El problema del sentido: reflexiones de Epicteto y Odo Marquard sobre la pregunta por el sentido de la vida.
Obras: Manual de vida de Epicteto, y “Dietética de la expectativa de sentido. Observaciones filosóficas”, en Apología de lo contingente, de Odo Marquard.
La filosofía comprometida
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
El objetivo de este breve ensayo es exponer algunas reflexiones expresadas por Epicteto y Odo Marquard, respecto al problema del sentido de la vida de los humanos, y encontrar puntos de coincidencia entre ambos autores, para terminar con apuntes respecto de aplicaciones de lo expresado, y algunas reflexiones personales.
Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, vivió entre los años 48 y 138 d.C. No escribió obra alguna, pero uno de sus discípulos, Arriano, se encargó de compilar algunas de sus principales enseñanzas (Santiago 142). Una de esas compilaciones es su “Manual de vida”, y en él indica, como idea principal, que la “felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas se encuentran bajo nuestro control y otras no. Sólo cuando enfrentamos esta regla fundamental y aprendemos a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que escapa a nuestro control, es posible la serenidad y la eficacia externa” (p. 17).
Odo Marquard, filósofo alemán, nacido en 1928, también escribió sobre una posible forma de alcanzar la felicidad, (bajo el seudónimo de sentido), como él le llama. En este breve ensayo, me referiré especialmente a su obra “Apología de lo contingente”, o “de lo accidental”, como también se le ha traducido del alemán. La tesis fundamental de esta obra, es que el “gran lamento por la pérdida de sentido se produce debido a una pretensión excesiva de sentido.
Pero vamos ahora a algunas ideas que permiten arribar a las conclusiones de ambos filósofos aquí expresadas.
Epicteto señala que no debemos perder tiempo en los asuntos que están fuera de nuestro control, o si queremos hacernos cargo de los asuntos de otros, nos convertiremos en personas “frustradas, ansiosas y criticonas”, y nuestros esfuerzos serán desviados.
Si deseamos vivir de acuerdo a estos principios, sin embargo, Epicteto nos advierte que no será fácil, y que eso implicará la renuncia a algunas cosas, por ejemplo la riqueza y el poder, para asegurarnos de alcanzar la felicidad y la libertad. Epicteto nos llama a armonizar nuestras acciones con la vida como realmente es, diciendo “no intentemos inventar nuestras propias reglas. Comportémonos en toda ocasión –grandiosa y pública, o insignificante y doméstica – según las leyes de la naturaleza. Armonizar nuestra voluntad con la naturaleza debe ser nuestro máximo ideal”. Nos llama a practicar este ideal en los detalles de nuestra vida cotidiana, con sus “tareas y deberes particulares”. En este aspecto, ambos autores es encuentran, ya que hallan un sentido para la vida, que está dentro de la vida cotidiana, no ajeno o lejano a ella. Es en nuestra vida que transcurre día a día donde podemos encontrar su sentido.
Epicteto nos alienta a crear nuestro propio mérito, impulsándonos a que “realicemos nuestro propio trabajo útil sin prestar atención al respeto o a la admiración que nuestros esfuerzos puedan despertar en los demás”. Epicteto nos indica que lo que en realidad nos pertenece es el uso que hacemos de las ideas, los recursos y las oportunidades que pasan por nuestro camino.
Epicteto señala que debe cuidarse lo que se tiene en el momento, y que no hay nada que perder. La paz interior comienza cuando dejamos de decir que hemos perdido algo, y decimos más bien que “esto o aquello ha sido devuelto al lugar de donde vino”.
También nos ilumina Epicteto respecto de la verdadera comprensión de la libertad, indicándonos que “surge de la compresión de los límites de nuestro poder y los límites naturales establecidos por la divina providencia. Al aceptar los límites de la vida y sus aspectos inevitables, y al trabajar con ellos en lugar de luchar contra ellos, nos liberamos” (p. 36). Epicteto, con una hermosa metáfora, nos sugiere acercarnos a la vida como si fuera un banquete, en el cual no es necesario envidiar ni arrebatar, ya que recibiremos nuestra justa porción cuando sea el momento. Nos impulsa también a representar siempre el papel que se nos ha asignado, ofreciendo siempre una actuación impecable, dice: “si estamos destinados a ser lectores, leamos; si a ser escritores, escribamos” (p. 39). Esta idea es cercana a Marquard, quien nos interpela a desempeñar también nuestro rol lo mejor posible, y en ello encontraremos el sentido de nuestra vida.
Lúcidamente, Epictecto sentencia: “nos convertimos en aquello que pensamos. Debemos evitar conferir supersticiosamente a los acontecimientos un poder o un significado del que carecen; preservemos la serenidad” (p.40). En cuanto a la felicidad, nos advierte que sólo puede ser hallada en nuestro interior, y depende de tres cosas que están en nuestro poder: “nuestra voluntad, nuestras ideas acerca de los acontecimientos en los que nos vemos involucrados, y el uso que hacemos de nuestras ideas” (p. 41). Además nos demanda a adoptar la voluntad de la naturaleza, estudiarla, escucharla y hacerla nuestra, la cual se nos revela a través de experiencias cotidianas. Esta idea de cotidianeidad, también es compartida por Marquard, quien nos interpela a encontrar el sentido de nuestra vida, dentro de ella, en nuestras cotidianas experiencias, no fuera de ellas, en preparar nuestra comida, en realizar día a día nuestro trabajo, con amor, con dedicación y entrega. Como dice Silvio Rodríguez, “sólo el amor alumbra lo que perdura”. Epicteto sigue esta línea y nos dice: “a menos que nos entreguemos por completo a nuestras actividades, seremos vacíos, superficiales y jamás desarrollaremos nuestros dones naturales […] Un espíritu tibio no tiene fuerza”. Así también se inicia la canción de Silvio Rodríguez recién mencionada, “Debes amar la arcilla que va en tus manos. Debes amar su arena hasta la locura, y si no, no la emprendas que será en vano”. Epicteto dice: “los esfuerzos tentativos conducen a resultados tentativos. La gente común se entrega a sus labores precipitadamente y sin cuidado” (p. 54). ¿Acaso en realizar nuestras actividades concientemente y con completa devoción encontraremos que nuestra existencia tiene un sentido? Marquard nos dice que sí, que justamente esa será la forma cómo tendremos una vida plena. Epicteto nos da la receta para encontrar nuestro lugar en el mundo, “debemos considerar la verdadera naturaleza de nuestras aspiraciones y compararla con nuestras capacidades”, y más claramente nos intima: “seamos honestos con nosotros mismos […] Diferentes personas está hechas para diferentes cosas”. Es lo mismo que nos dice Marquard. Epicteto no deja lugar a dudas: “la opción es de cada uno y sólo de cada uno” (p. 57).
Epicteto nos recuerda también nuestra relación con el todo mayor, nos recuerda que somos una parte única e insustituible del cosmos. Debemos investigar y comprender nuestras relaciones con los demás, y así identificaremos nuestros deberes, “una vez sepamos quiénes somos y con quiénes estamos vinculados sabremos qué hacer”. Todo esto sin olvidar nunca nuestro propósito superior, porque “nuestra meta debe ser buscar la armonía con la naturaleza, porque ese es el verdadero camino hacia la libertad”. Porque al “descubrir y comprender nuestras relaciones fundamentales con los demás y cumplir con celo nuestros deberes, la verdadera libertad, anhelada por todos, es realmente posible” (p. 60).
Profundicemos ahora en Marquard, él tiene una tesis que explica la pérdida de sentido a partir del crecimiento de las pretensiones en relación al sentido, esto es: “nuestra dificultad primaria no es la pérdida de sentido, sino el exceso de pretensión de sentido” (p. 57). Marquard indica que buscar directamente el sentido es absurdo, y que en realidad se logra de manera indirecta. Da un ejemplo mediante una enumeración muy clarificadora. Relata la búsqueda de sentido de una persona que busca directamente felicidad (bajo el seudónimo de sentido), afirmando que no puede encontrarla, “pues una persona así no quiere leer, sino que quiere sentido, no quiere escribir, sino que quiere sentido, tampoco quiere trabajar, sino que quiere sentido, no quiere holgazanear, sino que quiere sentido, ni quiere amar, sino que quiere sentido, no quiere ayudar, sino que quiere sentido, no quiere dormir, sino que quiere sentido, no quiere cumplir deberes, sino que quiere sentido, no quiere seguir inclinaciones, sino que quiere sentido, etc. No quiere profesión, sino sentido, no quiere hobby, sino sentido, no quiere familia, sino sentido, no quiere arte, sino sentido, no quiere Estado, sino sentido, no quiere economía, sino sentido, no quiere ciencia, sino sentido, no quiere compasión, sino sentido, etc.” (p. 59). El resultado es que esa persona elige el único camino que lo conduce con seguridad a no alcanzar lo que quiere, que es el sentido, pues el sentido es alcanzable, “por el camino de la profesión, de la familia, de la soledad, del Estado, del arte, de la economía, de la ciencia, de los deberes, de las inclinaciones, de la compasión, etc.”.
Esto nos lleva a una conclusión que aproxima a nuestros dos autores escogidos. En esto Marquard se refiere a los estoicos, mencionando que es preciso ser capaz de renunciar para ser feliz. Marquard concluye, “ningún ser humano accede inmediatamente al sentido; los seres humanos siempre acceden al sentido sólo a través de mediaciones: dando un rodeo a través de determinadas costumbres y tareas, que también pueden ser rutinas institucionalizadas y muy a menudo son rutinas institucionalizadas, y que en todo caso son tareas siempre determinadas, es decir delimitadas, de donde se sigue que el sentido, alias felicidad, tiene que ver con la capacidad de renunciar, como bien sabían los estoicos: quien no es capaz de renunciar no será feliz. Así pues, quien quiere tener sentido no por este rodeo a través de tareas determinadas, sino directamente, no obtiene sentido, o en todo caso no en este nuestro mundo humano” (p. 60).
Para Marquard, nosotros, “los seres humanos de la modernidad tardía, vivimos en la época "nihilista" del gran déficit de sentido” (p. 54). Existe un lamento enfático de la pérdida del sentido. Postula que es evidente que por estos días se siente por todas partes de manera oprimente un déficit de sentido, y reflexiona a qué se debe esto. Veamos primero las consecuencias.
La sociedad de pretensiones compensa el déficit de sentido mediante “la ostentación en el consumo”. Se busca refugio en sucedáneos. El lugar del sentido pasan a ocuparlo “la distracción, el dinero, el éxito, el prestigio, el crecimiento, la corpulencia en forma física, técnica y económica: la sociedad moderna de pretensiones es la encarnación del déficit de sentido” (p. 55). De acuerdo al autor, sucede lo siguiente: “cuando en algún lugar divergen la expectativa y el cumplimiento, jamás hay sólo una posibilidad de explicación, sino que siempre hay dos: o hay demasiado poco cumplimiento o hay demasiada expectativa; o la oferta es demasiado pequeña o la demanda demasiado grande” (p. 56). Entonces, si esto vale en relación al sentido también, no es que falte el sentido, sino que la pretensión de sentido es excesiva. Es por esto que “nuestra dificultad primaria no es la pérdida del sentido, sino el exceso de pretensión de sentido” (p. 57).
Marquard explica que sentido es un seudónimo de felicidad (otros seudónimos que nombra respecto de la felicidad son: la autenticidad, el principio esperanza, la vida no dañada, la emancipación, la autorrealización, entre otros). La dietética que intenta articular Marquard, aconseja en relación al sentido una “despedida de los sensacional: la renuncia al sentido sensacional y a la falta sensacional de sentido en tanto que renuncia a la intención directa de sentido y a la negación directa de sentido” (p. 63). Las tareas de la vida son el remedio decisivo contra aquello en que se transforma forzosamente la intención directa de sentido: contra la “desesperación absoluta”.
Marquard dice que también la crítica es la resolución de un detalle. No dice que no debe haber crítica. Parece este un tema muy actual en nuestro país por estos días. Las marchas ciudadanas, y los reclamos de la sociedad entera respecto a no aceptar más mediocridades, a no aceptar más desigualdades, ni injusticias.
Quisiera consignar aquí una reflexión de Víctor E. Frankl, que va en esta misma dirección. Este psiquiatra austríaco nos dice que es “esa libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”. Frankl da un mensaje muy claro respecto a la respuesta que debemos dar a la pregunta por el sentido, él dice: “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos, y después enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida, y en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada hombre, distinto y único en cada caso. Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre, o a otro destino. Ninguna situación se repite, y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la situación en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algún tipo de acción; otras, puede resultar más ventajoso aprovecharla para meditar y sacar las consecuencias pertinentes. Y a veces, lo que se exige al hombre puede ser simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situación se diferencia por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta correcta al problema que la situación plantea”.
Es posible sacar en claro, que los tres autores mencionados de alguna forma nos liberan, dándonos claves y seguridad, de poder encontrar la ansiada respuesta por el sentido de nuestra vida. Al leer a Marquard, se nos abre un camino alentador: el sentido de nuestra existencia, y la manera como seremos felices, se encuentra en los elementos que componen nuestra vida, no fuera de ella. Frankl nos dice que debemos llevar adelante una conducta y actuación rectas. Epicteto nos conmina a no preocuparnos por aquellas cosas que están fuera de nuestro control. Con estas advertencias, o acaso sugerencias, podemos efectivamente dejar de desesperarnos respecto a cuál es el verdadero sentido de nuestra vida, pregunta que nos acompañará hasta que nos alcance la muerte. Es una pregunta que nunca acaba, pero cada vez tenemos más salidas ciertas, claras, sensatas, o al menos eso quiero creer. Es posible vivir sin cuestionamientos, pero no para todas las personas. Al menos para mí, no es una opción, como un mandato que recibí al nacer.
Elegí estos autores porque tocan temas que han ocupado gran parte de mi tiempo este año, y en realidad de toda mi vida. Mi búsqueda no es desesperada, pero es inexorable. Se traduce en no aceptar actividades, situaciones ni relaciones que no tengan “sentido” para mí. Esto significa, que tengan una razón de ser y estén encaminadas hacia alguna parte. Que estén acordes con la humanidad, con la naturaleza, y que cumplan un propósito que verá frutos, tarde o temprano. Siempre estoy consciente de encontrar mi propio lugar en el mundo, de descubrir cuál es mi espacio y donde podré desarrollarme más plenamente, aportando a otros en el camino. No concibo la vida sin pasión, la vida indiferente. Tengo una esperanza cierta de un mundo de respeto por todas las personas. Tengo la esperanza cierta de una humanidad que puede ser mejor. Quisiera ver más justicia e igualdad. Vibro con mi trabajo, me entusiasma de sobremanera lo que estudio, y encuentro pequeñas gratificaciones en el día a día. Dudo mucho respecto a todo, pero supongo que eso se relaciona con querer hacerlo lo mejor posible. Con no aceptar mediocridades, con amar la vida y querer vivirla hasta el fondo. Parece excesivamente breve como para perderse, y “llegar tarde a uno mismo”. Pienso que el curso realizado, en el cual se enmarca este trabajo, es un aporte certero a encontrar “sentido”. Es una incitación al cuestionamiento, pero también una entrega de respuestas, que cambian de alguna manera la vida. Me siento afortunada de haber podido realizarlo. Acaso vino a llenar una necesidad de sentido que viene aparejada al invierno, literal y metafóricamente hablando.
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que, una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
23 de julio de 2011
20 de julio de 2011
Como los estoicos
¿Por qué quieres que me vaya a estudiar a otra parte? Si soy feliz aquí. No importa donde esté, llegaré lejos, porque trabajo duro, porque, como los estoicos, renuncio a algunas cosas para lograr otras. Estoy determinada a alcanzar lo que quiero, y aspiro a llegar lejos. Porque sí, no porque el sentido de mi vida esté en eso. El sentido de mi vida ya está presente, el resto es exceso. Es ganas de decir ciertas cosas, de cambiar otras, de actuar para mejorar el futuro, para que lo que hay sea lo mejor posible.
¿Por qué quieres que me vaya a estudiar a otra parte? Si soy feliz aquí. No importa donde esté, llegaré lejos, porque trabajo duro, porque, como los estoicos, renuncio a algunas cosas para lograr otras. Estoy determinada a alcanzar lo que quiero, y aspiro a llegar lejos. Porque sí, no porque el sentido de mi vida esté en eso. El sentido de mi vida ya está presente, el resto es exceso. Es ganas de decir ciertas cosas, de cambiar otras, de actuar para mejorar el futuro, para que lo que hay sea lo mejor posible.
La vida es la ocasión para escribir
No quiero encerrarme a escribir, recurrir a un lugar aislado donde nadie me hable. La vida es la ocasión para escribir. Lo que me rodea, mi encuentro con el mundo. Mis impresiones de la interacción de las cosas. Entro y salgo, me encierro en mi habitación, pero puedo salir, y habrá otros, mi yo mezclado con los tú, que deambulan por los pasajes paralelos que se cruzan con mi existencia.
No quiero encerrarme a escribir, recurrir a un lugar aislado donde nadie me hable. La vida es la ocasión para escribir. Lo que me rodea, mi encuentro con el mundo. Mis impresiones de la interacción de las cosas. Entro y salgo, me encierro en mi habitación, pero puedo salir, y habrá otros, mi yo mezclado con los tú, que deambulan por los pasajes paralelos que se cruzan con mi existencia.
Derecho a amar
Puedo y tengo derecho a amar. Puedo amar. Puedo amar sin destruir lo que dejo atrás. Puedo amar sin destruir lo que encuentro. Puedo amar y construir. Tengo derecho a amar con el verdadero amor, ese firme que se descubre después de mucho tiempo. Tengo derecho a ese amor, tengo derecho a ese amor y no otro.
Puedo y tengo derecho a amar. Puedo amar. Puedo amar sin destruir lo que dejo atrás. Puedo amar sin destruir lo que encuentro. Puedo amar y construir. Tengo derecho a amar con el verdadero amor, ese firme que se descubre después de mucho tiempo. Tengo derecho a ese amor, tengo derecho a ese amor y no otro.
19 de julio de 2011
La filosofía práctica
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
Yo voy a escribir una filosofía práctica, que incluya a todos, que todos puedan aplicar y entender, sobre ser feliz, una filosofía no para 3 o 4, no para algunos, una filosofía para todos. Una filosofía que sienta, que tenga corazón, que no conozca el cansancio, hasta alumbrar cada rincón oscuro. Una filosofía para compartir, para armar, una filosofía para discutir. Una filosofía para pensar, para cuestionar, para encontrar el sentido en el día a día. No una filosofía que encuentre el sentido en lo abstracto, sino que una filosofía que permita a todos saber que es posible ser feliz, y que eso no es algo de la próxima vida, o de mañana, sino que de ahora, de lo que en realidad hay, de lo que es, y de lo que debiera ser, cuando faltan la justicia, la libertad y la felicidad. Una filosofía que cada uno pueda inventar, una filosofía abierta, tolerante, libre, una filosofía que cada persona pueda hacer suya, una filosofía sin pretensiones de universalidad, una filosofía que no tenga una verdad única, sino que acoja todas las verdades. Una filosofía pluralista, que entienda la multiplicidad y la belleza de que cada ser humano pueda encontrar su propio lugar en este mundo, su propio espacio en esta tierra, que es de todos.
La filosofía comprometida
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
Yo quiero escribir filosofía, pero no una filosofía en el aire, yo quiero escribir una filosofía comprometida, que dé algunas respuestas respecto de límites que no podemos aceptar, que oriente en cuanto a sucesos actuales y su significación, una filosofía que indique la manera en que las personas podrán acercarse al corazón, una sociedad que construya desde el alma, una humanidad consciente, alerta a lo que hay alrededor, atenta a las necesidades de todos, una humanidad que sólo sepa de justicia y libertad, una humanidad inclusiva, una humanidad que quiera estar cerca del corazón, esa es la filosofía que activará nuestras entrañas, y no dejará a nadie indiferente, una filosofía bondadosa y compasiva, que moverá al más nihilista, apelando a su más íntima esencia, esa es la filosofía que dará a todos una oportunidad.
2 de julio de 2011
Parresía
Pienso en por qué me escogió a mí. Debe haber intuido algo hermoso, pero escurridizo e insondable quizá. ¿Qué vio en mí? Debiese preguntárselo. ¿Qué lo impulso a seguirme? Debe haber sido lo desconocido, el misterio ese del que hablo. Esa sugerencia de algo sublime. Esa invitación a volar. El problema es que ese deseo está muy arraigado en mí, y eso él no lo sabía cuando decidió seguir su impulso y acompañarme. Mis ganas de volar son muy grandes y lo transcienden todo. El quietismo me incomoda y permanecer estática me es imposible. Todo, tengo que saberlo todo, explorarlo todo, entenderlo todo. Tiene que ver con un compromiso con la verdad. Tiene que ver con un compromiso con la libertad y la valentía. Con exponerme, enfrentar un cierto peligro, atreverme. Encontrar la verdad absoluta, que sólo puedo encontrar arriesgando algo de mí misma. Es por eso que quiero conversar contigo cara a cara. Para arriesgarnos exponiendo la verdad, hablar con sinceridad, desde el corazón, dejando los miedos de lado. ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Crees que podrás expresarme con honestidad lo que atesora tu alma? Aunque duela, aunque te deje indefenso, aunque tengas que mostrarte vulnerable, como sé que eres. Aunque tengas que exponer tu hermosa fragilidad. No puedes ocultarla, porque ya te conozco y eres bellamente suave y delicado. Un gorrioncito queriendo volar, eso me gusta de ti. Una mágica sensibilidad, que me gustaría que dejaras salir hasta lo más escondido. Quizá esa verdad nos libere, nos cure de una vez de este trance del que no podemos escapar. Quizá nos dé fuerza y acabe de una vez con el miedo que tiene paralizada una parte de nuestro corazón. Quizá haga que todo se desborde y pierda su cauce. No me importa, si es lo necesario para que vuelva el sentido estoy dispuesta. Si es lo necesario para volver a vivir.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Pienso en por qué me escogió a mí. Debe haber intuido algo hermoso, pero escurridizo e insondable quizá. ¿Qué vio en mí? Debiese preguntárselo. ¿Qué lo impulso a seguirme? Debe haber sido lo desconocido, el misterio ese del que hablo. Esa sugerencia de algo sublime. Esa invitación a volar. El problema es que ese deseo está muy arraigado en mí, y eso él no lo sabía cuando decidió seguir su impulso y acompañarme. Mis ganas de volar son muy grandes y lo transcienden todo. El quietismo me incomoda y permanecer estática me es imposible. Todo, tengo que saberlo todo, explorarlo todo, entenderlo todo. Tiene que ver con un compromiso con la verdad. Tiene que ver con un compromiso con la libertad y la valentía. Con exponerme, enfrentar un cierto peligro, atreverme. Encontrar la verdad absoluta, que sólo puedo encontrar arriesgando algo de mí misma. Es por eso que quiero conversar contigo cara a cara. Para arriesgarnos exponiendo la verdad, hablar con sinceridad, desde el corazón, dejando los miedos de lado. ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Crees que podrás expresarme con honestidad lo que atesora tu alma? Aunque duela, aunque te deje indefenso, aunque tengas que mostrarte vulnerable, como sé que eres. Aunque tengas que exponer tu hermosa fragilidad. No puedes ocultarla, porque ya te conozco y eres bellamente suave y delicado. Un gorrioncito queriendo volar, eso me gusta de ti. Una mágica sensibilidad, que me gustaría que dejaras salir hasta lo más escondido. Quizá esa verdad nos libere, nos cure de una vez de este trance del que no podemos escapar. Quizá nos dé fuerza y acabe de una vez con el miedo que tiene paralizada una parte de nuestro corazón. Quizá haga que todo se desborde y pierda su cauce. No me importa, si es lo necesario para que vuelva el sentido estoy dispuesta. Si es lo necesario para volver a vivir.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Soñando
Hagamos algo, soñemos que la realidad es distinta. Que estás aquí, a mi lado. Que no estoy llorando, que tu recuerdo no me está aniquilando. Que sucederá, que harás lo que no creo que vayas a hacer. Me estoy muriendo, no puedo seguir así. No puedo evadirte, aunque lo he intentado todo. Me encuentro en una parálisis, no puedo avanzar hacia ningún lado. ¿Por qué crees que no quiero saber de ti? Ojala fuera capricho, pero es la muerte que te acompaña. No quiero seguir muriendo, quiero ser libre. Ni siquiera puedo gritar, sólo me resulta morir. Te echo tanto de menos, que lo daría todo porque volvieras. ¿Acaso lo sabes? Quisiera decírtelo, hablar contigo cara a cara. Decírtelo todo y lanzarme al Mapocho. ¿Dónde estás? Espero y espero una palabra tuya. Que cure este vacío que siento dentro. Devuélveme las ganas de seguir, devuélveme eso que una vez te llevaste, dejándome inerme. No tengo más armas para combatir este desasosiego. Te lo ruego, dime algo, que apacigüe esta destrucción. No veo esperanza posible si sigues perdido en la niebla. Te necesito, como nunca antes había necesitado nada. No te imaginas como duele, me siento tan frustrada, tan impotente. Hijo de puta, es lo que me dan ganas de decirte en este momento. Maldito, maldito. Tu falta no me deja respirar. Tu ausencia me ahoga. Siento un árbol atascado en mi garganta. Un doloroso violín en mis oídos, cargado de desesperanza. Que rabia amar así, que rabia y que pena. Maldita pasión, maldito dolor. Amor de mierda. Acábate de una vez, dame una tregua. Una salida de este laberinto amargo y sin final. Pasión de mierda. ¿Por qué quedan los buenos recuerdos? ¿Por qué no puedo dejar de amarte? ¿Y si te suplicara que desaparecieras, lo harías? ¿Si me lanzo al agua fría, se irá esa pasión letal? ¿Sentiré nuevamente vida en mis venas? Intento resistir, en silencio. Mientras tu mirada profunda me corroe. ¿Cuándo dejaremos de hacernos daño? ¿Cuándo podremos amarnos sin rencores, alegres, sin remordimientos? ¿Será posible que llegue ese momento? Por ahora sólo pienso en seguir resistiendo, en silencio, hasta que ya no sea posible continuar y quizá deba desaparecer.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Hagamos algo, soñemos que la realidad es distinta. Que estás aquí, a mi lado. Que no estoy llorando, que tu recuerdo no me está aniquilando. Que sucederá, que harás lo que no creo que vayas a hacer. Me estoy muriendo, no puedo seguir así. No puedo evadirte, aunque lo he intentado todo. Me encuentro en una parálisis, no puedo avanzar hacia ningún lado. ¿Por qué crees que no quiero saber de ti? Ojala fuera capricho, pero es la muerte que te acompaña. No quiero seguir muriendo, quiero ser libre. Ni siquiera puedo gritar, sólo me resulta morir. Te echo tanto de menos, que lo daría todo porque volvieras. ¿Acaso lo sabes? Quisiera decírtelo, hablar contigo cara a cara. Decírtelo todo y lanzarme al Mapocho. ¿Dónde estás? Espero y espero una palabra tuya. Que cure este vacío que siento dentro. Devuélveme las ganas de seguir, devuélveme eso que una vez te llevaste, dejándome inerme. No tengo más armas para combatir este desasosiego. Te lo ruego, dime algo, que apacigüe esta destrucción. No veo esperanza posible si sigues perdido en la niebla. Te necesito, como nunca antes había necesitado nada. No te imaginas como duele, me siento tan frustrada, tan impotente. Hijo de puta, es lo que me dan ganas de decirte en este momento. Maldito, maldito. Tu falta no me deja respirar. Tu ausencia me ahoga. Siento un árbol atascado en mi garganta. Un doloroso violín en mis oídos, cargado de desesperanza. Que rabia amar así, que rabia y que pena. Maldita pasión, maldito dolor. Amor de mierda. Acábate de una vez, dame una tregua. Una salida de este laberinto amargo y sin final. Pasión de mierda. ¿Por qué quedan los buenos recuerdos? ¿Por qué no puedo dejar de amarte? ¿Y si te suplicara que desaparecieras, lo harías? ¿Si me lanzo al agua fría, se irá esa pasión letal? ¿Sentiré nuevamente vida en mis venas? Intento resistir, en silencio. Mientras tu mirada profunda me corroe. ¿Cuándo dejaremos de hacernos daño? ¿Cuándo podremos amarnos sin rencores, alegres, sin remordimientos? ¿Será posible que llegue ese momento? Por ahora sólo pienso en seguir resistiendo, en silencio, hasta que ya no sea posible continuar y quizá deba desaparecer.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
27 de junio de 2011
El derecho está tan lejos del corazón
El derecho está tan lejos del corazón. Es duro, gris y árido. Cuando defiende derechos y libertades humanas es bello y digno de elogio. Pero en general no hace sino regular lo que un puñado de personas cree como correcto. Muchas veces se equivoca, y protege al incorrecto. Sanciona al débil y postergado. El derecho está lejos del corazón, y aunque quiero que todas las personas tengan derechos y libertades humanas, me alejo de él cuando se pone rígido, impenetrable y aburrido. Quisiera saber cómo sería una regulación perfecta, que estuviera acorde con la verdad. Que defendiera la justicia que necesitamos para que haya paz y para que la bondad reine y la maldad sea destronada. Necesito un derecho que sea libre, que no sea traicionero, que no esté fundado en intereses económicos y de poder. Que defienda a los que necesitan ser defendidos. Que asegure a todos las mismas oportunidades, y no sólo otorgue privilegios a unos pocos. Necesito un derecho que esté cerca del corazón, que emane de su nombre, un derecho basado en el amor, un derecho que nos haga mejores y que permita a todos la felicidad.
El derecho está tan lejos del corazón. Es duro, gris y árido. Cuando defiende derechos y libertades humanas es bello y digno de elogio. Pero en general no hace sino regular lo que un puñado de personas cree como correcto. Muchas veces se equivoca, y protege al incorrecto. Sanciona al débil y postergado. El derecho está lejos del corazón, y aunque quiero que todas las personas tengan derechos y libertades humanas, me alejo de él cuando se pone rígido, impenetrable y aburrido. Quisiera saber cómo sería una regulación perfecta, que estuviera acorde con la verdad. Que defendiera la justicia que necesitamos para que haya paz y para que la bondad reine y la maldad sea destronada. Necesito un derecho que sea libre, que no sea traicionero, que no esté fundado en intereses económicos y de poder. Que defienda a los que necesitan ser defendidos. Que asegure a todos las mismas oportunidades, y no sólo otorgue privilegios a unos pocos. Necesito un derecho que esté cerca del corazón, que emane de su nombre, un derecho basado en el amor, un derecho que nos haga mejores y que permita a todos la felicidad.
Nadie podrá callarnos
Nadie podrá callarme, porque mi canto es vida. La emoción me sobrecoge, porque puedo expresarme, porque la guitarra canta conmigo y también es vida. Para la libertad, para ella van todas las canciones, todas las vidas, porque ella está en cada canción, que expresa vida, y en todas las vidas que expresan canciones. Para la libertad, para ella entono esta melodía que resuena en la raíz de la violencia y la apacigua. Para la libertad, para ella canto esta armonía que despierta al tirano y lo remece. Para la libertad, para ella digo estas palabras, que taladran la ira y transforman al odio. Para la libertad, para ella toco estos acordes, que brotan dulcemente y desatan todos los nudos y curan todas las heridas. Para la libertad, para ella recito estos versos que enamoran al más frío descongelando su soledad. Para la libertad, para ella grito este júbilo de ablandar los corazones y llenarlos de belleza. Para la libertad, para ella aclamo estas palabras que abren al alma más cerrada penetrando con amor y entrega. Para la libertad, para ella escribo estas estrofas que aclaran las dudas y despejan los miedos. Para la libertad, para ella dirijo estas notas que rompen el caparazón del dolor y lo dejan salir para acabar con la maldad. Para la libertad, para ella hago sonar estas cuerdas, que dan valor al más cobarde, y llenan de pasión creadora al más sombrío. Para la libertad, para ella elevo la voz, que gritará con fuerza: NADIE PODRÁ CALLARNOS, SIEMPRE SEREMOS LIBRES.
Nadie podrá callarme, porque mi canto es vida. La emoción me sobrecoge, porque puedo expresarme, porque la guitarra canta conmigo y también es vida. Para la libertad, para ella van todas las canciones, todas las vidas, porque ella está en cada canción, que expresa vida, y en todas las vidas que expresan canciones. Para la libertad, para ella entono esta melodía que resuena en la raíz de la violencia y la apacigua. Para la libertad, para ella canto esta armonía que despierta al tirano y lo remece. Para la libertad, para ella digo estas palabras, que taladran la ira y transforman al odio. Para la libertad, para ella toco estos acordes, que brotan dulcemente y desatan todos los nudos y curan todas las heridas. Para la libertad, para ella recito estos versos que enamoran al más frío descongelando su soledad. Para la libertad, para ella grito este júbilo de ablandar los corazones y llenarlos de belleza. Para la libertad, para ella aclamo estas palabras que abren al alma más cerrada penetrando con amor y entrega. Para la libertad, para ella escribo estas estrofas que aclaran las dudas y despejan los miedos. Para la libertad, para ella dirijo estas notas que rompen el caparazón del dolor y lo dejan salir para acabar con la maldad. Para la libertad, para ella hago sonar estas cuerdas, que dan valor al más cobarde, y llenan de pasión creadora al más sombrío. Para la libertad, para ella elevo la voz, que gritará con fuerza: NADIE PODRÁ CALLARNOS, SIEMPRE SEREMOS LIBRES.
Inspiración
Por Flaubert quise escribir novelas, y por Bosch, cuentos, en cuanto a la poesía, ha estado siempre en mí me parece, como algo natural, pero si tuviese que mencionar un poeta inspirador, diría que fue Neruda, es magistral, y consignó una frase que marca mi vida, “como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha, y un incierto destino desdichado”.
Por Flaubert quise escribir novelas, y por Bosch, cuentos, en cuanto a la poesía, ha estado siempre en mí me parece, como algo natural, pero si tuviese que mencionar un poeta inspirador, diría que fue Neruda, es magistral, y consignó una frase que marca mi vida, “como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha, y un incierto destino desdichado”.
25 de junio de 2011
Manifiesto II
Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil.
Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil.
Manifiesto
Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi bienestar, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.
Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi bienestar, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.
Caída y perfección
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Dime algo, en este momento. Sólo me quedan esas imágenes. Donde puedo observarte congelado, sin movimiento. Pero en mi recuerdo te ríes, me hablas. Acaricias mi cara, me miras fijamente. ¿En qué momento te fuiste? ¿Tenías miedo? Observo la estela que dejaste luego de tu partida. Me duermo en ella, esperando despertar y encontrarte. Pero este sueño ha sido muy largo, y a veces creo que quizá no volverás, por más tiempo que espere. Entonces me recuesto en el escenario, hecha un ovillo, y ruego por un milagro. Por esa ocasión perfecta que no llegará. Que ha tardado tanto, y nunca llegará a ser. Entonces lanzo la flor a la escena mientras se va cerrando el telón, y cierro los ojos, porque no quiero ver cuando se cierre definitivamente la cortina. Cuando nos alcance la muerte, lejos el uno del otro. Mi nombre en tus labios, y el mío en los tuyos. Una sonrisa, una súplica. Una muerte súbita y efímera, como la vida. Como el tiempo que estuviste a mi lado. Como la perfección que una vez sentí. El calor que me daba tu cuerpo, tu voz. Tu silueta dibujada en la pared a la luz de la luna llena, una música tenue, la suavidad de tu piel. Los aplausos finales se lo llevan. Doy media vuelta, camino hacia la puerta, pienso que fue perfecto, pero no lo fue. Veo un poco de sangre manar de mi hombro, de una o más caídas, la seco y vuelve a brotar, ensuciando el acto. Salgo a la calle, hace frío, pero no estás ahí. Corro al camarín, y te veo con otra. Corres tras mío, pero ya ha caído mucha sangre y me desmayo. Despierto lejos y ruego porque no haya sido verdad, pero no estás ahí para desmentirlo. La perfección se escapa, dejándome el calor de la herida, el frío de la soledad, y el puñal de la muerte. Un día renazco, y ya no estás ahí. Me encuentro con un nuevo escenario lleno de color. Personajes alegres, música. Me ofrecen una segunda oportunidad de ser feliz. La tomo, con un gran paso adelante, y me refugio en su abrazo, sintiendo la perfección y el amor florecer. Este es el verdadero amor. El que se atreve a todo, el que da el paso adelante, sin importar lo que queda atrás. El que me promete la vida y la creación, el que estará a mi lado, cuando el invierno duela. El que tengo a mi lado y me ha mostrado el paraíso. Quien se perpetuará en mí, y yo con él. Para sonreír, hasta llorar, y volver a sonreír, agradeciendo a la vida por esta oportunidad.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
El cerebro y sus posibilidades
La verdad es que me he sentido miserable. Siento que tiene ver con nada y con todo, no puedo identificarlo con claridad. Por lo que creo que no está relacionado con algo externo, sino con el fallado de mi cerebro. Que por un lado permite la creatividad, y por el otro lado permite el vacío, ¡dios lo ensalce y lo desdeñe!
La verdad es que me he sentido miserable. Siento que tiene ver con nada y con todo, no puedo identificarlo con claridad. Por lo que creo que no está relacionado con algo externo, sino con el fallado de mi cerebro. Que por un lado permite la creatividad, y por el otro lado permite el vacío, ¡dios lo ensalce y lo desdeñe!
9 de junio de 2011
Canciones para llorar
Aléjate de mí a tiempo. Estoy maldita. No quiero hacerte sentir esas largas explanadas desérticas que vi hoy. Cautivantes montañas de arena. Hice mal, debiese habértelo dicho antes de que dieras el paso. No te lo advertí. Acaso lo olvidé en ese momento. / Desaparece de mi mente. Ya no es una petición, es una súplica desesperada. / Temo lo peor. Es porque me conozco. Podría pensar: imposible, cómo va a hacerlo. Pero sí. Lo he hecho antes. Lanzarme en picada, a la nada. Es algo posible, te lo prometo. Estoy mal, escúchame, desde el fin de semana que me empantané, y no he podido salir. / Bipolaridad del espíritu, ese es el diagnóstico que temo, bipolaridad del alma. / Acaso una pequeña señal calmaría en algún sentido mi espíritu destemplado, desesperado por tanta arena, por este paisaje tan imponente, estas enormes dunas de un café eterno y brillante. Por qué no te cortas las venas y ya. ¡Tanto problema! No te lo pienses más. / Dijimos, creemos vida, descendencia, pero esta locura está matándome y no estoy segura de que sea posible perpetuarse así. / Hay un trecho entre amar y amar. Hay una fosa profunda entre amar y amar. Existe una cercanía entre amar y doler. Una gran similitud entre amar y morir. / Que desagradable manipulación, llorar, frente a mí. Para trizar mis ganas. Para clavarme estacas que hacen brotar desesperanza a borbotones. / Bueno, camino por este largo muelle, hasta rozar el mar, y luego sentirlo en toda mi piel, frío y salado, ¿me dirás entonces lo que quiero escuchar? / Arrastrándome en la arena, sintiendo la energía del mineral, llamando por fuerza, apelando al poderío andino, rogando por ímpetu aymara, me desintegro en este desierto sin tu voz. / Ahora lo recuerdo, esa sensación de necesitarte tanto que retuerce el estómago. Ha vuelto, ese nudo que no me deja hablar, que enmudece mi pecho y crispa mis manos. / Dónde iremos a parar. Dónde puedo encontrarte. Dónde me estarás esperando. Dónde me dejaste. Por qué no volviste. / Estabas, sé que estabas, cuéntame dónde estás ahora, si tu corazón late, si tus pulmones se llenan aún de aire, si tus venas bombean sangre hacia algún lado, si será en mi dirección, si pretendes continuar como si nada. / En esta ciudad no cae agua, es la ciudad de la eterna primavera, y yo abrazo al temporal eterno. / Grandes olas, intento despertar, te traigo al momento, me zamarreas, me alertas, no habrá salvación.
Aléjate de mí a tiempo. Estoy maldita. No quiero hacerte sentir esas largas explanadas desérticas que vi hoy. Cautivantes montañas de arena. Hice mal, debiese habértelo dicho antes de que dieras el paso. No te lo advertí. Acaso lo olvidé en ese momento. / Desaparece de mi mente. Ya no es una petición, es una súplica desesperada. / Temo lo peor. Es porque me conozco. Podría pensar: imposible, cómo va a hacerlo. Pero sí. Lo he hecho antes. Lanzarme en picada, a la nada. Es algo posible, te lo prometo. Estoy mal, escúchame, desde el fin de semana que me empantané, y no he podido salir. / Bipolaridad del espíritu, ese es el diagnóstico que temo, bipolaridad del alma. / Acaso una pequeña señal calmaría en algún sentido mi espíritu destemplado, desesperado por tanta arena, por este paisaje tan imponente, estas enormes dunas de un café eterno y brillante. Por qué no te cortas las venas y ya. ¡Tanto problema! No te lo pienses más. / Dijimos, creemos vida, descendencia, pero esta locura está matándome y no estoy segura de que sea posible perpetuarse así. / Hay un trecho entre amar y amar. Hay una fosa profunda entre amar y amar. Existe una cercanía entre amar y doler. Una gran similitud entre amar y morir. / Que desagradable manipulación, llorar, frente a mí. Para trizar mis ganas. Para clavarme estacas que hacen brotar desesperanza a borbotones. / Bueno, camino por este largo muelle, hasta rozar el mar, y luego sentirlo en toda mi piel, frío y salado, ¿me dirás entonces lo que quiero escuchar? / Arrastrándome en la arena, sintiendo la energía del mineral, llamando por fuerza, apelando al poderío andino, rogando por ímpetu aymara, me desintegro en este desierto sin tu voz. / Ahora lo recuerdo, esa sensación de necesitarte tanto que retuerce el estómago. Ha vuelto, ese nudo que no me deja hablar, que enmudece mi pecho y crispa mis manos. / Dónde iremos a parar. Dónde puedo encontrarte. Dónde me estarás esperando. Dónde me dejaste. Por qué no volviste. / Estabas, sé que estabas, cuéntame dónde estás ahora, si tu corazón late, si tus pulmones se llenan aún de aire, si tus venas bombean sangre hacia algún lado, si será en mi dirección, si pretendes continuar como si nada. / En esta ciudad no cae agua, es la ciudad de la eterna primavera, y yo abrazo al temporal eterno. / Grandes olas, intento despertar, te traigo al momento, me zamarreas, me alertas, no habrá salvación.
7 de junio de 2011
Acerca de la verdad y otros paraísos
No hay tales cosas que es mejor no decir, y otras que está bien decir. Lo que hay que hacer es decir la verdad. Si te la preguntan, tan sólo dila. Será muy liberador. La verdad es lo único que cuenta. El resto guárdatelo. Te pregunto cara a cara, ¿qué es lo que sientes? El silencio es tan grande que llega a doler. La lágrima en tu mejilla quizá quiere decir algo. Pero yo quiero que tú me lo digas. No quiero adivinar, se acabaron las adivinanzas. Ahora debes responder.
Sigo mirándote fijamente, tus ojos destruyen mi imperio, pero continúo firme, sintiendo las murallas caer, escuchando el estruendo. Un torbellino nos rodea.
Cae otra lágrima y pareces aprontarte a hablar.
¿Sabes qué es lo que yo quiero?, continúo. Quiero entender, necesito entender. Por qué hubo un final. Por qué decidimos separarnos. Necesito respuestas, que pongan fin al libro de preguntas. Necesito enterrarte. Acaso la tierra de esa tumba se construye de respuestas. Alguna vez te dije que no me importaría si murieras, fue el dolor agudo que hablaba en ese momento. Pero ahora espero que eso no suceda nunca. Que siempre pueda seguir admirando esos ojos que destruyen mi imperio, pero despejan la interrogante acerca del sentido de la vida. Esa mirada que hace caer las murallas y brotar las flores. Que me aniquila y me eleva.
Eso, me dices. Eso es lo que siento. Que quiero morir al verte, y que quiero agradecerte por estar frente a mí, con esa mirada profunda y sublime. Que en esa mirada encuentro un consuelo, un abrazo, un lugar donde llegar, una paz que nadie más ha logrado entregarme. Una promesa de paraíso. Un calor poderoso, que podría derretir cualquier glaciar. Una razón para levantarme cuando clarea el alba, y una razón para caminar por las veredas cada día. Una dirección hacia la cual ir. Un sustrato mágico que dibuja en mis entrañas unas ganas de seguir aquí, que no se borran con nada, a pesar del dolor que siento al recordarte. Nunca he vuelto a sentir nada así, y creo que eso es lo mejor de mí mismo, nunca volveré a serlo ni ha sentirlo. Fui para ti y mi existencia ya cumplió su ciclo. Si no puedo volver a estar contigo, me sacaré el corazón y lo regalaré al primero que pase, para que lo recicle, lo bote o haga lo que quiera con él, porque ya no tiene más utilidad para mí. Tú eres lo mejor que he sido, lo más lejos que llegué y el lugar donde todo acaba. Sin ti no hay nada, y me niego a vivir en un mundo blanco y negro. Tuve los colores y sé que existen, ya no puedo renunciar a ellos. No renunciaré a ti porque no puedo. Porque si tú no estás ya no existo, y sólo quiero contar los días para dejar de llorar. Nunca, ni un solo día he sido feliz sin ti, y me recrimino, porque fui un imbécil, de dejarte ir, de no decirte todo eso que me causas y toda esa magia que ha creado tu nombre en mi corazón. Sin magia no puedo seguir, mi cuerpo tiene tatuadas tus alas y ya no puede olvidarte. Mi piel me grita todo el tiempo que te extraña, que cuándo volverás. Mis manos me protestan con cólera porque están cansadas de esperar. Mis brazos me hacen saber, siempre que pueden, que el espacio está vacío entre ellos y te necesitan para llenarlo. Mi pecho está árido sin tus tibios pechos posados sobre mi sensibilidad. Mi voz no quiere seguir llamando en vano. Mis lágrimas están hartas de salir y salir. Mi tristeza me pide una tregua, que la deje descansar. Mi cabello anhela tanto tus cariños que gime en desconsolados sollozos. Mis caderas quieren que tus piernas vuelvan a rodearlas como tantas millones de veces lo hicieron antes. Mis oídos ya no soportan el estruendo del recuerdo de tu voz. Mi cuello no tiene sentido si tus labios no van a tocarlo, y mejor me arrancara los labios si nunca más van a besarte, y sentir tu lengua de oasis. Existo para ti y no tengo otro sentido para hacerlo si no es a tu lado. Si no vuelves conmigo me condenas al vacío y a poblar otro planeta donde tu figura no me aniquile. Donde tu recuerdo no me haga añicos, allí donde más duele. Te lo ruego. Vuelve conmigo, y vamos a darle un sentido a esta vida, que estoy seguro que lo tiene, si es junto a ti.
Sigo mirándote, estoy petrificada y liberada al mismo tiempo. No puedo parar de llorar, y sé por qué no. Porque yo te amé más que a nadie en el mundo, y ahora debo dejarlo todo atrás. Es por eso que todo esto vuelve, y es por eso que debo dejarlo todo atrás. Porque tus palabras me dan vida, pero no dejaré que tus actos vuelvan a matarme.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
No hay tales cosas que es mejor no decir, y otras que está bien decir. Lo que hay que hacer es decir la verdad. Si te la preguntan, tan sólo dila. Será muy liberador. La verdad es lo único que cuenta. El resto guárdatelo. Te pregunto cara a cara, ¿qué es lo que sientes? El silencio es tan grande que llega a doler. La lágrima en tu mejilla quizá quiere decir algo. Pero yo quiero que tú me lo digas. No quiero adivinar, se acabaron las adivinanzas. Ahora debes responder.
Sigo mirándote fijamente, tus ojos destruyen mi imperio, pero continúo firme, sintiendo las murallas caer, escuchando el estruendo. Un torbellino nos rodea.
Cae otra lágrima y pareces aprontarte a hablar.
¿Sabes qué es lo que yo quiero?, continúo. Quiero entender, necesito entender. Por qué hubo un final. Por qué decidimos separarnos. Necesito respuestas, que pongan fin al libro de preguntas. Necesito enterrarte. Acaso la tierra de esa tumba se construye de respuestas. Alguna vez te dije que no me importaría si murieras, fue el dolor agudo que hablaba en ese momento. Pero ahora espero que eso no suceda nunca. Que siempre pueda seguir admirando esos ojos que destruyen mi imperio, pero despejan la interrogante acerca del sentido de la vida. Esa mirada que hace caer las murallas y brotar las flores. Que me aniquila y me eleva.
Eso, me dices. Eso es lo que siento. Que quiero morir al verte, y que quiero agradecerte por estar frente a mí, con esa mirada profunda y sublime. Que en esa mirada encuentro un consuelo, un abrazo, un lugar donde llegar, una paz que nadie más ha logrado entregarme. Una promesa de paraíso. Un calor poderoso, que podría derretir cualquier glaciar. Una razón para levantarme cuando clarea el alba, y una razón para caminar por las veredas cada día. Una dirección hacia la cual ir. Un sustrato mágico que dibuja en mis entrañas unas ganas de seguir aquí, que no se borran con nada, a pesar del dolor que siento al recordarte. Nunca he vuelto a sentir nada así, y creo que eso es lo mejor de mí mismo, nunca volveré a serlo ni ha sentirlo. Fui para ti y mi existencia ya cumplió su ciclo. Si no puedo volver a estar contigo, me sacaré el corazón y lo regalaré al primero que pase, para que lo recicle, lo bote o haga lo que quiera con él, porque ya no tiene más utilidad para mí. Tú eres lo mejor que he sido, lo más lejos que llegué y el lugar donde todo acaba. Sin ti no hay nada, y me niego a vivir en un mundo blanco y negro. Tuve los colores y sé que existen, ya no puedo renunciar a ellos. No renunciaré a ti porque no puedo. Porque si tú no estás ya no existo, y sólo quiero contar los días para dejar de llorar. Nunca, ni un solo día he sido feliz sin ti, y me recrimino, porque fui un imbécil, de dejarte ir, de no decirte todo eso que me causas y toda esa magia que ha creado tu nombre en mi corazón. Sin magia no puedo seguir, mi cuerpo tiene tatuadas tus alas y ya no puede olvidarte. Mi piel me grita todo el tiempo que te extraña, que cuándo volverás. Mis manos me protestan con cólera porque están cansadas de esperar. Mis brazos me hacen saber, siempre que pueden, que el espacio está vacío entre ellos y te necesitan para llenarlo. Mi pecho está árido sin tus tibios pechos posados sobre mi sensibilidad. Mi voz no quiere seguir llamando en vano. Mis lágrimas están hartas de salir y salir. Mi tristeza me pide una tregua, que la deje descansar. Mi cabello anhela tanto tus cariños que gime en desconsolados sollozos. Mis caderas quieren que tus piernas vuelvan a rodearlas como tantas millones de veces lo hicieron antes. Mis oídos ya no soportan el estruendo del recuerdo de tu voz. Mi cuello no tiene sentido si tus labios no van a tocarlo, y mejor me arrancara los labios si nunca más van a besarte, y sentir tu lengua de oasis. Existo para ti y no tengo otro sentido para hacerlo si no es a tu lado. Si no vuelves conmigo me condenas al vacío y a poblar otro planeta donde tu figura no me aniquile. Donde tu recuerdo no me haga añicos, allí donde más duele. Te lo ruego. Vuelve conmigo, y vamos a darle un sentido a esta vida, que estoy seguro que lo tiene, si es junto a ti.
Sigo mirándote, estoy petrificada y liberada al mismo tiempo. No puedo parar de llorar, y sé por qué no. Porque yo te amé más que a nadie en el mundo, y ahora debo dejarlo todo atrás. Es por eso que todo esto vuelve, y es por eso que debo dejarlo todo atrás. Porque tus palabras me dan vida, pero no dejaré que tus actos vuelvan a matarme.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
5 de junio de 2011
Del contrato del amor y otros problemas
A veces pienso que estoy maldita. Que el que se relacione conmigo saldrá perdiendo. Otras veces pienso que la maldición consiste en que nunca puedo estar feliz con alguien por largo tiempo. Que puedo amar a más de una persona. Que es una maldición que se vierte contra mí, y quizá también contra todo el que se relacione conmigo. Es una maldición dolorosa. Consiste en amar demasiado profundo. En amores que nunca acaban. En olvidos que no llegan. En amor que se parece al dolor.
Maledetta. Me ne sono andata e ora sono tornata. Maldita. Me fui, y ahora volví. Me parece que esta frase me describe, la creé hace tiempo pensando en que era yo misma. Eso es, estoy maldita, y es una maldición del cambio, de las montañas rusas, del ir y venir. Pienso que a muchas personas debe pasarles eso, al menos si son sensatas y oyen su corazón y le dan un espacio. El problema es que nadie lo dice. Es algo prohibido, totalmente secreto. Hay que mantener las bases de la sociedad, no podemos destruir los pilares que cimientan el orden social. Pero si se hablara, si no fuera un tabú, entonces las personas que lo sienten no tendrían que creer que están locas, que son raras, marcianos en un mundo de gente estable. Todo parece una mentira, no es posible que no haya duda, que las convicciones perduren a pesar de que uno va cambiando, la vida es transformación y cambio, que por algo las serpientes mudan la piel, dejan atrás la antigua, por algo los árboles botan las hojas y luego liberan nuevas flores, por algo los hielos crecen y luego mueren por las montañas, con rapidez, hacia abajo, y por algo van creciendo los árboles, con lentitud, hacia arriba. Si la naturaleza es así, nosotros también tenemos ciclos, somos cambio constante. Es innegable, y esta sociedad se preocupa de esconder esos ciclos, de hacer ver como que todos somos construcciones difuntas a quienes no les afectan las estaciones, ni el día y la noche, ni el sol y la luna, ni los temporales y los días floridos. No es verdad, todo está construido sobre una gran mentira de quietismo, de la inmutabilidad, de que se debe ser siempre igual y eso es posible y obvio. Me rebelo contra esto, y quiero decirlo, cambiamos, cambia el sentir un amante, cambia el amor, cambia nuestra opinión del mundo, cambia nuestro corazón, cambia nuestra alma, cambia lo que nos rodea, cambian nuestras motivaciones, cambia nuestra pasión, todo, absolutamente todo, cambia. En ese escenario, hay que aceptar que a veces se ama más y otras veces menos, a veces se ama mucho y a veces se ama poco, y todo esto puede sentirse respecto de una misma persona. Entonces celebramos contratos, para cuando vienen cambios, para que la promesa ya esté hecha, para hacer inmutable algo que no lo es, para hacer estático al amor. Eso es lo que nos está matando, querer hacer rígido algo que es maleable, querer petrificar algo que está vivo, y no para de transformarse, querer inmovilizar lo inmovilizable, Me parece que darle tanta estructura al amor es un error, tenemos que vibrar con lo que somos, aceptar nuestra mutable humanidad. Entonces todos quieren ir al psicólogo, porque cambiaron, para arreglar la falla, porque sienten cosas prohibidas, porque están dudando de sus contratos, porque están vivos y experimentan sensaciones. De eso se trata vivir, de cambiar, de gozar los cambios, de hacerlos conscientemente, de aceptarlos, de verlos. Me rebelo contra el quietismo, y no dejaré a mi corazón anquilosado y aprisionado dentro de mi pecho. Quiero ser un árbol que crece, florece, duda, deja ir a las hojas cuando es el momento, para luego morir y renacer. Doy la bienvenida a la vida y al movimiento.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
A veces pienso que estoy maldita. Que el que se relacione conmigo saldrá perdiendo. Otras veces pienso que la maldición consiste en que nunca puedo estar feliz con alguien por largo tiempo. Que puedo amar a más de una persona. Que es una maldición que se vierte contra mí, y quizá también contra todo el que se relacione conmigo. Es una maldición dolorosa. Consiste en amar demasiado profundo. En amores que nunca acaban. En olvidos que no llegan. En amor que se parece al dolor.
Maledetta. Me ne sono andata e ora sono tornata. Maldita. Me fui, y ahora volví. Me parece que esta frase me describe, la creé hace tiempo pensando en que era yo misma. Eso es, estoy maldita, y es una maldición del cambio, de las montañas rusas, del ir y venir. Pienso que a muchas personas debe pasarles eso, al menos si son sensatas y oyen su corazón y le dan un espacio. El problema es que nadie lo dice. Es algo prohibido, totalmente secreto. Hay que mantener las bases de la sociedad, no podemos destruir los pilares que cimientan el orden social. Pero si se hablara, si no fuera un tabú, entonces las personas que lo sienten no tendrían que creer que están locas, que son raras, marcianos en un mundo de gente estable. Todo parece una mentira, no es posible que no haya duda, que las convicciones perduren a pesar de que uno va cambiando, la vida es transformación y cambio, que por algo las serpientes mudan la piel, dejan atrás la antigua, por algo los árboles botan las hojas y luego liberan nuevas flores, por algo los hielos crecen y luego mueren por las montañas, con rapidez, hacia abajo, y por algo van creciendo los árboles, con lentitud, hacia arriba. Si la naturaleza es así, nosotros también tenemos ciclos, somos cambio constante. Es innegable, y esta sociedad se preocupa de esconder esos ciclos, de hacer ver como que todos somos construcciones difuntas a quienes no les afectan las estaciones, ni el día y la noche, ni el sol y la luna, ni los temporales y los días floridos. No es verdad, todo está construido sobre una gran mentira de quietismo, de la inmutabilidad, de que se debe ser siempre igual y eso es posible y obvio. Me rebelo contra esto, y quiero decirlo, cambiamos, cambia el sentir un amante, cambia el amor, cambia nuestra opinión del mundo, cambia nuestro corazón, cambia nuestra alma, cambia lo que nos rodea, cambian nuestras motivaciones, cambia nuestra pasión, todo, absolutamente todo, cambia. En ese escenario, hay que aceptar que a veces se ama más y otras veces menos, a veces se ama mucho y a veces se ama poco, y todo esto puede sentirse respecto de una misma persona. Entonces celebramos contratos, para cuando vienen cambios, para que la promesa ya esté hecha, para hacer inmutable algo que no lo es, para hacer estático al amor. Eso es lo que nos está matando, querer hacer rígido algo que es maleable, querer petrificar algo que está vivo, y no para de transformarse, querer inmovilizar lo inmovilizable, Me parece que darle tanta estructura al amor es un error, tenemos que vibrar con lo que somos, aceptar nuestra mutable humanidad. Entonces todos quieren ir al psicólogo, porque cambiaron, para arreglar la falla, porque sienten cosas prohibidas, porque están dudando de sus contratos, porque están vivos y experimentan sensaciones. De eso se trata vivir, de cambiar, de gozar los cambios, de hacerlos conscientemente, de aceptarlos, de verlos. Me rebelo contra el quietismo, y no dejaré a mi corazón anquilosado y aprisionado dentro de mi pecho. Quiero ser un árbol que crece, florece, duda, deja ir a las hojas cuando es el momento, para luego morir y renacer. Doy la bienvenida a la vida y al movimiento.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
3 de junio de 2011
Las horas
Eso necesito, sentarme y divagar toda la tarde, sin interrupciones, profundizar, van surgiendo ideas, reflexiones, pero necesito ese tiempo, varias horas, una tras de otra, en fila, tranquilas, sin conocimiento de que habrá un final, esa certidumbre corta mi pensamiento, y aniquila mi inspiración.
Eso necesito, sentarme y divagar toda la tarde, sin interrupciones, profundizar, van surgiendo ideas, reflexiones, pero necesito ese tiempo, varias horas, una tras de otra, en fila, tranquilas, sin conocimiento de que habrá un final, esa certidumbre corta mi pensamiento, y aniquila mi inspiración.
El amor como condición de posibilidad de la música
Platón, expresa en El Banquete o del amor:
Dice, en efecto [Heráclito], que lo uno «siendo discordante en sí concuerda consigo mismo», «como la armonía del arco y de la lira». Mas es un gran absurdo decir que la armonía es discordante o que resulta de lo que todavía es discordante. Pero, quizás, lo que quería decir era que resulta de lo que anteriormente ha sido discordante, de lo agudo y de lo grave, que luego han concordado gracias al arte musical, puesto que, naturalmente, no podría haber armonía de lo agudo y de lo grave cuando todavía son discordantes. La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo; pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice. Justamente como resulta también el ritmo de lo rápido y de lo lento, de cosas que en un principio han sido discordantes y después han concordado. Y el acuerdo en todos estos elementos lo pone aquí la música, […] Y la música es, a su vez, un conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo.
Gracias a un texto como este quiero seguir aprendiendo filosofía. La posibilidad de ver las cosas de manera distinta. La música como conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo. La música como amor entre los graves y los agudos, entre los lentos y los rápidos. La música como acuerdo amoroso. La música como unión de dos discordantes gracias a la acción del amor. El amor como condición de posibilidad de la música.
Platón, expresa en El Banquete o del amor:
Dice, en efecto [Heráclito], que lo uno «siendo discordante en sí concuerda consigo mismo», «como la armonía del arco y de la lira». Mas es un gran absurdo decir que la armonía es discordante o que resulta de lo que todavía es discordante. Pero, quizás, lo que quería decir era que resulta de lo que anteriormente ha sido discordante, de lo agudo y de lo grave, que luego han concordado gracias al arte musical, puesto que, naturalmente, no podría haber armonía de lo agudo y de lo grave cuando todavía son discordantes. La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo; pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice. Justamente como resulta también el ritmo de lo rápido y de lo lento, de cosas que en un principio han sido discordantes y después han concordado. Y el acuerdo en todos estos elementos lo pone aquí la música, […] Y la música es, a su vez, un conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo.
Gracias a un texto como este quiero seguir aprendiendo filosofía. La posibilidad de ver las cosas de manera distinta. La música como conocimiento de las operaciones amorosas en relación con la armonía y el ritmo. La música como amor entre los graves y los agudos, entre los lentos y los rápidos. La música como acuerdo amoroso. La música como unión de dos discordantes gracias a la acción del amor. El amor como condición de posibilidad de la música.
No vengas a destruir mi imperio
No vengas a destruir mi imperio, que ha tomado mucho tiempo construirlo. No vengas a destruir mi imperio, ya que sus edificaciones son hermosas. No vengas a destruir mi imperio, adoro al rey que me acompaña. No vengas a destruir mi imperio, seguirá creciendo en amor y belleza. No vengas a destruir mi imperio, al igual que todo lo bello, es frágil, y a veces teme no ser lo suficientemente fuerte. No vengas a destruir mi imperio, al igual que la vida, es incierto y a veces duda. No vengas a destruir mi imperio, quisiera que perdure y se multiplique. No vengas a destruir mi imperio, he puesto cada ladrillo, con una devoción profunda. No vengas a destruir mi imperio, al abrazarlo lloro, por el milagro y por la incertidumbre. No vengas a destruir mi imperio, no es tuyo, y mejor que te mantengas alejado. No vengas a destruir mi imperio, ya no tiene tu nombre, y sus ciudadanos te han olvidado. No vengas a destruir mi imperio, a veces me invade la pena y veo romperse las pompas de jabón. No vengas a destruir mi imperio, tienes el tuyo, para qué quieres el mío. No vengas a destruir mi imperio, me convenzo con fuerza de que es lo que quiero, es mi elección y soy libre. No vengas a destruir mi imperio, porque tengo mucho miedo, y una mirada tuya podría condenarme. No vengas a destruir mi imperio, ya no podrás pasar por sus puertas. No vengas a destruir mi imperio, sus entrañas te aman, aunque no lo quieran.
No vengas a destruir mi imperio, que ha tomado mucho tiempo construirlo. No vengas a destruir mi imperio, ya que sus edificaciones son hermosas. No vengas a destruir mi imperio, adoro al rey que me acompaña. No vengas a destruir mi imperio, seguirá creciendo en amor y belleza. No vengas a destruir mi imperio, al igual que todo lo bello, es frágil, y a veces teme no ser lo suficientemente fuerte. No vengas a destruir mi imperio, al igual que la vida, es incierto y a veces duda. No vengas a destruir mi imperio, quisiera que perdure y se multiplique. No vengas a destruir mi imperio, he puesto cada ladrillo, con una devoción profunda. No vengas a destruir mi imperio, al abrazarlo lloro, por el milagro y por la incertidumbre. No vengas a destruir mi imperio, no es tuyo, y mejor que te mantengas alejado. No vengas a destruir mi imperio, ya no tiene tu nombre, y sus ciudadanos te han olvidado. No vengas a destruir mi imperio, a veces me invade la pena y veo romperse las pompas de jabón. No vengas a destruir mi imperio, tienes el tuyo, para qué quieres el mío. No vengas a destruir mi imperio, me convenzo con fuerza de que es lo que quiero, es mi elección y soy libre. No vengas a destruir mi imperio, porque tengo mucho miedo, y una mirada tuya podría condenarme. No vengas a destruir mi imperio, ya no podrás pasar por sus puertas. No vengas a destruir mi imperio, sus entrañas te aman, aunque no lo quieran.
24 de mayo de 2011
Esa energía
Mira, si pensáramos todo plano, simple, aburrido, como militares, yo pensaría que no existe nada superior ni etéreo, ninguna energía, pero si Poe fue capaz de escribir un cuento como El Hundimiento de la Casa Usher, o Cortazar, Casa tomada, tan llenos de simbolismos, de doble sentido, de atmósferas que van más allá de las palabras, entonces siento que algo mágico nos embarga, que no podemos asir, más que sonriendo o disfrutando, esas sugerencias que nos hacen sentir la fuerza que nos une.
Mira, si pensáramos todo plano, simple, aburrido, como militares, yo pensaría que no existe nada superior ni etéreo, ninguna energía, pero si Poe fue capaz de escribir un cuento como El Hundimiento de la Casa Usher, o Cortazar, Casa tomada, tan llenos de simbolismos, de doble sentido, de atmósferas que van más allá de las palabras, entonces siento que algo mágico nos embarga, que no podemos asir, más que sonriendo o disfrutando, esas sugerencias que nos hacen sentir la fuerza que nos une.
Propuesta:
La historia destapada de símbolos (o con nuevos símbolos).
Buceando (o acaso ahogándonos) por El Hundimiento de la Casa Usher, y Casa tomada. Poe y Cortázar entre las algas, la casa y el incesto.
Dos amantes hermanos, viven atorados con la culpa, y el deseo constantemente reprimido, consecuencia del tabú, de lo prohibido. Buscan toda suerte de pasatiempos para evadir esas ganas de tener conversaciones románticas y poder acariciarse. El hermano está triste porque su hermana murió, pero respira hondo porque ya no tendrá que volver a sentirse culpable, por sentir lo que siente, por ser quien es. Lejos de esa casa, un gran deseo incontenible llena de valor a un hermano (otro), para dar un nuevo paso e intentar declarase a su hermana, asunto al cual finalmente no se atreve. Espera un tiempo y armándose de valor, le dice –no esperes más- es tiempo ya –te amo-: debemos mandar todo al infierno y enfrentar esto. –vámonos a otra ciudad- dice ella. Por mientras en el palacio, la hermana despierta de su coma, y quiere unirse finalmente a su hermano. Él no puede finalmente negarse, y finalmente llega el fin final. Todos se enteran, y ante la culpa, se suicidan, llevándose con ellos al hijo con orejas gigantes y mirada desviada. Por de pronto, el hijo-de-la-pareja-que-vivía-en-la-casa-antigua, existe sin remordimientos, desconociendo el vínculo que liga a su madre, de nombre Irene, con su padre. Este niño también tiene la mirada desviada, de hecho, ocupa anteojos, discretos, pero necesarios. No hace preguntas. Otros le preguntan. No contesta. No sabe. Nadie les habla. Un día. Algo se sabe. El hijo con orejas grandes está enterrado. Grita desde la cripta. Pero nadie escucha. Sus papas están congelados en una mueca de horror, por lo que no pueden asistirlo. Podría decirse que está abandonado. Nadie le habla tampoco. Está solo. Es finalmente uno. Es finalmente uno. Cada hijo-uno por su parte es una sola unidad. Completa soledad. No pueden mirar hacia fuera. La mirada está desviada hacia adentro. Son finalmente uno. Soledad completa. Plegaria. Ganas de desaparecer. De retroceder en el tiempo. Maldecir. Denigrar al deseo, obligarlo a marcharse. Evadirse para siempre y sortear el infierno. Una terapia, una buena terapia. Olvidar las ambiciones. Encontrar otros sentidos para la vida. Llegar temprano a ellos mismos y anticiparse a las ansias. Olvidar esas, buscar otras, afanarse intensamente buscando otros sentidos para la vida. Ocupaciones mágicas que derrochen sentimientos. Que sean suficientes. Encontrar a otros. Otros. Que están afuera. Que son otros. Que les permiten salir. Crecer, perdurar. Criar niños sin orejas gigantes, que no estén muertos, que vean de frente, que tenga la mirada recta. Que no sientan una vergüenza inexplicable. Que no tengan que pedir perdón por mirar hacia adentro. Por ser unos. Por estar fallados. Por estar tristes. Por soñar con otros. Por desdeñar a la tribu. Por querer esconder la desnudez. Por estar condenados. Por nacer con orejas gigantes, pero no escuchar nada. En definitiva unos, solos, condenados, tristes. Avergonzados, reprimidos y muertos.
La historia destapada de símbolos (o con nuevos símbolos).
Buceando (o acaso ahogándonos) por El Hundimiento de la Casa Usher, y Casa tomada. Poe y Cortázar entre las algas, la casa y el incesto.
Dos amantes hermanos, viven atorados con la culpa, y el deseo constantemente reprimido, consecuencia del tabú, de lo prohibido. Buscan toda suerte de pasatiempos para evadir esas ganas de tener conversaciones románticas y poder acariciarse. El hermano está triste porque su hermana murió, pero respira hondo porque ya no tendrá que volver a sentirse culpable, por sentir lo que siente, por ser quien es. Lejos de esa casa, un gran deseo incontenible llena de valor a un hermano (otro), para dar un nuevo paso e intentar declarase a su hermana, asunto al cual finalmente no se atreve. Espera un tiempo y armándose de valor, le dice –no esperes más- es tiempo ya –te amo-: debemos mandar todo al infierno y enfrentar esto. –vámonos a otra ciudad- dice ella. Por mientras en el palacio, la hermana despierta de su coma, y quiere unirse finalmente a su hermano. Él no puede finalmente negarse, y finalmente llega el fin final. Todos se enteran, y ante la culpa, se suicidan, llevándose con ellos al hijo con orejas gigantes y mirada desviada. Por de pronto, el hijo-de-la-pareja-que-vivía-en-la-casa-antigua, existe sin remordimientos, desconociendo el vínculo que liga a su madre, de nombre Irene, con su padre. Este niño también tiene la mirada desviada, de hecho, ocupa anteojos, discretos, pero necesarios. No hace preguntas. Otros le preguntan. No contesta. No sabe. Nadie les habla. Un día. Algo se sabe. El hijo con orejas grandes está enterrado. Grita desde la cripta. Pero nadie escucha. Sus papas están congelados en una mueca de horror, por lo que no pueden asistirlo. Podría decirse que está abandonado. Nadie le habla tampoco. Está solo. Es finalmente uno. Es finalmente uno. Cada hijo-uno por su parte es una sola unidad. Completa soledad. No pueden mirar hacia fuera. La mirada está desviada hacia adentro. Son finalmente uno. Soledad completa. Plegaria. Ganas de desaparecer. De retroceder en el tiempo. Maldecir. Denigrar al deseo, obligarlo a marcharse. Evadirse para siempre y sortear el infierno. Una terapia, una buena terapia. Olvidar las ambiciones. Encontrar otros sentidos para la vida. Llegar temprano a ellos mismos y anticiparse a las ansias. Olvidar esas, buscar otras, afanarse intensamente buscando otros sentidos para la vida. Ocupaciones mágicas que derrochen sentimientos. Que sean suficientes. Encontrar a otros. Otros. Que están afuera. Que son otros. Que les permiten salir. Crecer, perdurar. Criar niños sin orejas gigantes, que no estén muertos, que vean de frente, que tenga la mirada recta. Que no sientan una vergüenza inexplicable. Que no tengan que pedir perdón por mirar hacia adentro. Por ser unos. Por estar fallados. Por estar tristes. Por soñar con otros. Por desdeñar a la tribu. Por querer esconder la desnudez. Por estar condenados. Por nacer con orejas gigantes, pero no escuchar nada. En definitiva unos, solos, condenados, tristes. Avergonzados, reprimidos y muertos.
13 de mayo de 2011
Una vez me corté mucho el pelo. Creo que fue una forma de censurarme. De castigarme. De querer acabar con la belleza, con un símbolo de mi sensualidad. Con anular mi capacidad de seducción. Con mostrar devoción, un ahora sí que sí, dame una oportunidad. Actué mal, pero puedo cambiar. Puedo estar contigo, y las cosas estarán bien. Fue un asunto de dejar atrás, de no ser la misma que había sido para Martín. Esa, tenía que dejar de existir, y para siempre. Esa, tenía que morir. Ese impulso de vida y de muerte que sentía hacia él tenía que morir. Esa pulsión vital que abrasaba mis entrañas, tenía que apagarse. Desaparecer. ¡Cómo apagarla! Me consumía de una forma que no habría sido capaz de controlar. Ni fui capaz tampoco. Tomó mucho tiempo. Era un llamado desde muy adentro de mí, de lo más profundo, una exhortación que no podía ignorar. Era el amor puro, sublime, un asunto desesperado, único, que prometía todas las explicaciones para mi existir. Una promesa de vida, de paraíso, de felicidad. Una sugerencia de cosecha interminable, de abundancia, de mariposas, de locura, de pasión. Y de muerte, de dolor, de trasgresión, de prohibición, de hundimiento, de desaparición, de sepultura. Era demasiado potente. Era todo. Él era lo más perfecto que había visto, lo más despierto, y encarnaba una promesa en extremo maravillosa, la posibilidad de entender el mundo, de unirse a mi causa de desentrañar las raíces de la humanidad, las causas de la vida, de la creación, el sentido de nuestro pasar, y lo más importante, el amor sinfín. Un amor que yo no conocía, que contenía tanta pasión que todo lo quemaría. El problema fue que efectivamente todo se quemó. Todo. Luego del gran incendio no quedó nada. Fue tan grande el fuego que me dejó vacía, extenuada, negra, destruida. Lo que diga será poco. El fuego lo arrasó todo, todas las promesas, se acabaron. No fuimos a ningún lado, y finalmente, volví a donde había partido, al lugar del inicio, más perdida que antes, y en total desamparo. Ni siquiera las paredes de mi habitación me resguardaban. Había exhibido mi piel a la intemperie, había dejado entrar a muchas personas al baile, y ya ni siquiera el silencio era silencio. Era un dolor ruidoso, y una gran planicie, sin atisbos de nuevas promesas. Pero había sido feliz. Eso pensé. Hasta un cierto punto había sido feliz. Mucho tiempo después, dudé, respecto al valor que tuvo en realidad. Si acaso valió la pena, si podría haber sido de otra forma. No lo sé. Pero viví la euforia, y pagué cada latido eufórico, por mucho tiempo, y para siempre. Pagué muy caro, quizá demasiado, pero acontece que la pasión era mucha, y mucho lo que perdí. No me aclaro, no puedo poner los sucesos en una balanza, ni sé, si podría haber actuado distinto. ¿Fui víctima? ¿Fui tonta? ¿Fui impetuosa? Probablemente, pero la sangre hervía. No pude ver más allá, me culpo por eso. Fui tonta. Fui ciega. Fui libre. Condené mi vida, perdiendo el rumbo. ¿Hay espacio para arrepentirse? ¿Tiene sentido hacerlo? A veces sí, y otras veces, definitivamente no. Hoy, es uno de esos días en que el asunto duele, y creo que quizá podría haber actuado distinto. Que quizá las cosas habrían tomado otro rumbo, y que ahora serían distintas. Pero, todos los días son diferentes, y en general me parece que todo está muy lejos ya. Muy lejos, y que ya no existes. Puedo decirlo en voz alta: Emiliano ha muerto. Unas flores, y mañana será otro día.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
9 de mayo de 2011
Aparece en sueños, una y otra vez. Es el indicador de que algo comienza. Como sorprenderme haciendo planes para dos, de manera unipersonal. Conscientemente no hay nada, no podría aventurarlo, porque ni siquiera es algo que ocupe mi mente. Pero luego, despertar por la mañana y recordar que es la tercera noche que está ahí, que tenía un papel protagónica en la trama de mi historia inconsciente. En el desarrollo del cuento, además, es amable, me pone atención y requiere mi compañía. Entonces despierto y la sensación es extraña. Luego, lo veo, esta vez su existencia es corpórea, y se mezcla con esa magia etérea de los sueños, donde todo es posible. Donde las situaciones pueden ser perfectas, sin asuntos que las oscurezcan, donde es viable no reparar en detalles ni consecuencias. Donde la mente no opera mayormente. Es sentir, existir, de aquí para allá, en un hermoso vaivén, donde lo más importante, e incluso lo único importante, es estar en ese momento, sin futuro, sin mayores análisis, y sin secuelas ni ramificaciones. Parece irreal, por algo es la vida de los sueños, porque está confinada a una nebulosa que se va flotando. Para no volver. Quizá es demasiado real, porque nadie nos niega que esas historias quizá sucedan en otro lado. Debe tener algo de real al menos, porque él comienza a aparecer en los episodios, y debe haber alguna razón. ¿Cómo puede hacer uso de mi libreto nocturno por tres actos seguidos? Es un protagonismo excesivo. Tomando en cuenta la cantidad de tiempo que está presente en mi mente durante el libreto diurno. Le he pedido que se marche, pero esas instrucciones no tienen efecto en ese espacio. Esa es otra característica, no es posible participar de la creación de la historia. Se desenvuelve sola, auto creándose, momento a momento. Muchas veces acontecen sucesos impensados, imposibles, prohibidos, absurdos. En las tres últimas circunstancias ha estado presente, participando en eventos insospechados, diciendo cosas que no habría imaginado, para seguir dando vueltas en mi cabeza cuando llega el día, cuando la noche acaba, cuando el sol sale, cuando se va, y durante todo el tiempo que se mantiene flotando en el cielo.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
3 de mayo de 2011
Ahora entiendo cómo se sentía Matías. Lo entiendo perfectamente. Ese abandono a la nada. Esa desilusión del mundo. Esa pena, y esas ganas de desaparecer. Pobre. No sabía que me pasaría lo mismo. ¿Acaso por eso me dejó? Para no tener que decirme cara a cara que el vacío existe. No tener que pedirme perdón por existir, por saber de eso. No tener que decirme la verdad cuando ya no era posible ocultarla más.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
15 de abril de 2011
Volver
Como una oveja, que escapando del rebaño, no le agrada con lo que se encuentra, y vuelve al redil, quizá por temor, quizá por confusión, quizá por arrepentimiento.
Advertencia
Mira, en abril puedes aparecer en mi vida con una posibilidad de éxito, ahí comienza el abanico de preguntas, en septiembre olvídalo, la claridad empieza a inundarme con fuerza, con seguridad en julio, ese es el momento de las incertidumbres más descarnadas.
Congelamiento
Como esa sensación de que el frío es mayor porque hubo calor antes, lo que sientes luego de insolarte, tiritones inexplicables, el cuerpo con la memoria tatuada de unas brasas que arrasaron antaño, un hielo interior anclado como glaciar.
Como una oveja, que escapando del rebaño, no le agrada con lo que se encuentra, y vuelve al redil, quizá por temor, quizá por confusión, quizá por arrepentimiento.
Advertencia
Mira, en abril puedes aparecer en mi vida con una posibilidad de éxito, ahí comienza el abanico de preguntas, en septiembre olvídalo, la claridad empieza a inundarme con fuerza, con seguridad en julio, ese es el momento de las incertidumbres más descarnadas.
Congelamiento
Como esa sensación de que el frío es mayor porque hubo calor antes, lo que sientes luego de insolarte, tiritones inexplicables, el cuerpo con la memoria tatuada de unas brasas que arrasaron antaño, un hielo interior anclado como glaciar.
24 de marzo de 2011
Me levanto temprano en la mañana y troto. Corro, escapo. Eso parece. He decidido combatir al otoño, y esta parece ser una buena fórmula. Salgo al amanecer, y en la oscuridad sólo veo siluetas. Me gusta, es un anonimato agradable. Una trotadora más, sin cara. Sin nombre. Una silueta más en el festival de las siluetas y los focos de los autos. Al comienzo está totalmente oscuro, luego empieza a clarear el alba. Es mágico. No voy demasiado a prisa, sólo mantengo el ritmo sin detenerme. Lo importante es la sensación de ir dejando todo atrás. Mientras no descubra cuál es el sentido de mi vida, correr puede serlo. Lo interesante es que no hay que pensar mucho, lo cual también es agradable, simplemente lanzarse, partir, mover los pies, avanzar. Todo queda atrás.
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
La experiencia vital es artificial
La experiencia vital es artificial
Nos sentimos locos, haciendo algo distinto, pero no es tal
Es más bien absurdo
Está más bien todo dentro de un contexto
Todo meant to be
Una inútil seguidilla de estupideces
De equivocarse creyendo poder hacerlo mejor
Ahora sí, para la próxima
Que triste
Olvídalo, no hay una próxima, son independientes
Lo estropeas y ya lo estropeaste
Plantéate otro camino para lo que viene
La noche llega inevitablemente
Hasta cuando
Qué he sacado con quererte
Te busco en sueños
Apareces, te pido que desaparezcas
Pero en esta existencia artificial sigues existiendo
Quisiera salir de aquí
Pero mi terraza tiene una malla que me retiene
Me aferro a barrotes
Tan firme que quiebro mis dedos
Por qué no decirlo
Por qué seguir intentándolo
Si el artificio es lo que prima
La experiencia vital es artificial
Nos sentimos locos, haciendo algo distinto, pero no es tal
Es más bien absurdo
Está más bien todo dentro de un contexto
Todo meant to be
Una inútil seguidilla de estupideces
De equivocarse creyendo poder hacerlo mejor
Ahora sí, para la próxima
Que triste
Olvídalo, no hay una próxima, son independientes
Lo estropeas y ya lo estropeaste
Plantéate otro camino para lo que viene
La noche llega inevitablemente
Hasta cuando
Qué he sacado con quererte
Te busco en sueños
Apareces, te pido que desaparezcas
Pero en esta existencia artificial sigues existiendo
Quisiera salir de aquí
Pero mi terraza tiene una malla que me retiene
Me aferro a barrotes
Tan firme que quiebro mis dedos
Por qué no decirlo
Por qué seguir intentándolo
Si el artificio es lo que prima
10 de marzo de 2011
Supongo será distinto escribir una novela a mano, en una máquina de escribir, o en un computador común, instrumento indispensable hoy en día.
Yo me encuentro ahora frente a un computador, en el cual tecleo a la velocidad que me es posible. O a la velocidad que las ideas vienen a mí.
Siempre se puede experimentar. Partir con ideas sueltas mientras aparezca alguna idea mayor que las englobe, alguna trama deseable de abordar.
No sé escribir novelas, ¿se aprende?
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
Yo me encuentro ahora frente a un computador, en el cual tecleo a la velocidad que me es posible. O a la velocidad que las ideas vienen a mí.
Siempre se puede experimentar. Partir con ideas sueltas mientras aparezca alguna idea mayor que las englobe, alguna trama deseable de abordar.
No sé escribir novelas, ¿se aprende?
(Fragmento de la novela Cambia el sentir un amante de Almendra Armendariz)
28 de enero de 2011
La pérdida de la libertad en Kawabata, García Márquez y Bolaño. Inconciencia, vejez, enfermedad y violencia. Reflexiones y conversaciones imaginarias entre Eguchi, Simón Bolívar y el Ojo Silva.
(Inspirado en “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata; “El general en su laberinto”, de Gabriel García Márquez; y “El Ojo Silva”, en “Putas asesinas”, de Roberto Bolaño.)
Reflexioné unas horas sobre el hilo conductor que uniría los tres relatos escogidos, y pensé, ¿por qué no pueden dialogar los textos? Y fui más allá, ¿por qué no podrían quizá dialogar sus protagonistas? Hacer que las reflexiones aparezcan desde ellos mismos, y luego incluso podrían compartir sus pensamientos. Fusionar en un solo relato las visiones de los tres, mediante una temática definida. Aspectos que los mantienen intranquilos. Dudas que quieren solucionar, tensiones personales, angustias que cargan.
La idea resultaba desafiante y emprendí camino, sin seguridad de llegar a puerto, pero con la convicción de querer aceptar el reto.
A veces la senda es monótona, lo interesante es darle un giro, varias vueltas, encontrar nuevas combinaciones, y definitivamente inusitadas perspectivas. Si no se salta a la piscina, no es posible recoger lo que está en el fondo. ¿Si no me sumerjo, como podré estar segura que en el fondo del mar no hay un tesoro? Decidí intentarlo, parece ser la única forma. Antes de que me aplastaran las horas de divagaciones. Dije: manos a la obra.
Esto es lo que resultó, y nadie afirma que sirva para algo, pero lo interesante es el desafío, de saltar a esa piscina. De ir más allá. Existen reglas, pero a veces se ven más claras si se omiten. Se entienden mejor. La razón de su existencia. La posibilidad de crear nuevas reglas. El objetivo de aprender. Dije: los personajes deben encontrarse. Compartir desazones, incertezas. Debido al estado en que encuentran, es el momento que puedan expresarse. Tienen mucho que decir. Sobretodo sacar afuera ese miedo. Comunicarlo.
Bien, entonces toman aviones, o barcos, lo que les sea posible, y se encuentran. No es una cita concertada. Están nerviosos. Eguchi le teme a la muerte. El general combate la enfermedad, y el Ojo Silva huye de la violencia.
Entonces se produce el momento del encuentro. Es otoño, caen las hojas, hay un fuerte viento. Pero el resto de la escena está quieta, se siente una suerte de congelamiento del alma.
El lugar exacto del encuentro no lo recuerdo. Debió ser hace mucho tiempo que oí esta historia. Es una posada, eso lo recuerdo.
Eguchi es el primero en llegar. Una posada con prostitutas, soldados y niños castrados. Parece una idea terrorífica, pero no es real. No hay tales personas en la posada. Es la imaginación de Eguchi, que lo lleva a recrear esas escenas. Se sienta en la sala de la entrada, hay un par de sillones, desteñidos. Una señora se le acerca, le indica que debe esperar. Por la puerta aparece el general. “Vaya que si hay viejos peor que yo”, piensa Eguchi. “Buenos días”, saluda el general, sin mucha devoción. Se sienta a un lado de Eguchi, sin mirarlo. El silencio se prolonga. “Daría mi vida por un vaso de agua”, piensa el general.
Luego de un par de horas, están situados frente a frente en un restaurante barato. “Me alegro que haya querido venir, a nadie le hace mal un poco de compañía”.
No sabemos si esto lo dice el general o Eguchi, pero estamos ciertos que están ahí, a causa de la invitación de uno de los dos. Deben parecer una pareja peculiar, porque un extraño se les acerca, para solicitarles el poder hacerles una fotografía. Claro, un japonés de barba blanca, y un ex militar a mal traer. Deben de llamar la atención. El fotógrafo se presenta. “Me llamo Mauricio Silva, y soy fotógrafo, estoy aquí por un reportaje que me han encomendado, y debo retratar turistas”, dijo, y pensó justo a continuación, “o escenas extrañas como ésta”.
Lo invitan a tomar asiento. Ordenan otra ronda de jugos de fruta. “En realidad es un reportaje sobre las migraciones”, explica. Él mismo es un migrante, no ha parado de moverse desde que tiene memoria. Le agrada la idea en ese momento de conversar con dos seres tan particulares, así es que le surge preguntarles por las razones de sus viajes.
“La muerte está determinada a alcanzarme, así es que huyo siempre que puedo. Así no veo mi vejez tan de frente. Estrujo la vitalidad que me queda, tan pronto me despiste se irá de mi lado”. Luego de su declaración, Eguchi tomó un sorbo de jugo. “Yo no moriré nunca”, replicó el general, “Al menos hasta que América sea una sola. No escapo de la muerte, porque la llevo dentro, hace tiempo que nos hicimos amigas.”
El Ojo Silva intentó disimular su fascinación, no todos los días se conocía a personajes tan especiales. “Yo intento huir, pero nunca, ni una sola vez, he podido escapar de la violencia. Podría decirse que es el destino de los latinoamericanos que nacimos en los cincuenta. Llevo años trasladándome, pero me queda la sensación de haber dado vueltas en espiral, ya que la violencia me ha encontrado en todos lados.”
Se produjo un silencio, y el Ojo no pudo contenerse y comenzó a llorar, con una especie de sollozo entrecortado. Por alguna extraña razón se sintió en confianza con estos dos señores mayores que lo miraban y no tuvo vergüenza de su llanto. Entonces comenzó a explicar, sin que nadie le preguntara nada. Llevo años llorando, decía. No sé como sacarme esto de encima. Quizá sea el momento de contarlo, decía, a ustedes, que por algo han aparecido en este día de manera tan rara. Pero lo que les voy contar si es que raro.
Alguna vez tuve yo una vida. Pero la perdí. Y con ella se fue todo lo que me importaba. Ahora no me quedan demasiadas esperanzas, un vaso de jugo puede serlo todo. Sucedió en India, años atrás. Tuve dos hijos, a uno lo castraron, al otro no. Yo quería protegerlos, ser una madre, cuidarlos. Pero se los llevó la peste. No pude defenderlos. Fracasé. Una cárcel, una gran prisión, eso es lo que siento. Una sentencia a cadena perpetua. Por no haberlos podido resguardar del mal, de la muerte. Vivo una pesadilla, un calvario, quizá esa palabra puedo acercarse, pero es difícil describirlo. No puedo perdonarme, y esa es mi celda. Mi alma está estrangulada, y el dolor ha cerrado todas mis puertas. Quise salvarlos del infierno, y los envié a la quietud última. No fue mi intención, pero lo hice. No puedo declararme inocente, porque la verdad es que fracasé. Están muertos, y yo vivo una mutilación del sentido de existir. El sentido de mi vida está castrado, cortado antes de tiempo. Mi mente está castrada, ya no puede recuperarse. Sólo quiero escapar. Hago retratos, pero están vacíos. Las migraciones me dan igual, porque no puedo escapar a la mutilación de la que fui víctima. Ellos murieron, y yo con ellos dejé de existir para convertirme en espectro.
Los espectadores están un poco sobresaltados. No esperaban tal profusión. Nunca han estado en la India. No conocían esa práctica bárbara. Se miran, el Ojo llora.
Eguchi, confiesa, estoy aquí porque la estrangulé. Estaba dormida, tan profundamente que no podía despertarse con nada, ni aunque hubiese querido despertarla hubiese podido. Era una droga, estoy seguro, pero no sé cual. Debe haber sido muy fuerte porque ni siquiera volvió en sí cuando apreté su cuello hasta que dejó de respirar. Estábamos desnudos, pero no era lo que imaginan, sólo dormíamos. La maldita vejez tuvo la culpa, no pude soportarlo. Estaba ella ahí, imaginen, era joven, hermosa, virgen, y no pude tener una erección. Lo intenté durante horas, pero no hubo forma. Todo estaba absolutamente inmóvil, la muchacha, la habitación, la vida, que ni siquiera me hice consciente de lo que estaba provocando. La muerte y la vida se cruzaron. Fueron una y lo mismo por un rato que no podría precisar su extensión. Entonces vino la sensación del cautiverio. Entiendo bien de lo que hablas, Mauricio, esa maldita sensación del presidio, de la inutilidad, del fin del libre albedrío, del ocaso de las capacidades. Entonces la estrangulé, la prisión y la muerte fueron una. La muerte era el fin de la prisión, más bien era eso. Esa muerte era la señal de una vida que todavía podía ser. El haberla aniquilado me entregaba aún un poco de vida. Fue un sacrificio que ella hizo sin proponérselo. La obligué a liberarme de mi infelicidad, y ahora estoy aquí, huyendo. Soy un asesino. Un fugitivo de la vida. La vida es muerte para mí, así es que no quiero que me encuentre. Mi vida, así como estoy, viejo, y cubierto de sangre, sólo sirve para vagar, sin destino definido.
Al general se le escapó un pequeño grito, abrumado por la historia, o por el retortijón que sintió en el estómago, y que le obligó a bajar un poco la cabeza y encorvar la espalda. Yo en cambio, no moriré nunca, dijo. La enfermedad ha querido eliminarme, botarme para siempre a una cama, pero yo he sido más fuerte. Vine a este mundo a una misión, y no me iré sin antes consumarla. Este continente, se ha manchado una y otra vez de sangre hermana. Nos hemos matado unos a otros, siendo parte de una misma familia. Debemos unirnos, y disfrutar de esta tierra que nos pertenece. Fin a las fronteras americanas. Bienvenida unión latinoamericana. En unos días dejaré este pueblo y seguiré luchando. Los que creyeron que un simple catarro me detendría están equivocados. Seguiré adelante y llegaré más lejos que nunca. Siguió con su arenga sin notar la cara de alarma del resto de los comensales, ya no le oían, veían su cara adquirir un color cada vez más amarillo. Luego pasó al verde, proseguía con su proclama, a continuación azul, salían y salían palabras de victoria y libertad, “y mañana mismo los derrotaré”. Fueron sus últimas palabras. De manera fulminante, la enfermedad lo conquistó, usurpándole sus últimos respiros de vida, y una infinita cantidad de luchas pendientes, de modo tan repentino, que ni Eguchi ni el Ojo alcanzaron a decir ni hacer nada.
Lo sostuvieron, entre los dos, sin mucho esfuerzo, su cuerpo estaba malogrado, y la delgadez era extrema. Quisieron escapar, como siempre lo habían hecho, pero era imposible. Lo sabían, pero ahora volvían a sentirlo en carne propia. Era el gran cautiverio, esperando por ellos en cualquier rincón del planeta. La gran carcajada de la inconsciencia, la vejez, la enfermedad y la violencia, aliadas con la ubicuidad y el encierro. La muerte los perseguiría hasta encontrarlos. Ahora la tenían ahí entre las manos. El cuerpo inerte, esperando algo, esperando el vacío. La risa de la cárcel del espíritu, invadiéndolo todo. Invadiendo a la muchacha estrangulada, al niño castrado, al que no había alcanzado a ser castrado, a los hijos muertos, al general inerme, todo fusionado en un gran estertor final.
¡Cómo saldremos de este laberinto!
Las lágrimas brotaron solas.
Caminaron de vuelta a la posada, esperando desaparecer.
(Inspirado en “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata; “El general en su laberinto”, de Gabriel García Márquez; y “El Ojo Silva”, en “Putas asesinas”, de Roberto Bolaño.)
Reflexioné unas horas sobre el hilo conductor que uniría los tres relatos escogidos, y pensé, ¿por qué no pueden dialogar los textos? Y fui más allá, ¿por qué no podrían quizá dialogar sus protagonistas? Hacer que las reflexiones aparezcan desde ellos mismos, y luego incluso podrían compartir sus pensamientos. Fusionar en un solo relato las visiones de los tres, mediante una temática definida. Aspectos que los mantienen intranquilos. Dudas que quieren solucionar, tensiones personales, angustias que cargan.
La idea resultaba desafiante y emprendí camino, sin seguridad de llegar a puerto, pero con la convicción de querer aceptar el reto.
A veces la senda es monótona, lo interesante es darle un giro, varias vueltas, encontrar nuevas combinaciones, y definitivamente inusitadas perspectivas. Si no se salta a la piscina, no es posible recoger lo que está en el fondo. ¿Si no me sumerjo, como podré estar segura que en el fondo del mar no hay un tesoro? Decidí intentarlo, parece ser la única forma. Antes de que me aplastaran las horas de divagaciones. Dije: manos a la obra.
Esto es lo que resultó, y nadie afirma que sirva para algo, pero lo interesante es el desafío, de saltar a esa piscina. De ir más allá. Existen reglas, pero a veces se ven más claras si se omiten. Se entienden mejor. La razón de su existencia. La posibilidad de crear nuevas reglas. El objetivo de aprender. Dije: los personajes deben encontrarse. Compartir desazones, incertezas. Debido al estado en que encuentran, es el momento que puedan expresarse. Tienen mucho que decir. Sobretodo sacar afuera ese miedo. Comunicarlo.
Bien, entonces toman aviones, o barcos, lo que les sea posible, y se encuentran. No es una cita concertada. Están nerviosos. Eguchi le teme a la muerte. El general combate la enfermedad, y el Ojo Silva huye de la violencia.
Entonces se produce el momento del encuentro. Es otoño, caen las hojas, hay un fuerte viento. Pero el resto de la escena está quieta, se siente una suerte de congelamiento del alma.
El lugar exacto del encuentro no lo recuerdo. Debió ser hace mucho tiempo que oí esta historia. Es una posada, eso lo recuerdo.
Eguchi es el primero en llegar. Una posada con prostitutas, soldados y niños castrados. Parece una idea terrorífica, pero no es real. No hay tales personas en la posada. Es la imaginación de Eguchi, que lo lleva a recrear esas escenas. Se sienta en la sala de la entrada, hay un par de sillones, desteñidos. Una señora se le acerca, le indica que debe esperar. Por la puerta aparece el general. “Vaya que si hay viejos peor que yo”, piensa Eguchi. “Buenos días”, saluda el general, sin mucha devoción. Se sienta a un lado de Eguchi, sin mirarlo. El silencio se prolonga. “Daría mi vida por un vaso de agua”, piensa el general.
Luego de un par de horas, están situados frente a frente en un restaurante barato. “Me alegro que haya querido venir, a nadie le hace mal un poco de compañía”.
No sabemos si esto lo dice el general o Eguchi, pero estamos ciertos que están ahí, a causa de la invitación de uno de los dos. Deben parecer una pareja peculiar, porque un extraño se les acerca, para solicitarles el poder hacerles una fotografía. Claro, un japonés de barba blanca, y un ex militar a mal traer. Deben de llamar la atención. El fotógrafo se presenta. “Me llamo Mauricio Silva, y soy fotógrafo, estoy aquí por un reportaje que me han encomendado, y debo retratar turistas”, dijo, y pensó justo a continuación, “o escenas extrañas como ésta”.
Lo invitan a tomar asiento. Ordenan otra ronda de jugos de fruta. “En realidad es un reportaje sobre las migraciones”, explica. Él mismo es un migrante, no ha parado de moverse desde que tiene memoria. Le agrada la idea en ese momento de conversar con dos seres tan particulares, así es que le surge preguntarles por las razones de sus viajes.
“La muerte está determinada a alcanzarme, así es que huyo siempre que puedo. Así no veo mi vejez tan de frente. Estrujo la vitalidad que me queda, tan pronto me despiste se irá de mi lado”. Luego de su declaración, Eguchi tomó un sorbo de jugo. “Yo no moriré nunca”, replicó el general, “Al menos hasta que América sea una sola. No escapo de la muerte, porque la llevo dentro, hace tiempo que nos hicimos amigas.”
El Ojo Silva intentó disimular su fascinación, no todos los días se conocía a personajes tan especiales. “Yo intento huir, pero nunca, ni una sola vez, he podido escapar de la violencia. Podría decirse que es el destino de los latinoamericanos que nacimos en los cincuenta. Llevo años trasladándome, pero me queda la sensación de haber dado vueltas en espiral, ya que la violencia me ha encontrado en todos lados.”
Se produjo un silencio, y el Ojo no pudo contenerse y comenzó a llorar, con una especie de sollozo entrecortado. Por alguna extraña razón se sintió en confianza con estos dos señores mayores que lo miraban y no tuvo vergüenza de su llanto. Entonces comenzó a explicar, sin que nadie le preguntara nada. Llevo años llorando, decía. No sé como sacarme esto de encima. Quizá sea el momento de contarlo, decía, a ustedes, que por algo han aparecido en este día de manera tan rara. Pero lo que les voy contar si es que raro.
Alguna vez tuve yo una vida. Pero la perdí. Y con ella se fue todo lo que me importaba. Ahora no me quedan demasiadas esperanzas, un vaso de jugo puede serlo todo. Sucedió en India, años atrás. Tuve dos hijos, a uno lo castraron, al otro no. Yo quería protegerlos, ser una madre, cuidarlos. Pero se los llevó la peste. No pude defenderlos. Fracasé. Una cárcel, una gran prisión, eso es lo que siento. Una sentencia a cadena perpetua. Por no haberlos podido resguardar del mal, de la muerte. Vivo una pesadilla, un calvario, quizá esa palabra puedo acercarse, pero es difícil describirlo. No puedo perdonarme, y esa es mi celda. Mi alma está estrangulada, y el dolor ha cerrado todas mis puertas. Quise salvarlos del infierno, y los envié a la quietud última. No fue mi intención, pero lo hice. No puedo declararme inocente, porque la verdad es que fracasé. Están muertos, y yo vivo una mutilación del sentido de existir. El sentido de mi vida está castrado, cortado antes de tiempo. Mi mente está castrada, ya no puede recuperarse. Sólo quiero escapar. Hago retratos, pero están vacíos. Las migraciones me dan igual, porque no puedo escapar a la mutilación de la que fui víctima. Ellos murieron, y yo con ellos dejé de existir para convertirme en espectro.
Los espectadores están un poco sobresaltados. No esperaban tal profusión. Nunca han estado en la India. No conocían esa práctica bárbara. Se miran, el Ojo llora.
Eguchi, confiesa, estoy aquí porque la estrangulé. Estaba dormida, tan profundamente que no podía despertarse con nada, ni aunque hubiese querido despertarla hubiese podido. Era una droga, estoy seguro, pero no sé cual. Debe haber sido muy fuerte porque ni siquiera volvió en sí cuando apreté su cuello hasta que dejó de respirar. Estábamos desnudos, pero no era lo que imaginan, sólo dormíamos. La maldita vejez tuvo la culpa, no pude soportarlo. Estaba ella ahí, imaginen, era joven, hermosa, virgen, y no pude tener una erección. Lo intenté durante horas, pero no hubo forma. Todo estaba absolutamente inmóvil, la muchacha, la habitación, la vida, que ni siquiera me hice consciente de lo que estaba provocando. La muerte y la vida se cruzaron. Fueron una y lo mismo por un rato que no podría precisar su extensión. Entonces vino la sensación del cautiverio. Entiendo bien de lo que hablas, Mauricio, esa maldita sensación del presidio, de la inutilidad, del fin del libre albedrío, del ocaso de las capacidades. Entonces la estrangulé, la prisión y la muerte fueron una. La muerte era el fin de la prisión, más bien era eso. Esa muerte era la señal de una vida que todavía podía ser. El haberla aniquilado me entregaba aún un poco de vida. Fue un sacrificio que ella hizo sin proponérselo. La obligué a liberarme de mi infelicidad, y ahora estoy aquí, huyendo. Soy un asesino. Un fugitivo de la vida. La vida es muerte para mí, así es que no quiero que me encuentre. Mi vida, así como estoy, viejo, y cubierto de sangre, sólo sirve para vagar, sin destino definido.
Al general se le escapó un pequeño grito, abrumado por la historia, o por el retortijón que sintió en el estómago, y que le obligó a bajar un poco la cabeza y encorvar la espalda. Yo en cambio, no moriré nunca, dijo. La enfermedad ha querido eliminarme, botarme para siempre a una cama, pero yo he sido más fuerte. Vine a este mundo a una misión, y no me iré sin antes consumarla. Este continente, se ha manchado una y otra vez de sangre hermana. Nos hemos matado unos a otros, siendo parte de una misma familia. Debemos unirnos, y disfrutar de esta tierra que nos pertenece. Fin a las fronteras americanas. Bienvenida unión latinoamericana. En unos días dejaré este pueblo y seguiré luchando. Los que creyeron que un simple catarro me detendría están equivocados. Seguiré adelante y llegaré más lejos que nunca. Siguió con su arenga sin notar la cara de alarma del resto de los comensales, ya no le oían, veían su cara adquirir un color cada vez más amarillo. Luego pasó al verde, proseguía con su proclama, a continuación azul, salían y salían palabras de victoria y libertad, “y mañana mismo los derrotaré”. Fueron sus últimas palabras. De manera fulminante, la enfermedad lo conquistó, usurpándole sus últimos respiros de vida, y una infinita cantidad de luchas pendientes, de modo tan repentino, que ni Eguchi ni el Ojo alcanzaron a decir ni hacer nada.
Lo sostuvieron, entre los dos, sin mucho esfuerzo, su cuerpo estaba malogrado, y la delgadez era extrema. Quisieron escapar, como siempre lo habían hecho, pero era imposible. Lo sabían, pero ahora volvían a sentirlo en carne propia. Era el gran cautiverio, esperando por ellos en cualquier rincón del planeta. La gran carcajada de la inconsciencia, la vejez, la enfermedad y la violencia, aliadas con la ubicuidad y el encierro. La muerte los perseguiría hasta encontrarlos. Ahora la tenían ahí entre las manos. El cuerpo inerte, esperando algo, esperando el vacío. La risa de la cárcel del espíritu, invadiéndolo todo. Invadiendo a la muchacha estrangulada, al niño castrado, al que no había alcanzado a ser castrado, a los hijos muertos, al general inerme, todo fusionado en un gran estertor final.
¡Cómo saldremos de este laberinto!
Las lágrimas brotaron solas.
Caminaron de vuelta a la posada, esperando desaparecer.
23 de enero de 2011
Sobre la fotografía
La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético.
Jorge Luis Borges, La muralla y los libros
Para tomar una buena fotografía se debe poner atención a la coyuntura dada por la sincronía de factores.
Debe estarse atento a la circunstancia adecuada:
La coincidencia del objeto, la luz y el encuadre perfectos. Buscando entregar un mensaje.
La simultaneidad de esos cuatro factores es quizá la revelación del poder vital y la trascendencia.
La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético.
Jorge Luis Borges, La muralla y los libros
Para tomar una buena fotografía se debe poner atención a la coyuntura dada por la sincronía de factores.
Debe estarse atento a la circunstancia adecuada:
La coincidencia del objeto, la luz y el encuadre perfectos. Buscando entregar un mensaje.
La simultaneidad de esos cuatro factores es quizá la revelación del poder vital y la trascendencia.
El fin de una relación
- ¿Que es de tu otra vida? Me refiero a tu vida personal.
- Yo misma me pierdo ya en mis vidas. Está bien, creo... No he tenido mucho tiempo de pensar en ella.
- Que bueno, parece que estás motivada con tu trabajo.
- ¿Y tu otra vida?
- Bien, me va bien.
- Estoy aquí contigo ahora, pero es como que esta conversación llegara a Marte, que extraño. Como una dimensión paralela.
- Es raro, para variar, pero me dan ganas de volver a verte. Aunque no se pueda.
- ¿Cómo es eso de Marte? Bueno, a pesar de todo vivimos cerca pero lejos, y son, de hecho, mundos paralelos.
- Eres como un mundo paralelo que a veces se conecta con el mío, que raro, como un marciano. Todo se hizo de pronto muy extraño y familiar a la vez. No me la puedo.
- Así parece que es el cuento con todo y con todos.
- Mi cansancio deja poco espacio y esto ocupa mucho.
- Te invito a mi cumpleaños y te regalo una copia de una película que me encantaría que vieras.
- Cresta... ¿estás seguro? iría, pero alto, ¿va a ser en tu casa?
- Supongo... ya ha pasado tiempo, y no creo que sea problema, sería mejor, de hecho, para que no estuviéramos en mundos paralelos.
- La ultima vez que te vi terminé vomitando en el baño. Creo que verte no es fácil, perdona la sinceridad. ¡¿Creo que no sería problema dijiste?! Ni siquiera conozco a tu pareja.
- Por eso, ella tampoco, y yo sé que tiene un fantasma, un miedo, porque no te conoce, y por eso yo no le cuento, y entonces hay más fantasmas.
- Me pides harto, pero yo soy de la idea de enfrentarse, quizá no estaría mal, creo que le tengo menos miedo a las cosas ahora.
- Yo estuve bien atravesado con el encuentro, ese abrazo. Me perturbó mucho, quizá me pondría nervioso y sería peor... porque más se notaría que el asunto no está en paz... y ella se da cuenta. Me gustaría sentirme tranquilo contigo, de verdad y es lo que quiero.
- Era justamente lo que iba a decirte... que tendríamos que actuar como que todo está bien, pero no saldría natural, porque no lo está. Creo que no va a resultar. ¿Cómo lograr la tranquilidad que tú mencionas?
- Entre más paralelas se ponen las dimensiones es más complicado, porque siempre se tocan por alguna parte, y vuelve a pasar lo mismo. Yo quedo atravesado. Me junto a veces con otras ex y mi pareja, y no pasa nada, qué nos pasó que la cosa quedó así, como pendiente.
- Pareciera a veces que casi no hay salida... Que pesimista, lo siento.
- No entiendo porqué no lo podemos resolver. ¿¿Qué está pendiente?? ¿Por qué? Está esta incomodidad, y a la vez no se puede dejar... Parece que nos entendemos, por lo menos yo veo que sientes eso... ¿Qué es? yo lo siento muy fuerte cuando te pillo por ahí, ¿será la prohibición que lo alimenta, y ¿Qué es lo prohibido? Que cresta pasa aquí, siempre llegamos a este tema, ¿Qué nos pasa, qué pasó? ¿No se va a pasar nunca cierto? Vamos a tener 40 años y esto va a seguir pasando. Tendrá que quedar así, ¿para siempre? a lo mejor habrá que bancárselo. En serio que esto es muy serio…
- Perdona que me ría... Sonó demasiado desesperado, de esas cosas que escuchas y te da risa lo terrible porque es mucho... bueno, aparte del momento divertido, creo que es muy serio. Toda la razón. Creo que es serio, ya lo dije, pero no sé la solución.
- Yo creo que no hay por ahora, lo único que pienso es que quizá el tiempo arregle el cuento... pero en realidad no creo. Quizá el duelo.
- Ahora estás nervioso tú... me causa gracia porque es un tema eterno. Creo que me río porque llevo ya casi 5 años, y parece que sé, que no hay solución, pareciera ser que ya lo asumí.
- Hay que procesar un duelo y decir "bueno, bien, fue el amor más lindo de mi vida pero ya no fue, ahora las cosas son distintas ya no tengo veinte y tantos, y el recuerdo se va ir haciendo dato con el tiempo".
- Y quizá por eso me causa gracia, porque cuando ya no hay nada más que hacer, hay que reír. Mira, en general no me causa nada de gracia, de hecho lloro. Aparte el año pasado estuve en terapia y se reabrieron muchas cosas. Fue terrible. Ahora me dio pena.
- Sí... pero te entiendo y siento que me entiendes... eso es bueno estamos claros... nos pasa lo mismo. Tú tienes pareja, yo tengo una familia, por el momento esto se resuelve con dimensiones paralelas y punto. ¿Será eso lo mejor?
- No creo que sea lo mejor. Me acorde de nueces para el amor.
- Es una posibilidad, yo soy capaz de bancármelo. El asunto se pone duro cuando sé de ti, y yo sé que aunque no nos veamos, todos se dan cuenta. Yo sé que mi mamá se da cuenta, mis mejores amigos se dan cuenta, mi pareja se da cuenta, aunque nunca más se habló del tema. Se nota en el aire. Pero Stalin dijo, "para hacer una tortilla hay que romper huevos" vamos, si hay que sufrir se sufre. ¿Si no qué?
- He sufrido mucho. No quiero más. ¿A que ibas con eso de los huevos?
Ya me hiciste llorar.
- Te tengo aquí adentro y no he podido dejar el espacio, nada más he agrandado mi corazón para todo lo demás, pero no se puede hacer nada con eso, romper huevos es que por alguna parte hay que sufrir con el cambio, ojala las dimensiones se unieran cada cierto tiempo, un abrazo y quedamos felices, pero no quedamos felices, ¿cierto? Esto nos pone tristes.
- Y apareces en un momento en que estoy muy sensible, sí, me pone triste hablar contigo, pero estoy feliz de hacerlo, esa es la contradicción.
- Me gustaría abrazarte, sólo eso pediría ahora y que durara harto, y que se quedara así, por todo el tiempo que sea necesario para sanar, un segundo eterno, eso quiero, un segundo que pudiera hacer durar y durar todo lo que necesite. Yo creo que ese abrazo me sanaría. Pero un segundo no puede durar tanto. Y no puedo darme más de un segundo, no se puede. No se puede.
- Es parte de la misma contradicción que al mismo tiempo se produzca una confluencia de desconsuelo y felicidad, creo que aunque sufra, estoy feliz por poder sentir estas cosas, o haberlas podido sentir. Por eso no se acaba, porque vienen las dos cosas y se neutralizan, y nunca se logra nada.
- La maldita contradicción, ¿qué es esto? ¿Masoquismo? Porqué sigue así… Contéstame, apóyame. Por favor resolvamos esto, tú no te imaginas, pero en realidad no he podido sentirme libre, no me siento cien por ciento relajado en mi relación, ni en mi proyecto de vida, ni con nada, porque esto molesta todo el tiempo y de repente sale a flote y ahí está con toda la carga. Dime porqué no hemos podido TERMINAR.
- Por muy mal que pueda pasarlo ahora, no me arrepiento de ni uno solo de los días que estuve contigo, entonces ahí se crea la contradicción, y se mantiene inmóvil, te entiendo perfecto, no te imaginas. Lo bueno es que a veces duerme, pero cuando despierta vuelve siempre con la misma fuerza, y eso lo hace avasallador.
- Tenía que decírtelo, pero no estaba tan claro, quiero aprovechar este momento. Yo no lo paso mal. Pero no puedo pasarlo del todo bien. No quiero hacerte daño, pero siento que es justo porque a mí me pasa lo mismo que a ti. No hay culpable. Ahí va: Te quiero mucho, eres la persona más maravillosa y con quien he sentido lo más lindo y vivido lo más lindo de mi vida. Siento, y perdona, que te amo y no creo que pueda dejar de amarte aunque sea en el recuerdo, y voy a llevar ese peso por siempre, y siempre me voy culpar por haber terminado contigo, y no por ti, por mí. Eso es todo lo que me pasa, eso y nada más que eso. La renuncia. Eres preciosa, tu sensibilidad, tu inteligencia, tu sentido del humor, tu belleza todo eso lo perdí por tonto, por estar enfermo y no darme cuenta, quiero que sepas todo esto aunque ya lo sabías, pero tenía que decírtelo.
- No lo sabía, y si lo sabía, y no me di cuenta, nunca había sido porque tú me lo dijeras.
- Es la herida que tengo que llevar. Esto me recuerda todo el tiempo que tengo que mejorar, que el apego está ahí. Que tengo que llegar a verte como una conmigo, como un alma maravillosa, y clara, inocente como la mía, y no desearte como una posesión. Cuando eso suceda voy a ser de verdad libre. Gracias por cruzarte conmigo, y darme esto, la oportunidad de aprender a amar. Cuando te vea... quiero verte libre de todo y sentirme libre, feliz y liviano, porque tú estás feliz.
- Me duele que me digas esto, perdona que esté callada, pero estaba asimilando la información. Cuando tú decidiste terminar la relación fue como morir, entonces ahora me dices esto y no sé que pensar.
- Creo que te dije todo lo que siento, es eso nomás, la verdad es lo mejor. De hecho me siento mucho más liviano ahora. Aunque sea a expensas de abrir heridas. Que bueno, puedo decirte que te amo, ya lo sabías, y a través de este amor voy a ser libre. Gracias por existir. Creo que ahora entiendo el sentido de todo esto.
- Algo se rompió el día que decidiste terminar conmigo, que cambió la existencia para siempre. Ya no hay vuelta atrás.
- No me siento egoísta por decírtelo, porque es la verdad, no me voy a sentir culpable. Tú sabes que es así, siempre lo has sabido igual que yo de ti. ¿Me entiendes? ¿ME ENTIENDES? PORFAVOR NECESITO QUE ME
RESPONDAS.
- Estoy triste, la verdad es que tú eras mi vida, en el momento que desapareciste tuve que crear una nueva.
- Yo también.
- Y no quedo otra que hacerlo lo mejor que pude, pero fue a pedazos y quedó con agujeros, por eso esto nunca se acaba. Mi vida sigue naufragando de vez en cuando, y me voy a la cresta. Y no sé si todo esto fue por ti o qué, pero mi vida se sigue yendo a la cresta cada año, en la misma época más o menos, no me la puedo de nuevo, pareciera avecinarse. Cuando me llames, no voy a contestar el teléfono. Me da miedo. Aparte me haces llorar. Nunca me atrevo a hablar contigo. No lo hagas más difícil, tiemblo casi.
- ¿Hubiera sido mejor no decir nada?
- No sé… yo lo paso mal de todas formas, me afecta muchísimo, pero siempre me parece mejor al final. Me gusta hablar contigo, a pesar de que duele.
- Si no veo esto como una posibilidad para crecer, no tiene sentido, esto no habría seguido el curso que siguió. Quiero que todo esto sea para el bien de los dos, aunque no sea agradable, eso no significa que sea malo. Yo creo que hoy ha sido distinto, por lo menos para mí y creo que para los dos. Dime algo, me siento como un niño. ¿Te vas a despedir? ¿Te vas ahora?
- No todavía. Estoy triste, también por otras cosas.
- Me gustaría animarte.
- Eres tierno de querer subirme el ánimo.
- Estás en una nube de algodón de dulce con zeppelines y gaviotas que planean alrededor.
- Que lindo sonó eso…
- Cuando la nube se hincha te caes por un río de rocío.
- Por un momento lo sentí.
- Te mojas con el frescor de la mañana.
- Pero cuando termines de decir esas cosas, todo volverá.
- Los pajaritos se bañan contigo
- No seas así, es peor. Lo paso tan bien contigo, extraño mucho eso.
- ¿Qué hago entonces, si la fuente de donde todo viene es de ti? Tú haces tu campo y tu prado, con ovejas lanudas, blanditas, que se dejan hacer cariño y no se van corriendo, y te mojan la mano con su lengüita.
- Lo pasaba muy bien contigo. Estamos cada uno en su frecuencia, yo estaba ahora en el momento nostálgico. ¡Lengüita! Que tierno.
- Bien, ¿viste que es posible animarse? Me siento muy bien de estar tan cerca de ti. Me encanta verte sonriendo. Echaba de menos este sentimiento. Sí, nos reíamos harto. Ahora nos conectamos, yo también me animé.
- Tan cerca y tan lejos, tú lo dijiste.
- No tan lejos, siento que puedo tocarte con el alma. Estoy donde tú estás y contigo. Muchas veces me imagino haciéndote cariño en el pelo, arriba de la oreja, con la puntita de las uñas, desde la frente hacia atrás, desde la frente hacia atrás...
- ¿Cuando vamos a poder pasarlo bien de nuevo sin problemas?
- Cuando estemos muy lejos de aquí.
- Por mientras esta tarde para mí ha sido un regalo.
- Que lindo, me haces sentir mejor, ¿lejos de aquí?
- Sé que estás triste, pero haberme contactado contigo tan libremente me despertó el corazón, tengo ganas de bailar, de tocar guitarra. Estás tan llena de encanto, como dando saltitos te imagino.
- ¿Como? ¿Yo salto?
- Con tu risa abierta y generosa, dando saltitos chiquititos de felicidad. Te imagino así. ¿Estoy perdiendo el juicio?
- Déjame soñar que algún día nos vamos lejos de aquí. No pierdes el juicio… bueno, un poco. ¿No te da pena pensar que nunca más vamos a estar juntos, aunque sea una semana?
- Sí me da, y mucha, no digas eso de la semana, que es muy fuerte.
- Con decirte la verdad ya te digo algo lindo, puedo decirte que cambiaste mi vida de sombra a luz, para siempre, y que voy a agradecértelo eternamente.
- Eso es lo más lindo que me han dicho.
- Contigo descubrí el universo, y me di cuenta que la vida puede ser maravillosa. No sería lo que soy si no fuera por ti. Llegaste a mi vida en un momento de crecimiento, creo que eso fue clave, y me entregaste lo mejor de ti. No puedo más que agradecerte.
- Me dio pena, no voy a sentirme así nunca más, eso fue lo mejor que he sido, es para ti, es para ti. Tú eres lo mejor que me ha pasado, nunca he amado así, gracias por darme eso.
- Es que nuestra relación fue muy bonita, yo creo que por eso estamos tan estancados ahora, nos llevábamos muy bien.
- cada vez que siento que estoy solo, que el amor es egoísta, me acuerdo de cuando llevábamos un tiempo juntos, y yo iba en una micro y pensaba que daría mi vida por ti, y decía "parece que estoy enamorado", y sentía que flotaba... Quería estar vivo sólo para seguir contigo, tuve tantas ganas de estar vivo, y me sentía tan vivo. Siento que ahora las cosas se ponen tan oscuras…
- Que bonito lo que me dices... No tenías que poner el toque oscuro todavía. Estábamos evadiendo la realidad.
- Perdona. Me vino un ataque de realidad, ¡al mismo tiempo! Nos caímos de cara a la tierra.
- ¡No! Yo había entrado al carrusel ya.
- Linda.
- Estás loco.
- ¿Sabes? esto está demasiado entretenido ¿Por qué loco?, (esta vez).
- Porque sí, pero me gusta, te hace diferente.
- ¿Diferente a quién?
- Eso me gustaba mucho de ti recuerdo, la forma como ves las cosas, me refiero a los detalles, te fijas en ellos, y yo también, y eso era entretenido. Fijarse en tonteras que nadie se fija. Creo que eso es suficiente para vivir. Tengo que irme ahora. En serio.
- Bueno, no olvides que te quiero mucho.
- Adiós.
- ¿Que es de tu otra vida? Me refiero a tu vida personal.
- Yo misma me pierdo ya en mis vidas. Está bien, creo... No he tenido mucho tiempo de pensar en ella.
- Que bueno, parece que estás motivada con tu trabajo.
- ¿Y tu otra vida?
- Bien, me va bien.
- Estoy aquí contigo ahora, pero es como que esta conversación llegara a Marte, que extraño. Como una dimensión paralela.
- Es raro, para variar, pero me dan ganas de volver a verte. Aunque no se pueda.
- ¿Cómo es eso de Marte? Bueno, a pesar de todo vivimos cerca pero lejos, y son, de hecho, mundos paralelos.
- Eres como un mundo paralelo que a veces se conecta con el mío, que raro, como un marciano. Todo se hizo de pronto muy extraño y familiar a la vez. No me la puedo.
- Así parece que es el cuento con todo y con todos.
- Mi cansancio deja poco espacio y esto ocupa mucho.
- Te invito a mi cumpleaños y te regalo una copia de una película que me encantaría que vieras.
- Cresta... ¿estás seguro? iría, pero alto, ¿va a ser en tu casa?
- Supongo... ya ha pasado tiempo, y no creo que sea problema, sería mejor, de hecho, para que no estuviéramos en mundos paralelos.
- La ultima vez que te vi terminé vomitando en el baño. Creo que verte no es fácil, perdona la sinceridad. ¡¿Creo que no sería problema dijiste?! Ni siquiera conozco a tu pareja.
- Por eso, ella tampoco, y yo sé que tiene un fantasma, un miedo, porque no te conoce, y por eso yo no le cuento, y entonces hay más fantasmas.
- Me pides harto, pero yo soy de la idea de enfrentarse, quizá no estaría mal, creo que le tengo menos miedo a las cosas ahora.
- Yo estuve bien atravesado con el encuentro, ese abrazo. Me perturbó mucho, quizá me pondría nervioso y sería peor... porque más se notaría que el asunto no está en paz... y ella se da cuenta. Me gustaría sentirme tranquilo contigo, de verdad y es lo que quiero.
- Era justamente lo que iba a decirte... que tendríamos que actuar como que todo está bien, pero no saldría natural, porque no lo está. Creo que no va a resultar. ¿Cómo lograr la tranquilidad que tú mencionas?
- Entre más paralelas se ponen las dimensiones es más complicado, porque siempre se tocan por alguna parte, y vuelve a pasar lo mismo. Yo quedo atravesado. Me junto a veces con otras ex y mi pareja, y no pasa nada, qué nos pasó que la cosa quedó así, como pendiente.
- Pareciera a veces que casi no hay salida... Que pesimista, lo siento.
- No entiendo porqué no lo podemos resolver. ¿¿Qué está pendiente?? ¿Por qué? Está esta incomodidad, y a la vez no se puede dejar... Parece que nos entendemos, por lo menos yo veo que sientes eso... ¿Qué es? yo lo siento muy fuerte cuando te pillo por ahí, ¿será la prohibición que lo alimenta, y ¿Qué es lo prohibido? Que cresta pasa aquí, siempre llegamos a este tema, ¿Qué nos pasa, qué pasó? ¿No se va a pasar nunca cierto? Vamos a tener 40 años y esto va a seguir pasando. Tendrá que quedar así, ¿para siempre? a lo mejor habrá que bancárselo. En serio que esto es muy serio…
- Perdona que me ría... Sonó demasiado desesperado, de esas cosas que escuchas y te da risa lo terrible porque es mucho... bueno, aparte del momento divertido, creo que es muy serio. Toda la razón. Creo que es serio, ya lo dije, pero no sé la solución.
- Yo creo que no hay por ahora, lo único que pienso es que quizá el tiempo arregle el cuento... pero en realidad no creo. Quizá el duelo.
- Ahora estás nervioso tú... me causa gracia porque es un tema eterno. Creo que me río porque llevo ya casi 5 años, y parece que sé, que no hay solución, pareciera ser que ya lo asumí.
- Hay que procesar un duelo y decir "bueno, bien, fue el amor más lindo de mi vida pero ya no fue, ahora las cosas son distintas ya no tengo veinte y tantos, y el recuerdo se va ir haciendo dato con el tiempo".
- Y quizá por eso me causa gracia, porque cuando ya no hay nada más que hacer, hay que reír. Mira, en general no me causa nada de gracia, de hecho lloro. Aparte el año pasado estuve en terapia y se reabrieron muchas cosas. Fue terrible. Ahora me dio pena.
- Sí... pero te entiendo y siento que me entiendes... eso es bueno estamos claros... nos pasa lo mismo. Tú tienes pareja, yo tengo una familia, por el momento esto se resuelve con dimensiones paralelas y punto. ¿Será eso lo mejor?
- No creo que sea lo mejor. Me acorde de nueces para el amor.
- Es una posibilidad, yo soy capaz de bancármelo. El asunto se pone duro cuando sé de ti, y yo sé que aunque no nos veamos, todos se dan cuenta. Yo sé que mi mamá se da cuenta, mis mejores amigos se dan cuenta, mi pareja se da cuenta, aunque nunca más se habló del tema. Se nota en el aire. Pero Stalin dijo, "para hacer una tortilla hay que romper huevos" vamos, si hay que sufrir se sufre. ¿Si no qué?
- He sufrido mucho. No quiero más. ¿A que ibas con eso de los huevos?
Ya me hiciste llorar.
- Te tengo aquí adentro y no he podido dejar el espacio, nada más he agrandado mi corazón para todo lo demás, pero no se puede hacer nada con eso, romper huevos es que por alguna parte hay que sufrir con el cambio, ojala las dimensiones se unieran cada cierto tiempo, un abrazo y quedamos felices, pero no quedamos felices, ¿cierto? Esto nos pone tristes.
- Y apareces en un momento en que estoy muy sensible, sí, me pone triste hablar contigo, pero estoy feliz de hacerlo, esa es la contradicción.
- Me gustaría abrazarte, sólo eso pediría ahora y que durara harto, y que se quedara así, por todo el tiempo que sea necesario para sanar, un segundo eterno, eso quiero, un segundo que pudiera hacer durar y durar todo lo que necesite. Yo creo que ese abrazo me sanaría. Pero un segundo no puede durar tanto. Y no puedo darme más de un segundo, no se puede. No se puede.
- Es parte de la misma contradicción que al mismo tiempo se produzca una confluencia de desconsuelo y felicidad, creo que aunque sufra, estoy feliz por poder sentir estas cosas, o haberlas podido sentir. Por eso no se acaba, porque vienen las dos cosas y se neutralizan, y nunca se logra nada.
- La maldita contradicción, ¿qué es esto? ¿Masoquismo? Porqué sigue así… Contéstame, apóyame. Por favor resolvamos esto, tú no te imaginas, pero en realidad no he podido sentirme libre, no me siento cien por ciento relajado en mi relación, ni en mi proyecto de vida, ni con nada, porque esto molesta todo el tiempo y de repente sale a flote y ahí está con toda la carga. Dime porqué no hemos podido TERMINAR.
- Por muy mal que pueda pasarlo ahora, no me arrepiento de ni uno solo de los días que estuve contigo, entonces ahí se crea la contradicción, y se mantiene inmóvil, te entiendo perfecto, no te imaginas. Lo bueno es que a veces duerme, pero cuando despierta vuelve siempre con la misma fuerza, y eso lo hace avasallador.
- Tenía que decírtelo, pero no estaba tan claro, quiero aprovechar este momento. Yo no lo paso mal. Pero no puedo pasarlo del todo bien. No quiero hacerte daño, pero siento que es justo porque a mí me pasa lo mismo que a ti. No hay culpable. Ahí va: Te quiero mucho, eres la persona más maravillosa y con quien he sentido lo más lindo y vivido lo más lindo de mi vida. Siento, y perdona, que te amo y no creo que pueda dejar de amarte aunque sea en el recuerdo, y voy a llevar ese peso por siempre, y siempre me voy culpar por haber terminado contigo, y no por ti, por mí. Eso es todo lo que me pasa, eso y nada más que eso. La renuncia. Eres preciosa, tu sensibilidad, tu inteligencia, tu sentido del humor, tu belleza todo eso lo perdí por tonto, por estar enfermo y no darme cuenta, quiero que sepas todo esto aunque ya lo sabías, pero tenía que decírtelo.
- No lo sabía, y si lo sabía, y no me di cuenta, nunca había sido porque tú me lo dijeras.
- Es la herida que tengo que llevar. Esto me recuerda todo el tiempo que tengo que mejorar, que el apego está ahí. Que tengo que llegar a verte como una conmigo, como un alma maravillosa, y clara, inocente como la mía, y no desearte como una posesión. Cuando eso suceda voy a ser de verdad libre. Gracias por cruzarte conmigo, y darme esto, la oportunidad de aprender a amar. Cuando te vea... quiero verte libre de todo y sentirme libre, feliz y liviano, porque tú estás feliz.
- Me duele que me digas esto, perdona que esté callada, pero estaba asimilando la información. Cuando tú decidiste terminar la relación fue como morir, entonces ahora me dices esto y no sé que pensar.
- Creo que te dije todo lo que siento, es eso nomás, la verdad es lo mejor. De hecho me siento mucho más liviano ahora. Aunque sea a expensas de abrir heridas. Que bueno, puedo decirte que te amo, ya lo sabías, y a través de este amor voy a ser libre. Gracias por existir. Creo que ahora entiendo el sentido de todo esto.
- Algo se rompió el día que decidiste terminar conmigo, que cambió la existencia para siempre. Ya no hay vuelta atrás.
- No me siento egoísta por decírtelo, porque es la verdad, no me voy a sentir culpable. Tú sabes que es así, siempre lo has sabido igual que yo de ti. ¿Me entiendes? ¿ME ENTIENDES? PORFAVOR NECESITO QUE ME
RESPONDAS.
- Estoy triste, la verdad es que tú eras mi vida, en el momento que desapareciste tuve que crear una nueva.
- Yo también.
- Y no quedo otra que hacerlo lo mejor que pude, pero fue a pedazos y quedó con agujeros, por eso esto nunca se acaba. Mi vida sigue naufragando de vez en cuando, y me voy a la cresta. Y no sé si todo esto fue por ti o qué, pero mi vida se sigue yendo a la cresta cada año, en la misma época más o menos, no me la puedo de nuevo, pareciera avecinarse. Cuando me llames, no voy a contestar el teléfono. Me da miedo. Aparte me haces llorar. Nunca me atrevo a hablar contigo. No lo hagas más difícil, tiemblo casi.
- ¿Hubiera sido mejor no decir nada?
- No sé… yo lo paso mal de todas formas, me afecta muchísimo, pero siempre me parece mejor al final. Me gusta hablar contigo, a pesar de que duele.
- Si no veo esto como una posibilidad para crecer, no tiene sentido, esto no habría seguido el curso que siguió. Quiero que todo esto sea para el bien de los dos, aunque no sea agradable, eso no significa que sea malo. Yo creo que hoy ha sido distinto, por lo menos para mí y creo que para los dos. Dime algo, me siento como un niño. ¿Te vas a despedir? ¿Te vas ahora?
- No todavía. Estoy triste, también por otras cosas.
- Me gustaría animarte.
- Eres tierno de querer subirme el ánimo.
- Estás en una nube de algodón de dulce con zeppelines y gaviotas que planean alrededor.
- Que lindo sonó eso…
- Cuando la nube se hincha te caes por un río de rocío.
- Por un momento lo sentí.
- Te mojas con el frescor de la mañana.
- Pero cuando termines de decir esas cosas, todo volverá.
- Los pajaritos se bañan contigo
- No seas así, es peor. Lo paso tan bien contigo, extraño mucho eso.
- ¿Qué hago entonces, si la fuente de donde todo viene es de ti? Tú haces tu campo y tu prado, con ovejas lanudas, blanditas, que se dejan hacer cariño y no se van corriendo, y te mojan la mano con su lengüita.
- Lo pasaba muy bien contigo. Estamos cada uno en su frecuencia, yo estaba ahora en el momento nostálgico. ¡Lengüita! Que tierno.
- Bien, ¿viste que es posible animarse? Me siento muy bien de estar tan cerca de ti. Me encanta verte sonriendo. Echaba de menos este sentimiento. Sí, nos reíamos harto. Ahora nos conectamos, yo también me animé.
- Tan cerca y tan lejos, tú lo dijiste.
- No tan lejos, siento que puedo tocarte con el alma. Estoy donde tú estás y contigo. Muchas veces me imagino haciéndote cariño en el pelo, arriba de la oreja, con la puntita de las uñas, desde la frente hacia atrás, desde la frente hacia atrás...
- ¿Cuando vamos a poder pasarlo bien de nuevo sin problemas?
- Cuando estemos muy lejos de aquí.
- Por mientras esta tarde para mí ha sido un regalo.
- Que lindo, me haces sentir mejor, ¿lejos de aquí?
- Sé que estás triste, pero haberme contactado contigo tan libremente me despertó el corazón, tengo ganas de bailar, de tocar guitarra. Estás tan llena de encanto, como dando saltitos te imagino.
- ¿Como? ¿Yo salto?
- Con tu risa abierta y generosa, dando saltitos chiquititos de felicidad. Te imagino así. ¿Estoy perdiendo el juicio?
- Déjame soñar que algún día nos vamos lejos de aquí. No pierdes el juicio… bueno, un poco. ¿No te da pena pensar que nunca más vamos a estar juntos, aunque sea una semana?
- Sí me da, y mucha, no digas eso de la semana, que es muy fuerte.
- Con decirte la verdad ya te digo algo lindo, puedo decirte que cambiaste mi vida de sombra a luz, para siempre, y que voy a agradecértelo eternamente.
- Eso es lo más lindo que me han dicho.
- Contigo descubrí el universo, y me di cuenta que la vida puede ser maravillosa. No sería lo que soy si no fuera por ti. Llegaste a mi vida en un momento de crecimiento, creo que eso fue clave, y me entregaste lo mejor de ti. No puedo más que agradecerte.
- Me dio pena, no voy a sentirme así nunca más, eso fue lo mejor que he sido, es para ti, es para ti. Tú eres lo mejor que me ha pasado, nunca he amado así, gracias por darme eso.
- Es que nuestra relación fue muy bonita, yo creo que por eso estamos tan estancados ahora, nos llevábamos muy bien.
- cada vez que siento que estoy solo, que el amor es egoísta, me acuerdo de cuando llevábamos un tiempo juntos, y yo iba en una micro y pensaba que daría mi vida por ti, y decía "parece que estoy enamorado", y sentía que flotaba... Quería estar vivo sólo para seguir contigo, tuve tantas ganas de estar vivo, y me sentía tan vivo. Siento que ahora las cosas se ponen tan oscuras…
- Que bonito lo que me dices... No tenías que poner el toque oscuro todavía. Estábamos evadiendo la realidad.
- Perdona. Me vino un ataque de realidad, ¡al mismo tiempo! Nos caímos de cara a la tierra.
- ¡No! Yo había entrado al carrusel ya.
- Linda.
- Estás loco.
- ¿Sabes? esto está demasiado entretenido ¿Por qué loco?, (esta vez).
- Porque sí, pero me gusta, te hace diferente.
- ¿Diferente a quién?
- Eso me gustaba mucho de ti recuerdo, la forma como ves las cosas, me refiero a los detalles, te fijas en ellos, y yo también, y eso era entretenido. Fijarse en tonteras que nadie se fija. Creo que eso es suficiente para vivir. Tengo que irme ahora. En serio.
- Bueno, no olvides que te quiero mucho.
- Adiós.
Sobre la poesía
Cuando tenía 13 años mi madre me regaló un libro de antología poética para jóvenes.
En la primera página estampó una dedicatoria:
“Con enorme cariño para mi hija Cuqui, para que descubra la belleza y la magia de la poesía. Andrea, agosto de 1994”.
Hoy vuelvo a encontrar estas palabras, y con mucha emoción puedo decir que la poesía realmente cambió mi vida.
Hoy puedo asegurar que la belleza existe.
Hoy me es posible gozar de la magia del sentido de las palabras.
Ver la poesía de una sonrisa, de una flor o de una palabra de aliento en el momento preciso.
La poesía de saber que puedes contar con alguien, que no estás solo.
La poesía de compartir una mesa y una conversación honesta.
De mirar al cielo y a las nubes de color.
La poesía de una música alegre. De unos tambores serenos.
La poesía del aroma de una rosa.
La poesía de caminar descalzo por la orilla del mar.
La poesía de bailar sintiéndote libre.
La poesía de escuchar a tu abuela.
La magia de saberte vivo y reconocerte poesía.
Cuando tenía 13 años mi madre me regaló un libro de antología poética para jóvenes.
En la primera página estampó una dedicatoria:
“Con enorme cariño para mi hija Cuqui, para que descubra la belleza y la magia de la poesía. Andrea, agosto de 1994”.
Hoy vuelvo a encontrar estas palabras, y con mucha emoción puedo decir que la poesía realmente cambió mi vida.
Hoy puedo asegurar que la belleza existe.
Hoy me es posible gozar de la magia del sentido de las palabras.
Ver la poesía de una sonrisa, de una flor o de una palabra de aliento en el momento preciso.
La poesía de saber que puedes contar con alguien, que no estás solo.
La poesía de compartir una mesa y una conversación honesta.
De mirar al cielo y a las nubes de color.
La poesía de una música alegre. De unos tambores serenos.
La poesía del aroma de una rosa.
La poesía de caminar descalzo por la orilla del mar.
La poesía de bailar sintiéndote libre.
La poesía de escuchar a tu abuela.
La magia de saberte vivo y reconocerte poesía.
Brevísimas reflexiones sobre la libertad y la violencia
La violencia.
Me cansa mirar hacia atrás. La historia. Revisarla, intentar entenderla. Pero, a pesar de la incomodidad, parece necesario hacerlo, reflexionar, ¿por qué celebramos ciertas fechas históricas? ¿Qué estamos celebrando en este Bicentenario de la Independencia de Chile? ¿Qué pasó realmente? Leo novelas históricas y me canso de tanta muerte. ¿Es que acaso no ha habido tregua? ¿Es que acaso no ha existido otra forma de vivir que eliminándonos sistemáticamente?
Me dicen que el fin del ejército es una utopía. El fin de la esclavitud lo fue. El voto femenino lo fue. La derogación de la pena de muerte lo fue. Sucederá, o yo seguiré diciéndolo de todas maneras.
La libertad.
Vemos en La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa, millones de conciencias al mando de un solo hombre. Control total, total esclavitud. Sobretodo, de esa esclavitud del alma. La pérdida del libre albedrío. La vida brutal bajo esas condiciones. La pérdida de la dignidad, del sentido de la vida, la “venta” de lo importante, el vacío, y en definitiva la destrucción del hombre. No parece ser éste un problema antiguo, y pareciera que siempre debe estarse atento a la “esclavitud” mental. A todos los tipos de “esclavitudes”, o pérdidas del libre albedrío. Y no sólo eso, además contribuir a crear un ambiente en que todas las personas puedan elegir. Un país democrático. Inclusivo de las minorías, de los más vulnerables, de las personas que son físicamente distintas, o que tienen otras creencias. Parecemos estar en contra de la violencia y el conflicto, pero no hacemos gran esfuerzo a veces ni siquiera por convivir en paz con nuestros vecinos, compañeros de trabajo, nuestras familias. Quizá nos invade la ceguera, de no poder vislumbrar cuando las situaciones se asemejan, quizá en menor escala, o cuando alguna situación es causa o consecuencia de otra. Creo que nos falta observación.
Creo que debe hacerse el mayor esfuerzo por mantener el país, la mente, y, lo más importante, el alma, libres. Sólo así quizá un día podamos entendernos como nos lo merecemos.
Algunas intuiciones:
1. Descubre qué quieres ser realmente y si te lo propones puedes lograrlo.
2. Si miras atentamente, puedes ver que están pasando cosas en todos lados, aquí y ahora, y puedes saber y entender exactamente cuáles son las cosas que están sucediendo.
La violencia.
Me cansa mirar hacia atrás. La historia. Revisarla, intentar entenderla. Pero, a pesar de la incomodidad, parece necesario hacerlo, reflexionar, ¿por qué celebramos ciertas fechas históricas? ¿Qué estamos celebrando en este Bicentenario de la Independencia de Chile? ¿Qué pasó realmente? Leo novelas históricas y me canso de tanta muerte. ¿Es que acaso no ha habido tregua? ¿Es que acaso no ha existido otra forma de vivir que eliminándonos sistemáticamente?
Me dicen que el fin del ejército es una utopía. El fin de la esclavitud lo fue. El voto femenino lo fue. La derogación de la pena de muerte lo fue. Sucederá, o yo seguiré diciéndolo de todas maneras.
La libertad.
Vemos en La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa, millones de conciencias al mando de un solo hombre. Control total, total esclavitud. Sobretodo, de esa esclavitud del alma. La pérdida del libre albedrío. La vida brutal bajo esas condiciones. La pérdida de la dignidad, del sentido de la vida, la “venta” de lo importante, el vacío, y en definitiva la destrucción del hombre. No parece ser éste un problema antiguo, y pareciera que siempre debe estarse atento a la “esclavitud” mental. A todos los tipos de “esclavitudes”, o pérdidas del libre albedrío. Y no sólo eso, además contribuir a crear un ambiente en que todas las personas puedan elegir. Un país democrático. Inclusivo de las minorías, de los más vulnerables, de las personas que son físicamente distintas, o que tienen otras creencias. Parecemos estar en contra de la violencia y el conflicto, pero no hacemos gran esfuerzo a veces ni siquiera por convivir en paz con nuestros vecinos, compañeros de trabajo, nuestras familias. Quizá nos invade la ceguera, de no poder vislumbrar cuando las situaciones se asemejan, quizá en menor escala, o cuando alguna situación es causa o consecuencia de otra. Creo que nos falta observación.
Creo que debe hacerse el mayor esfuerzo por mantener el país, la mente, y, lo más importante, el alma, libres. Sólo así quizá un día podamos entendernos como nos lo merecemos.
Algunas intuiciones:
1. Descubre qué quieres ser realmente y si te lo propones puedes lograrlo.
2. Si miras atentamente, puedes ver que están pasando cosas en todos lados, aquí y ahora, y puedes saber y entender exactamente cuáles son las cosas que están sucediendo.
Irremediable lejanía
A veces me pierdo, me aíslo
La sensación de ver el mundo desde lejos, pequeño, cada vez más diminuto
Sentirme ajena
Me agacho, toco el suelo, abro mis palmas encima de su superficie
Con objeto de sentir su realidad
Te llamo mentalmente
Traigo tu presencia al momento
Te alejas, junto con el mundo, indefectiblemente
Intento más impetuosamente sentir los adoquines
Sé que el mundo no se aleja
Pero tú ya te has ido para siempre
A veces me pierdo, me aíslo
La sensación de ver el mundo desde lejos, pequeño, cada vez más diminuto
Sentirme ajena
Me agacho, toco el suelo, abro mis palmas encima de su superficie
Con objeto de sentir su realidad
Te llamo mentalmente
Traigo tu presencia al momento
Te alejas, junto con el mundo, indefectiblemente
Intento más impetuosamente sentir los adoquines
Sé que el mundo no se aleja
Pero tú ya te has ido para siempre
Cordillera y lejanía
Rodar
Cordillera abajo
Será quizá lo único que queda
Cuando la distancia es insalvable
Cuando los puñales desean volver
Una voz suave grita que no hay que desesperar
Susurra, -habrá un fin-
Debes mantenerte impasible
Dice, -pierde la rabia-
Debes congelarte de una vez y la nieve se hará tu amiga
Autonomía es lo que busco
Lejanía y soledad
Clamo silencio
Espacio propio
Esta cordillera para mí
Tal vez debo darle una oportunidad a mi estima
Más presencia a mi carácter
Más participación a mi forma de ser
Autonomía es lo que busco
Lejanía y soledad
Clamo silencio
Espacio propio
Esta cordillera para mí
Rodar
Cordillera abajo
Será quizá lo único que queda
Cuando la distancia es insalvable
Cuando los puñales desean volver
Una voz suave grita que no hay que desesperar
Susurra, -habrá un fin-
Debes mantenerte impasible
Dice, -pierde la rabia-
Debes congelarte de una vez y la nieve se hará tu amiga
Autonomía es lo que busco
Lejanía y soledad
Clamo silencio
Espacio propio
Esta cordillera para mí
Tal vez debo darle una oportunidad a mi estima
Más presencia a mi carácter
Más participación a mi forma de ser
Autonomía es lo que busco
Lejanía y soledad
Clamo silencio
Espacio propio
Esta cordillera para mí
21 de enero de 2011
Todos
Quizá quiero luchar por la verdadera justicia
No esa de los discursos
De las palabras y el papel
Sino esa que es amiga de la equidad
Esa que hace la diferencia
Que intenta cambiar el mundo
Que no quiere ver más lágrimas
Que está conciente de las desigualdades
No quiero saber acerca de estudios jurídicos ni de sociedades comerciales
Quizá alguien pueda olvidarse de la verdadera justicia y seguir adelante
Mientras haya niños en el mundo que lloran yo no puedo marginarme
No he recibido buenas razones que justifiquen la configuración del mundo
Quisiera una estructura sin exclusiones
Sueño con un modelo pacífico
Un mundo justo en serio
Donde ningún niño quede fuera
Donde la economía y la legislación no apuñalen a ningún pequeño ser
Un lugar en el que no haya segundas intenciones
En ese paraíso todos tendrán su espacio
Sigamos en la búsqueda de la verdadera justicia y libertad
Donde todos podamos ser reyes sin importar el material de nuestra cuna
Donde todos podamos descubrir que la belleza existe
Quizá quiero luchar por la verdadera justicia
No esa de los discursos
De las palabras y el papel
Sino esa que es amiga de la equidad
Esa que hace la diferencia
Que intenta cambiar el mundo
Que no quiere ver más lágrimas
Que está conciente de las desigualdades
No quiero saber acerca de estudios jurídicos ni de sociedades comerciales
Quizá alguien pueda olvidarse de la verdadera justicia y seguir adelante
Mientras haya niños en el mundo que lloran yo no puedo marginarme
No he recibido buenas razones que justifiquen la configuración del mundo
Quisiera una estructura sin exclusiones
Sueño con un modelo pacífico
Un mundo justo en serio
Donde ningún niño quede fuera
Donde la economía y la legislación no apuñalen a ningún pequeño ser
Un lugar en el que no haya segundas intenciones
En ese paraíso todos tendrán su espacio
Sigamos en la búsqueda de la verdadera justicia y libertad
Donde todos podamos ser reyes sin importar el material de nuestra cuna
Donde todos podamos descubrir que la belleza existe
2 de enero de 2011
Palabras al renacer
Hace un año nos incendiamos
Nuestro corazón se quemó al ver el fruto del esfuerzo desvanecerse
Al ver a quienes amamos invadidos por la tristeza
Hoy vemos con certeza la fuerza de salir adelante, cual ave fénix
Presenciamos el renacimiento
Somos parte y admiramos la potencia eterna y la energía creadora desbordarse
Y confirmamos que es posible abrirse paso desde las cenizas
Que todo es posible
Que el amor de una familia y la pasión por el oficio pueden mover montañas
Ahora sabemos que nunca debemos rendirnos
Que el paraíso está camuflado en el esfuerzo
Que mientras mayores sean los desafíos, mayor será la creación y el oasis
Que nuestra fuerza está esperando por salir fuera cuando sea necesario
Hace un año nos incendiamos
Nuestro corazón se quemó al ver el fruto del esfuerzo desvanecerse
Al ver a quienes amamos invadidos por la tristeza
Hoy vemos con certeza la fuerza de salir adelante, cual ave fénix
Presenciamos el renacimiento
Somos parte y admiramos la potencia eterna y la energía creadora desbordarse
Y confirmamos que es posible abrirse paso desde las cenizas
Que todo es posible
Que el amor de una familia y la pasión por el oficio pueden mover montañas
Ahora sabemos que nunca debemos rendirnos
Que el paraíso está camuflado en el esfuerzo
Que mientras mayores sean los desafíos, mayor será la creación y el oasis
Que nuestra fuerza está esperando por salir fuera cuando sea necesario
31 de diciembre de 2010
Atenas y/o Sócrates: elija usted
Sócrates explica, en el juicio que le hace Atenas, la pregunta que realiza a los hombres:
Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de preocuparte de cómo traerás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible?
Platón, Apología de Sócrates
En este escenario, tú vendrías a ser Atenas, y yo Sócrates
Debemos agradecer la diferencia
Somos combinación bella y fecunda
Sócrates explica, en el juicio que le hace Atenas, la pregunta que realiza a los hombres:
Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de preocuparte de cómo traerás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible?
Platón, Apología de Sócrates
En este escenario, tú vendrías a ser Atenas, y yo Sócrates
Debemos agradecer la diferencia
Somos combinación bella y fecunda
27 de diciembre de 2010
Moralista trasnochado y desalmado
¡Tú, chapado a la antigua, que hueles a tiempos de Crono!
Deja de golpear a tu mujer
Deja de violar a tus hijos
Deja de abusar de tu familia
No mates a la feminidad
No entierres a la infancia
No derrames sangre sobre lo sagrado
Cobardía
Conversión de jardines en cementerios
Semen maldito y rancio
Placer hueco y bestial
Afán inhumano
Deseo sanguinario
Energía monstruosa
Nada más y nada tengo
Sólo sufrimiento
Cobardía sin límites
Ultrajes y garrotazos
Me siento grande
Me siento poderoso
Me siento grande y soy un pusilánime
Me siento poderoso y soy una ínfima pequeñez
Me siento fuerte y el viento me lleva
Me siento herido y nadie me ayuda
Ve a desquitarte con las rocas
¡Tú, chapado a la antigua, que hueles a tiempos de Crono!
Deja de golpear a tu mujer
Deja de violar a tus hijos
Deja de abusar de tu familia
No mates a la feminidad
No entierres a la infancia
No derrames sangre sobre lo sagrado
Cobardía
Conversión de jardines en cementerios
Semen maldito y rancio
Placer hueco y bestial
Afán inhumano
Deseo sanguinario
Energía monstruosa
Nada más y nada tengo
Sólo sufrimiento
Cobardía sin límites
Ultrajes y garrotazos
Me siento grande
Me siento poderoso
Me siento grande y soy un pusilánime
Me siento poderoso y soy una ínfima pequeñez
Me siento fuerte y el viento me lleva
Me siento herido y nadie me ayuda
Ve a desquitarte con las rocas
23 de diciembre de 2010
19 de diciembre de 2010
Desafíos
Me gustan los desafíos, la sensación de forzar la mente, de avanzar hacia algún lado, estrujar el contenido de los sesos, repensar lo pensado, buscar respuestas, de esa forma, confío en que un día no me aniquilarán definitivamente las preguntas.
Esas dudas
Quizá a ti te gustaría ser yo, pero a mí no me gustaría ser tú, incluso hay veces que yo misma no quiero ser yo, y a ti te gustaría ser tú, no yo, esas veces en que no hay fotos, de sonrisas, hay nudos, apretando, agujeros, muy negros, montones de dudas llamando a la puerta.
Me gustan los desafíos, la sensación de forzar la mente, de avanzar hacia algún lado, estrujar el contenido de los sesos, repensar lo pensado, buscar respuestas, de esa forma, confío en que un día no me aniquilarán definitivamente las preguntas.
Esas dudas
Quizá a ti te gustaría ser yo, pero a mí no me gustaría ser tú, incluso hay veces que yo misma no quiero ser yo, y a ti te gustaría ser tú, no yo, esas veces en que no hay fotos, de sonrisas, hay nudos, apretando, agujeros, muy negros, montones de dudas llamando a la puerta.
14 de diciembre de 2010
Promesa
Voy a luchar duro, y no puedo rendirme ni por un minuto, y quizá, en veinte años, vea un pequeño resultado, sienta algún árbol que finalmente esté floreciendo, y sepa, por un instante, que valió la pena, y que de haber sido de otra forma, el té quizá nunca hubiese llegado a tener ese sabor, ni el jazmín ese aroma un día de primavera.
Certidumbre
Como que de alguna u otra forma lo sabes, que vas a llegar a serlo, que es algo por lo cual se te concedió la vida, sabes que llegará, como ese momento antes del orgasmo, cuando la certidumbre del paraíso tan próximo te inunda, y agradeces estar vivo.
Voy a luchar duro, y no puedo rendirme ni por un minuto, y quizá, en veinte años, vea un pequeño resultado, sienta algún árbol que finalmente esté floreciendo, y sepa, por un instante, que valió la pena, y que de haber sido de otra forma, el té quizá nunca hubiese llegado a tener ese sabor, ni el jazmín ese aroma un día de primavera.
Certidumbre
Como que de alguna u otra forma lo sabes, que vas a llegar a serlo, que es algo por lo cual se te concedió la vida, sabes que llegará, como ese momento antes del orgasmo, cuando la certidumbre del paraíso tan próximo te inunda, y agradeces estar vivo.
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