Inspiración
Por Flaubert quise escribir novelas, y por Bosch, cuentos, en cuanto a la poesía, ha estado siempre en mí me parece, como algo natural, pero si tuviese que mencionar un poeta inspirador, diría que fue Neruda, es magistral, y consignó una frase que marca mi vida, “como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha, y un incierto destino desdichado”.
27 de junio de 2011
25 de junio de 2011
Manifiesto II
Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil.
Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil.
Manifiesto
Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi bienestar, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.
Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi bienestar, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.
Caída y perfección
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
El cerebro y sus posibilidades
La verdad es que me he sentido miserable. Siento que tiene ver con nada y con todo, no puedo identificarlo con claridad. Por lo que creo que no está relacionado con algo externo, sino con el fallado de mi cerebro. Que por un lado permite la creatividad, y por el otro lado permite el vacío, ¡dios lo ensalce y lo desdeñe!
La verdad es que me he sentido miserable. Siento que tiene ver con nada y con todo, no puedo identificarlo con claridad. Por lo que creo que no está relacionado con algo externo, sino con el fallado de mi cerebro. Que por un lado permite la creatividad, y por el otro lado permite el vacío, ¡dios lo ensalce y lo desdeñe!
9 de junio de 2011
Canciones para llorar
Aléjate de mí a tiempo. Estoy maldita. No quiero hacerte sentir esas largas explanadas desérticas que vi hoy. Cautivantes montañas de arena. Hice mal, debiese habértelo dicho antes de que dieras el paso. No te lo advertí. Acaso lo olvidé en ese momento. / Desaparece de mi mente. Ya no es una petición, es una súplica desesperada. / Temo lo peor. Es porque me conozco. Podría pensar: imposible, cómo va a hacerlo. Pero sí. Lo he hecho antes. Lanzarme en picada, a la nada. Es algo posible, te lo prometo. Estoy mal, escúchame, desde el fin de semana que me empantané, y no he podido salir. / Bipolaridad del espíritu, ese es el diagnóstico que temo, bipolaridad del alma. / Acaso una pequeña señal calmaría en algún sentido mi espíritu destemplado, desesperado por tanta arena, por este paisaje tan imponente, estas enormes dunas de un café eterno y brillante. Por qué no te cortas las venas y ya. ¡Tanto problema! No te lo pienses más. / Dijimos, creemos vida, descendencia, pero esta locura está matándome y no estoy segura de que sea posible perpetuarse así. / Hay un trecho entre amar y amar. Hay una fosa profunda entre amar y amar. Existe una cercanía entre amar y doler. Una gran similitud entre amar y morir. / Que desagradable manipulación, llorar, frente a mí. Para trizar mis ganas. Para clavarme estacas que hacen brotar desesperanza a borbotones. / Bueno, camino por este largo muelle, hasta rozar el mar, y luego sentirlo en toda mi piel, frío y salado, ¿me dirás entonces lo que quiero escuchar? / Arrastrándome en la arena, sintiendo la energía del mineral, llamando por fuerza, apelando al poderío andino, rogando por ímpetu aymara, me desintegro en este desierto sin tu voz. / Ahora lo recuerdo, esa sensación de necesitarte tanto que retuerce el estómago. Ha vuelto, ese nudo que no me deja hablar, que enmudece mi pecho y crispa mis manos. / Dónde iremos a parar. Dónde puedo encontrarte. Dónde me estarás esperando. Dónde me dejaste. Por qué no volviste. / Estabas, sé que estabas, cuéntame dónde estás ahora, si tu corazón late, si tus pulmones se llenan aún de aire, si tus venas bombean sangre hacia algún lado, si será en mi dirección, si pretendes continuar como si nada. / En esta ciudad no cae agua, es la ciudad de la eterna primavera, y yo abrazo al temporal eterno. / Grandes olas, intento despertar, te traigo al momento, me zamarreas, me alertas, no habrá salvación.
Aléjate de mí a tiempo. Estoy maldita. No quiero hacerte sentir esas largas explanadas desérticas que vi hoy. Cautivantes montañas de arena. Hice mal, debiese habértelo dicho antes de que dieras el paso. No te lo advertí. Acaso lo olvidé en ese momento. / Desaparece de mi mente. Ya no es una petición, es una súplica desesperada. / Temo lo peor. Es porque me conozco. Podría pensar: imposible, cómo va a hacerlo. Pero sí. Lo he hecho antes. Lanzarme en picada, a la nada. Es algo posible, te lo prometo. Estoy mal, escúchame, desde el fin de semana que me empantané, y no he podido salir. / Bipolaridad del espíritu, ese es el diagnóstico que temo, bipolaridad del alma. / Acaso una pequeña señal calmaría en algún sentido mi espíritu destemplado, desesperado por tanta arena, por este paisaje tan imponente, estas enormes dunas de un café eterno y brillante. Por qué no te cortas las venas y ya. ¡Tanto problema! No te lo pienses más. / Dijimos, creemos vida, descendencia, pero esta locura está matándome y no estoy segura de que sea posible perpetuarse así. / Hay un trecho entre amar y amar. Hay una fosa profunda entre amar y amar. Existe una cercanía entre amar y doler. Una gran similitud entre amar y morir. / Que desagradable manipulación, llorar, frente a mí. Para trizar mis ganas. Para clavarme estacas que hacen brotar desesperanza a borbotones. / Bueno, camino por este largo muelle, hasta rozar el mar, y luego sentirlo en toda mi piel, frío y salado, ¿me dirás entonces lo que quiero escuchar? / Arrastrándome en la arena, sintiendo la energía del mineral, llamando por fuerza, apelando al poderío andino, rogando por ímpetu aymara, me desintegro en este desierto sin tu voz. / Ahora lo recuerdo, esa sensación de necesitarte tanto que retuerce el estómago. Ha vuelto, ese nudo que no me deja hablar, que enmudece mi pecho y crispa mis manos. / Dónde iremos a parar. Dónde puedo encontrarte. Dónde me estarás esperando. Dónde me dejaste. Por qué no volviste. / Estabas, sé que estabas, cuéntame dónde estás ahora, si tu corazón late, si tus pulmones se llenan aún de aire, si tus venas bombean sangre hacia algún lado, si será en mi dirección, si pretendes continuar como si nada. / En esta ciudad no cae agua, es la ciudad de la eterna primavera, y yo abrazo al temporal eterno. / Grandes olas, intento despertar, te traigo al momento, me zamarreas, me alertas, no habrá salvación.
7 de junio de 2011
Acerca de la verdad y otros paraísos
No hay tales cosas que es mejor no decir, y otras que está bien decir. Lo que hay que hacer es decir la verdad. Si te la preguntan, tan sólo dila. Será muy liberador. La verdad es lo único que cuenta. El resto guárdatelo. Te pregunto cara a cara, ¿qué es lo que sientes? El silencio es tan grande que llega a doler. La lágrima en tu mejilla quizá quiere decir algo. Pero yo quiero que tú me lo digas. No quiero adivinar, se acabaron las adivinanzas. Ahora debes responder.
Sigo mirándote fijamente, tus ojos destruyen mi imperio, pero continúo firme, sintiendo las murallas caer, escuchando el estruendo. Un torbellino nos rodea.
Cae otra lágrima y pareces aprontarte a hablar.
¿Sabes qué es lo que yo quiero?, continúo. Quiero entender, necesito entender. Por qué hubo un final. Por qué decidimos separarnos. Necesito respuestas, que pongan fin al libro de preguntas. Necesito enterrarte. Acaso la tierra de esa tumba se construye de respuestas. Alguna vez te dije que no me importaría si murieras, fue el dolor agudo que hablaba en ese momento. Pero ahora espero que eso no suceda nunca. Que siempre pueda seguir admirando esos ojos que destruyen mi imperio, pero despejan la interrogante acerca del sentido de la vida. Esa mirada que hace caer las murallas y brotar las flores. Que me aniquila y me eleva.
Eso, me dices. Eso es lo que siento. Que quiero morir al verte, y que quiero agradecerte por estar frente a mí, con esa mirada profunda y sublime. Que en esa mirada encuentro un consuelo, un abrazo, un lugar donde llegar, una paz que nadie más ha logrado entregarme. Una promesa de paraíso. Un calor poderoso, que podría derretir cualquier glaciar. Una razón para levantarme cuando clarea el alba, y una razón para caminar por las veredas cada día. Una dirección hacia la cual ir. Un sustrato mágico que dibuja en mis entrañas unas ganas de seguir aquí, que no se borran con nada, a pesar del dolor que siento al recordarte. Nunca he vuelto a sentir nada así, y creo que eso es lo mejor de mí mismo, nunca volveré a serlo ni ha sentirlo. Fui para ti y mi existencia ya cumplió su ciclo. Si no puedo volver a estar contigo, me sacaré el corazón y lo regalaré al primero que pase, para que lo recicle, lo bote o haga lo que quiera con él, porque ya no tiene más utilidad para mí. Tú eres lo mejor que he sido, lo más lejos que llegué y el lugar donde todo acaba. Sin ti no hay nada, y me niego a vivir en un mundo blanco y negro. Tuve los colores y sé que existen, ya no puedo renunciar a ellos. No renunciaré a ti porque no puedo. Porque si tú no estás ya no existo, y sólo quiero contar los días para dejar de llorar. Nunca, ni un solo día he sido feliz sin ti, y me recrimino, porque fui un imbécil, de dejarte ir, de no decirte todo eso que me causas y toda esa magia que ha creado tu nombre en mi corazón. Sin magia no puedo seguir, mi cuerpo tiene tatuadas tus alas y ya no puede olvidarte. Mi piel me grita todo el tiempo que te extraña, que cuándo volverás. Mis manos me protestan con cólera porque están cansadas de esperar. Mis brazos me hacen saber, siempre que pueden, que el espacio está vacío entre ellos y te necesitan para llenarlo. Mi pecho está árido sin tus tibios pechos posados sobre mi sensibilidad. Mi voz no quiere seguir llamando en vano. Mis lágrimas están hartas de salir y salir. Mi tristeza me pide una tregua, que la deje descansar. Mi cabello anhela tanto tus cariños que gime en desconsolados sollozos. Mis caderas quieren que tus piernas vuelvan a rodearlas como tantas millones de veces lo hicieron antes. Mis oídos ya no soportan el estruendo del recuerdo de tu voz. Mi cuello no tiene sentido si tus labios no van a tocarlo, y mejor me arrancara los labios si nunca más van a besarte, y sentir tu lengua de oasis. Existo para ti y no tengo otro sentido para hacerlo si no es a tu lado. Si no vuelves conmigo me condenas al vacío y a poblar otro planeta donde tu figura no me aniquile. Donde tu recuerdo no me haga añicos, allí donde más duele. Te lo ruego. Vuelve conmigo, y vamos a darle un sentido a esta vida, que estoy seguro que lo tiene, si es junto a ti.
Sigo mirándote, estoy petrificada y liberada al mismo tiempo. No puedo parar de llorar, y sé por qué no. Porque yo te amé más que a nadie en el mundo, y ahora debo dejarlo todo atrás. Es por eso que todo esto vuelve, y es por eso que debo dejarlo todo atrás. Porque tus palabras me dan vida, pero no dejaré que tus actos vuelvan a matarme.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
No hay tales cosas que es mejor no decir, y otras que está bien decir. Lo que hay que hacer es decir la verdad. Si te la preguntan, tan sólo dila. Será muy liberador. La verdad es lo único que cuenta. El resto guárdatelo. Te pregunto cara a cara, ¿qué es lo que sientes? El silencio es tan grande que llega a doler. La lágrima en tu mejilla quizá quiere decir algo. Pero yo quiero que tú me lo digas. No quiero adivinar, se acabaron las adivinanzas. Ahora debes responder.
Sigo mirándote fijamente, tus ojos destruyen mi imperio, pero continúo firme, sintiendo las murallas caer, escuchando el estruendo. Un torbellino nos rodea.
Cae otra lágrima y pareces aprontarte a hablar.
¿Sabes qué es lo que yo quiero?, continúo. Quiero entender, necesito entender. Por qué hubo un final. Por qué decidimos separarnos. Necesito respuestas, que pongan fin al libro de preguntas. Necesito enterrarte. Acaso la tierra de esa tumba se construye de respuestas. Alguna vez te dije que no me importaría si murieras, fue el dolor agudo que hablaba en ese momento. Pero ahora espero que eso no suceda nunca. Que siempre pueda seguir admirando esos ojos que destruyen mi imperio, pero despejan la interrogante acerca del sentido de la vida. Esa mirada que hace caer las murallas y brotar las flores. Que me aniquila y me eleva.
Eso, me dices. Eso es lo que siento. Que quiero morir al verte, y que quiero agradecerte por estar frente a mí, con esa mirada profunda y sublime. Que en esa mirada encuentro un consuelo, un abrazo, un lugar donde llegar, una paz que nadie más ha logrado entregarme. Una promesa de paraíso. Un calor poderoso, que podría derretir cualquier glaciar. Una razón para levantarme cuando clarea el alba, y una razón para caminar por las veredas cada día. Una dirección hacia la cual ir. Un sustrato mágico que dibuja en mis entrañas unas ganas de seguir aquí, que no se borran con nada, a pesar del dolor que siento al recordarte. Nunca he vuelto a sentir nada así, y creo que eso es lo mejor de mí mismo, nunca volveré a serlo ni ha sentirlo. Fui para ti y mi existencia ya cumplió su ciclo. Si no puedo volver a estar contigo, me sacaré el corazón y lo regalaré al primero que pase, para que lo recicle, lo bote o haga lo que quiera con él, porque ya no tiene más utilidad para mí. Tú eres lo mejor que he sido, lo más lejos que llegué y el lugar donde todo acaba. Sin ti no hay nada, y me niego a vivir en un mundo blanco y negro. Tuve los colores y sé que existen, ya no puedo renunciar a ellos. No renunciaré a ti porque no puedo. Porque si tú no estás ya no existo, y sólo quiero contar los días para dejar de llorar. Nunca, ni un solo día he sido feliz sin ti, y me recrimino, porque fui un imbécil, de dejarte ir, de no decirte todo eso que me causas y toda esa magia que ha creado tu nombre en mi corazón. Sin magia no puedo seguir, mi cuerpo tiene tatuadas tus alas y ya no puede olvidarte. Mi piel me grita todo el tiempo que te extraña, que cuándo volverás. Mis manos me protestan con cólera porque están cansadas de esperar. Mis brazos me hacen saber, siempre que pueden, que el espacio está vacío entre ellos y te necesitan para llenarlo. Mi pecho está árido sin tus tibios pechos posados sobre mi sensibilidad. Mi voz no quiere seguir llamando en vano. Mis lágrimas están hartas de salir y salir. Mi tristeza me pide una tregua, que la deje descansar. Mi cabello anhela tanto tus cariños que gime en desconsolados sollozos. Mis caderas quieren que tus piernas vuelvan a rodearlas como tantas millones de veces lo hicieron antes. Mis oídos ya no soportan el estruendo del recuerdo de tu voz. Mi cuello no tiene sentido si tus labios no van a tocarlo, y mejor me arrancara los labios si nunca más van a besarte, y sentir tu lengua de oasis. Existo para ti y no tengo otro sentido para hacerlo si no es a tu lado. Si no vuelves conmigo me condenas al vacío y a poblar otro planeta donde tu figura no me aniquile. Donde tu recuerdo no me haga añicos, allí donde más duele. Te lo ruego. Vuelve conmigo, y vamos a darle un sentido a esta vida, que estoy seguro que lo tiene, si es junto a ti.
Sigo mirándote, estoy petrificada y liberada al mismo tiempo. No puedo parar de llorar, y sé por qué no. Porque yo te amé más que a nadie en el mundo, y ahora debo dejarlo todo atrás. Es por eso que todo esto vuelve, y es por eso que debo dejarlo todo atrás. Porque tus palabras me dan vida, pero no dejaré que tus actos vuelvan a matarme.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
5 de junio de 2011
Del contrato del amor y otros problemas
A veces pienso que estoy maldita. Que el que se relacione conmigo saldrá perdiendo. Otras veces pienso que la maldición consiste en que nunca puedo estar feliz con alguien por largo tiempo. Que puedo amar a más de una persona. Que es una maldición que se vierte contra mí, y quizá también contra todo el que se relacione conmigo. Es una maldición dolorosa. Consiste en amar demasiado profundo. En amores que nunca acaban. En olvidos que no llegan. En amor que se parece al dolor.
Maledetta. Me ne sono andata e ora sono tornata. Maldita. Me fui, y ahora volví. Me parece que esta frase me describe, la creé hace tiempo pensando en que era yo misma. Eso es, estoy maldita, y es una maldición del cambio, de las montañas rusas, del ir y venir. Pienso que a muchas personas debe pasarles eso, al menos si son sensatas y oyen su corazón y le dan un espacio. El problema es que nadie lo dice. Es algo prohibido, totalmente secreto. Hay que mantener las bases de la sociedad, no podemos destruir los pilares que cimientan el orden social. Pero si se hablara, si no fuera un tabú, entonces las personas que lo sienten no tendrían que creer que están locas, que son raras, marcianos en un mundo de gente estable. Todo parece una mentira, no es posible que no haya duda, que las convicciones perduren a pesar de que uno va cambiando, la vida es transformación y cambio, que por algo las serpientes mudan la piel, dejan atrás la antigua, por algo los árboles botan las hojas y luego liberan nuevas flores, por algo los hielos crecen y luego mueren por las montañas, con rapidez, hacia abajo, y por algo van creciendo los árboles, con lentitud, hacia arriba. Si la naturaleza es así, nosotros también tenemos ciclos, somos cambio constante. Es innegable, y esta sociedad se preocupa de esconder esos ciclos, de hacer ver como que todos somos construcciones difuntas a quienes no les afectan las estaciones, ni el día y la noche, ni el sol y la luna, ni los temporales y los días floridos. No es verdad, todo está construido sobre una gran mentira de quietismo, de la inmutabilidad, de que se debe ser siempre igual y eso es posible y obvio. Me rebelo contra esto, y quiero decirlo, cambiamos, cambia el sentir un amante, cambia el amor, cambia nuestra opinión del mundo, cambia nuestro corazón, cambia nuestra alma, cambia lo que nos rodea, cambian nuestras motivaciones, cambia nuestra pasión, todo, absolutamente todo, cambia. En ese escenario, hay que aceptar que a veces se ama más y otras veces menos, a veces se ama mucho y a veces se ama poco, y todo esto puede sentirse respecto de una misma persona. Entonces celebramos contratos, para cuando vienen cambios, para que la promesa ya esté hecha, para hacer inmutable algo que no lo es, para hacer estático al amor. Eso es lo que nos está matando, querer hacer rígido algo que es maleable, querer petrificar algo que está vivo, y no para de transformarse, querer inmovilizar lo inmovilizable, Me parece que darle tanta estructura al amor es un error, tenemos que vibrar con lo que somos, aceptar nuestra mutable humanidad. Entonces todos quieren ir al psicólogo, porque cambiaron, para arreglar la falla, porque sienten cosas prohibidas, porque están dudando de sus contratos, porque están vivos y experimentan sensaciones. De eso se trata vivir, de cambiar, de gozar los cambios, de hacerlos conscientemente, de aceptarlos, de verlos. Me rebelo contra el quietismo, y no dejaré a mi corazón anquilosado y aprisionado dentro de mi pecho. Quiero ser un árbol que crece, florece, duda, deja ir a las hojas cuando es el momento, para luego morir y renacer. Doy la bienvenida a la vida y al movimiento.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
A veces pienso que estoy maldita. Que el que se relacione conmigo saldrá perdiendo. Otras veces pienso que la maldición consiste en que nunca puedo estar feliz con alguien por largo tiempo. Que puedo amar a más de una persona. Que es una maldición que se vierte contra mí, y quizá también contra todo el que se relacione conmigo. Es una maldición dolorosa. Consiste en amar demasiado profundo. En amores que nunca acaban. En olvidos que no llegan. En amor que se parece al dolor.
Maledetta. Me ne sono andata e ora sono tornata. Maldita. Me fui, y ahora volví. Me parece que esta frase me describe, la creé hace tiempo pensando en que era yo misma. Eso es, estoy maldita, y es una maldición del cambio, de las montañas rusas, del ir y venir. Pienso que a muchas personas debe pasarles eso, al menos si son sensatas y oyen su corazón y le dan un espacio. El problema es que nadie lo dice. Es algo prohibido, totalmente secreto. Hay que mantener las bases de la sociedad, no podemos destruir los pilares que cimientan el orden social. Pero si se hablara, si no fuera un tabú, entonces las personas que lo sienten no tendrían que creer que están locas, que son raras, marcianos en un mundo de gente estable. Todo parece una mentira, no es posible que no haya duda, que las convicciones perduren a pesar de que uno va cambiando, la vida es transformación y cambio, que por algo las serpientes mudan la piel, dejan atrás la antigua, por algo los árboles botan las hojas y luego liberan nuevas flores, por algo los hielos crecen y luego mueren por las montañas, con rapidez, hacia abajo, y por algo van creciendo los árboles, con lentitud, hacia arriba. Si la naturaleza es así, nosotros también tenemos ciclos, somos cambio constante. Es innegable, y esta sociedad se preocupa de esconder esos ciclos, de hacer ver como que todos somos construcciones difuntas a quienes no les afectan las estaciones, ni el día y la noche, ni el sol y la luna, ni los temporales y los días floridos. No es verdad, todo está construido sobre una gran mentira de quietismo, de la inmutabilidad, de que se debe ser siempre igual y eso es posible y obvio. Me rebelo contra esto, y quiero decirlo, cambiamos, cambia el sentir un amante, cambia el amor, cambia nuestra opinión del mundo, cambia nuestro corazón, cambia nuestra alma, cambia lo que nos rodea, cambian nuestras motivaciones, cambia nuestra pasión, todo, absolutamente todo, cambia. En ese escenario, hay que aceptar que a veces se ama más y otras veces menos, a veces se ama mucho y a veces se ama poco, y todo esto puede sentirse respecto de una misma persona. Entonces celebramos contratos, para cuando vienen cambios, para que la promesa ya esté hecha, para hacer inmutable algo que no lo es, para hacer estático al amor. Eso es lo que nos está matando, querer hacer rígido algo que es maleable, querer petrificar algo que está vivo, y no para de transformarse, querer inmovilizar lo inmovilizable, Me parece que darle tanta estructura al amor es un error, tenemos que vibrar con lo que somos, aceptar nuestra mutable humanidad. Entonces todos quieren ir al psicólogo, porque cambiaron, para arreglar la falla, porque sienten cosas prohibidas, porque están dudando de sus contratos, porque están vivos y experimentan sensaciones. De eso se trata vivir, de cambiar, de gozar los cambios, de hacerlos conscientemente, de aceptarlos, de verlos. Me rebelo contra el quietismo, y no dejaré a mi corazón anquilosado y aprisionado dentro de mi pecho. Quiero ser un árbol que crece, florece, duda, deja ir a las hojas cuando es el momento, para luego morir y renacer. Doy la bienvenida a la vida y al movimiento.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
3 de junio de 2011
Las horas
Eso necesito, sentarme y divagar toda la tarde, sin interrupciones, profundizar, van surgiendo ideas, reflexiones, pero necesito ese tiempo, varias horas, una tras de otra, en fila, tranquilas, sin conocimiento de que habrá un final, esa certidumbre corta mi pensamiento, y aniquila mi inspiración.
Eso necesito, sentarme y divagar toda la tarde, sin interrupciones, profundizar, van surgiendo ideas, reflexiones, pero necesito ese tiempo, varias horas, una tras de otra, en fila, tranquilas, sin conocimiento de que habrá un final, esa certidumbre corta mi pensamiento, y aniquila mi inspiración.
El amor como condición de posibilidad de la música
Platón, expresa en El Banquete o del amor:
Dice, en efecto [Heráclito], que lo uno «siendo discordante en sí concuerda consigo mismo», «como la armonía del arco y de la lira». Mas es un gran absurdo decir que la armonía es discordante o que resulta de lo que todavía es discordante. Pero, quizás, lo que quería decir era que resulta de lo que anteriormente ha sido discordante, de lo agudo y de lo grave, que luego han concordado gracias al arte musical, puesto que, naturalmente, no podría haber armonía de lo agudo y de lo grave cuando todavía son discordantes. La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo; pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice. Justamente como resulta también el ritmo de lo rápido y de lo lento, de cosas que en un principio han sido discordantes y después han concordado. Y el acuerdo en todos estos elementos lo pone aquí la música, […] Y la música es, a su vez, un conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo.
Gracias a un texto como este quiero seguir aprendiendo filosofía. La posibilidad de ver las cosas de manera distinta. La música como conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo. La música como amor entre los graves y los agudos, entre los lentos y los rápidos. La música como acuerdo amoroso. La música como unión de dos discordantes gracias a la acción del amor. El amor como condición de posibilidad de la música.
Platón, expresa en El Banquete o del amor:
Dice, en efecto [Heráclito], que lo uno «siendo discordante en sí concuerda consigo mismo», «como la armonía del arco y de la lira». Mas es un gran absurdo decir que la armonía es discordante o que resulta de lo que todavía es discordante. Pero, quizás, lo que quería decir era que resulta de lo que anteriormente ha sido discordante, de lo agudo y de lo grave, que luego han concordado gracias al arte musical, puesto que, naturalmente, no podría haber armonía de lo agudo y de lo grave cuando todavía son discordantes. La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo; pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice. Justamente como resulta también el ritmo de lo rápido y de lo lento, de cosas que en un principio han sido discordantes y después han concordado. Y el acuerdo en todos estos elementos lo pone aquí la música, […] Y la música es, a su vez, un conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo.
Gracias a un texto como este quiero seguir aprendiendo filosofía. La posibilidad de ver las cosas de manera distinta. La música como conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo. La música como amor entre los graves y los agudos, entre los lentos y los rápidos. La música como acuerdo amoroso. La música como unión de dos discordantes gracias a la acción del amor. El amor como condición de posibilidad de la música.
No vengas a destruir mi imperio
No vengas a destruir mi imperio, que ha tomado mucho tiempo construirlo. No vengas a destruir mi imperio, ya que sus edificaciones son hermosas. No vengas a destruir mi imperio, adoro al rey que me acompaña. No vengas a destruir mi imperio, seguirá creciendo en amor y belleza. No vengas a destruir mi imperio, al igual que todo lo bello, es frágil, y a veces teme no ser lo suficientemente fuerte. No vengas a destruir mi imperio, al igual que la vida, es incierto y a veces duda. No vengas a destruir mi imperio, quisiera que perdure y se multiplique. No vengas a destruir mi imperio, he puesto cada ladrillo, con una devoción profunda. No vengas a destruir mi imperio, al abrazarlo lloro, por el milagro y por la incertidumbre. No vengas a destruir mi imperio, no es tuyo, y mejor que te mantengas alejado. No vengas a destruir mi imperio, ya no tiene tu nombre, y sus ciudadanos te han olvidado. No vengas a destruir mi imperio, a veces me invade la pena y veo romperse las pompas de jabón. No vengas a destruir mi imperio, tienes el tuyo, para qué quieres el mío. No vengas a destruir mi imperio, me convenzo con fuerza de que es lo que quiero, es mi elección y soy libre. No vengas a destruir mi imperio, porque tengo mucho miedo, y una mirada tuya podría condenarme. No vengas a destruir mi imperio, ya no podrás pasar por sus puertas. No vengas a destruir mi imperio, sus entrañas te aman, aunque no lo quieran.
No vengas a destruir mi imperio, que ha tomado mucho tiempo construirlo. No vengas a destruir mi imperio, ya que sus edificaciones son hermosas. No vengas a destruir mi imperio, adoro al rey que me acompaña. No vengas a destruir mi imperio, seguirá creciendo en amor y belleza. No vengas a destruir mi imperio, al igual que todo lo bello, es frágil, y a veces teme no ser lo suficientemente fuerte. No vengas a destruir mi imperio, al igual que la vida, es incierto y a veces duda. No vengas a destruir mi imperio, quisiera que perdure y se multiplique. No vengas a destruir mi imperio, he puesto cada ladrillo, con una devoción profunda. No vengas a destruir mi imperio, al abrazarlo lloro, por el milagro y por la incertidumbre. No vengas a destruir mi imperio, no es tuyo, y mejor que te mantengas alejado. No vengas a destruir mi imperio, ya no tiene tu nombre, y sus ciudadanos te han olvidado. No vengas a destruir mi imperio, a veces me invade la pena y veo romperse las pompas de jabón. No vengas a destruir mi imperio, tienes el tuyo, para qué quieres el mío. No vengas a destruir mi imperio, me convenzo con fuerza de que es lo que quiero, es mi elección y soy libre. No vengas a destruir mi imperio, porque tengo mucho miedo, y una mirada tuya podría condenarme. No vengas a destruir mi imperio, ya no podrás pasar por sus puertas. No vengas a destruir mi imperio, sus entrañas te aman, aunque no lo quieran.
24 de mayo de 2011
Esa energía
Mira, si pensáramos todo plano, simple, aburrido, como militares, yo pensaría que no existe nada superior ni etéreo, ninguna energía, pero si Poe fue capaz de escribir un cuento como El Hundimiento de la Casa Usher, o Cortazar, Casa tomada, tan llenos de simbolismos, de doble sentido, de atmósferas que van más allá de las palabras, entonces siento que algo mágico nos embarga, que no podemos asir, más que sonriendo o disfrutando, esas sugerencias que nos hacen sentir la fuerza que nos une.
Mira, si pensáramos todo plano, simple, aburrido, como militares, yo pensaría que no existe nada superior ni etéreo, ninguna energía, pero si Poe fue capaz de escribir un cuento como El Hundimiento de la Casa Usher, o Cortazar, Casa tomada, tan llenos de simbolismos, de doble sentido, de atmósferas que van más allá de las palabras, entonces siento que algo mágico nos embarga, que no podemos asir, más que sonriendo o disfrutando, esas sugerencias que nos hacen sentir la fuerza que nos une.
Propuesta:
La historia destapada de símbolos (o con nuevos símbolos).
Buceando (o acaso ahogándonos) por El Hundimiento de la Casa Usher, y Casa tomada. Poe y Cortázar entre las algas, la casa y el incesto.
Dos amantes hermanos, viven atorados con la culpa, y el deseo constantemente reprimido, consecuencia del tabú, de lo prohibido. Buscan toda suerte de pasatiempos para evadir esas ganas de tener conversaciones románticas y poder acariciarse. El hermano está triste porque su hermana murió, pero respira hondo porque ya no tendrá que volver a sentirse culpable, por sentir lo que siente, por ser quien es. Lejos de esa casa, un gran deseo incontenible llena de valor a un hermano (otro), para dar un nuevo paso e intentar declarase a su hermana, asunto al cual finalmente no se atreve. Espera un tiempo y armándose de valor, le dice –no esperes más- es tiempo ya –te amo-: debemos mandar todo al infierno y enfrentar esto. –vámonos a otra ciudad- dice ella. Por mientras en el palacio, la hermana despierta de su coma, y quiere unirse finalmente a su hermano. Él no puede finalmente negarse, y finalmente llega el fin final. Todos se enteran, y ante la culpa, se suicidan, llevándose con ellos al hijo con orejas gigantes y mirada desviada. Por de pronto, el hijo-de-la-pareja-que-vivía-en-la-casa-antigua, existe sin remordimientos, desconociendo el vínculo que liga a su madre, de nombre Irene, con su padre. Este niño también tiene la mirada desviada, de hecho, ocupa anteojos, discretos, pero necesarios. No hace preguntas. Otros le preguntan. No contesta. No sabe. Nadie les habla. Un día. Algo se sabe. El hijo con orejas grandes está enterrado. Grita desde la cripta. Pero nadie escucha. Sus papas están congelados en una mueca de horror, por lo que no pueden asistirlo. Podría decirse que está abandonado. Nadie le habla tampoco. Está solo. Es finalmente uno. Es finalmente uno. Cada hijo-uno por su parte es una sola unidad. Completa soledad. No pueden mirar hacia fuera. La mirada está desviada hacia adentro. Son finalmente uno. Soledad completa. Plegaria. Ganas de desaparecer. De retroceder en el tiempo. Maldecir. Denigrar al deseo, obligarlo a marcharse. Evadirse para siempre y sortear el infierno. Una terapia, una buena terapia. Olvidar las ambiciones. Encontrar otros sentidos para la vida. Llegar temprano a ellos mismos y anticiparse a las ansias. Olvidar esas, buscar otras, afanarse intensamente buscando otros sentidos para la vida. Ocupaciones mágicas que derrochen sentimientos. Que sean suficientes. Encontrar a otros. Otros. Que están afuera. Que son otros. Que les permiten salir. Crecer, perdurar. Criar niños sin orejas gigantes, que no estén muertos, que vean de frente, que tenga la mirada recta. Que no sientan una vergüenza inexplicable. Que no tengan que pedir perdón por mirar hacia adentro. Por ser unos. Por estar fallados. Por estar tristes. Por soñar con otros. Por desdeñar a la tribu. Por querer esconder la desnudez. Por estar condenados. Por nacer con orejas gigantes, pero no escuchar nada. En definitiva unos, solos, condenados, tristes. Avergonzados, reprimidos y muertos.
La historia destapada de símbolos (o con nuevos símbolos).
Buceando (o acaso ahogándonos) por El Hundimiento de la Casa Usher, y Casa tomada. Poe y Cortázar entre las algas, la casa y el incesto.
Dos amantes hermanos, viven atorados con la culpa, y el deseo constantemente reprimido, consecuencia del tabú, de lo prohibido. Buscan toda suerte de pasatiempos para evadir esas ganas de tener conversaciones románticas y poder acariciarse. El hermano está triste porque su hermana murió, pero respira hondo porque ya no tendrá que volver a sentirse culpable, por sentir lo que siente, por ser quien es. Lejos de esa casa, un gran deseo incontenible llena de valor a un hermano (otro), para dar un nuevo paso e intentar declarase a su hermana, asunto al cual finalmente no se atreve. Espera un tiempo y armándose de valor, le dice –no esperes más- es tiempo ya –te amo-: debemos mandar todo al infierno y enfrentar esto. –vámonos a otra ciudad- dice ella. Por mientras en el palacio, la hermana despierta de su coma, y quiere unirse finalmente a su hermano. Él no puede finalmente negarse, y finalmente llega el fin final. Todos se enteran, y ante la culpa, se suicidan, llevándose con ellos al hijo con orejas gigantes y mirada desviada. Por de pronto, el hijo-de-la-pareja-que-vivía-en-la-casa-antigua, existe sin remordimientos, desconociendo el vínculo que liga a su madre, de nombre Irene, con su padre. Este niño también tiene la mirada desviada, de hecho, ocupa anteojos, discretos, pero necesarios. No hace preguntas. Otros le preguntan. No contesta. No sabe. Nadie les habla. Un día. Algo se sabe. El hijo con orejas grandes está enterrado. Grita desde la cripta. Pero nadie escucha. Sus papas están congelados en una mueca de horror, por lo que no pueden asistirlo. Podría decirse que está abandonado. Nadie le habla tampoco. Está solo. Es finalmente uno. Es finalmente uno. Cada hijo-uno por su parte es una sola unidad. Completa soledad. No pueden mirar hacia fuera. La mirada está desviada hacia adentro. Son finalmente uno. Soledad completa. Plegaria. Ganas de desaparecer. De retroceder en el tiempo. Maldecir. Denigrar al deseo, obligarlo a marcharse. Evadirse para siempre y sortear el infierno. Una terapia, una buena terapia. Olvidar las ambiciones. Encontrar otros sentidos para la vida. Llegar temprano a ellos mismos y anticiparse a las ansias. Olvidar esas, buscar otras, afanarse intensamente buscando otros sentidos para la vida. Ocupaciones mágicas que derrochen sentimientos. Que sean suficientes. Encontrar a otros. Otros. Que están afuera. Que son otros. Que les permiten salir. Crecer, perdurar. Criar niños sin orejas gigantes, que no estén muertos, que vean de frente, que tenga la mirada recta. Que no sientan una vergüenza inexplicable. Que no tengan que pedir perdón por mirar hacia adentro. Por ser unos. Por estar fallados. Por estar tristes. Por soñar con otros. Por desdeñar a la tribu. Por querer esconder la desnudez. Por estar condenados. Por nacer con orejas gigantes, pero no escuchar nada. En definitiva unos, solos, condenados, tristes. Avergonzados, reprimidos y muertos.
13 de mayo de 2011
Una vez me corté mucho el pelo. Creo que fue una forma de censurarme. De castigarme. De querer acabar con la belleza, con un símbolo de mi sensualidad. Con anular mi capacidad de seducción. Con mostrar devoción, un ahora sí que sí, dame una oportunidad. Actué mal, pero puedo cambiar. Puedo estar contigo, y las cosas estarán bien. Fue un asunto de dejar atrás, de no ser la misma que había sido para Martín. Esa, tenía que dejar de existir, y para siempre. Esa, tenía que morir. Ese impulso de vida y de muerte que sentía hacia él tenía que morir. Esa pulsión vital que abrasaba mis entrañas, tenía que apagarse. Desaparecer. ¡Cómo apagarla! Me consumía de una forma que no habría sido capaz de controlar. Ni fui capaz tampoco. Tomó mucho tiempo. Era un llamado desde muy adentro de mí, de lo más profundo, una exhortación que no podía ignorar. Era el amor puro, sublime, un asunto desesperado, único, que prometía todas las explicaciones para mi existir. Una promesa de vida, de paraíso, de felicidad. Una sugerencia de cosecha interminable, de abundancia, de mariposas, de locura, de pasión. Y de muerte, de dolor, de trasgresión, de prohibición, de hundimiento, de desaparición, de sepultura. Era demasiado potente. Era todo. Él era lo más perfecto que había visto, lo más despierto, y encarnaba una promesa en extremo maravillosa, la posibilidad de entender el mundo, de unirse a mi causa de desentrañar las raíces de la humanidad, las causas de la vida, de la creación, el sentido de nuestro pasar, y lo más importante, el amor sinfín. Un amor que yo no conocía, que contenía tanta pasión que todo lo quemaría. El problema fue que efectivamente todo se quemó. Todo. Luego del gran incendio no quedó nada. Fue tan grande el fuego que me dejó vacía, extenuada, negra, destruida. Lo que diga será poco. El fuego lo arrasó todo, todas las promesas, se acabaron. No fuimos a ningún lado, y finalmente, volví a donde había partido, al lugar del inicio, más perdida que antes, y en total desamparo. Ni siquiera las paredes de mi habitación me resguardaban. Había exhibido mi piel a la intemperie, había dejado entrar a muchas personas al baile, y ya ni siquiera el silencio era silencio. Era un dolor ruidoso, y una gran planicie, sin atisbos de nuevas promesas. Pero había sido feliz. Eso pensé. Hasta un cierto punto había sido feliz. Mucho tiempo después, dudé, respecto al valor que tuvo en realidad. Si acaso valió la pena, si podría haber sido de otra forma. No lo sé. Pero viví la euforia, y pagué cada latido eufórico, por mucho tiempo, y para siempre. Pagué muy caro, quizá demasiado, pero acontece que la pasión era mucha, y mucho lo que perdí. No me aclaro, no puedo poner los sucesos en una balanza, ni sé, si podría haber actuado distinto. ¿Fui víctima? ¿Fui tonta? ¿Fui impetuosa? Probablemente, pero la sangre hervía. No pude ver más allá, me culpo por eso. Fui tonta. Fui ciega. Fui libre. Condené mi vida, perdiendo el rumbo. ¿Hay espacio para arrepentirse? ¿Tiene sentido hacerlo? A veces sí, y otras veces, definitivamente no. Hoy, es uno de esos días en que el asunto duele, y creo que quizá podría haber actuado distinto. Que quizá las cosas habrían tomado otro rumbo, y que ahora serían distintas. Pero, todos los días son diferentes, y en general me parece que todo está muy lejos ya. Muy lejos, y que ya no existes. Puedo decirlo en voz alta: Emiliano ha muerto. Unas flores, y mañana será otro día.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
9 de mayo de 2011
Aparece en sueños, una y otra vez. Es el indicador de que algo comienza. Como sorprenderme haciendo planes para dos, de manera unipersonal. Conscientemente no hay nada, no podría aventurarlo, porque ni siquiera es algo que ocupe mi mente. Pero luego, despertar por la mañana y recordar que es la tercera noche que está ahí, que tenía un papel protagónica en la trama de mi historia inconsciente. En el desarrollo del cuento, además, es amable, me pone atención y requiere mi compañía. Entonces despierto y la sensación es extraña. Luego, lo veo, esta vez su existencia es corpórea, y se mezcla con esa magia etérea de los sueños, donde todo es posible. Donde las situaciones pueden ser perfectas, sin asuntos que las oscurezcan, donde es viable no reparar en detalles ni consecuencias. Donde la mente no opera mayormente. Es sentir, existir, de aquí para allá, en un hermoso vaivén, donde lo más importante, e incluso lo único importante, es estar en ese momento, sin futuro, sin mayores análisis, y sin secuelas ni ramificaciones. Parece irreal, por algo es la vida de los sueños, porque está confinada a una nebulosa que se va flotando. Para no volver. Quizá es demasiado real, porque nadie nos niega que esas historias quizá sucedan en otro lado. Debe tener algo de real al menos, porque él comienza a aparecer en los episodios, y debe haber alguna razón. ¿Cómo puede hacer uso de mi libreto nocturno por tres actos seguidos? Es un protagonismo excesivo. Tomando en cuenta la cantidad de tiempo que está presente en mi mente durante el libreto diurno. Le he pedido que se marche, pero esas instrucciones no tienen efecto en ese espacio. Esa es otra característica, no es posible participar de la creación de la historia. Se desenvuelve sola, auto creándose, momento a momento. Muchas veces acontecen sucesos impensados, imposibles, prohibidos, absurdos. En las tres últimas circunstancias ha estado presente, participando en eventos insospechados, diciendo cosas que no habría imaginado, para seguir dando vueltas en mi cabeza cuando llega el día, cuando la noche acaba, cuando el sol sale, cuando se va, y durante todo el tiempo que se mantiene flotando en el cielo.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
3 de mayo de 2011
Ahora entiendo cómo se sentía Matías. Lo entiendo perfectamente. Ese abandono a la nada. Esa desilusión del mundo. Esa pena, y esas ganas de desaparecer. Pobre. No sabía que me pasaría lo mismo. ¿Acaso por eso me dejó? Para no tener que decirme cara a cara que el vacío existe. No tener que pedirme perdón por existir, por saber de eso. No tener que decirme la verdad cuando ya no era posible ocultarla más.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
15 de abril de 2011
Volver
Como una oveja, que escapando del rebaño, no le agrada con lo que se encuentra, y vuelve al redil, quizá por temor, quizá por confusión, quizá por arrepentimiento.
Advertencia
Mira, en abril puedes aparecer en mi vida con una posibilidad de éxito, ahí comienza el abanico de preguntas, en septiembre olvídalo, la claridad empieza a inundarme con fuerza, con seguridad en julio, ese es el momento de las incertidumbres más descarnadas.
Congelamiento
Como esa sensación de que el frío es mayor porque hubo calor antes, lo que sientes luego de insolarte, tiritones inexplicables, el cuerpo con la memoria tatuada de unas brasas que arrasaron antaño, un hielo interior anclado como glaciar.
Como una oveja, que escapando del rebaño, no le agrada con lo que se encuentra, y vuelve al redil, quizá por temor, quizá por confusión, quizá por arrepentimiento.
Advertencia
Mira, en abril puedes aparecer en mi vida con una posibilidad de éxito, ahí comienza el abanico de preguntas, en septiembre olvídalo, la claridad empieza a inundarme con fuerza, con seguridad en julio, ese es el momento de las incertidumbres más descarnadas.
Congelamiento
Como esa sensación de que el frío es mayor porque hubo calor antes, lo que sientes luego de insolarte, tiritones inexplicables, el cuerpo con la memoria tatuada de unas brasas que arrasaron antaño, un hielo interior anclado como glaciar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)