2 de junio de 2012

La precariedad de la vida

No entiendo esta ciudad, sumida en esta bruma misteriosa. Veo unos piqueros que se tiran al agua con un ímpetu de fin de mundo. Unas gaviotas que vuelan con un ímpetu de fin de mundo. Unas olas que rompen con un ímpetu de fin de mundo. Quizá es el fin del mundo y los mayas tenían razón. Veo una montaña a mis espaldas que se yergue con un ímpetu de fin de mundo. Alguien calla. Alguien que sabe. Alguien que podría cambiar las cosas. Estos jóvenes abandonados a su propia suerte. Una infinidad de momentos de soledad. Un cariño menor que la falta de oportunidades. Una esperanza más muerta que la preocupación de los adultos por estos adolescentes. Líbrense ellos de esta pena en el corazón. Algo, alguna luz. La arbitrariedad de la cuna me quema por dentro. Una gaviota planea por la ola a punto de reventar. También reventarán ellos. Contra todos. Alcanzándonos a todos. Contra ellos mismos. Contra los que callaron. Contra los que mandan. No será una venganza, no podrán hacerlo de otra manera. Las olas siempre revientan en algún momento, con mayor o menor fuerza dependiendo de su tamaño. Estas olas se ven tan pequeñas, pero son tan grandes. Cincuenta edades recorridas. Quinientos abandonos a cuestas. Doscientos rechazos. Cuatro ilusiones. Tres apagadas. Cada ola en su lugar, sin mezclarse. La espuma encima cayendo por el rostro. Una M16 terminará matándonos a todos. ¿Acaso hemos pensado otro final? ¿Acaso te arrepientes un poco de tu despreocupación? De haber callado. ¿Acaso ahora quieres hablar? Muy tarde. La M16 ya nos apunta. Apretar el gatillo y listo. Querrás salvarte, pero todas las olas revientan en algún momento. Esta viene grande y no veo que pueda parar. Que aumenten las manifestaciones. ¿Alivio momentáneo? Quizá, pero reconfortante. No vuelvas a mantenerte aislado, exprésate. Revienta, renace y redímete. La fuerza del mar puede ser tuya. Puede ser de todos. Que los que callan traguen agua y que esa agua saque fuera las palabras. Una niña con muchos kilos pasa trotando, por la arena, a orillas del mar, con el rostro rojo del cansancio, del esfuerzo. De ella será la fuerza. De sus ganas de salir adelante. De su vergüenza. De su inseguridad. De su miedo. Quizá la M16 deje de apuntarla. Quizá la ola no revienta contra ella. Quizá se convierta en ola que también reventará. También a tu cara llegarán sus entrañas. ¿Sentirás asco? El patio de cemento con olor a podredumbre también lo da. Cerremos los ojos y tapemos nuestra nariz. Pronto estaremos en casa. Todo habrá acabado.

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