porque sienten cosas prohibidas, porque están dudando de sus contratos, porque están vivos y experimentan sensaciones. De eso se trata vivir, de cambiar, de gozar los cambios, de hacerlos conscientemente, de aceptarlos, de verlos. Me rebelo contra el quietismo, y no dejaré a mi corazón anquilosado y aprisionado dentro de mi pecho. Quiero ser un árbol que crece, florece, duda, deja ir las hojas cuando es el momento, para luego morir y renacer. Doy la bienvenida a la vida y al movimiento.
Caída y perfección
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
Parresía
Pienso en por qué me escogió a mí. Debe haber intuido algo hermoso, pero escurridizo e insondable quizá. ¿Qué vio en mí? Debiese preguntárselo. ¿Qué lo impulso a seguirme? Debe haber sido lo desconocido, el misterio ese del que hablo. Esa sugerencia de algo sublime. Esa invitación a volar. El problema es que ese deseo está muy arraigado en mí, y eso él no lo sabía cuando decidió seguir su impulso y acompañarme. Mis ganas de volar son muy grandes y lo transcienden todo. El quietismo me incomoda y permanecer estática me es imposible. Todo, tengo que saberlo todo, explorarlo todo, entenderlo todo. Tiene que ver con un compromiso con la verdad. Tiene que ver con un compromiso con la libertad y la valentía. Con exponerme, enfrentar un cierto peligro, atreverme. Encontrar la verdad absoluta, que sólo puedo encontrar arriesgando algo de mí misma. Es por eso que quiero conversar contigo cara a cara. Para arriesgarnos exponiendo la verdad, hablar con sinceridad, desde el corazón, dejando los miedos de lado. ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Crees que podrás expresarme con honestidad lo que atesora tu alma? Aunque duela, aunque te deje indefenso, aunque tengas que mostrarte vulnerable, como sé que eres. Aunque tengas que exponer tu hermosa fragilidad. No puedes ocultarla, porque ya te conozco y eres bellamente suave y delicado. Un gorrioncito queriendo volar, eso me gusta de ti. Una mágica sensibilidad, que me gustaría que dejaras salir hasta lo más escondido. Quizá esa verdad nos libere, nos cure de una vez de este trance del que no podemos escapar. Quizá nos dé fuerza y acabe de una vez con el miedo que tiene paralizada una parte de nuestro corazón. Quizá haga que todo se desborde y pierda su cauce. No me importa, si es lo necesario para que vuelva el sentido estoy dispuesta. Si es lo necesario para volver a vivir.
Quisiera explicar aquí la segunda parte de mi ensayo. Luego del marco teórico y análisis de algunos conceptos, expongo a continuación lo que he venido en llamar La filosofía práctica (ver infra): 1. La materialización de los conceptos. El entendimiento de la teoría en hechos de más fácil comprensión. 2. Más que escribiendo sobre la parresía, en esta parte del ensayo estoy actualmente actuando con parresía. Lo que busco, es obtener la verdad, y quiero decir la verdad sobre lo que siento, sobre asuntos que arrastro y aún no puedo resolver, sobre asuntos que a veces duelen.
Esto es atípico en un texto de estas características, y lo sé, pero mi propuesta es la siguiente: el tema que elegí para mi ensayo es la parresía, como el “estado en que cae el enamorado”. Mientras leía sobre la temática elegida, me encontré en la situación de tener que resolver asuntos relacionados con esto, con el eros, con las relaciones, con el amor, con el dolor. Es por esto, que puse todo mi esfuerzo en ser clara en las ideas, y sobre todo, expresarme con parresía, exigiendo también lo mismo. A raíz de esto, se me ocurrió que lo que había pasado era un reflejo excelente del expresarse con franqueza, verdad, peligro y crítica. Entonces tuve la ocurrencia de plasmar las ideas expresadas con esta “sinceridad”, objeto de mi investigación en este ensayo. Acaso un ensayo puede ser la práctica de una virtud, más que la explicación teórica de la virtud misma. En esta tarea que me impuse, de hablar con la verdad, hubo un proceso necesario de introspección, de reflexión acerca del presente y del pasado, de arriesgarse para dar un paso, para cerrar viejas heridas, en definitiva, las ganas de expresar mediante mi propia “verdad” la esencia del Eros, y el ánimo de entender los sucesos para existir en un presente pleno. Lo que viene a continuación tiene un solo requisito, todo lo que digo en él viene del corazón. Me dije, “acuérdate, estás escribiendo sobre la filosofía práctica”. En ella se mezclan todos los planos. Todo confluye en una sola “verdad”, en un solo fenómeno. En una realidad coherente. Es el descubrimiento de lo inusitado. La parresía, la pasión y el Eros en pequeñas conversaciones interiores, que asoman al Eros en sí.
Este es un texto de ejercicio de la parresía. Un texto de elogio al Eros. El Eros de “verdad”, que es belleza, perfección, dolor e incertidumbre. El mío es un texto sobre la parresía del Eros. Me arriesgo al expresarlo, me expongo, pero es porque soy libre, porque puedo hacerlo, porque tengo un compromiso con la verdad. La razón de este análisis, reside en la función que he pensado tiene un magíster como éste, ¿qué es lo que hago?: Aprendo, pienso, innovo. Los ensayos son una posibilidad de abrirse a nuevos formatos, a nuevas ideas. No quisiera simplemente exponer lo que otros han pensado, sino que “arriesgarme” a hacer algo distinto, corriendo el peligro de salir de los moldes. Es verdad, al innovar, se cae en la posibilidad de aparentar locura. Pero no hay que frenarse por este hecho, se debe seguir adelante con convicción. No debe uno desmoralizarse en la mitad del intento. Nada hace más vívido lo aprendido que poder expresarse con el alma, haciendo gala en esta ocasión al Eros “sincero”.
Comienzo con la breve explicación de lo enunciado como la filosofía práctica. Luego con el texto “Acerca de la verdad y otros paraísos”, una reflexión acerca de expresar el amor con sinceridad, y acerca de las consecuencias del Eros y sus manifestaciones. A continuación, expongo el texto, “Del contrato del amor y otros problemas”, una pequeña cavilación acerca de la relación actual entre amor y matrimonio, y las consecuencias de las instituciones que no se adaptan a los cambios sociales. Sigo con “Caída y perfección”, un texto acerca de dejar atrás el pasado y dar un paso hacia el verdadero amor, hacia la “procreación en lo bello”. Por último, presento en el texto “Parresía”, la expresión con sinceridad, como forma de avanzar en el conocimiento personal, y como manera de tensionar el presente para salir del pasado, cuando se está empantanado.
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que, una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
Acerca de la verdad y otros paraísos
No hay tales cosas que es mejor no decir, y otras que está bien decir. Lo que hay que hacer es decir la verdad. Si te la preguntan, tan sólo dila. Será muy liberador. La verdad es lo único que cuenta. El resto guárdatelo. Te pregunto cara a cara, ¿qué es lo que sientes? El silencio es tan grande que llega a doler. La lágrima en tu mejilla quizá quiere decir algo. Pero yo quiero que tú me lo digas. No quiero adivinar, se acabaron las adivinanzas. Ahora debes responder.
Sigo mirándote fijamente, tus ojos destruyen mi imperio, pero continúo firme, sintiendo las murallas caer, escuchando el estruendo. Un torbellino nos rodea.
Cae otra lágrima y pareces aprontarte a hablar.
¿Sabes qué es lo que yo quiero?, continúo. Quiero entender, necesito entender. Por qué hubo un final. Por qué decidimos separarnos. Necesito respuestas, que pongan fin al libro de preguntas. Necesito enterrarte. Acaso la tierra de esa tumba se construye de respuestas. Alguna vez te dije que no me importaría si murieras, fue el dolor agudo que hablaba en ese momento. Pero ahora espero que eso no suceda nunca. Que siempre pueda seguir admirando esos ojos que destruyen mi imperio, pero despejan la interrogante acerca del sentido de la vida. Esa mirada que hace caer las murallas y brotar las flores. Que me aniquila y me eleva.
Eso, me dices. Eso es lo que siento. Que quiero morir al verte, y que quiero agradecerte por estar frente a mí, con esa mirada profunda y sublime. Que en esa mirada encuentro un consuelo, un abrazo, un lugar donde llegar, una paz que nadie más ha logrado entregarme. Una promesa de paraíso. Un calor poderoso, que podría derretir cualquier glaciar. Una razón para levantarme cuando clarea el alba, y una razón para caminar por las veredas cada día. Una dirección hacia la cual ir. Un sustrato mágico que dibuja en mis entrañas unas ganas de seguir aquí, que no se borran con nada, a pesar del dolor que siento al recordarte. Nunca he vuelto a sentir nada así, y creo que eso es lo mejor de mí mismo, nunca volveré a serlo ni ha sentirlo. Fui para ti y mi existencia ya cumplió su ciclo. Si no puedo volver a estar contigo, me sacaré el corazón y lo regalaré al primero que pase, para que lo recicle, lo bote o haga lo que quiera con él, porque ya no tiene más utilidad para mí. Tú eres lo mejor que he sido, lo más lejos que llegué y el lugar donde todo acaba. Sin ti no hay nada, y me niego a vivir en un mundo blanco y negro. Tuve los colores y sé que existen, ya no puedo renunciar a ellos. No renunciaré a ti porque no puedo. Porque si tú no estás ya no existo, y sólo quiero contar los días para dejar de llorar. Nunca, ni un solo día he sido feliz sin ti, y me recrimino, porque fui un imbécil, de dejarte ir, de no decirte todo eso que me causas y toda esa magia que ha creado tu nombre en mi corazón. Sin magia no puedo seguir, mi cuerpo tiene tatuadas tus alas y ya no puede olvidarte. Mi piel me grita todo el tiempo que te extraña, que cuándo volverás. Mis manos me protestan con cólera porque están cansadas de esperar. Mis brazos me hacen saber, siempre que pueden, que el espacio está vacío entre ellos y te necesitan para llenarlo. Mi pecho está árido sin tus tibios pechos posados sobre mi sensibilidad. Mi voz no quiere seguir llamando en vano. Mis lágrimas están hartas de salir y salir. Mi tristeza me pide una tregua, que la deje descansar. Mi cabello anhela tanto tus cariños que gime en desconsolados sollozos. Mis caderas quieren que tus piernas vuelvan a rodearlas como tantas millones de veces lo hicieron antes. Mis oídos ya no soportan el estruendo del recuerdo de tu voz. Mi cuello no tiene sentido si tus labios no van a tocarlo, y mejor me arrancara los labios si nunca más van a besarte, y sentir tu lengua de oasis. Existo para ti y no tengo otro sentido para hacerlo si no es a tu lado. Si no vuelves conmigo me condenas al vacío y a poblar otro planeta donde tu figura no me aniquile. Donde tu recuerdo no me haga añicos, allí donde más duele. Te lo ruego. Vuelve conmigo, y vamos a darle un sentido a esta vida, que estoy seguro que lo tiene, si es junto a ti.
Sigo mirándote, estoy petrificada y liberada al mismo tiempo. No puedo parar de llorar, y sé por qué no. Porque yo te amé más que a nadie en el mundo, y ahora debo dejarlo todo atrás. Es por eso que todo esto vuelve, y es por eso que debo dejarlo todo atrás. Porque tus palabras me dan vida, pero no dejaré que tus actos vuelvan a matarme.
Del contrato del amor y otros problemas
A veces pienso que estoy maldita. Que el que se relacione conmigo saldrá perdiendo. Otras veces pienso que la maldición consiste en que nunca puedo estar feliz con alguien por largo tiempo. Que puedo amar a más de una persona. Que es una maldición que se vierte contra mí, y quizá también contra todo el que se relacione conmigo. Es una maldición dolorosa. Consiste en amar demasiado profundo. En amores que nunca acaban. En olvidos que no llegan. En amor que se parece al dolor.
Maledetta. Me ne sono andata e ora sono tornata. Maldita. Me fui, y ahora volví. Me parece que esta frase me describe, la creé hace tiempo pensando en que era yo misma. Eso es, estoy maldita, y es una maldición del cambio, de las montañas rusas, del ir y venir. Pienso que a muchas personas debe pasarles eso, al menos si son sensatas y oyen su corazón y le dan un espacio. El problema es que nadie lo dice. Es algo prohibido, totalmente secreto. Hay que mantener las bases de la sociedad, no podemos destruir los pilares que cimientan el orden social. Pero si se hablara, si no fuera un tabú, entonces las personas que lo sienten no tendrían que creer que están locas, que son raras, marcianos en un mundo de gente estable. Todo parece una mentira, no es posible que no haya duda, que las convicciones perduren a pesar de que uno va cambiando, la vida es transformación y cambio, que por algo las serpientes mudan la piel, dejan atrás la antigua, por algo los árboles botan las hojas y luego liberan nuevas flores, por algo los hielos crecen y luego mueren por las montañas, con rapidez, hacia abajo, y por algo van creciendo los árboles, con lentitud, hacia arriba. Si la naturaleza es así, nosotros también tenemos ciclos, somos cambio constante. Es innegable, y esta sociedad se preocupa de esconder esos ciclos, de hacer ver como que todos somos construcciones difuntas a quienes no les afectan las estaciones, ni el día y la noche, ni el sol y la luna, ni los temporales y los días floridos. No es verdad, todo está construido sobre una gran mentira de quietismo, de la inmutabilidad, de que se debe ser siempre igual y eso es posible y obvio. Me rebelo contra esto, y quiero decirlo, cambiamos, cambia el sentir un amante, cambia el amor, cambia nuestra opinión del mundo, cambia nuestro corazón, cambia nuestra alma, cambia lo que nos rodea, cambian nuestras motivaciones, cambia nuestra pasión, todo, absolutamente todo, cambia. En ese escenario, hay que aceptar que a veces se ama más y otras veces menos, a veces se ama mucho y a veces se ama poco, y todo esto puede sentirse respecto de una misma persona. Entonces celebramos contratos, para cuando vienen cambios, para que la promesa ya esté hecha, para hacer inmutable algo que no lo es, para hacer estático al amor. Eso es lo que nos está matando, querer hacer rígido algo que es maleable, querer petrificar algo que está vivo, y no para de transformarse, querer inmovilizar lo inmovilizable, Me parece que darle tanta estructura al amor es un error, tenemos que vibrar con lo que somos, aceptar nuestra mutable humanidad. Entonces todos quieren ir al psicólogo, porque cambiaron, para arreglar la falla, porque sienten cosas prohibidas, porque están dudando de sus contratos, porque están vivos y experimentan sensaciones. De eso se trata vivir, de cambiar, de gozar los cambios, de hacerlos conscientemente, de aceptarlos, de verlos. Me rebelo contra el quietismo, y no dejaré a mi corazón anquilosado y aprisionado dentro de mi pecho. Quiero ser un árbol que crece, florece, duda, deja ir las hojas cuando es el momento, para luego morir y renacer. Doy la bienvenida a la vida y al movimiento.
Caída y perfección
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
Parresía
Pienso en por qué me escogió a mí. Debe haber intuido algo hermoso, pero escurridizo e insondable quizá. ¿Qué vio en mí? Debiese preguntárselo. ¿Qué lo impulso a seguirme? Debe haber sido lo desconocido, el misterio ese del que hablo. Esa sugerencia de algo sublime. Esa invitación a volar. El problema es que ese deseo está muy arraigado en mí, y eso él no lo sabía cuando decidió seguir su impulso y acompañarme. Mis ganas de volar son muy grandes y lo transcienden todo. El quietismo me incomoda y permanecer estática me es imposible. Todo, tengo que saberlo todo, explorarlo todo, entenderlo todo. Tiene que ver con un compromiso con la verdad. Tiene que ver con un compromiso con la libertad y la valentía. Con exponerme, enfrentar un cierto peligro, atreverme. Encontrar la verdad absoluta, que sólo puedo encontrar arriesgando algo de mí misma. Es por eso que quiero conversar contigo cara a cara. Para arriesgarnos exponiendo la verdad, hablar con sinceridad, desde el corazón, dejando los miedos de lado. ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Crees que podrás expresarme con honestidad lo que atesora tu alma? Aunque duela, aunque te deje indefenso, aunque tengas que mostrarte vulnerable, como sé que eres. Aunque tengas que exponer tu hermosa fragilidad. No puedes ocultarla, porque ya te conozco y eres bellamente suave y delicado. Un gorrioncito queriendo volar, eso me gusta de ti. Una mágica sensibilidad, que me gustaría que dejaras salir hasta lo más escondido. Quizá esa verdad nos libere, nos cure de una vez de este trance del que no podemos escapar. Quizá nos dé fuerza y acabe de una vez con el miedo que tiene paralizada una parte de nuestro corazón. Quizá haga que todo se desborde y pierda su cauce. No me importa, si es lo necesario para que vuelva el sentido estoy dispuesta. Si es lo necesario para volver a vivir.
III. Parresía y Eros: conclusiones.
Luego de estas reflexiones, quisiera detenerme en ciertos puntos, para terminar, esbozando algún aporte a la relación entre parresía y Eros. A propósito de este ensayo, y la práctica de la parresía, he meditado sobre la relación entre el Eros y la comunicación, como dos conceptos íntimamente relacionados. ¿En qué sentido? El Eros, entendido aquí como amor, no es algo aislado, sino que existe en la condición de que exista un otro. Sea un otro individual, o sea un otro universal, como podría ser el amor a la humanidad. Para que exista Eros se requiere alteridad, y eso es lo hermoso del amor, la existencia de dos seres en relación dialéctica. La multiplicidad del amor, como una interacción que hace posible la creación, o “procreación en lo bello”. Como Sócrates, personificación del Eros, debiésemos nosotros ser el amor “en sí”. Pienso que es posible si no hacemos diferencias entre las personas, intentando comunicarnos con todos los seres que nos rodean, con una entrega sincera. Acaso esa interacción “amorosa” cotidiana, puede llevar a la creación constante de belleza, que se potencia positivamente, duplicándose al ser genuina, y al ser el resultado del encuentro en la comunicación en su máxima expresión, como es la comunión entre dos personas. Cuando existe libertad y valentía, como hemos venido conversando, se da esa comunicación franca, y parresiástica. Ese ir más allá es la creación constante, producto de Eros, y creación de Eros “en sí”. Es por esto, que si nos relacionamos con parresía, estaremos creando belleza, y personificando al Eros. Esta comunicación sincera y consciente, llevará a la humanidad a acercarse cada vez más a la paz duradera, que tiene sus raíces en el amor. Es por esto, que la parresía en el Eros, en las relaciones “cotidianas”, simples o profundas, es un paso hacia la paz, y una condición de posibilidad de la armonía y amistad mundial. En consecuencia, es paz “en sí”, y hará de este mundo un lugar mejor.
Luego de estas reflexiones, quisiera detenerme en ciertos puntos, para terminar, esbozando algún aporte a la relación entre parresía y Eros. A propósito de este ensayo, y la práctica de la parresía, he meditado sobre la relación entre el Eros y la comunicación, como dos conceptos íntimamente relacionados. ¿En qué sentido? El Eros, entendido aquí como amor, no es algo aislado, sino que existe en la condición de que exista un otro. Sea un otro individual, o sea un otro universal, como podría ser el amor a la humanidad. Para que exista Eros se requiere alteridad, y eso es lo hermoso del amor, la existencia de dos seres en relación dialéctica. La multiplicidad del amor, como una interacción que hace posible la creación, o “procreación en lo bello”. Como Sócrates, personificación del Eros, debiésemos nosotros ser el amor “en sí”. Pienso que es posible si no hacemos diferencias entre las personas, intentando comunicarnos con todos los seres que nos rodean, con una entrega sincera. Acaso esa interacción “amorosa” cotidiana, puede llevar a la creación constante de belleza, que se potencia positivamente, duplicándose al ser genuina, y al ser el resultado del encuentro en la comunicación en su máxima expresión, como es la comunión entre dos personas. Cuando existe libertad y valentía, como hemos venido conversando, se da esa comunicación franca, y parresiástica. Ese ir más allá es la creación constante, producto de Eros, y creación de Eros “en sí”. Es por esto, que si nos relacionamos con parresía, estaremos creando belleza, y personificando al Eros. Esta comunicación sincera y consciente, llevará a la humanidad a acercarse cada vez más a la paz duradera, que tiene sus raíces en el amor. Es por esto, que la parresía en el Eros, en las relaciones “cotidianas”, simples o profundas, es un paso hacia la paz, y una condición de posibilidad de la armonía y amistad mundial. En consecuencia, es paz “en sí”, y hará de este mundo un lugar mejor.
29 de julio de 2011
Manos limpias
Soy tan exagerada, que agotador. No hay planicies planas, ni honduras hondas. Lo plano es muy plano, y lo hondo es muy hondo. Lo pequeño es muy pequeño, y lo grande es muy grande. Lo feo es muy feo, y lo lindo es muy lindo. Lo amargo es muy amargo, y lo dulce es muy dulce. La pasión es muy apasionada, y el vacío es muy vacío. Lo positivo, es que mi sonrisa es sincera, y mis manos están limpias.
Soy tan exagerada, que agotador. No hay planicies planas, ni honduras hondas. Lo plano es muy plano, y lo hondo es muy hondo. Lo pequeño es muy pequeño, y lo grande es muy grande. Lo feo es muy feo, y lo lindo es muy lindo. Lo amargo es muy amargo, y lo dulce es muy dulce. La pasión es muy apasionada, y el vacío es muy vacío. Lo positivo, es que mi sonrisa es sincera, y mis manos están limpias.
Espera
Ahora me doy cuenta de algo, todo dolor tendrá una razón. No hay que desesperar, porque habrá luces, encendiéndose por cada sollozo, por cada valla que hay que saltar. El color de la luz será más intenso si el camino tuvo eventos por resolver. Si se hizo el esfuerzo por entender, por querer acercarse lo más posible a lo que se espera, por esperar lo más posible por alcanzar ese sueño. Ese sueño que moviliza nuestra estadía en estos kilómetros de tierra. Por ese amor que sentimos que nos mueve a saludar en la mañana. Por ese amor que remece al planeta con fuerza para que despierte. Ese amor que va materializando nuestros sueños, que hacen que todo dolor tenga una razón, algo de lo que me doy cuenta ahora. Aunque no me doy cuenta cuando duele, sino cuando sueño. Y cuando sueño, eso que duele, ya no duele tanto.
Ahora me doy cuenta de algo, todo dolor tendrá una razón. No hay que desesperar, porque habrá luces, encendiéndose por cada sollozo, por cada valla que hay que saltar. El color de la luz será más intenso si el camino tuvo eventos por resolver. Si se hizo el esfuerzo por entender, por querer acercarse lo más posible a lo que se espera, por esperar lo más posible por alcanzar ese sueño. Ese sueño que moviliza nuestra estadía en estos kilómetros de tierra. Por ese amor que sentimos que nos mueve a saludar en la mañana. Por ese amor que remece al planeta con fuerza para que despierte. Ese amor que va materializando nuestros sueños, que hacen que todo dolor tenga una razón, algo de lo que me doy cuenta ahora. Aunque no me doy cuenta cuando duele, sino cuando sueño. Y cuando sueño, eso que duele, ya no duele tanto.
Escribir
Me gustaría estar sentada, donde sea, y escribir. Todo el día, escribir, escribir y escribir. Todos los días. Contemplar, y escribir. Caminar, y escribir. Cantar, y escribir. Tocar música, y escribir. Besarte, y escribir. Descansar, y escribir. Mirar el sol, y escribir. Donde la vida quiera llevarme, pero escribir. En eso estaré. Avísame cuando la cama esté hecha, y la muerte quiera escribir por mí. Antes de ese momento, las palabras serán mi música diaria, mi colchón donde recostarme cada día para soñar, mi balcón donde mirar lejos y descansar.
Me gustaría estar sentada, donde sea, y escribir. Todo el día, escribir, escribir y escribir. Todos los días. Contemplar, y escribir. Caminar, y escribir. Cantar, y escribir. Tocar música, y escribir. Besarte, y escribir. Descansar, y escribir. Mirar el sol, y escribir. Donde la vida quiera llevarme, pero escribir. En eso estaré. Avísame cuando la cama esté hecha, y la muerte quiera escribir por mí. Antes de ese momento, las palabras serán mi música diaria, mi colchón donde recostarme cada día para soñar, mi balcón donde mirar lejos y descansar.
Para Amy Winehouse
“Tears dry on their own”. Sus lágrimas realmente se secaron, para siempre, una quietud serena y ansiada. Ella espera en el hotel. A quien nunca llegará. Toma un último sorbo del trago amargo. Buscando desaparecer. Una voz que viene del alma. Una tormenta bajo unos tatuajes. Un torbellino que nace desde la fibra más íntima y aparece por la garganta en forma de notas esenciales. Esas notas que ahora me hacen sonreír y me emocionan. Admirando esa pasión, tan cargada de vida, y tan cargada de muerte. Unas lágrimas que nunca secaban. Él se va, el sol se esconde, y las lágrimas de Amy finalmente se secaron solas, con tantas botellas vacías, y tantas nuevas canciones por venir que nunca llegaron a ser, amontonadas a los pies de la cama, esperando nacer y morir en un mismo instante, como un reflejo de la fugacidad de la vida. Amy, no importa, tranquila, las lágrimas ya se secaron. Ahora a descansar. Tu voz hará lo suyo para lo que queda, para eso la sacaste hacia afuera con tanta fuerza. Para eso hablaste con tu alma dolorida. Tranquila, porque sanará.
“Tears dry on their own”. Sus lágrimas realmente se secaron, para siempre, una quietud serena y ansiada. Ella espera en el hotel. A quien nunca llegará. Toma un último sorbo del trago amargo. Buscando desaparecer. Una voz que viene del alma. Una tormenta bajo unos tatuajes. Un torbellino que nace desde la fibra más íntima y aparece por la garganta en forma de notas esenciales. Esas notas que ahora me hacen sonreír y me emocionan. Admirando esa pasión, tan cargada de vida, y tan cargada de muerte. Unas lágrimas que nunca secaban. Él se va, el sol se esconde, y las lágrimas de Amy finalmente se secaron solas, con tantas botellas vacías, y tantas nuevas canciones por venir que nunca llegaron a ser, amontonadas a los pies de la cama, esperando nacer y morir en un mismo instante, como un reflejo de la fugacidad de la vida. Amy, no importa, tranquila, las lágrimas ya se secaron. Ahora a descansar. Tu voz hará lo suyo para lo que queda, para eso la sacaste hacia afuera con tanta fuerza. Para eso hablaste con tu alma dolorida. Tranquila, porque sanará.
Posibilidad
Prefiero deprimirme, pero poder escribir. Quizá si no amara tan intensamente, quizá si no sintiera esa pasión por tantas cosas, no habría motivos para plasmar una y otra vez esa belleza que siento, además de ese vacío que pelea con ella, en un ciclo interminable.
Baudelaire lo dijo, son “las flores del mal”. Perfuman mi corta, pero intensa existencia.
Prefiero deprimirme, pero poder escribir. Quizá si no amara tan intensamente, quizá si no sintiera esa pasión por tantas cosas, no habría motivos para plasmar una y otra vez esa belleza que siento, además de ese vacío que pelea con ella, en un ciclo interminable.
Baudelaire lo dijo, son “las flores del mal”. Perfuman mi corta, pero intensa existencia.
26 de julio de 2011
Cercanía
Quisiera hablar contigo en este momento, para que me digas algunas palabras sabias de esas que tú sabes, sólo tú puedes decírmelas, para calmar esta desazón, sólo tú, que me conoces, me entiendes y me quieres, aunque pasan y pasan y pasan los años, siempre sabrás qué decir, y cómo llegar a mi alma.
Quisiera hablar contigo en este momento, para que me digas algunas palabras sabias de esas que tú sabes, sólo tú puedes decírmelas, para calmar esta desazón, sólo tú, que me conoces, me entiendes y me quieres, aunque pasan y pasan y pasan los años, siempre sabrás qué decir, y cómo llegar a mi alma.
Vacío
Ya no me creo, pero igual lo siento, como cada año, corroer lentamente mis entrañas, hasta que ya no hay nada, hasta que queda mi cuerpo vacío, y puedo ocuparlo con aire, con lágrimas, con imágenes, con palabras, con el maldito vacío que ya no quiero que sea mi amigo, quiero que se marche, me ahogo y me ahogo, en este vacío que ya no es mi amigo ni siquiera, ya casi no va quedando nada, ¿y cuando me vacíe definitivamente, qué sucederá?
Ya no me creo, pero igual lo siento, como cada año, corroer lentamente mis entrañas, hasta que ya no hay nada, hasta que queda mi cuerpo vacío, y puedo ocuparlo con aire, con lágrimas, con imágenes, con palabras, con el maldito vacío que ya no quiero que sea mi amigo, quiero que se marche, me ahogo y me ahogo, en este vacío que ya no es mi amigo ni siquiera, ya casi no va quedando nada, ¿y cuando me vacíe definitivamente, qué sucederá?
23 de julio de 2011
El problema del sentido: reflexiones de Epicteto y Odo Marquard sobre la pregunta por el sentido de la vida.
Obras: Manual de vida de Epicteto, y “Dietética de la expectativa de sentido. Observaciones filosóficas”, en Apología de lo contingente, de Odo Marquard.
La filosofía comprometida
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
El objetivo de este breve ensayo es exponer algunas reflexiones expresadas por Epicteto y Odo Marquard, respecto al problema del sentido de la vida de los humanos, y encontrar puntos de coincidencia entre ambos autores, para terminar con apuntes respecto de aplicaciones de lo expresado, y algunas reflexiones personales.
Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, vivió entre los años 48 y 138 d.C. No escribió obra alguna, pero uno de sus discípulos, Arriano, se encargó de compilar algunas de sus principales enseñanzas (Santiago 142). Una de esas compilaciones es su “Manual de vida”, y en él indica, como idea principal, que la “felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas se encuentran bajo nuestro control y otras no. Sólo cuando enfrentamos esta regla fundamental y aprendemos a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que escapa a nuestro control, es posible la serenidad y la eficacia externa” (p. 17).
Odo Marquard, filósofo alemán, nacido en 1928, también escribió sobre una posible forma de alcanzar la felicidad, (bajo el seudónimo de sentido), como él le llama. En este breve ensayo, me referiré especialmente a su obra “Apología de lo contingente”, o “de lo accidental”, como también se le ha traducido del alemán. La tesis fundamental de esta obra, es que el “gran lamento por la pérdida de sentido se produce debido a una pretensión excesiva de sentido.
Pero vamos ahora a algunas ideas que permiten arribar a las conclusiones de ambos filósofos aquí expresadas.
Epicteto señala que no debemos perder tiempo en los asuntos que están fuera de nuestro control, o si queremos hacernos cargo de los asuntos de otros, nos convertiremos en personas “frustradas, ansiosas y criticonas”, y nuestros esfuerzos serán desviados.
Si deseamos vivir de acuerdo a estos principios, sin embargo, Epicteto nos advierte que no será fácil, y que eso implicará la renuncia a algunas cosas, por ejemplo la riqueza y el poder, para asegurarnos de alcanzar la felicidad y la libertad. Epicteto nos llama a armonizar nuestras acciones con la vida como realmente es, diciendo “no intentemos inventar nuestras propias reglas. Comportémonos en toda ocasión –grandiosa y pública, o insignificante y doméstica – según las leyes de la naturaleza. Armonizar nuestra voluntad con la naturaleza debe ser nuestro máximo ideal”. Nos llama a practicar este ideal en los detalles de nuestra vida cotidiana, con sus “tareas y deberes particulares”. En este aspecto, ambos autores es encuentran, ya que hallan un sentido para la vida, que está dentro de la vida cotidiana, no ajeno o lejano a ella. Es en nuestra vida que transcurre día a día donde podemos encontrar su sentido.
Epicteto nos alienta a crear nuestro propio mérito, impulsándonos a que “realicemos nuestro propio trabajo útil sin prestar atención al respeto o a la admiración que nuestros esfuerzos puedan despertar en los demás”. Epicteto nos indica que lo que en realidad nos pertenece es el uso que hacemos de las ideas, los recursos y las oportunidades que pasan por nuestro camino.
Epicteto señala que debe cuidarse lo que se tiene en el momento, y que no hay nada que perder. La paz interior comienza cuando dejamos de decir que hemos perdido algo, y decimos más bien que “esto o aquello ha sido devuelto al lugar de donde vino”.
También nos ilumina Epicteto respecto de la verdadera comprensión de la libertad, indicándonos que “surge de la compresión de los límites de nuestro poder y los límites naturales establecidos por la divina providencia. Al aceptar los límites de la vida y sus aspectos inevitables, y al trabajar con ellos en lugar de luchar contra ellos, nos liberamos” (p. 36). Epicteto, con una hermosa metáfora, nos sugiere acercarnos a la vida como si fuera un banquete, en el cual no es necesario envidiar ni arrebatar, ya que recibiremos nuestra justa porción cuando sea el momento. Nos impulsa también a representar siempre el papel que se nos ha asignado, ofreciendo siempre una actuación impecable, dice: “si estamos destinados a ser lectores, leamos; si a ser escritores, escribamos” (p. 39). Esta idea es cercana a Marquard, quien nos interpela a desempeñar también nuestro rol lo mejor posible, y en ello encontraremos el sentido de nuestra vida.
Lúcidamente, Epictecto sentencia: “nos convertimos en aquello que pensamos. Debemos evitar conferir supersticiosamente a los acontecimientos un poder o un significado del que carecen; preservemos la serenidad” (p.40). En cuanto a la felicidad, nos advierte que sólo puede ser hallada en nuestro interior, y depende de tres cosas que están en nuestro poder: “nuestra voluntad, nuestras ideas acerca de los acontecimientos en los que nos vemos involucrados, y el uso que hacemos de nuestras ideas” (p. 41). Además nos demanda a adoptar la voluntad de la naturaleza, estudiarla, escucharla y hacerla nuestra, la cual se nos revela a través de experiencias cotidianas. Esta idea de cotidianeidad, también es compartida por Marquard, quien nos interpela a encontrar el sentido de nuestra vida, dentro de ella, en nuestras cotidianas experiencias, no fuera de ellas, en preparar nuestra comida, en realizar día a día nuestro trabajo, con amor, con dedicación y entrega. Como dice Silvio Rodríguez, “sólo el amor alumbra lo que perdura”. Epicteto sigue esta línea y nos dice: “a menos que nos entreguemos por completo a nuestras actividades, seremos vacíos, superficiales y jamás desarrollaremos nuestros dones naturales […] Un espíritu tibio no tiene fuerza”. Así también se inicia la canción de Silvio Rodríguez recién mencionada, “Debes amar la arcilla que va en tus manos. Debes amar su arena hasta la locura, y si no, no la emprendas que será en vano”. Epicteto dice: “los esfuerzos tentativos conducen a resultados tentativos. La gente común se entrega a sus labores precipitadamente y sin cuidado” (p. 54). ¿Acaso en realizar nuestras actividades concientemente y con completa devoción encontraremos que nuestra existencia tiene un sentido? Marquard nos dice que sí, que justamente esa será la forma cómo tendremos una vida plena. Epicteto nos da la receta para encontrar nuestro lugar en el mundo, “debemos considerar la verdadera naturaleza de nuestras aspiraciones y compararla con nuestras capacidades”, y más claramente nos intima: “seamos honestos con nosotros mismos […] Diferentes personas está hechas para diferentes cosas”. Es lo mismo que nos dice Marquard. Epicteto no deja lugar a dudas: “la opción es de cada uno y sólo de cada uno” (p. 57).
Epicteto nos recuerda también nuestra relación con el todo mayor, nos recuerda que somos una parte única e insustituible del cosmos. Debemos investigar y comprender nuestras relaciones con los demás, y así identificaremos nuestros deberes, “una vez sepamos quiénes somos y con quiénes estamos vinculados sabremos qué hacer”. Todo esto sin olvidar nunca nuestro propósito superior, porque “nuestra meta debe ser buscar la armonía con la naturaleza, porque ese es el verdadero camino hacia la libertad”. Porque al “descubrir y comprender nuestras relaciones fundamentales con los demás y cumplir con celo nuestros deberes, la verdadera libertad, anhelada por todos, es realmente posible” (p. 60).
Profundicemos ahora en Marquard, él tiene una tesis que explica la pérdida de sentido a partir del crecimiento de las pretensiones en relación al sentido, esto es: “nuestra dificultad primaria no es la pérdida de sentido, sino el exceso de pretensión de sentido” (p. 57). Marquard indica que buscar directamente el sentido es absurdo, y que en realidad se logra de manera indirecta. Da un ejemplo mediante una enumeración muy clarificadora. Relata la búsqueda de sentido de una persona que busca directamente felicidad (bajo el seudónimo de sentido), afirmando que no puede encontrarla, “pues una persona así no quiere leer, sino que quiere sentido, no quiere escribir, sino que quiere sentido, tampoco quiere trabajar, sino que quiere sentido, no quiere holgazanear, sino que quiere sentido, ni quiere amar, sino que quiere sentido, no quiere ayudar, sino que quiere sentido, no quiere dormir, sino que quiere sentido, no quiere cumplir deberes, sino que quiere sentido, no quiere seguir inclinaciones, sino que quiere sentido, etc. No quiere profesión, sino sentido, no quiere hobby, sino sentido, no quiere familia, sino sentido, no quiere arte, sino sentido, no quiere Estado, sino sentido, no quiere economía, sino sentido, no quiere ciencia, sino sentido, no quiere compasión, sino sentido, etc.” (p. 59). El resultado es que esa persona elige el único camino que lo conduce con seguridad a no alcanzar lo que quiere, que es el sentido, pues el sentido es alcanzable, “por el camino de la profesión, de la familia, de la soledad, del Estado, del arte, de la economía, de la ciencia, de los deberes, de las inclinaciones, de la compasión, etc.”.
Esto nos lleva a una conclusión que aproxima a nuestros dos autores escogidos. En esto Marquard se refiere a los estoicos, mencionando que es preciso ser capaz de renunciar para ser feliz. Marquard concluye, “ningún ser humano accede inmediatamente al sentido; los seres humanos siempre acceden al sentido sólo a través de mediaciones: dando un rodeo a través de determinadas costumbres y tareas, que también pueden ser rutinas institucionalizadas y muy a menudo son rutinas institucionalizadas, y que en todo caso son tareas siempre determinadas, es decir delimitadas, de donde se sigue que el sentido, alias felicidad, tiene que ver con la capacidad de renunciar, como bien sabían los estoicos: quien no es capaz de renunciar no será feliz. Así pues, quien quiere tener sentido no por este rodeo a través de tareas determinadas, sino directamente, no obtiene sentido, o en todo caso no en este nuestro mundo humano” (p. 60).
Para Marquard, nosotros, “los seres humanos de la modernidad tardía, vivimos en la época "nihilista" del gran déficit de sentido” (p. 54). Existe un lamento enfático de la pérdida del sentido. Postula que es evidente que por estos días se siente por todas partes de manera oprimente un déficit de sentido, y reflexiona a qué se debe esto. Veamos primero las consecuencias.
La sociedad de pretensiones compensa el déficit de sentido mediante “la ostentación en el consumo”. Se busca refugio en sucedáneos. El lugar del sentido pasan a ocuparlo “la distracción, el dinero, el éxito, el prestigio, el crecimiento, la corpulencia en forma física, técnica y económica: la sociedad moderna de pretensiones es la encarnación del déficit de sentido” (p. 55). De acuerdo al autor, sucede lo siguiente: “cuando en algún lugar divergen la expectativa y el cumplimiento, jamás hay sólo una posibilidad de explicación, sino que siempre hay dos: o hay demasiado poco cumplimiento o hay demasiada expectativa; o la oferta es demasiado pequeña o la demanda demasiado grande” (p. 56). Entonces, si esto vale en relación al sentido también, no es que falte el sentido, sino que la pretensión de sentido es excesiva. Es por esto que “nuestra dificultad primaria no es la pérdida del sentido, sino el exceso de pretensión de sentido” (p. 57).
Marquard explica que sentido es un seudónimo de felicidad (otros seudónimos que nombra respecto de la felicidad son: la autenticidad, el principio esperanza, la vida no dañada, la emancipación, la autorrealización, entre otros). La dietética que intenta articular Marquard, aconseja en relación al sentido una “despedida de los sensacional: la renuncia al sentido sensacional y a la falta sensacional de sentido en tanto que renuncia a la intención directa de sentido y a la negación directa de sentido” (p. 63). Las tareas de la vida son el remedio decisivo contra aquello en que se transforma forzosamente la intención directa de sentido: contra la “desesperación absoluta”.
Marquard dice que también la crítica es la resolución de un detalle. No dice que no debe haber crítica. Parece este un tema muy actual en nuestro país por estos días. Las marchas ciudadanas, y los reclamos de la sociedad entera respecto a no aceptar más mediocridades, a no aceptar más desigualdades, ni injusticias.
Quisiera consignar aquí una reflexión de Víctor E. Frankl, que va en esta misma dirección. Este psiquiatra austríaco nos dice que es “esa libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”. Frankl da un mensaje muy claro respecto a la respuesta que debemos dar a la pregunta por el sentido, él dice: “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos, y después enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida, y en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada hombre, distinto y único en cada caso. Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre, o a otro destino. Ninguna situación se repite, y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la situación en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algún tipo de acción; otras, puede resultar más ventajoso aprovecharla para meditar y sacar las consecuencias pertinentes. Y a veces, lo que se exige al hombre puede ser simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situación se diferencia por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta correcta al problema que la situación plantea”.
Es posible sacar en claro, que los tres autores mencionados de alguna forma nos liberan, dándonos claves y seguridad, de poder encontrar la ansiada respuesta por el sentido de nuestra vida. Al leer a Marquard, se nos abre un camino alentador: el sentido de nuestra existencia, y la manera como seremos felices, se encuentra en los elementos que componen nuestra vida, no fuera de ella. Frankl nos dice que debemos llevar adelante una conducta y actuación rectas. Epicteto nos conmina a no preocuparnos por aquellas cosas que están fuera de nuestro control. Con estas advertencias, o acaso sugerencias, podemos efectivamente dejar de desesperarnos respecto a cuál es el verdadero sentido de nuestra vida, pregunta que nos acompañará hasta que nos alcance la muerte. Es una pregunta que nunca acaba, pero cada vez tenemos más salidas ciertas, claras, sensatas, o al menos eso quiero creer. Es posible vivir sin cuestionamientos, pero no para todas las personas. Al menos para mí, no es una opción, como un mandato que recibí al nacer.
Elegí estos autores porque tocan temas que han ocupado gran parte de mi tiempo este año, y en realidad de toda mi vida. Mi búsqueda no es desesperada, pero es inexorable. Se traduce en no aceptar actividades, situaciones ni relaciones que no tengan “sentido” para mí. Esto significa, que tengan una razón de ser y estén encaminadas hacia alguna parte. Que estén acordes con la humanidad, con la naturaleza, y que cumplan un propósito que verá frutos, tarde o temprano. Siempre estoy consciente de encontrar mi propio lugar en el mundo, de descubrir cuál es mi espacio y donde podré desarrollarme más plenamente, aportando a otros en el camino. No concibo la vida sin pasión, la vida indiferente. Tengo una esperanza cierta de un mundo de respeto por todas las personas. Tengo la esperanza cierta de una humanidad que puede ser mejor. Quisiera ver más justicia e igualdad. Vibro con mi trabajo, me entusiasma de sobremanera lo que estudio, y encuentro pequeñas gratificaciones en el día a día. Dudo mucho respecto a todo, pero supongo que eso se relaciona con querer hacerlo lo mejor posible. Con no aceptar mediocridades, con amar la vida y querer vivirla hasta el fondo. Parece excesivamente breve como para perderse, y “llegar tarde a uno mismo”. Pienso que el curso realizado, en el cual se enmarca este trabajo, es un aporte certero a encontrar “sentido”. Es una incitación al cuestionamiento, pero también una entrega de respuestas, que cambian de alguna manera la vida. Me siento afortunada de haber podido realizarlo. Acaso vino a llenar una necesidad de sentido que viene aparejada al invierno, literal y metafóricamente hablando.
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que, una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
Obras: Manual de vida de Epicteto, y “Dietética de la expectativa de sentido. Observaciones filosóficas”, en Apología de lo contingente, de Odo Marquard.
La filosofía comprometida
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
El objetivo de este breve ensayo es exponer algunas reflexiones expresadas por Epicteto y Odo Marquard, respecto al problema del sentido de la vida de los humanos, y encontrar puntos de coincidencia entre ambos autores, para terminar con apuntes respecto de aplicaciones de lo expresado, y algunas reflexiones personales.
Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, vivió entre los años 48 y 138 d.C. No escribió obra alguna, pero uno de sus discípulos, Arriano, se encargó de compilar algunas de sus principales enseñanzas (Santiago 142). Una de esas compilaciones es su “Manual de vida”, y en él indica, como idea principal, que la “felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas se encuentran bajo nuestro control y otras no. Sólo cuando enfrentamos esta regla fundamental y aprendemos a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que escapa a nuestro control, es posible la serenidad y la eficacia externa” (p. 17).
Odo Marquard, filósofo alemán, nacido en 1928, también escribió sobre una posible forma de alcanzar la felicidad, (bajo el seudónimo de sentido), como él le llama. En este breve ensayo, me referiré especialmente a su obra “Apología de lo contingente”, o “de lo accidental”, como también se le ha traducido del alemán. La tesis fundamental de esta obra, es que el “gran lamento por la pérdida de sentido se produce debido a una pretensión excesiva de sentido.
Pero vamos ahora a algunas ideas que permiten arribar a las conclusiones de ambos filósofos aquí expresadas.
Epicteto señala que no debemos perder tiempo en los asuntos que están fuera de nuestro control, o si queremos hacernos cargo de los asuntos de otros, nos convertiremos en personas “frustradas, ansiosas y criticonas”, y nuestros esfuerzos serán desviados.
Si deseamos vivir de acuerdo a estos principios, sin embargo, Epicteto nos advierte que no será fácil, y que eso implicará la renuncia a algunas cosas, por ejemplo la riqueza y el poder, para asegurarnos de alcanzar la felicidad y la libertad. Epicteto nos llama a armonizar nuestras acciones con la vida como realmente es, diciendo “no intentemos inventar nuestras propias reglas. Comportémonos en toda ocasión –grandiosa y pública, o insignificante y doméstica – según las leyes de la naturaleza. Armonizar nuestra voluntad con la naturaleza debe ser nuestro máximo ideal”. Nos llama a practicar este ideal en los detalles de nuestra vida cotidiana, con sus “tareas y deberes particulares”. En este aspecto, ambos autores es encuentran, ya que hallan un sentido para la vida, que está dentro de la vida cotidiana, no ajeno o lejano a ella. Es en nuestra vida que transcurre día a día donde podemos encontrar su sentido.
Epicteto nos alienta a crear nuestro propio mérito, impulsándonos a que “realicemos nuestro propio trabajo útil sin prestar atención al respeto o a la admiración que nuestros esfuerzos puedan despertar en los demás”. Epicteto nos indica que lo que en realidad nos pertenece es el uso que hacemos de las ideas, los recursos y las oportunidades que pasan por nuestro camino.
Epicteto señala que debe cuidarse lo que se tiene en el momento, y que no hay nada que perder. La paz interior comienza cuando dejamos de decir que hemos perdido algo, y decimos más bien que “esto o aquello ha sido devuelto al lugar de donde vino”.
También nos ilumina Epicteto respecto de la verdadera comprensión de la libertad, indicándonos que “surge de la compresión de los límites de nuestro poder y los límites naturales establecidos por la divina providencia. Al aceptar los límites de la vida y sus aspectos inevitables, y al trabajar con ellos en lugar de luchar contra ellos, nos liberamos” (p. 36). Epicteto, con una hermosa metáfora, nos sugiere acercarnos a la vida como si fuera un banquete, en el cual no es necesario envidiar ni arrebatar, ya que recibiremos nuestra justa porción cuando sea el momento. Nos impulsa también a representar siempre el papel que se nos ha asignado, ofreciendo siempre una actuación impecable, dice: “si estamos destinados a ser lectores, leamos; si a ser escritores, escribamos” (p. 39). Esta idea es cercana a Marquard, quien nos interpela a desempeñar también nuestro rol lo mejor posible, y en ello encontraremos el sentido de nuestra vida.
Lúcidamente, Epictecto sentencia: “nos convertimos en aquello que pensamos. Debemos evitar conferir supersticiosamente a los acontecimientos un poder o un significado del que carecen; preservemos la serenidad” (p.40). En cuanto a la felicidad, nos advierte que sólo puede ser hallada en nuestro interior, y depende de tres cosas que están en nuestro poder: “nuestra voluntad, nuestras ideas acerca de los acontecimientos en los que nos vemos involucrados, y el uso que hacemos de nuestras ideas” (p. 41). Además nos demanda a adoptar la voluntad de la naturaleza, estudiarla, escucharla y hacerla nuestra, la cual se nos revela a través de experiencias cotidianas. Esta idea de cotidianeidad, también es compartida por Marquard, quien nos interpela a encontrar el sentido de nuestra vida, dentro de ella, en nuestras cotidianas experiencias, no fuera de ellas, en preparar nuestra comida, en realizar día a día nuestro trabajo, con amor, con dedicación y entrega. Como dice Silvio Rodríguez, “sólo el amor alumbra lo que perdura”. Epicteto sigue esta línea y nos dice: “a menos que nos entreguemos por completo a nuestras actividades, seremos vacíos, superficiales y jamás desarrollaremos nuestros dones naturales […] Un espíritu tibio no tiene fuerza”. Así también se inicia la canción de Silvio Rodríguez recién mencionada, “Debes amar la arcilla que va en tus manos. Debes amar su arena hasta la locura, y si no, no la emprendas que será en vano”. Epicteto dice: “los esfuerzos tentativos conducen a resultados tentativos. La gente común se entrega a sus labores precipitadamente y sin cuidado” (p. 54). ¿Acaso en realizar nuestras actividades concientemente y con completa devoción encontraremos que nuestra existencia tiene un sentido? Marquard nos dice que sí, que justamente esa será la forma cómo tendremos una vida plena. Epicteto nos da la receta para encontrar nuestro lugar en el mundo, “debemos considerar la verdadera naturaleza de nuestras aspiraciones y compararla con nuestras capacidades”, y más claramente nos intima: “seamos honestos con nosotros mismos […] Diferentes personas está hechas para diferentes cosas”. Es lo mismo que nos dice Marquard. Epicteto no deja lugar a dudas: “la opción es de cada uno y sólo de cada uno” (p. 57).
Epicteto nos recuerda también nuestra relación con el todo mayor, nos recuerda que somos una parte única e insustituible del cosmos. Debemos investigar y comprender nuestras relaciones con los demás, y así identificaremos nuestros deberes, “una vez sepamos quiénes somos y con quiénes estamos vinculados sabremos qué hacer”. Todo esto sin olvidar nunca nuestro propósito superior, porque “nuestra meta debe ser buscar la armonía con la naturaleza, porque ese es el verdadero camino hacia la libertad”. Porque al “descubrir y comprender nuestras relaciones fundamentales con los demás y cumplir con celo nuestros deberes, la verdadera libertad, anhelada por todos, es realmente posible” (p. 60).
Profundicemos ahora en Marquard, él tiene una tesis que explica la pérdida de sentido a partir del crecimiento de las pretensiones en relación al sentido, esto es: “nuestra dificultad primaria no es la pérdida de sentido, sino el exceso de pretensión de sentido” (p. 57). Marquard indica que buscar directamente el sentido es absurdo, y que en realidad se logra de manera indirecta. Da un ejemplo mediante una enumeración muy clarificadora. Relata la búsqueda de sentido de una persona que busca directamente felicidad (bajo el seudónimo de sentido), afirmando que no puede encontrarla, “pues una persona así no quiere leer, sino que quiere sentido, no quiere escribir, sino que quiere sentido, tampoco quiere trabajar, sino que quiere sentido, no quiere holgazanear, sino que quiere sentido, ni quiere amar, sino que quiere sentido, no quiere ayudar, sino que quiere sentido, no quiere dormir, sino que quiere sentido, no quiere cumplir deberes, sino que quiere sentido, no quiere seguir inclinaciones, sino que quiere sentido, etc. No quiere profesión, sino sentido, no quiere hobby, sino sentido, no quiere familia, sino sentido, no quiere arte, sino sentido, no quiere Estado, sino sentido, no quiere economía, sino sentido, no quiere ciencia, sino sentido, no quiere compasión, sino sentido, etc.” (p. 59). El resultado es que esa persona elige el único camino que lo conduce con seguridad a no alcanzar lo que quiere, que es el sentido, pues el sentido es alcanzable, “por el camino de la profesión, de la familia, de la soledad, del Estado, del arte, de la economía, de la ciencia, de los deberes, de las inclinaciones, de la compasión, etc.”.
Esto nos lleva a una conclusión que aproxima a nuestros dos autores escogidos. En esto Marquard se refiere a los estoicos, mencionando que es preciso ser capaz de renunciar para ser feliz. Marquard concluye, “ningún ser humano accede inmediatamente al sentido; los seres humanos siempre acceden al sentido sólo a través de mediaciones: dando un rodeo a través de determinadas costumbres y tareas, que también pueden ser rutinas institucionalizadas y muy a menudo son rutinas institucionalizadas, y que en todo caso son tareas siempre determinadas, es decir delimitadas, de donde se sigue que el sentido, alias felicidad, tiene que ver con la capacidad de renunciar, como bien sabían los estoicos: quien no es capaz de renunciar no será feliz. Así pues, quien quiere tener sentido no por este rodeo a través de tareas determinadas, sino directamente, no obtiene sentido, o en todo caso no en este nuestro mundo humano” (p. 60).
Para Marquard, nosotros, “los seres humanos de la modernidad tardía, vivimos en la época "nihilista" del gran déficit de sentido” (p. 54). Existe un lamento enfático de la pérdida del sentido. Postula que es evidente que por estos días se siente por todas partes de manera oprimente un déficit de sentido, y reflexiona a qué se debe esto. Veamos primero las consecuencias.
La sociedad de pretensiones compensa el déficit de sentido mediante “la ostentación en el consumo”. Se busca refugio en sucedáneos. El lugar del sentido pasan a ocuparlo “la distracción, el dinero, el éxito, el prestigio, el crecimiento, la corpulencia en forma física, técnica y económica: la sociedad moderna de pretensiones es la encarnación del déficit de sentido” (p. 55). De acuerdo al autor, sucede lo siguiente: “cuando en algún lugar divergen la expectativa y el cumplimiento, jamás hay sólo una posibilidad de explicación, sino que siempre hay dos: o hay demasiado poco cumplimiento o hay demasiada expectativa; o la oferta es demasiado pequeña o la demanda demasiado grande” (p. 56). Entonces, si esto vale en relación al sentido también, no es que falte el sentido, sino que la pretensión de sentido es excesiva. Es por esto que “nuestra dificultad primaria no es la pérdida del sentido, sino el exceso de pretensión de sentido” (p. 57).
Marquard explica que sentido es un seudónimo de felicidad (otros seudónimos que nombra respecto de la felicidad son: la autenticidad, el principio esperanza, la vida no dañada, la emancipación, la autorrealización, entre otros). La dietética que intenta articular Marquard, aconseja en relación al sentido una “despedida de los sensacional: la renuncia al sentido sensacional y a la falta sensacional de sentido en tanto que renuncia a la intención directa de sentido y a la negación directa de sentido” (p. 63). Las tareas de la vida son el remedio decisivo contra aquello en que se transforma forzosamente la intención directa de sentido: contra la “desesperación absoluta”.
Marquard dice que también la crítica es la resolución de un detalle. No dice que no debe haber crítica. Parece este un tema muy actual en nuestro país por estos días. Las marchas ciudadanas, y los reclamos de la sociedad entera respecto a no aceptar más mediocridades, a no aceptar más desigualdades, ni injusticias.
Quisiera consignar aquí una reflexión de Víctor E. Frankl, que va en esta misma dirección. Este psiquiatra austríaco nos dice que es “esa libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”. Frankl da un mensaje muy claro respecto a la respuesta que debemos dar a la pregunta por el sentido, él dice: “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos, y después enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida, y en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada hombre, distinto y único en cada caso. Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre, o a otro destino. Ninguna situación se repite, y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la situación en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algún tipo de acción; otras, puede resultar más ventajoso aprovecharla para meditar y sacar las consecuencias pertinentes. Y a veces, lo que se exige al hombre puede ser simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situación se diferencia por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta correcta al problema que la situación plantea”.
Es posible sacar en claro, que los tres autores mencionados de alguna forma nos liberan, dándonos claves y seguridad, de poder encontrar la ansiada respuesta por el sentido de nuestra vida. Al leer a Marquard, se nos abre un camino alentador: el sentido de nuestra existencia, y la manera como seremos felices, se encuentra en los elementos que componen nuestra vida, no fuera de ella. Frankl nos dice que debemos llevar adelante una conducta y actuación rectas. Epicteto nos conmina a no preocuparnos por aquellas cosas que están fuera de nuestro control. Con estas advertencias, o acaso sugerencias, podemos efectivamente dejar de desesperarnos respecto a cuál es el verdadero sentido de nuestra vida, pregunta que nos acompañará hasta que nos alcance la muerte. Es una pregunta que nunca acaba, pero cada vez tenemos más salidas ciertas, claras, sensatas, o al menos eso quiero creer. Es posible vivir sin cuestionamientos, pero no para todas las personas. Al menos para mí, no es una opción, como un mandato que recibí al nacer.
Elegí estos autores porque tocan temas que han ocupado gran parte de mi tiempo este año, y en realidad de toda mi vida. Mi búsqueda no es desesperada, pero es inexorable. Se traduce en no aceptar actividades, situaciones ni relaciones que no tengan “sentido” para mí. Esto significa, que tengan una razón de ser y estén encaminadas hacia alguna parte. Que estén acordes con la humanidad, con la naturaleza, y que cumplan un propósito que verá frutos, tarde o temprano. Siempre estoy consciente de encontrar mi propio lugar en el mundo, de descubrir cuál es mi espacio y donde podré desarrollarme más plenamente, aportando a otros en el camino. No concibo la vida sin pasión, la vida indiferente. Tengo una esperanza cierta de un mundo de respeto por todas las personas. Tengo la esperanza cierta de una humanidad que puede ser mejor. Quisiera ver más justicia e igualdad. Vibro con mi trabajo, me entusiasma de sobremanera lo que estudio, y encuentro pequeñas gratificaciones en el día a día. Dudo mucho respecto a todo, pero supongo que eso se relaciona con querer hacerlo lo mejor posible. Con no aceptar mediocridades, con amar la vida y querer vivirla hasta el fondo. Parece excesivamente breve como para perderse, y “llegar tarde a uno mismo”. Pienso que el curso realizado, en el cual se enmarca este trabajo, es un aporte certero a encontrar “sentido”. Es una incitación al cuestionamiento, pero también una entrega de respuestas, que cambian de alguna manera la vida. Me siento afortunada de haber podido realizarlo. Acaso vino a llenar una necesidad de sentido que viene aparejada al invierno, literal y metafóricamente hablando.
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que, una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
20 de julio de 2011
Como los estoicos
¿Por qué quieres que me vaya a estudiar a otra parte? Si soy feliz aquí. No importa donde esté, llegaré lejos, porque trabajo duro, porque, como los estoicos, renuncio a algunas cosas para lograr otras. Estoy determinada a alcanzar lo que quiero, y aspiro a llegar lejos. Porque sí, no porque el sentido de mi vida esté en eso. El sentido de mi vida ya está presente, el resto es exceso. Es ganas de decir ciertas cosas, de cambiar otras, de actuar para mejorar el futuro, para que lo que hay sea lo mejor posible.
¿Por qué quieres que me vaya a estudiar a otra parte? Si soy feliz aquí. No importa donde esté, llegaré lejos, porque trabajo duro, porque, como los estoicos, renuncio a algunas cosas para lograr otras. Estoy determinada a alcanzar lo que quiero, y aspiro a llegar lejos. Porque sí, no porque el sentido de mi vida esté en eso. El sentido de mi vida ya está presente, el resto es exceso. Es ganas de decir ciertas cosas, de cambiar otras, de actuar para mejorar el futuro, para que lo que hay sea lo mejor posible.
La vida es la ocasión para escribir
No quiero encerrarme a escribir, recurrir a un lugar aislado donde nadie me hable. La vida es la ocasión para escribir. Lo que me rodea, mi encuentro con el mundo. Mis impresiones de la interacción de las cosas. Entro y salgo, me encierro en mi habitación, pero puedo salir, y habrá otros, mi yo mezclado con los tú, que deambulan por los pasajes paralelos que se cruzan con mi existencia.
No quiero encerrarme a escribir, recurrir a un lugar aislado donde nadie me hable. La vida es la ocasión para escribir. Lo que me rodea, mi encuentro con el mundo. Mis impresiones de la interacción de las cosas. Entro y salgo, me encierro en mi habitación, pero puedo salir, y habrá otros, mi yo mezclado con los tú, que deambulan por los pasajes paralelos que se cruzan con mi existencia.
Derecho a amar
Puedo y tengo derecho a amar. Puedo amar. Puedo amar sin destruir lo que dejo atrás. Puedo amar sin destruir lo que encuentro. Puedo amar y construir. Tengo derecho a amar con el verdadero amor, ese firme que se descubre después de mucho tiempo. Tengo derecho a ese amor, tengo derecho a ese amor y no otro.
Puedo y tengo derecho a amar. Puedo amar. Puedo amar sin destruir lo que dejo atrás. Puedo amar sin destruir lo que encuentro. Puedo amar y construir. Tengo derecho a amar con el verdadero amor, ese firme que se descubre después de mucho tiempo. Tengo derecho a ese amor, tengo derecho a ese amor y no otro.
19 de julio de 2011
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
La filosofía comprometida
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
2 de julio de 2011
Parresía
Pienso en por qué me escogió a mí. Debe haber intuido algo hermoso, pero escurridizo e insondable quizá. ¿Qué vio en mí? Debiese preguntárselo. ¿Qué lo impulso a seguirme? Debe haber sido lo desconocido, el misterio ese del que hablo. Esa sugerencia de algo sublime. Esa invitación a volar. El problema es que ese deseo está muy arraigado en mí, y eso él no lo sabía cuando decidió seguir su impulso y acompañarme. Mis ganas de volar son muy grandes y lo transcienden todo. El quietismo me incomoda y permanecer estática me es imposible. Todo, tengo que saberlo todo, explorarlo todo, entenderlo todo. Tiene que ver con un compromiso con la verdad. Tiene que ver con un compromiso con la libertad y la valentía. Con exponerme, enfrentar un cierto peligro, atreverme. Encontrar la verdad absoluta, que sólo puedo encontrar arriesgando algo de mí misma. Es por eso que quiero conversar contigo cara a cara. Para arriesgarnos exponiendo la verdad, hablar con sinceridad, desde el corazón, dejando los miedos de lado. ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Crees que podrás expresarme con honestidad lo que atesora tu alma? Aunque duela, aunque te deje indefenso, aunque tengas que mostrarte vulnerable, como sé que eres. Aunque tengas que exponer tu hermosa fragilidad. No puedes ocultarla, porque ya te conozco y eres bellamente suave y delicado. Un gorrioncito queriendo volar, eso me gusta de ti. Una mágica sensibilidad, que me gustaría que dejaras salir hasta lo más escondido. Quizá esa verdad nos libere, nos cure de una vez de este trance del que no podemos escapar. Quizá nos dé fuerza y acabe de una vez con el miedo que tiene paralizada una parte de nuestro corazón. Quizá haga que todo se desborde y pierda su cauce. No me importa, si es lo necesario para que vuelva el sentido estoy dispuesta. Si es lo necesario para volver a vivir.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Pienso en por qué me escogió a mí. Debe haber intuido algo hermoso, pero escurridizo e insondable quizá. ¿Qué vio en mí? Debiese preguntárselo. ¿Qué lo impulso a seguirme? Debe haber sido lo desconocido, el misterio ese del que hablo. Esa sugerencia de algo sublime. Esa invitación a volar. El problema es que ese deseo está muy arraigado en mí, y eso él no lo sabía cuando decidió seguir su impulso y acompañarme. Mis ganas de volar son muy grandes y lo transcienden todo. El quietismo me incomoda y permanecer estática me es imposible. Todo, tengo que saberlo todo, explorarlo todo, entenderlo todo. Tiene que ver con un compromiso con la verdad. Tiene que ver con un compromiso con la libertad y la valentía. Con exponerme, enfrentar un cierto peligro, atreverme. Encontrar la verdad absoluta, que sólo puedo encontrar arriesgando algo de mí misma. Es por eso que quiero conversar contigo cara a cara. Para arriesgarnos exponiendo la verdad, hablar con sinceridad, desde el corazón, dejando los miedos de lado. ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Crees que podrás expresarme con honestidad lo que atesora tu alma? Aunque duela, aunque te deje indefenso, aunque tengas que mostrarte vulnerable, como sé que eres. Aunque tengas que exponer tu hermosa fragilidad. No puedes ocultarla, porque ya te conozco y eres bellamente suave y delicado. Un gorrioncito queriendo volar, eso me gusta de ti. Una mágica sensibilidad, que me gustaría que dejaras salir hasta lo más escondido. Quizá esa verdad nos libere, nos cure de una vez de este trance del que no podemos escapar. Quizá nos dé fuerza y acabe de una vez con el miedo que tiene paralizada una parte de nuestro corazón. Quizá haga que todo se desborde y pierda su cauce. No me importa, si es lo necesario para que vuelva el sentido estoy dispuesta. Si es lo necesario para volver a vivir.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Soñando
Hagamos algo, soñemos que la realidad es distinta. Que estás aquí, a mi lado. Que no estoy llorando, que tu recuerdo no me está aniquilando. Que sucederá, que harás lo que no creo que vayas a hacer. Me estoy muriendo, no puedo seguir así. No puedo evadirte, aunque lo he intentado todo. Me encuentro en una parálisis, no puedo avanzar hacia ningún lado. ¿Por qué crees que no quiero saber de ti? Ojala fuera capricho, pero es la muerte que te acompaña. No quiero seguir muriendo, quiero ser libre. Ni siquiera puedo gritar, sólo me resulta morir. Te echo tanto de menos, que lo daría todo porque volvieras. ¿Acaso lo sabes? Quisiera decírtelo, hablar contigo cara a cara. Decírtelo todo y lanzarme al Mapocho. ¿Dónde estás? Espero y espero una palabra tuya. Que cure este vacío que siento dentro. Devuélveme las ganas de seguir, devuélveme eso que una vez te llevaste, dejándome inerme. No tengo más armas para combatir este desasosiego. Te lo ruego, dime algo, que apacigüe esta destrucción. No veo esperanza posible si sigues perdido en la niebla. Te necesito, como nunca antes había necesitado nada. No te imaginas como duele, me siento tan frustrada, tan impotente. Hijo de puta, es lo que me dan ganas de decirte en este momento. Maldito, maldito. Tu falta no me deja respirar. Tu ausencia me ahoga. Siento un árbol atascado en mi garganta. Un doloroso violín en mis oídos, cargado de desesperanza. Que rabia amar así, que rabia y que pena. Maldita pasión, maldito dolor. Amor de mierda. Acábate de una vez, dame una tregua. Una salida de este laberinto amargo y sin final. Pasión de mierda. ¿Por qué quedan los buenos recuerdos? ¿Por qué no puedo dejar de amarte? ¿Y si te suplicara que desaparecieras, lo harías? ¿Si me lanzo al agua fría, se irá esa pasión letal? ¿Sentiré nuevamente vida en mis venas? Intento resistir, en silencio. Mientras tu mirada profunda me corroe. ¿Cuándo dejaremos de hacernos daño? ¿Cuándo podremos amarnos sin rencores, alegres, sin remordimientos? ¿Será posible que llegue ese momento? Por ahora sólo pienso en seguir resistiendo, en silencio, hasta que ya no sea posible continuar y quizá deba desaparecer.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Hagamos algo, soñemos que la realidad es distinta. Que estás aquí, a mi lado. Que no estoy llorando, que tu recuerdo no me está aniquilando. Que sucederá, que harás lo que no creo que vayas a hacer. Me estoy muriendo, no puedo seguir así. No puedo evadirte, aunque lo he intentado todo. Me encuentro en una parálisis, no puedo avanzar hacia ningún lado. ¿Por qué crees que no quiero saber de ti? Ojala fuera capricho, pero es la muerte que te acompaña. No quiero seguir muriendo, quiero ser libre. Ni siquiera puedo gritar, sólo me resulta morir. Te echo tanto de menos, que lo daría todo porque volvieras. ¿Acaso lo sabes? Quisiera decírtelo, hablar contigo cara a cara. Decírtelo todo y lanzarme al Mapocho. ¿Dónde estás? Espero y espero una palabra tuya. Que cure este vacío que siento dentro. Devuélveme las ganas de seguir, devuélveme eso que una vez te llevaste, dejándome inerme. No tengo más armas para combatir este desasosiego. Te lo ruego, dime algo, que apacigüe esta destrucción. No veo esperanza posible si sigues perdido en la niebla. Te necesito, como nunca antes había necesitado nada. No te imaginas como duele, me siento tan frustrada, tan impotente. Hijo de puta, es lo que me dan ganas de decirte en este momento. Maldito, maldito. Tu falta no me deja respirar. Tu ausencia me ahoga. Siento un árbol atascado en mi garganta. Un doloroso violín en mis oídos, cargado de desesperanza. Que rabia amar así, que rabia y que pena. Maldita pasión, maldito dolor. Amor de mierda. Acábate de una vez, dame una tregua. Una salida de este laberinto amargo y sin final. Pasión de mierda. ¿Por qué quedan los buenos recuerdos? ¿Por qué no puedo dejar de amarte? ¿Y si te suplicara que desaparecieras, lo harías? ¿Si me lanzo al agua fría, se irá esa pasión letal? ¿Sentiré nuevamente vida en mis venas? Intento resistir, en silencio. Mientras tu mirada profunda me corroe. ¿Cuándo dejaremos de hacernos daño? ¿Cuándo podremos amarnos sin rencores, alegres, sin remordimientos? ¿Será posible que llegue ese momento? Por ahora sólo pienso en seguir resistiendo, en silencio, hasta que ya no sea posible continuar y quizá deba desaparecer.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
27 de junio de 2011
El derecho está tan lejos del corazón
El derecho está tan lejos del corazón. Es duro, gris y árido. Cuando defiende derechos y libertades humanas es bello y digno de elogio. Pero en general no hace sino regular lo que un puñado de personas cree como correcto. Muchas veces se equivoca, y protege al incorrecto. Sanciona al débil y postergado. El derecho está lejos del corazón, y aunque quiero que todas las personas tengan derechos y libertades humanas, me alejo de él cuando se pone rígido, impenetrable y aburrido. Quisiera saber cómo sería una regulación perfecta, que estuviera acorde con la verdad. Que defendiera la justicia que necesitamos para que haya paz y para que la bondad reine y la maldad sea destronada. Necesito un derecho que sea libre, que no sea traicionero, que no esté fundado en intereses económicos y de poder. Que defienda a los que necesitan ser defendidos. Que asegure a todos las mismas oportunidades, y no sólo otorgue privilegios a unos pocos. Necesito un derecho que esté cerca del corazón, que emane de su nombre, un derecho basado en el amor, un derecho que nos haga mejores y que permita a todos la felicidad.
El derecho está tan lejos del corazón. Es duro, gris y árido. Cuando defiende derechos y libertades humanas es bello y digno de elogio. Pero en general no hace sino regular lo que un puñado de personas cree como correcto. Muchas veces se equivoca, y protege al incorrecto. Sanciona al débil y postergado. El derecho está lejos del corazón, y aunque quiero que todas las personas tengan derechos y libertades humanas, me alejo de él cuando se pone rígido, impenetrable y aburrido. Quisiera saber cómo sería una regulación perfecta, que estuviera acorde con la verdad. Que defendiera la justicia que necesitamos para que haya paz y para que la bondad reine y la maldad sea destronada. Necesito un derecho que sea libre, que no sea traicionero, que no esté fundado en intereses económicos y de poder. Que defienda a los que necesitan ser defendidos. Que asegure a todos las mismas oportunidades, y no sólo otorgue privilegios a unos pocos. Necesito un derecho que esté cerca del corazón, que emane de su nombre, un derecho basado en el amor, un derecho que nos haga mejores y que permita a todos la felicidad.
Nadie podrá callarnos
Nadie podrá callarme, porque mi canto es vida. La emoción me sobrecoge, porque puedo expresarme, porque la guitarra canta conmigo y también es vida. Para la libertad, para ella van todas las canciones, todas las vidas, porque ella está en cada canción, que expresa vida, y en todas las vidas que expresan canciones. Para la libertad, para ella entono esta melodía que resuena en la raíz de la violencia y la apacigua. Para la libertad, para ella canto esta armonía que despierta al tirano y lo remece. Para la libertad, para ella digo estas palabras, que taladran la ira y transforman al odio. Para la libertad, para ella toco estos acordes, que brotan dulcemente y desatan todos los nudos y curan todas las heridas. Para la libertad, para ella recito estos versos que enamoran al más frío descongelando su soledad. Para la libertad, para ella grito este júbilo de ablandar los corazones y llenarlos de belleza. Para la libertad, para ella aclamo estas palabras que abren al alma más cerrada penetrando con amor y entrega. Para la libertad, para ella escribo estas estrofas que aclaran las dudas y despejan los miedos. Para la libertad, para ella dirijo estas notas que rompen el caparazón del dolor y lo dejan salir para acabar con la maldad. Para la libertad, para ella hago sonar estas cuerdas, que dan valor al más cobarde, y llenan de pasión creadora al más sombrío. Para la libertad, para ella elevo la voz, que gritará con fuerza: NADIE PODRÁ CALLARNOS, SIEMPRE SEREMOS LIBRES.
Nadie podrá callarme, porque mi canto es vida. La emoción me sobrecoge, porque puedo expresarme, porque la guitarra canta conmigo y también es vida. Para la libertad, para ella van todas las canciones, todas las vidas, porque ella está en cada canción, que expresa vida, y en todas las vidas que expresan canciones. Para la libertad, para ella entono esta melodía que resuena en la raíz de la violencia y la apacigua. Para la libertad, para ella canto esta armonía que despierta al tirano y lo remece. Para la libertad, para ella digo estas palabras, que taladran la ira y transforman al odio. Para la libertad, para ella toco estos acordes, que brotan dulcemente y desatan todos los nudos y curan todas las heridas. Para la libertad, para ella recito estos versos que enamoran al más frío descongelando su soledad. Para la libertad, para ella grito este júbilo de ablandar los corazones y llenarlos de belleza. Para la libertad, para ella aclamo estas palabras que abren al alma más cerrada penetrando con amor y entrega. Para la libertad, para ella escribo estas estrofas que aclaran las dudas y despejan los miedos. Para la libertad, para ella dirijo estas notas que rompen el caparazón del dolor y lo dejan salir para acabar con la maldad. Para la libertad, para ella hago sonar estas cuerdas, que dan valor al más cobarde, y llenan de pasión creadora al más sombrío. Para la libertad, para ella elevo la voz, que gritará con fuerza: NADIE PODRÁ CALLARNOS, SIEMPRE SEREMOS LIBRES.
Inspiración
Por Flaubert quise escribir novelas, y por Bosch, cuentos, en cuanto a la poesía, ha estado siempre en mí me parece, como algo natural, pero si tuviese que mencionar un poeta inspirador, diría que fue Neruda, es magistral, y consignó una frase que marca mi vida, “como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha, y un incierto destino desdichado”.
Por Flaubert quise escribir novelas, y por Bosch, cuentos, en cuanto a la poesía, ha estado siempre en mí me parece, como algo natural, pero si tuviese que mencionar un poeta inspirador, diría que fue Neruda, es magistral, y consignó una frase que marca mi vida, “como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha, y un incierto destino desdichado”.
25 de junio de 2011
Manifiesto II
Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil.
Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil.
Manifiesto
Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi bienestar, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.
Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi bienestar, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.
Caída y perfección
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
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