3 de junio de 2011

No vengas a destruir mi imperio

No vengas a destruir mi imperio, que ha tomado mucho tiempo construirlo. No vengas a destruir mi imperio, ya que sus edificaciones son hermosas. No vengas a destruir mi imperio, adoro al rey que me acompaña. No vengas a destruir mi imperio, seguirá creciendo en amor y belleza. No vengas a destruir mi imperio, al igual que todo lo bello, es frágil, y a veces teme no ser lo suficientemente fuerte. No vengas a destruir mi imperio, al igual que la vida, es incierto y a veces duda. No vengas a destruir mi imperio, quisiera que perdure y se multiplique. No vengas a destruir mi imperio, he puesto cada ladrillo, con una devoción profunda. No vengas a destruir mi imperio, al abrazarlo lloro, por el milagro y por la incertidumbre. No vengas a destruir mi imperio, no es tuyo, y mejor que te mantengas alejado. No vengas a destruir mi imperio, ya no tiene tu nombre, y sus ciudadanos te han olvidado. No vengas a destruir mi imperio, a veces me invade la pena y veo romperse las pompas de jabón. No vengas a destruir mi imperio, tienes el tuyo, para qué quieres el mío. No vengas a destruir mi imperio, me convenzo con fuerza de que es lo que quiero, es mi elección y soy libre. No vengas a destruir mi imperio, porque tengo mucho miedo, y una mirada tuya podría condenarme. No vengas a destruir mi imperio, ya no podrás pasar por sus puertas. No vengas a destruir mi imperio, sus entrañas te aman, aunque no lo quieran.

24 de mayo de 2011

Esa energía

Mira, si pensáramos todo plano, simple, aburrido, como militares, yo pensaría que no existe nada superior ni etéreo, ninguna energía, pero si Poe fue capaz de escribir un cuento como El Hundimiento de la Casa Usher, o Cortazar, Casa tomada, tan llenos de simbolismos, de doble sentido, de atmósferas que van más allá de las palabras, entonces siento que algo mágico nos embarga, que no podemos asir, más que sonriendo o disfrutando, esas sugerencias que nos hacen sentir la fuerza que nos une.
Propuesta:
La historia destapada de símbolos (o con nuevos símbolos).
Buceando (o acaso ahogándonos) por El Hundimiento de la Casa Usher, y Casa tomada. Poe y Cortázar entre las algas, la casa y el incesto.


Dos amantes hermanos, viven atorados con la culpa, y el deseo constantemente reprimido, consecuencia del tabú, de lo prohibido. Buscan toda suerte de pasatiempos para evadir esas ganas de tener conversaciones románticas y poder acariciarse. El hermano está triste porque su hermana murió, pero respira hondo porque ya no tendrá que volver a sentirse culpable, por sentir lo que siente, por ser quien es. Lejos de esa casa, un gran deseo incontenible llena de valor a un hermano (otro), para dar un nuevo paso e intentar declarase a su hermana, asunto al cual finalmente no se atreve. Espera un tiempo y armándose de valor, le dice –no esperes más- es tiempo ya –te amo-: debemos mandar todo al infierno y enfrentar esto. –vámonos a otra ciudad- dice ella. Por mientras en el palacio, la hermana despierta de su coma, y quiere unirse finalmente a su hermano. Él no puede finalmente negarse, y finalmente llega el fin final. Todos se enteran, y ante la culpa, se suicidan, llevándose con ellos al hijo con orejas gigantes y mirada desviada. Por de pronto, el hijo-de-la-pareja-que-vivía-en-la-casa-antigua, existe sin remordimientos, desconociendo el vínculo que liga a su madre, de nombre Irene, con su padre. Este niño también tiene la mirada desviada, de hecho, ocupa anteojos, discretos, pero necesarios. No hace preguntas. Otros le preguntan. No contesta. No sabe. Nadie les habla. Un día. Algo se sabe. El hijo con orejas grandes está enterrado. Grita desde la cripta. Pero nadie escucha. Sus papas están congelados en una mueca de horror, por lo que no pueden asistirlo. Podría decirse que está abandonado. Nadie le habla tampoco. Está solo. Es finalmente uno. Es finalmente uno. Cada hijo-uno por su parte es una sola unidad. Completa soledad. No pueden mirar hacia fuera. La mirada está desviada hacia adentro. Son finalmente uno. Soledad completa. Plegaria. Ganas de desaparecer. De retroceder en el tiempo. Maldecir. Denigrar al deseo, obligarlo a marcharse. Evadirse para siempre y sortear el infierno. Una terapia, una buena terapia. Olvidar las ambiciones. Encontrar otros sentidos para la vida. Llegar temprano a ellos mismos y anticiparse a las ansias. Olvidar esas, buscar otras, afanarse intensamente buscando otros sentidos para la vida. Ocupaciones mágicas que derrochen sentimientos. Que sean suficientes. Encontrar a otros. Otros. Que están afuera. Que son otros. Que les permiten salir. Crecer, perdurar. Criar niños sin orejas gigantes, que no estén muertos, que vean de frente, que tenga la mirada recta. Que no sientan una vergüenza inexplicable. Que no tengan que pedir perdón por mirar hacia adentro. Por ser unos. Por estar fallados. Por estar tristes. Por soñar con otros. Por desdeñar a la tribu. Por querer esconder la desnudez. Por estar condenados. Por nacer con orejas gigantes, pero no escuchar nada. En definitiva unos, solos, condenados, tristes. Avergonzados, reprimidos y muertos.

13 de mayo de 2011

Una vez me corté mucho el pelo. Creo que fue una forma de censurarme. De castigarme. De querer acabar con la belleza, con un símbolo de mi sensualidad. Con anular mi capacidad de seducción. Con mostrar devoción, un ahora sí que sí, dame una oportunidad. Actué mal, pero puedo cambiar. Puedo estar contigo, y las cosas estarán bien. Fue un asunto de dejar atrás, de no ser la misma que había sido para Martín. Esa, tenía que dejar de existir, y para siempre. Esa, tenía que morir. Ese impulso de vida y de muerte que sentía hacia él tenía que morir. Esa pulsión vital que abrasaba mis entrañas, tenía que apagarse. Desaparecer. ¡Cómo apagarla! Me consumía de una forma que no habría sido capaz de controlar. Ni fui capaz tampoco. Tomó mucho tiempo. Era un llamado desde muy adentro de mí, de lo más profundo, una exhortación que no podía ignorar. Era el amor puro, sublime, un asunto desesperado, único, que prometía todas las explicaciones para mi existir. Una promesa de vida, de paraíso, de felicidad. Una sugerencia de cosecha interminable, de abundancia, de mariposas, de locura, de pasión. Y de muerte, de dolor, de trasgresión, de prohibición, de hundimiento, de desaparición, de sepultura. Era demasiado potente. Era todo. Él era lo más perfecto que había visto, lo más despierto, y encarnaba una promesa en extremo maravillosa, la posibilidad de entender el mundo, de unirse a mi causa de desentrañar las raíces de la humanidad, las causas de la vida, de la creación, el sentido de nuestro pasar, y lo más importante, el amor sinfín. Un amor que yo no conocía, que contenía tanta pasión que todo lo quemaría. El problema fue que efectivamente todo se quemó. Todo. Luego del gran incendio no quedó nada. Fue tan grande el fuego que me dejó vacía, extenuada, negra, destruida. Lo que diga será poco. El fuego lo arrasó todo, todas las promesas, se acabaron. No fuimos a ningún lado, y finalmente, volví a donde había partido, al lugar del inicio, más perdida que antes, y en total desamparo. Ni siquiera las paredes de mi habitación me resguardaban. Había exhibido mi piel a la intemperie, había dejado entrar a muchas personas al baile, y ya ni siquiera el silencio era silencio. Era un dolor ruidoso, y una gran planicie, sin atisbos de nuevas promesas. Pero había sido feliz. Eso pensé. Hasta un cierto punto había sido feliz. Mucho tiempo después, dudé, respecto al valor que tuvo en realidad. Si acaso valió la pena, si podría haber sido de otra forma. No lo sé. Pero viví la euforia, y pagué cada latido eufórico, por mucho tiempo, y para siempre. Pagué muy caro, quizá demasiado, pero acontece que la pasión era mucha, y mucho lo que perdí. No me aclaro, no puedo poner los sucesos en una balanza, ni sé, si podría haber actuado distinto. ¿Fui víctima? ¿Fui tonta? ¿Fui impetuosa? Probablemente, pero la sangre hervía. No pude ver más allá, me culpo por eso. Fui tonta. Fui ciega. Fui libre. Condené mi vida, perdiendo el rumbo. ¿Hay espacio para arrepentirse? ¿Tiene sentido hacerlo? A veces sí, y otras veces, definitivamente no. Hoy, es uno de esos días en que el asunto duele, y creo que quizá podría haber actuado distinto. Que quizá las cosas habrían tomado otro rumbo, y que ahora serían distintas. Pero, todos los días son diferentes, y en general me parece que todo está muy lejos ya. Muy lejos, y que ya no existes. Puedo decirlo en voz alta: Emiliano ha muerto. Unas flores, y mañana será otro día.

(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)

9 de mayo de 2011

Aparece en sueños, una y otra vez. Es el indicador de que algo comienza. Como sorprenderme haciendo planes para dos, de manera unipersonal. Conscientemente no hay nada, no podría aventurarlo, porque ni siquiera es algo que ocupe mi mente. Pero luego, despertar por la mañana y recordar que es la tercera noche que está ahí, que tenía un papel protagónica en la trama de mi historia inconsciente. En el desarrollo del cuento, además, es amable, me pone atención y requiere mi compañía. Entonces despierto y la sensación es extraña. Luego, lo veo, esta vez su existencia es corpórea, y se mezcla con esa magia etérea de los sueños, donde todo es posible. Donde las situaciones pueden ser perfectas, sin asuntos que las oscurezcan, donde es viable no reparar en detalles ni consecuencias. Donde la mente no opera mayormente. Es sentir, existir, de aquí para allá, en un hermoso vaivén, donde lo más importante, e incluso lo único importante, es estar en ese momento, sin futuro, sin mayores análisis, y sin secuelas ni ramificaciones. Parece irreal, por algo es la vida de los sueños, porque está confinada a una nebulosa que se va flotando. Para no volver. Quizá es demasiado real, porque nadie nos niega que esas historias quizá sucedan en otro lado. Debe tener algo de real al menos, porque él comienza a aparecer en los episodios, y debe haber alguna razón. ¿Cómo puede hacer uso de mi libreto nocturno por tres actos seguidos? Es un protagonismo excesivo. Tomando en cuenta la cantidad de tiempo que está presente en mi mente durante el libreto diurno. Le he pedido que se marche, pero esas instrucciones no tienen efecto en ese espacio. Esa es otra característica, no es posible participar de la creación de la historia. Se desenvuelve sola, auto creándose, momento a momento. Muchas veces acontecen sucesos impensados, imposibles, prohibidos, absurdos. En las tres últimas circunstancias ha estado presente, participando en eventos insospechados, diciendo cosas que no habría imaginado, para seguir dando vueltas en mi cabeza cuando llega el día, cuando la noche acaba, cuando el sol sale, cuando se va, y durante todo el tiempo que se mantiene flotando en el cielo.

(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)

3 de mayo de 2011

Ahora entiendo cómo se sentía Matías. Lo entiendo perfectamente. Ese abandono a la nada. Esa desilusión del mundo. Esa pena, y esas ganas de desaparecer. Pobre. No sabía que me pasaría lo mismo. ¿Acaso por eso me dejó? Para no tener que decirme cara a cara que el vacío existe. No tener que pedirme perdón por existir, por saber de eso. No tener que decirme la verdad cuando ya no era posible ocultarla más.

(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)

15 de abril de 2011

Volver

Como una oveja, que escapando del rebaño, no le agrada con lo que se encuentra, y vuelve al redil, quizá por temor, quizá por confusión, quizá por arrepentimiento.


Advertencia

Mira, en abril puedes aparecer en mi vida con una posibilidad de éxito, ahí comienza el abanico de preguntas, en septiembre olvídalo, la claridad empieza a inundarme con fuerza, con seguridad en julio, ese es el momento de las incertidumbres más descarnadas.


Congelamiento

Como esa sensación de que el frío es mayor porque hubo calor antes, lo que sientes luego de insolarte, tiritones inexplicables, el cuerpo con la memoria tatuada de unas brasas que arrasaron antaño, un hielo interior anclado como glaciar.

24 de marzo de 2011

Me levanto temprano en la mañana y troto. Corro, escapo. Eso parece. He decidido combatir al otoño, y esta parece ser una buena fórmula. Salgo al amanecer, y en la oscuridad sólo veo siluetas. Me gusta, es un anonimato agradable. Una trotadora más, sin cara. Sin nombre. Una silueta más en el festival de las siluetas y los focos de los autos. Al comienzo está totalmente oscuro, luego empieza a clarear el alba. Es mágico. No voy demasiado a prisa, sólo mantengo el ritmo sin detenerme. Lo importante es la sensación de ir dejando todo atrás. Mientras no descubra cuál es el sentido de mi vida, correr puede serlo. Lo interesante es que no hay que pensar mucho, lo cual también es agradable, simplemente lanzarse, partir, mover los pies, avanzar. Todo queda atrás.

(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
La experiencia vital es artificial


La experiencia vital es artificial
Nos sentimos locos, haciendo algo distinto, pero no es tal
Es más bien absurdo
Está más bien todo dentro de un contexto
Todo meant to be

Una inútil seguidilla de estupideces
De equivocarse creyendo poder hacerlo mejor
Ahora sí, para la próxima
Que triste
Olvídalo, no hay una próxima, son independientes

Lo estropeas y ya lo estropeaste
Plantéate otro camino para lo que viene
La noche llega inevitablemente
Hasta cuando
Qué he sacado con quererte

Te busco en sueños
Apareces, te pido que desaparezcas
Pero en esta existencia artificial sigues existiendo
Quisiera salir de aquí
Pero mi terraza tiene una malla que me retiene

Me aferro a barrotes
Tan firme que quiebro mis dedos
Por qué no decirlo
Por qué seguir intentándolo
Si el artificio es lo que prima

10 de marzo de 2011

Supongo será distinto escribir una novela a mano, en una máquina de escribir, o en un computador común, instrumento indispensable hoy en día.
Yo me encuentro ahora frente a un computador, en el cual tecleo a la velocidad que me es posible. O a la velocidad que las ideas vienen a mí.
Siempre se puede experimentar. Partir con ideas sueltas mientras aparezca alguna idea mayor que las englobe, alguna trama deseable de abordar.
No sé escribir novelas, ¿se aprende?

(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)

28 de enero de 2011

La pérdida de la libertad en Kawabata, García Márquez y Bolaño. Inconciencia, vejez, enfermedad y violencia. Reflexiones y conversaciones imaginarias entre Eguchi, Simón Bolívar y el Ojo Silva.

(Inspirado en “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata; “El general en su laberinto”, de Gabriel García Márquez; y “El Ojo Silva”, en “Putas asesinas”, de Roberto Bolaño.)


Reflexioné unas horas sobre el hilo conductor que uniría los tres relatos escogidos, y pensé, ¿por qué no pueden dialogar los textos? Y fui más allá, ¿por qué no podrían quizá dialogar sus protagonistas? Hacer que las reflexiones aparezcan desde ellos mismos, y luego incluso podrían compartir sus pensamientos. Fusionar en un solo relato las visiones de los tres, mediante una temática definida. Aspectos que los mantienen intranquilos. Dudas que quieren solucionar, tensiones personales, angustias que cargan.
La idea resultaba desafiante y emprendí camino, sin seguridad de llegar a puerto, pero con la convicción de querer aceptar el reto.
A veces la senda es monótona, lo interesante es darle un giro, varias vueltas, encontrar nuevas combinaciones, y definitivamente inusitadas perspectivas. Si no se salta a la piscina, no es posible recoger lo que está en el fondo. ¿Si no me sumerjo, como podré estar segura que en el fondo del mar no hay un tesoro? Decidí intentarlo, parece ser la única forma. Antes de que me aplastaran las horas de divagaciones. Dije: manos a la obra.
Esto es lo que resultó, y nadie afirma que sirva para algo, pero lo interesante es el desafío, de saltar a esa piscina. De ir más allá. Existen reglas, pero a veces se ven más claras si se omiten. Se entienden mejor. La razón de su existencia. La posibilidad de crear nuevas reglas. El objetivo de aprender. Dije: los personajes deben encontrarse. Compartir desazones, incertezas. Debido al estado en que encuentran, es el momento que puedan expresarse. Tienen mucho que decir. Sobretodo sacar afuera ese miedo. Comunicarlo.
Bien, entonces toman aviones, o barcos, lo que les sea posible, y se encuentran. No es una cita concertada. Están nerviosos. Eguchi le teme a la muerte. El general combate la enfermedad, y el Ojo Silva huye de la violencia.
Entonces se produce el momento del encuentro. Es otoño, caen las hojas, hay un fuerte viento. Pero el resto de la escena está quieta, se siente una suerte de congelamiento del alma.
El lugar exacto del encuentro no lo recuerdo. Debió ser hace mucho tiempo que oí esta historia. Es una posada, eso lo recuerdo.
Eguchi es el primero en llegar. Una posada con prostitutas, soldados y niños castrados. Parece una idea terrorífica, pero no es real. No hay tales personas en la posada. Es la imaginación de Eguchi, que lo lleva a recrear esas escenas. Se sienta en la sala de la entrada, hay un par de sillones, desteñidos. Una señora se le acerca, le indica que debe esperar. Por la puerta aparece el general. “Vaya que si hay viejos peor que yo”, piensa Eguchi. “Buenos días”, saluda el general, sin mucha devoción. Se sienta a un lado de Eguchi, sin mirarlo. El silencio se prolonga. “Daría mi vida por un vaso de agua”, piensa el general.
Luego de un par de horas, están situados frente a frente en un restaurante barato. “Me alegro que haya querido venir, a nadie le hace mal un poco de compañía”.
No sabemos si esto lo dice el general o Eguchi, pero estamos ciertos que están ahí, a causa de la invitación de uno de los dos. Deben parecer una pareja peculiar, porque un extraño se les acerca, para solicitarles el poder hacerles una fotografía. Claro, un japonés de barba blanca, y un ex militar a mal traer. Deben de llamar la atención. El fotógrafo se presenta. “Me llamo Mauricio Silva, y soy fotógrafo, estoy aquí por un reportaje que me han encomendado, y debo retratar turistas”, dijo, y pensó justo a continuación, “o escenas extrañas como ésta”.
Lo invitan a tomar asiento. Ordenan otra ronda de jugos de fruta. “En realidad es un reportaje sobre las migraciones”, explica. Él mismo es un migrante, no ha parado de moverse desde que tiene memoria. Le agrada la idea en ese momento de conversar con dos seres tan particulares, así es que le surge preguntarles por las razones de sus viajes.
“La muerte está determinada a alcanzarme, así es que huyo siempre que puedo. Así no veo mi vejez tan de frente. Estrujo la vitalidad que me queda, tan pronto me despiste se irá de mi lado”. Luego de su declaración, Eguchi tomó un sorbo de jugo. “Yo no moriré nunca”, replicó el general, “Al menos hasta que América sea una sola. No escapo de la muerte, porque la llevo dentro, hace tiempo que nos hicimos amigas.”
El Ojo Silva intentó disimular su fascinación, no todos los días se conocía a personajes tan especiales. “Yo intento huir, pero nunca, ni una sola vez, he podido escapar de la violencia. Podría decirse que es el destino de los latinoamericanos que nacimos en los cincuenta. Llevo años trasladándome, pero me queda la sensación de haber dado vueltas en espiral, ya que la violencia me ha encontrado en todos lados.”
Se produjo un silencio, y el Ojo no pudo contenerse y comenzó a llorar, con una especie de sollozo entrecortado. Por alguna extraña razón se sintió en confianza con estos dos señores mayores que lo miraban y no tuvo vergüenza de su llanto. Entonces comenzó a explicar, sin que nadie le preguntara nada. Llevo años llorando, decía. No sé como sacarme esto de encima. Quizá sea el momento de contarlo, decía, a ustedes, que por algo han aparecido en este día de manera tan rara. Pero lo que les voy contar si es que raro.
Alguna vez tuve yo una vida. Pero la perdí. Y con ella se fue todo lo que me importaba. Ahora no me quedan demasiadas esperanzas, un vaso de jugo puede serlo todo. Sucedió en India, años atrás. Tuve dos hijos, a uno lo castraron, al otro no. Yo quería protegerlos, ser una madre, cuidarlos. Pero se los llevó la peste. No pude defenderlos. Fracasé. Una cárcel, una gran prisión, eso es lo que siento. Una sentencia a cadena perpetua. Por no haberlos podido resguardar del mal, de la muerte. Vivo una pesadilla, un calvario, quizá esa palabra puedo acercarse, pero es difícil describirlo. No puedo perdonarme, y esa es mi celda. Mi alma está estrangulada, y el dolor ha cerrado todas mis puertas. Quise salvarlos del infierno, y los envié a la quietud última. No fue mi intención, pero lo hice. No puedo declararme inocente, porque la verdad es que fracasé. Están muertos, y yo vivo una mutilación del sentido de existir. El sentido de mi vida está castrado, cortado antes de tiempo. Mi mente está castrada, ya no puede recuperarse. Sólo quiero escapar. Hago retratos, pero están vacíos. Las migraciones me dan igual, porque no puedo escapar a la mutilación de la que fui víctima. Ellos murieron, y yo con ellos dejé de existir para convertirme en espectro.

Los espectadores están un poco sobresaltados. No esperaban tal profusión. Nunca han estado en la India. No conocían esa práctica bárbara. Se miran, el Ojo llora.

Eguchi, confiesa, estoy aquí porque la estrangulé. Estaba dormida, tan profundamente que no podía despertarse con nada, ni aunque hubiese querido despertarla hubiese podido. Era una droga, estoy seguro, pero no sé cual. Debe haber sido muy fuerte porque ni siquiera volvió en sí cuando apreté su cuello hasta que dejó de respirar. Estábamos desnudos, pero no era lo que imaginan, sólo dormíamos. La maldita vejez tuvo la culpa, no pude soportarlo. Estaba ella ahí, imaginen, era joven, hermosa, virgen, y no pude tener una erección. Lo intenté durante horas, pero no hubo forma. Todo estaba absolutamente inmóvil, la muchacha, la habitación, la vida, que ni siquiera me hice consciente de lo que estaba provocando. La muerte y la vida se cruzaron. Fueron una y lo mismo por un rato que no podría precisar su extensión. Entonces vino la sensación del cautiverio. Entiendo bien de lo que hablas, Mauricio, esa maldita sensación del presidio, de la inutilidad, del fin del libre albedrío, del ocaso de las capacidades. Entonces la estrangulé, la prisión y la muerte fueron una. La muerte era el fin de la prisión, más bien era eso. Esa muerte era la señal de una vida que todavía podía ser. El haberla aniquilado me entregaba aún un poco de vida. Fue un sacrificio que ella hizo sin proponérselo. La obligué a liberarme de mi infelicidad, y ahora estoy aquí, huyendo. Soy un asesino. Un fugitivo de la vida. La vida es muerte para mí, así es que no quiero que me encuentre. Mi vida, así como estoy, viejo, y cubierto de sangre, sólo sirve para vagar, sin destino definido.

Al general se le escapó un pequeño grito, abrumado por la historia, o por el retortijón que sintió en el estómago, y que le obligó a bajar un poco la cabeza y encorvar la espalda. Yo en cambio, no moriré nunca, dijo. La enfermedad ha querido eliminarme, botarme para siempre a una cama, pero yo he sido más fuerte. Vine a este mundo a una misión, y no me iré sin antes consumarla. Este continente, se ha manchado una y otra vez de sangre hermana. Nos hemos matado unos a otros, siendo parte de una misma familia. Debemos unirnos, y disfrutar de esta tierra que nos pertenece. Fin a las fronteras americanas. Bienvenida unión latinoamericana. En unos días dejaré este pueblo y seguiré luchando. Los que creyeron que un simple catarro me detendría están equivocados. Seguiré adelante y llegaré más lejos que nunca. Siguió con su arenga sin notar la cara de alarma del resto de los comensales, ya no le oían, veían su cara adquirir un color cada vez más amarillo. Luego pasó al verde, proseguía con su proclama, a continuación azul, salían y salían palabras de victoria y libertad, “y mañana mismo los derrotaré”. Fueron sus últimas palabras. De manera fulminante, la enfermedad lo conquistó, usurpándole sus últimos respiros de vida, y una infinita cantidad de luchas pendientes, de modo tan repentino, que ni Eguchi ni el Ojo alcanzaron a decir ni hacer nada.
Lo sostuvieron, entre los dos, sin mucho esfuerzo, su cuerpo estaba malogrado, y la delgadez era extrema. Quisieron escapar, como siempre lo habían hecho, pero era imposible. Lo sabían, pero ahora volvían a sentirlo en carne propia. Era el gran cautiverio, esperando por ellos en cualquier rincón del planeta. La gran carcajada de la inconsciencia, la vejez, la enfermedad y la violencia, aliadas con la ubicuidad y el encierro. La muerte los perseguiría hasta encontrarlos. Ahora la tenían ahí entre las manos. El cuerpo inerte, esperando algo, esperando el vacío. La risa de la cárcel del espíritu, invadiéndolo todo. Invadiendo a la muchacha estrangulada, al niño castrado, al que no había alcanzado a ser castrado, a los hijos muertos, al general inerme, todo fusionado en un gran estertor final.
¡Cómo saldremos de este laberinto!
Las lágrimas brotaron solas.

Caminaron de vuelta a la posada, esperando desaparecer.

23 de enero de 2011

Shuffle


Shuffle es felicidad pura
Incertidumbre y misterio

Canciones aleatorias que aparecen
Contingencia incierta

De una canción a otra
De la alegría a la emoción
De la melancolía a la indiferencia

Indicándote que la vida no está escrita en piedra y siempre es posible cambiar
Sobre la fotografía


La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético.
Jorge Luis Borges, La muralla y los libros

Para tomar una buena fotografía se debe poner atención a la coyuntura dada por la sincronía de factores.

Debe estarse atento a la circunstancia adecuada:

La coincidencia del objeto, la luz y el encuadre perfectos. Buscando entregar un mensaje.

La simultaneidad de esos cuatro factores es quizá la revelación del poder vital y la trascendencia.
El fin de una relación


- ¿Que es de tu otra vida? Me refiero a tu vida personal.
- Yo misma me pierdo ya en mis vidas. Está bien, creo... No he tenido mucho tiempo de pensar en ella.
- Que bueno, parece que estás motivada con tu trabajo.
- ¿Y tu otra vida?
- Bien, me va bien.
- Estoy aquí contigo ahora, pero es como que esta conversación llegara a Marte, que extraño. Como una dimensión paralela.
- Es raro, para variar, pero me dan ganas de volver a verte. Aunque no se pueda.
- ¿Cómo es eso de Marte? Bueno, a pesar de todo vivimos cerca pero lejos, y son, de hecho, mundos paralelos.
- Eres como un mundo paralelo que a veces se conecta con el mío, que raro, como un marciano. Todo se hizo de pronto muy extraño y familiar a la vez. No me la puedo.
- Así parece que es el cuento con todo y con todos.
- Mi cansancio deja poco espacio y esto ocupa mucho.
- Te invito a mi cumpleaños y te regalo una copia de una película que me encantaría que vieras.
- Cresta... ¿estás seguro? iría, pero alto, ¿va a ser en tu casa?
- Supongo... ya ha pasado tiempo, y no creo que sea problema, sería mejor, de hecho, para que no estuviéramos en mundos paralelos.
- La ultima vez que te vi terminé vomitando en el baño. Creo que verte no es fácil, perdona la sinceridad. ¡¿Creo que no sería problema dijiste?! Ni siquiera conozco a tu pareja.
- Por eso, ella tampoco, y yo sé que tiene un fantasma, un miedo, porque no te conoce, y por eso yo no le cuento, y entonces hay más fantasmas.
- Me pides harto, pero yo soy de la idea de enfrentarse, quizá no estaría mal, creo que le tengo menos miedo a las cosas ahora.
- Yo estuve bien atravesado con el encuentro, ese abrazo. Me perturbó mucho, quizá me pondría nervioso y sería peor... porque más se notaría que el asunto no está en paz... y ella se da cuenta. Me gustaría sentirme tranquilo contigo, de verdad y es lo que quiero.
- Era justamente lo que iba a decirte... que tendríamos que actuar como que todo está bien, pero no saldría natural, porque no lo está. Creo que no va a resultar. ¿Cómo lograr la tranquilidad que tú mencionas?
- Entre más paralelas se ponen las dimensiones es más complicado, porque siempre se tocan por alguna parte, y vuelve a pasar lo mismo. Yo quedo atravesado. Me junto a veces con otras ex y mi pareja, y no pasa nada, qué nos pasó que la cosa quedó así, como pendiente.
- Pareciera a veces que casi no hay salida... Que pesimista, lo siento.
- No entiendo porqué no lo podemos resolver. ¿¿Qué está pendiente?? ¿Por qué? Está esta incomodidad, y a la vez no se puede dejar... Parece que nos entendemos, por lo menos yo veo que sientes eso... ¿Qué es? yo lo siento muy fuerte cuando te pillo por ahí, ¿será la prohibición que lo alimenta, y ¿Qué es lo prohibido? Que cresta pasa aquí, siempre llegamos a este tema, ¿Qué nos pasa, qué pasó? ¿No se va a pasar nunca cierto? Vamos a tener 40 años y esto va a seguir pasando. Tendrá que quedar así, ¿para siempre? a lo mejor habrá que bancárselo. En serio que esto es muy serio…
- Perdona que me ría... Sonó demasiado desesperado, de esas cosas que escuchas y te da risa lo terrible porque es mucho... bueno, aparte del momento divertido, creo que es muy serio. Toda la razón. Creo que es serio, ya lo dije, pero no sé la solución.
- Yo creo que no hay por ahora, lo único que pienso es que quizá el tiempo arregle el cuento... pero en realidad no creo. Quizá el duelo.
- Ahora estás nervioso tú... me causa gracia porque es un tema eterno. Creo que me río porque llevo ya casi 5 años, y parece que sé, que no hay solución, pareciera ser que ya lo asumí.
- Hay que procesar un duelo y decir "bueno, bien, fue el amor más lindo de mi vida pero ya no fue, ahora las cosas son distintas ya no tengo veinte y tantos, y el recuerdo se va ir haciendo dato con el tiempo".
- Y quizá por eso me causa gracia, porque cuando ya no hay nada más que hacer, hay que reír. Mira, en general no me causa nada de gracia, de hecho lloro. Aparte el año pasado estuve en terapia y se reabrieron muchas cosas. Fue terrible. Ahora me dio pena.
- Sí... pero te entiendo y siento que me entiendes... eso es bueno estamos claros... nos pasa lo mismo. Tú tienes pareja, yo tengo una familia, por el momento esto se resuelve con dimensiones paralelas y punto. ¿Será eso lo mejor?
- No creo que sea lo mejor. Me acorde de nueces para el amor.
- Es una posibilidad, yo soy capaz de bancármelo. El asunto se pone duro cuando sé de ti, y yo sé que aunque no nos veamos, todos se dan cuenta. Yo sé que mi mamá se da cuenta, mis mejores amigos se dan cuenta, mi pareja se da cuenta, aunque nunca más se habló del tema. Se nota en el aire. Pero Stalin dijo, "para hacer una tortilla hay que romper huevos" vamos, si hay que sufrir se sufre. ¿Si no qué?
- He sufrido mucho. No quiero más. ¿A que ibas con eso de los huevos?
Ya me hiciste llorar.
- Te tengo aquí adentro y no he podido dejar el espacio, nada más he agrandado mi corazón para todo lo demás, pero no se puede hacer nada con eso, romper huevos es que por alguna parte hay que sufrir con el cambio, ojala las dimensiones se unieran cada cierto tiempo, un abrazo y quedamos felices, pero no quedamos felices, ¿cierto? Esto nos pone tristes.
- Y apareces en un momento en que estoy muy sensible, sí, me pone triste hablar contigo, pero estoy feliz de hacerlo, esa es la contradicción.
- Me gustaría abrazarte, sólo eso pediría ahora y que durara harto, y que se quedara así, por todo el tiempo que sea necesario para sanar, un segundo eterno, eso quiero, un segundo que pudiera hacer durar y durar todo lo que necesite. Yo creo que ese abrazo me sanaría. Pero un segundo no puede durar tanto. Y no puedo darme más de un segundo, no se puede. No se puede.
- Es parte de la misma contradicción que al mismo tiempo se produzca una confluencia de desconsuelo y felicidad, creo que aunque sufra, estoy feliz por poder sentir estas cosas, o haberlas podido sentir. Por eso no se acaba, porque vienen las dos cosas y se neutralizan, y nunca se logra nada.
- La maldita contradicción, ¿qué es esto? ¿Masoquismo? Porqué sigue así… Contéstame, apóyame. Por favor resolvamos esto, tú no te imaginas, pero en realidad no he podido sentirme libre, no me siento cien por ciento relajado en mi relación, ni en mi proyecto de vida, ni con nada, porque esto molesta todo el tiempo y de repente sale a flote y ahí está con toda la carga. Dime porqué no hemos podido TERMINAR.
- Por muy mal que pueda pasarlo ahora, no me arrepiento de ni uno solo de los días que estuve contigo, entonces ahí se crea la contradicción, y se mantiene inmóvil, te entiendo perfecto, no te imaginas. Lo bueno es que a veces duerme, pero cuando despierta vuelve siempre con la misma fuerza, y eso lo hace avasallador.
- Tenía que decírtelo, pero no estaba tan claro, quiero aprovechar este momento. Yo no lo paso mal. Pero no puedo pasarlo del todo bien. No quiero hacerte daño, pero siento que es justo porque a mí me pasa lo mismo que a ti. No hay culpable. Ahí va: Te quiero mucho, eres la persona más maravillosa y con quien he sentido lo más lindo y vivido lo más lindo de mi vida. Siento, y perdona, que te amo y no creo que pueda dejar de amarte aunque sea en el recuerdo, y voy a llevar ese peso por siempre, y siempre me voy culpar por haber terminado contigo, y no por ti, por mí. Eso es todo lo que me pasa, eso y nada más que eso. La renuncia. Eres preciosa, tu sensibilidad, tu inteligencia, tu sentido del humor, tu belleza todo eso lo perdí por tonto, por estar enfermo y no darme cuenta, quiero que sepas todo esto aunque ya lo sabías, pero tenía que decírtelo.
- No lo sabía, y si lo sabía, y no me di cuenta, nunca había sido porque tú me lo dijeras.
- Es la herida que tengo que llevar. Esto me recuerda todo el tiempo que tengo que mejorar, que el apego está ahí. Que tengo que llegar a verte como una conmigo, como un alma maravillosa, y clara, inocente como la mía, y no desearte como una posesión. Cuando eso suceda voy a ser de verdad libre. Gracias por cruzarte conmigo, y darme esto, la oportunidad de aprender a amar. Cuando te vea... quiero verte libre de todo y sentirme libre, feliz y liviano, porque tú estás feliz.
- Me duele que me digas esto, perdona que esté callada, pero estaba asimilando la información. Cuando tú decidiste terminar la relación fue como morir, entonces ahora me dices esto y no sé que pensar.
- Creo que te dije todo lo que siento, es eso nomás, la verdad es lo mejor. De hecho me siento mucho más liviano ahora. Aunque sea a expensas de abrir heridas. Que bueno, puedo decirte que te amo, ya lo sabías, y a través de este amor voy a ser libre. Gracias por existir. Creo que ahora entiendo el sentido de todo esto.
- Algo se rompió el día que decidiste terminar conmigo, que cambió la existencia para siempre. Ya no hay vuelta atrás.
- No me siento egoísta por decírtelo, porque es la verdad, no me voy a sentir culpable. Tú sabes que es así, siempre lo has sabido igual que yo de ti. ¿Me entiendes? ¿ME ENTIENDES? PORFAVOR NECESITO QUE ME
RESPONDAS.
- Estoy triste, la verdad es que tú eras mi vida, en el momento que desapareciste tuve que crear una nueva.
- Yo también.
- Y no quedo otra que hacerlo lo mejor que pude, pero fue a pedazos y quedó con agujeros, por eso esto nunca se acaba. Mi vida sigue naufragando de vez en cuando, y me voy a la cresta. Y no sé si todo esto fue por ti o qué, pero mi vida se sigue yendo a la cresta cada año, en la misma época más o menos, no me la puedo de nuevo, pareciera avecinarse. Cuando me llames, no voy a contestar el teléfono. Me da miedo. Aparte me haces llorar. Nunca me atrevo a hablar contigo. No lo hagas más difícil, tiemblo casi.
- ¿Hubiera sido mejor no decir nada?
- No sé… yo lo paso mal de todas formas, me afecta muchísimo, pero siempre me parece mejor al final. Me gusta hablar contigo, a pesar de que duele.
- Si no veo esto como una posibilidad para crecer, no tiene sentido, esto no habría seguido el curso que siguió. Quiero que todo esto sea para el bien de los dos, aunque no sea agradable, eso no significa que sea malo. Yo creo que hoy ha sido distinto, por lo menos para mí y creo que para los dos. Dime algo, me siento como un niño. ¿Te vas a despedir? ¿Te vas ahora?
- No todavía. Estoy triste, también por otras cosas.
- Me gustaría animarte.
- Eres tierno de querer subirme el ánimo.
- Estás en una nube de algodón de dulce con zeppelines y gaviotas que planean alrededor.
- Que lindo sonó eso…
- Cuando la nube se hincha te caes por un río de rocío.
- Por un momento lo sentí.
- Te mojas con el frescor de la mañana.
- Pero cuando termines de decir esas cosas, todo volverá.
- Los pajaritos se bañan contigo
- No seas así, es peor. Lo paso tan bien contigo, extraño mucho eso.
- ¿Qué hago entonces, si la fuente de donde todo viene es de ti? Tú haces tu campo y tu prado, con ovejas lanudas, blanditas, que se dejan hacer cariño y no se van corriendo, y te mojan la mano con su lengüita.
- Lo pasaba muy bien contigo. Estamos cada uno en su frecuencia, yo estaba ahora en el momento nostálgico. ¡Lengüita! Que tierno.
- Bien, ¿viste que es posible animarse? Me siento muy bien de estar tan cerca de ti. Me encanta verte sonriendo. Echaba de menos este sentimiento. Sí, nos reíamos harto. Ahora nos conectamos, yo también me animé.
- Tan cerca y tan lejos, tú lo dijiste.
- No tan lejos, siento que puedo tocarte con el alma. Estoy donde tú estás y contigo. Muchas veces me imagino haciéndote cariño en el pelo, arriba de la oreja, con la puntita de las uñas, desde la frente hacia atrás, desde la frente hacia atrás...
- ¿Cuando vamos a poder pasarlo bien de nuevo sin problemas?
- Cuando estemos muy lejos de aquí.
- Por mientras esta tarde para mí ha sido un regalo.
- Que lindo, me haces sentir mejor, ¿lejos de aquí?
- Sé que estás triste, pero haberme contactado contigo tan libremente me despertó el corazón, tengo ganas de bailar, de tocar guitarra. Estás tan llena de encanto, como dando saltitos te imagino.
- ¿Como? ¿Yo salto?
- Con tu risa abierta y generosa, dando saltitos chiquititos de felicidad. Te imagino así. ¿Estoy perdiendo el juicio?
- Déjame soñar que algún día nos vamos lejos de aquí. No pierdes el juicio… bueno, un poco. ¿No te da pena pensar que nunca más vamos a estar juntos, aunque sea una semana?
- Sí me da, y mucha, no digas eso de la semana, que es muy fuerte.
- Con decirte la verdad ya te digo algo lindo, puedo decirte que cambiaste mi vida de sombra a luz, para siempre, y que voy a agradecértelo eternamente.
- Eso es lo más lindo que me han dicho.
- Contigo descubrí el universo, y me di cuenta que la vida puede ser maravillosa. No sería lo que soy si no fuera por ti. Llegaste a mi vida en un momento de crecimiento, creo que eso fue clave, y me entregaste lo mejor de ti. No puedo más que agradecerte.
- Me dio pena, no voy a sentirme así nunca más, eso fue lo mejor que he sido, es para ti, es para ti. Tú eres lo mejor que me ha pasado, nunca he amado así, gracias por darme eso.
- Es que nuestra relación fue muy bonita, yo creo que por eso estamos tan estancados ahora, nos llevábamos muy bien.
- cada vez que siento que estoy solo, que el amor es egoísta, me acuerdo de cuando llevábamos un tiempo juntos, y yo iba en una micro y pensaba que daría mi vida por ti, y decía "parece que estoy enamorado", y sentía que flotaba... Quería estar vivo sólo para seguir contigo, tuve tantas ganas de estar vivo, y me sentía tan vivo. Siento que ahora las cosas se ponen tan oscuras…
- Que bonito lo que me dices... No tenías que poner el toque oscuro todavía. Estábamos evadiendo la realidad.
- Perdona. Me vino un ataque de realidad, ¡al mismo tiempo! Nos caímos de cara a la tierra.
- ¡No! Yo había entrado al carrusel ya.
- Linda.
- Estás loco.
- ¿Sabes? esto está demasiado entretenido ¿Por qué loco?, (esta vez).
- Porque sí, pero me gusta, te hace diferente.
- ¿Diferente a quién?
- Eso me gustaba mucho de ti recuerdo, la forma como ves las cosas, me refiero a los detalles, te fijas en ellos, y yo también, y eso era entretenido. Fijarse en tonteras que nadie se fija. Creo que eso es suficiente para vivir. Tengo que irme ahora. En serio.
- Bueno, no olvides que te quiero mucho.
- Adiós.
Sobre la poesía


Cuando tenía 13 años mi madre me regaló un libro de antología poética para jóvenes.

En la primera página estampó una dedicatoria:

“Con enorme cariño para mi hija Cuqui, para que descubra la belleza y la magia de la poesía. Andrea, agosto de 1994”.

Hoy vuelvo a encontrar estas palabras, y con mucha emoción puedo decir que la poesía realmente cambió mi vida.

Hoy puedo asegurar que la belleza existe.

Hoy me es posible gozar de la magia del sentido de las palabras.

Ver la poesía de una sonrisa, de una flor o de una palabra de aliento en el momento preciso.

La poesía de saber que puedes contar con alguien, que no estás solo.

La poesía de compartir una mesa y una conversación honesta.

De mirar al cielo y a las nubes de color.

La poesía de una música alegre. De unos tambores serenos.

La poesía del aroma de una rosa.

La poesía de caminar descalzo por la orilla del mar.

La poesía de bailar sintiéndote libre.

La poesía de escuchar a tu abuela.

La magia de saberte vivo y reconocerte poesía.
Brevísimas reflexiones sobre la libertad y la violencia


La violencia.
Me cansa mirar hacia atrás. La historia. Revisarla, intentar entenderla. Pero, a pesar de la incomodidad, parece necesario hacerlo, reflexionar, ¿por qué celebramos ciertas fechas históricas? ¿Qué estamos celebrando en este Bicentenario de la Independencia de Chile? ¿Qué pasó realmente? Leo novelas históricas y me canso de tanta muerte. ¿Es que acaso no ha habido tregua? ¿Es que acaso no ha existido otra forma de vivir que eliminándonos sistemáticamente?

Me dicen que el fin del ejército es una utopía. El fin de la esclavitud lo fue. El voto femenino lo fue. La derogación de la pena de muerte lo fue. Sucederá, o yo seguiré diciéndolo de todas maneras.

La libertad.
Vemos en La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa, millones de conciencias al mando de un solo hombre. Control total, total esclavitud. Sobretodo, de esa esclavitud del alma. La pérdida del libre albedrío. La vida brutal bajo esas condiciones. La pérdida de la dignidad, del sentido de la vida, la “venta” de lo importante, el vacío, y en definitiva la destrucción del hombre. No parece ser éste un problema antiguo, y pareciera que siempre debe estarse atento a la “esclavitud” mental. A todos los tipos de “esclavitudes”, o pérdidas del libre albedrío. Y no sólo eso, además contribuir a crear un ambiente en que todas las personas puedan elegir. Un país democrático. Inclusivo de las minorías, de los más vulnerables, de las personas que son físicamente distintas, o que tienen otras creencias. Parecemos estar en contra de la violencia y el conflicto, pero no hacemos gran esfuerzo a veces ni siquiera por convivir en paz con nuestros vecinos, compañeros de trabajo, nuestras familias. Quizá nos invade la ceguera, de no poder vislumbrar cuando las situaciones se asemejan, quizá en menor escala, o cuando alguna situación es causa o consecuencia de otra. Creo que nos falta observación.
Creo que debe hacerse el mayor esfuerzo por mantener el país, la mente, y, lo más importante, el alma, libres. Sólo así quizá un día podamos entendernos como nos lo merecemos.

Algunas intuiciones:

1. Descubre qué quieres ser realmente y si te lo propones puedes lograrlo.
2. Si miras atentamente, puedes ver que están pasando cosas en todos lados, aquí y ahora, y puedes saber y entender exactamente cuáles son las cosas que están sucediendo.
Irremediable lejanía


A veces me pierdo, me aíslo
La sensación de ver el mundo desde lejos, pequeño, cada vez más diminuto
Sentirme ajena

Me agacho, toco el suelo, abro mis palmas encima de su superficie
Con objeto de sentir su realidad

Te llamo mentalmente
Traigo tu presencia al momento

Te alejas, junto con el mundo, indefectiblemente

Intento más impetuosamente sentir los adoquines
Sé que el mundo no se aleja

Pero tú ya te has ido para siempre
Cordillera y lejanía


Rodar
Cordillera abajo
Será quizá lo único que queda
Cuando la distancia es insalvable
Cuando los puñales desean volver

Una voz suave grita que no hay que desesperar
Susurra, -habrá un fin-
Debes mantenerte impasible
Dice, -pierde la rabia-
Debes congelarte de una vez y la nieve se hará tu amiga

Autonomía es lo que busco
Lejanía y soledad

Clamo silencio
Espacio propio
Esta cordillera para mí

Tal vez debo darle una oportunidad a mi estima
Más presencia a mi carácter
Más participación a mi forma de ser

Autonomía es lo que busco
Lejanía y soledad

Clamo silencio
Espacio propio
Esta cordillera para mí

21 de enero de 2011

Todos


Quizá quiero luchar por la verdadera justicia

No esa de los discursos

De las palabras y el papel

Sino esa que es amiga de la equidad

Esa que hace la diferencia

Que intenta cambiar el mundo

Que no quiere ver más lágrimas

Que está conciente de las desigualdades



No quiero saber acerca de estudios jurídicos ni de sociedades comerciales

Quizá alguien pueda olvidarse de la verdadera justicia y seguir adelante

Mientras haya niños en el mundo que lloran yo no puedo marginarme

No he recibido buenas razones que justifiquen la configuración del mundo

Quisiera una estructura sin exclusiones

Sueño con un modelo pacífico

Un mundo justo en serio

Donde ningún niño quede fuera

Donde la economía y la legislación no apuñalen a ningún pequeño ser

Un lugar en el que no haya segundas intenciones

En ese paraíso todos tendrán su espacio


Sigamos en la búsqueda de la verdadera justicia y libertad

Donde todos podamos ser reyes sin importar el material de nuestra cuna

Donde todos podamos descubrir que la belleza existe

2 de enero de 2011

Palabras al renacer


Hace un año nos incendiamos
Nuestro corazón se quemó al ver el fruto del esfuerzo desvanecerse
Al ver a quienes amamos invadidos por la tristeza

Hoy vemos con certeza la fuerza de salir adelante, cual ave fénix
Presenciamos el renacimiento
Somos parte y admiramos la potencia eterna y la energía creadora desbordarse

Y confirmamos que es posible abrirse paso desde las cenizas
Que todo es posible
Que el amor de una familia y la pasión por el oficio pueden mover montañas

Ahora sabemos que nunca debemos rendirnos
Que el paraíso está camuflado en el esfuerzo
Que mientras mayores sean los desafíos, mayor será la creación y el oasis
Que nuestra fuerza está esperando por salir fuera cuando sea necesario