22 de enero de 2012

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12 de enero de 2012

Germen inolvidable

No he parado en todo el año. Hoy es el primer día que llego a mi casa después del trabajo y no tengo nada que hacer. Es una felicidad indescriptible y una calma mágica. Pongo música, cierro los ojos, agradeciendo esta tregua. Respiro hondo, sonrío. Escribo estas líneas, sin prisa. Anhelando bajar las revoluciones para este nuevo año. En este ritmo de vida una parte de nuestra alma se va erosionando, porque no alcanza a renovarse, y al no ver las cosas en profundidad se va haciendo efímera y superficial. Desechable. Mientras escucho estos acordes de paraíso me prometo a mí misma renovar esa parte de mi alma que ya no está. Que se fue por la aceleración de los tiempos, la creencia de que es posible estirar los días hasta crear horas que no existen. La voluntad explícita de extender el cerebro a funciones para las cuales no fue creado. La ceguera de ver al corazón consumirse en tanto alargar cada segundo, sin intentar que pase cada uno a su manera, no pidiéndoles desfiguraciones y acrobacias para llegar adonde no pueden hacerlo. Me prometo a mí misma detenerme ante las palabras, las miradas. Mirar a los ojos hasta poder descubrir qué hay tras ellos. Y más allá de eso. Penetrar en las personas y llenarme de energía de vida. Traspasarles un poco de mi sustancia, y al hacerlo, transformar ese germen de muerte que a veces se aloja en mí, que me acompaña muchas veces casi imperceptible. Que enloquece a las personas y las obliga a seguirme, a hacerse parte del riesgo de escucharme. Es el vértigo de acercarse a mí. La invitación al precipicio donde todo es posible, donde hay que saltar, con posibilidad de volar o caer, o ambas en una sensación de atracción o terror. Es un germen de muerte envuelto en vida. La maldición del germen de muerte que me acompaña, del que nunca más podrás escapar. Porque finalmente todos queremos llegar más allá, explorar, conocer los límites, traspasarlos, explorar la vida hasta llegar a su raíz, hacernos inmortales para luego saber que el tiempo es escaso. Que las horas no van a alargarse aunque queramos. Pero podemos vivirlas entendiendo algo o nada. Yo quiero entender, hablemos sobre esto. Compartamos esa profundidad que hemos vislumbrado. Mi profundidad queda anclada en tu alma, quieres saber más y ese placer difuso te hace recordarme. Vislumbraste el germen de muerte, la fatalidad de querer vivir la vida hasta el fondo y llegar hasta las últimas consecuencias. De tener una misión en la vida a la cual no es posible traicionar. La seducción por descubrir la magia de la existencia. La aspiración por llegar lejos. Una vez que te miro en los ojos y lo ves no hay vuelta atrás. El problema es que yo sigo en mi expedición, porque nunca termina. Cuando acabe será el momento de morir, pero el germen habrá dado sus frutos, habiendo cambiado el mundo, dejando atrás las flores del germen de muerte. Envuelto en vida, una hermosa y rozagante vida.
Seducción de exploración

Siento el invierno, y estamos en enero. La seducción de exploración traspasó las estaciones. ¿Y ahora qué?
Fragilidad y milagro

Tengo una herida en la rodilla. La miro y me recuerda la fragilidad de la vida, me gusta por eso. Tan solo tener la vida es ya un milagro. Despertar cada día es una casualidad y una nueva oportunidad que se nos entrega.
Agonía romántica

La muerte, o tal vez agonía, de la mentalidad romántica en mí, entiéndase idealización, ha contribuido, gradualmente, y en gran medida a mi aceptación del presente, aportando a mi bienestar. Así como Flaubert emprendió la batalla hace tantos años contra el romanticismo, así continuamos nosotros con su aniquilación, que parece nunca ser definitiva. No hay tal cosa como el príncipe azul. Todos los príncipes son celestes con el tiempo. Eso los hace más hermosos cuando se espera lo suficiente para descubrir los matices de ese celeste, que puede parecerse al cielo. Sin esa espera el celeste se vislumbra desteñido y falto de gracia. El celeste que se pega en mí aún brilla, espero que nunca deje de hacerlo.
Contrastes

Estoy tan feliz que estoy como ahogada de júbilo, por la vida, por los contrastes, triste por la muerte y contenta de poseer todavía la vida.
Incierto gozo

Me intriga Flaubert, y me hace pensar, porque no es posible asirlo a la primera, veo un atisbo de universo que tiene mucha fuerza y no se agota con una sola mirada, es quizá la razón de por qué me alerta y me agrada, una combinación gloriosa de placer y de duda, o un incierto gozo.
Convicción

Hay que actuar con convicción, y no dudar de las propias elecciones y caminos por las decisiones o rumbos de otros. No hay que dejarse apabullar, cada persona es distinta, y si está conectada con su propia alma, habrá una razón para lo escogido y realizado, aunque en el momento no se distinga con claridad esa motivación del trazado.
Presente

Si todo va a pasar, ¿entonces cuál es la gracia?
El objetivo de esforzarse debe ser tener un mejor presente. El presente y esta vida es lo único que importa. Los esfuerzos cifrados en lograr la inmortalidad son vanos. Lo que continúe sucediendo cuando ya no estemos no nos alcanza. Los planes y metas que se tracen deben poder materializarse en un futuro relativamente inmediato.
Sensibilidad

 Lo bueno de la sensibilidad: lo que se siente.
Inspiración y Flaubert

Este es un año redondo, comencé con mi novela motivada por Flaubert y Madame Bovary, y cierro el año y mi novela agradecida y cautivada por Flaubert y La educación sentimental.
Espera

Te he esperado todo el día y no apareces. ¿Dónde estás?

Paso del tiempo

Han pasado cinco años, y ya casi no te recuerdo. De pronto me sorprendo de que han pasado semanas, y no he pensado en ti ni una sola vez. Ese olvido me hace sonreír y agradecer el paso del tiempo. Qué será de ti.

7 de enero de 2012

El sentido de lo político en Arendt y Castoriadis: el proyecto de autonomía. Aplicaciones a nuestra actualidad.





Manifiesto

Entender el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi integridad, quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, quiero aceptar todas las verdades, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la riqueza y el poder gobiernen.





Introducción



            Este ensayo, de extensión breve, aborda algunas de las reflexiones políticas de Hannah Arendt y Cornelius Castoriadis, a la luz del proyecto de autonomía que impulsan. El objetivo es desarrollar de manera concisa los conceptos, para dar paso a algunas reflexiones sobre la aplicación de estos a nuestra actualidad. El año que acaba de pasar, fue un año convulsionado para nuestro país, en el que miles de estudiantes y familias salieron a las calles a manifestarse en contra del sistema educativo chileno, altamente segmentado e inequitativo. Es de nuestro interés, verter en estas páginas algunos elementos que están presentes en la discusión, aportando así, un grano de arena más en pos del proyecto de autonomía. En el primer acápite se desarrolla de manera sucinta el sentido y contribución social de la educación para Hannah Arendt. En segundo lugar, se aborda el proyecto de una sociedad autónoma de Cornelius Castoriadis, y su vinculación con las ideas de Arendt. Por último, se da paso a las reflexiones señaladas con miras a la auto-institución de la sociedad que queremos.



Hannah Arendt y el sentido político de la educación



            Para Hannah Arendt, accedemos a la verdad a través del diálogo, del intercambio comunicativo con otro. Para esta autora, la política significa ponernos de acuerdo sobre el mundo y sobre la marcha del mundo, sobre lo que vamos a hacer en el mundo. Si a cada persona se le aparece éste completo, lo que nos queda es abrirnos a la experiencia de la comunicación. La política en este sentido es la opción por la comunicación, la opción alternativa a la violencia. Debemos salvar a la política de la epysteme, asunto fundamental para salvarla de la violencia. La política existe donde hay debate. La gran tesis de Arendt es defender la doxa (modo en que a cada cual se le aparece el mundo), defendiendo así la pluralidad. La política estaría entonces donde los asuntos son debatibles.



¿Qué ha puesto históricamente un límite al debate? Los que creen que es posible llegar con nuestra razón al fundamento divino, y al fundamento natural de las cosas. Los que apelan a la voluntad de los dioses, y los que apelan al orden natural. Ahí están presentes los argumentos para clausurar el debate.



La política nunca acaba porque el debate no puede parar, porque todo el tiempo nacen nuevas personas, con nuevas perspectivas. Una nueva generación puede ver cosas que los que están actualmente en la tierra no ven.



Para Hannah Arendt, es rol de la educación el acoger a las nuevas generaciones. La educación es la institución o mecanismo que la propia sociedad se ha dado a sí misma para reproducirse. En ese sentido tiene un significado social y político. Es un mecanismo que responde a la historicidad constitutiva de cada sociedad. La educación es el mecanismo que la sociedad tiene para responder a su condición histórica. Toda sociedad tiene que proyectarse en el tiempo, establecer una vinculación entre el pasado y el futuro. No es mecánica, requiere ser pensada, y dicha, elaborada, creada, producto de una decisión. Toda sociedad tiene que pensarse a sí misma como una construcción en el tiempo, tiene que pensar cómo era y cómo quiere ser. Toma esa decisión a través de su proceso educativo. A través de la educación la natalidad se convierte en humanización.



Gianini expresa: “nacer es un evento que compromete a toda la sociedad. Y, en virtud de cada nacimiento, una sociedad es –como lo es el individuo- históricamente indivisible y continua en su identidad. Pero esto significa que desde el momento, llamémoslo así, de la epifanía natalicia, la sociedad empieza a estar en deuda consigo misma: la deuda de convertir un hecho biológico en valor; al individuo numérico, en individuo humano” (Gianini 17).



            Para Hannah Arendt, “nuestra esperanza siempre está en lo nuevo que trae cada generación”, pero, la educación que se le da a esa nueva generación ha de ser conservadora al mismo tiempo. Lo explica así: “Precisamente por el bien de lo que hay de nuevo y revolucionario en cada niño, la educación ha de ser conservadora; tiene que preservar ese elemento nuevo e introducirlo como novedad en un mundo viejo que, por muy revolucionarias que sean sus acciones, siempre es anticuado y está cerca de la ruina desde el punto de vista de la última generación” (Arendt 204).



            La autora va más allá en cuanto al sentido de la educación, y expresa que ella es “el punto en el que decidimos si amamos el mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y jóvenes, sería inevitable. También mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarlos a sus propios recursos, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos, lo bastante como para prepararlos con tiempo para la tarea de renovar un mundo común” (Arendt 208).



Cornelius Castoriadis y el proyecto de una sociedad autónoma



Para Castoriadis, lo que distingue a Occidente, en contraposición a Oriente, es que ha tenido lugar en él el proyecto de autonomía. En este proyecto, Occidente encuentra lo mejor de sí, y es esto lo más distintivo y lo más valioso. No aparece en otras culturas la autonomía como proyecto. Sin embargo, el autor expresa que este proyecto se puso en marcha, pero no está concluido, asunto de la esencia misma del concepto de “proyecto”.



Para este filósofo, el proyecto se puso en marcha en Grecia, asunto en el cual coincide con Hannah Arendt. El proyecto se puso en marcha con la creación de la filosofía y la democracia, alrededor del siglo V a.C. La filosofía sería el valor de la autonomía llevada al plano del pensamiento. Un pensamiento autónomo significa la posibilidad de una interrogación sin límites, y éste sería el aporte de la filosofía. Un pensamiento que es capaz de poner en cuestión y pedir razón de todo. Interrogar sobre las cosas que son y sobre las cosas que valen. Preguntar: ¿Podrían ser de otra manera?, ¿podrían ser objeto de otra estimación? Estas son preguntas subvertidoras del orden establecido, que interrogan donde no cabe preguntar, donde se acata. La filosofía habría introducido la idea de tener la tarea de asegurar la validez de esas certezas. No hay clausura y se rompe cualquier dogmatismo, paternalismo, autoritarismo, sería una afirmación radical del pensamiento libre. Incluso la idea de lo absoluto puede ser cuestionada.



Para Castoriadis, la democracia sería el principio de autonomía llevada el plano de la organización social. El proyecto consiste en la formación de un individuo y de una sociedad autónoma. La democracia es la aparición en el orden histórico social de una sociedad que se instituye a sí misma. Define su nomos, su ley. La ley puede ser revisada, puede ser cambiada, una y otra vez, por decisión del demos, del pueblo. El proyecto de autonomía significa una desacralización, una humanización. La sociedad humanizada puede auto definir su curso, autoinstituirse.



¿Dónde estaría lo político? En este esquema, podríamos preguntarnos por ejemplo si una protesta por el Transantiago sería política. Pero, la respuesta es que sería una manifestación social, no política. Estaríamos en el contexto económico productivo, estas personas estarían protestando porque quieren llegar a tiempo al trabajo y a ver a sus familias luego de él. Un movimiento es político cuando quiere modificar algún aspecto relevante de la sociedad. Tener poder de decisión en la autoinstitución que se hace de la sociedad. Cuando el movimiento estudiantil protesta por becas es una protesta social, pero cuando critica al modelo de educación, en ese caso la protesta es política. La democracia sería la sociedad definiéndose a sí misma en lo que pretende ser. Se requieren individuos autónomos para que en el plano social exista autonomía.



Para Castoriadis, a partir del siglo XX en adelante este proyecto de autonomía está en crisis, y tiene extravíos. Se ha perdido en la carretera del individualismo. Han venido a operar las fuerzas del mercado, del capitalismo. Son los tiempos del avance de la insignificancia, y de la privatización de la existencia. El sujeto corta vínculos con los referentes de significado. Con los que implicaban una apertura más allá de lo individual. Crisis de la conciencia histórica, política, social, de todas las fuentes de significado, un coqueteo con la insignificancia. Por eso, él ve la pérdida de la autonomía como valor, como horizonte, como proyecto. En esta privatización de la existencia, los sujetos transaron una libertad mayor por pequeñas libertades. El sujeto de hoy pesa poco, es consumidor, cliente, hoy se deciden insignificancias, no se toman decisiones sobre la institución de la sociedad. Se decide sobre pequeñas cosas.



Cuando Camila Vallejo dice: “No quiero que los políticos se pongan de acuerdo”,  el mensaje es que no quieren que los ciudadanos sean transformados en meros espectadores. Se produce una privatización de la política en una oligarquía, en un pequeño grupo. Las personas no quieren relacionarse con la política, hasta que la política termina involucrándose con ellos y entonces se dan cuenta de que hay crisis de representatividad. Al igual que Hannah Arendt, Castoriadis piensa que los sujetos están hipotecando su libertad, la están arriesgando, y perdiendo la oportunidad de experimentar otro tipo de relación con el mundo y sus contemporáneos. Ambos autores postulan una soberanía activa, aproximarse a la democracia directa. Rechazan la democracia cuando representa gestos oligárquicos solamente. Hay que estar atentos que en Chile tenemos una democracia representativa y cada vez menos participativa.



Castoriadis analiza el concepto de creación, de introducción de algo nuevo, la misma idea que desarrolla Hannah Arent con el concepto de acción. La tesis de Castoriadis es mostrar que existe una creación histórico-social, que realizan los humanos. Intenta  rescatar este concepto monopolizado por la metafísica y la teología. Para el autor, la creación radical, la creación de formas, la realizan los humanos, por ejemplo, una sinfonía de Mahler, o de Bach. Expresa que por más que analices las condiciones de ese eidos, no puedes explicar por qué nació esa creación, no hay un basamento histórico, fisiológico. La democracia, por ejemplo, se pregunta ¿por qué nació en particular en Grecia? No hay razones específicas que hayan tenido los griegos que expliquen el nacimiento de la democracia. Otros pueblos tenían esas características y sin embargo no la crearon. Es una idea original, y el autor la llama creación radical. Explica que esto viene de un fondo que no controlamos completamente, y de ahí emerge un acto creativo, del subconsciente.



Para el autor, idea compartida por Hannah Arendt, hay que proteger a la sociedad instituyente. Una sociedad democrática, no solo cuida lo ya instituido, sino que también deja espacio para la fuerza instituyente que crea. Expresa que querer controlar esto, sería controlar la psiquis profunda del ser humano, controlar lo incontrolable. Castoriadis hace un rescate de la capacidad creativa del ser humano, expresando que no solo es capacidad de dios. Hannah Arendt, cuando se refiere a la política, expresa que es la capacidad de hacer milagros, la situación de hacer posible lo que creíamos completamente imposible. Castoriadis expresa que estoy ya ha sucedido, y que la creación de la política y la filosofía, es creación radical.



Para ambos autores, una sociedad tiene que querer ser autónoma para serlo, y eso es imposible si los niños y niñas no son educados para ese fin. Es necesario educar en la autonomía, y para la autonomía. Para el individuo actual la autonomía implica incomodidad, da pereza, y amenaza la cobardía. Significa hacer más cosas, tomar más decisiones, preocuparse del proyecto social. Eso significa ser libre, hacernos cargo de la vida y del mundo. El problema es que el consumo, la entretención, los medios de comunicación, la publicidad, la educación, no están generando autonomía, sino pasividad, conformismo, insignificancia.



La esencia política para ambos autores es el debate, donde cabe la contingencia, la  doxa. Cualquier acuerdo es revisable, y hay espacio para la interrogación sin fin. Si el mundo está ordenado, no hay lugar para el pensamiento político. El debate político tiene relación con qué sociedad queremos, y en ese debate no caben los expertos solamente, sino que todos las personas. Por ejemplo la pregunta, muy actual por estos días, ¿Queremos un modelo de educación gratuita para todos? Para ambos autores es una pregunta política, y todos debieran opinar.



El modelo social actual tiende a desactivar los impulsos políticos, el vis formandi, la sociedad instituyente. Esto por la banalización de la existencia, la trivialización de la existencia, hasta fenómenos como el endeudamiento. El sujeto endeudado es un sujeto capturado, no se puede organizar, no puede generar sociedad civil, no puede pertenecer al sindicato, no puede perder el trabajo porque tiene que pagar las deudas. En ese modelo, los estudiantes pueden movilizarse, porque no están endeudados. ¿Cuándo empezaron a movilizarse? en el caso de Chile, cuando comenzaron a estar endeudados, cuando vieron el horizonte de la deuda, ya que es muy distinto endeudarse cuando se es adulto, que endeudarse cuando se está en etapa de configurar la vida, en la etapa juvenil. Además,  endeudarse por la educación, cuando en la Constitución de Chile se establece que es un derecho del cual todos los sujetos sin excepción son acreedores. En ese contexto la explosión social aparece sola. Lo mismo la rabia, cuando aparece en el diario todos los años, la diferencia de los puntajes en la prueba de selección universitaria entre los colegios privados y públicos.



Podemos preguntarnos, ¿Puede llegar la educación a ser gratuita? Hannah Arendt diría que los milagros son posibles. Pero para eso debemos decidir la sociedad que queremos. El modelo social que queremos, eso es la política. Ningún experto tiene derecho a tener más palabra que la nuestra. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el concepto de autonomía implica graduaciones, por ejemplo en el caso de los niños. Los niños aprenden autonomía con autonomía. Es una autonomía progresiva. Se debe subrayar lo progresivo. Para ambos autores, solo la educación puede crear ciudadanos.



Lo que ellos persiguen es despojar a la palabra política de la carga negativa. La política tiene que ver con la definición que hacemos de la sociedad que queremos. Crear personas que pueden hacerse cargo del mundo. Se ha vaciado la sociedad y la educación de su sentido político. Hoy en día, por ejemplo, internet permite la participación de todos. Pero el individuo que concurre a internet, concurre despolitizado, porque no se ve todavía realmente como una herramienta política.



Si toda nuestra participación política es votar, y solo votamos cada cierto número de años, opinamos en total unas cinco veces en la vida, y además elegimos quien nos va a representar, sin decidir directamente. Queremos opinar más que eso, opinar todo el tiempo. Lo que se necesita es que las personas sientan que quieren vivir como ciudadanos, como adultos. Nos engañamos cuando creemos que somos ciudadanos, adultos y libres, si no participamos activamente en la construcción de nuestra sociedad.



            En cuanto a la concepción sustantiva de la democracia, Castoriadis expresa: “Para Pericles el objeto de la institución de la polis es la creación de un ser humano, el ciudadano ateniense, que existe y que vive en la unidad y por la unidad de estos tres elementos: el amor y la práctica de la belleza, el amor y la práctica de la sabiduría y la responsabilidad del bien público, de la colectividad, de la polis. (…) El ciudadano ateniense no es un “filósofo privado” ni un “artista privado”, es un ciudadano para quien el arte y la filosofía han llegado a ser modos de vida. Esa es la respuesta concreta de la antigua democracia a la pregunta relativa al “objeto” de la institución política. (…) Cuando digo que los griegos son para nosotros un germen, quiero decir en primer lugar que los griegos nunca dejaron de reflexionar sobre la cuestión de saber qué debe realizar la institución de la sociedad; y, en segundo lugar, quiero decir que, en el caso paradigmático de Atenas, los griegos aportaron esa respuesta: la creación de seres humanos que viven con la belleza, que viven con sabiduría y que aman el bien común” (Castoriadis 131).



Aplicaciones a nuestra actualidad



            Existe hoy lo que Figueroa llama las “fuerzas de despolitización”, y la “traducción práctica hoy en día de tales fuerzas se verifica de múltiples maneras, desde el avance de una globalización económica que debilita el poder y la existencia efectiva de la esfera pública política, y que armada del dispositivo (ideo)lógico neoliberal llega incluso a reclamar su completa subordinación a la supuesta cientificidad de sus requerimientos, hasta un sujeto socialmente estimulado para el individualismo y la indiferencia política, paradójicamente socializado para la desocialización, promovido y considerado casi únicamente como productor y consumidor” (Figueroa 31).



El análisis de los conceptos e ideas expresadas por Arendt y Castoriadis, no puede sino hacernos pensar en cuánto nos falta por recorrer en Chile para dar ese vuelco respecto a mirar positivamente la política, y hacer de este país, uno verdaderamente democrático. Estamos en total deuda con nuestro afán de real democracia.



Sin embargo, las marchas estudiantiles de este año nos traen aires de esperanza, de una sociedad a la que sí le importa su destino. Desde ahora queremos expresarnos, y pareciera que ya no queremos que sigan decidiendo por nosotros. Nos hemos llenado de ira y ahora exigimos nuestra autonomía.



El movimiento de estudiantes viene a refrescar el aire y despertarnos del sopor, adormecimiento cómodo para muchos a quienes beneficia el modelo actual. Al fin estalló con más fuerza que nunca la voz de la mayoría cansada de la privatización paulatina de la existencia. Pareciera que la reacción tardó más de lo esperado, pero pareciera decidida a quedarse. Tantos años de leyes producto de una dictadura parecen haber logrado su efecto finalmente, y nos viene la pregunta de cuándo van a eliminarse los resabios de ésta por completo.



Por otro lado, estamos hartos de que la publicidad llega hasta en forma de mensajes de texto a nuestros celulares, un espacio que queremos destinar para recibir noticias de personas cercanas a nosotros, y ni ese espacio se nos respeta. Nuestros correos electrónicos están también llenos de spam, como una invasión desesperante a un espacio que queremos destinar para comunicarnos con otros, pero que se ve ensuciado por mensajes de vacío.



Tanta publicidad nos hace dudar de nosotros mismos, ¿para qué estoy aquí? ¿tengo tantas necesidades? ¿cuáles son mis necesidades? Si no estamos atentos podemos pensar que vinimos para comprar a este mundo, porque ir por la calle es atender a ese mensaje por todas partes. En el metro no podemos mirar hacia ningún lado sin saber que algo nos falta, y ahora además debemos escuchar esos mensajes, en los televisores que se han instalado en los andenes. Una de las primeras cosas que debiésemos pedir para poder empezar a preocuparnos de lo importante en la construcción de nuestro mundo, es que se acaben todos esos mensajes que no nos dejan ni pensar ni escucharnos, ni a nosotros mismos ni a otros. La publicidad nos está matando las últimas neuronas que nos van quedando para saber hacia dónde vamos. La televisión nos tiene hipnotizados en un sueño que lo único que va a lograr es que cuando despertemos esté la muerte esperándonos.



Estamos desesperados y aun así este año nos hemos unido para marchar por lo que nos indigna, por lo que nos horroriza, por un modelo de sociedad que es perverso, que tiene a gran parte de nuestra población de rodillas, endeudada, estresada, maltratada. Y ya no es divertido, y ya no lo podemos seguir permitiendo. El modelo está haciendo agua por todas partes, y al fin un grupo enorme de personas se han unido para decir basta. Pero no podemos conformarnos ni por un minuto, hay que continuar hasta las últimas consecuencias, de manera pacífica, pero firme: no queremos más inequidad, no queremos más injusticia, no queremos más exclusión, no queremos más coacción, no queremos más violencia, no queremos más desigualdad, no queremos más resabios de totalitarismo. Y la lista sigue, no queremos más abuso sexual contra los niños y niñas, no queremos más desigualdad de ingresos para las mujeres, no queremos más matrimonio solamente para los heterosexuales, no queremos más penalización de las drogas, no queremos más monopolio de los medios: por favor, un poco de autonomía y libertad. La lista mezcla varios planos, y así es la sensación incubada, de un malestar incierto, pero certero, está ahí. Ocupemos nuestras fuerzas en identificar lo que queremos cambiar, lo que ya no queremos seguir avalando, lo que nos está llevando a la ruina, lo que nos gustaría hacer mejor. Todos tenemos un espacio, y juntos, podemos crear entre todos un lugar agradable para vivir, donde existir no sea una pesadilla para nadie, sino que una alegría para todos. Preocupémonos de quienes no optaron por lo que les tocó y no se lo merecen. Participemos hoy con las herramientas que tenemos. De esa forma no nos aplastará el mundo del que no decidimos nada ni modificamos nada de su constitución. El presente es hoy, no mañana, y unidos podemos llegar lejos, e intervenir en la construcción de la sociedad que queremos. El conformismo ha llegado a su fin.



¿Cómo podemos aceptar que algunas personas sean tratadas distinto por tener diferente nacionalidad? ¿Cómo podemos callar nuestro descontento cuando la justicia no trata a todos como iguales? La ley y la justicia son las primeras que deben avalar nuestro proyecto democrático. El proyecto de la autonomía, en que las personas pueden expresarse todo el tiempo, y que sus opiniones serán tomadas en cuenta. En que los adultos son tratados como adultos y no como dignos de tutela. Pero eso debemos exigirlo, votar, manifestarnos, unirnos, no quedarnos solos y aislados por nuestro desconcierto y cansancio. Si estamos juntos entonces tendremos que ser escuchados, porque ya no será posible callarnos.



El gobierno de hoy parece estar jugando a ser gobierno, como un pasatiempo secundario, en que es indiferente al final del día lo que estás haciendo. Porque los que están al mando están fuera del estado cuando dejan sus oficinas. No son los que reciben los subsidios, no son los que tienen que ir a escuelas financiadas por otros, en el mundo fuera del horario laboral están sus familiares cercanos y ahí acaba todo. Si el mundo no cambia gracias a ellos, al final de cuentas, igual podrán seguir estudiando, trabajando y yendo de vacaciones. Pero no todos tienen la misma suerte, y no todos nacieron en esa cuna. Y ese juego se nota, se respira, y eso es lo que causa indignación, esa sutil indiferencia que tanto duele, y tanto demuestra. Esto no es un juego, el mundo y todo lo que sucede es lo más serio que existe. Lo que falta es difusión, de quienes no lo están pasando bien, de los adolescentes que están abandonados a su propia suerte en centros privativos de libertad, de niños violentados en centros de protección, de niños extranjeros que no los aceptan en el consultorio ni les ingresan las notas al sistema de registro escolar, de niños mapuches que reciben balines mientras están en recreo, de mujeres y niños abusados sexualmente, eso también es Chile, pero nadie parece darse cuenta. Esto es realmente muy serio, y no podemos seguir trabajando como en un juego, hay asuntos que enmendar.



En este esquema de silencio y obediencia, debemos mencionar también a la iglesia católica, que no nos ha ayudado mucho, que nos indica que debemos subordinarnos a algo superior y mejor que no pensemos tanto por nosotros mismos. Nos han tratado como niños, y a muchos niños como animales, no, peor que animales, no respetando su dignidad e integridad. Hasta cuándo somos el último país en aprobar las leyes basándonos en los dictados de algún dios, y hasta cuándo callamos los abusos y violaciones. Esto también lo debiéramos repensar.



Por lo visto son varios frentes, pero no debemos sentirnos abrumados en ningún momento, porque para eso somos hartos para darnos ánimo y avanzar juntos. En autores como los abordados en este ensayo, encontramos aliados en este camino, y podemos apoyarnos en ellos para entender el porqué de este malestar difuso. Ellos nos ayudan a darle forma, a entender sus razones, y nos dan claridad respecto a lo que nos falta y lo que debemos exigir. Ellos nos dan herramientas de paz, herramientas de cambio, para ir transformando el mundo con todas las opiniones y sin dejar a nadie fuera. Nos entregan algo que es más valioso que todo, nos impulsan a pensar por nosotros mismos, y nos revelan algo que nos hace realmente adultos: no hay nada más que nosotros para cambiar el mundo. El mensaje de estos autores es un mensaje de aliento, somos autónomos, no estamos atrapados, y tenemos chance de cambiar las cosas. Nuestra opinión vale, y no solo eso, estamos obligados a darla, y el país irá para donde queramos llevarlo. Todo lo que sucede nos atañe y es nuestra responsabilidad. “Frente a la experiencia todavía cercana de nuestros propios tiempos de terror y oscuridad, uno de los más importantes desafíos en que quizá podamos reconocernos concernidos en esta parte del mundo por los escritos de Hannah Arendt [y Cornelius Castoriadis], radica en la promoción social de un individuo habilitado como persona moral y agente político, capaz de dar vida a una auténtica sociedad democrática que nos evite volver a vivir las pruebas de la tiranía. Esta promoción es imposible sin la correspondiente afirmación y fortalecimiento del sentido político de la educación, por una parte, y de un auténtico espacio público político, por otra” (Figueroa 31).



Tantas veces leemos el diario como algo ajeno, como acontecimientos que están ocurriendo en marte, pero ellos no nos dejan desembarazarnos: nosotros tenemos parte en lo que acontece, y es nuestra tarea cambiar eso que no está bien y que de a poco nos envilece. Nuestra estadía en el mundo es corta, pero sustantiva para hacerlo bien. “Eres responsable”, nos dicen estos autores, y en ese llamado de atención nos entregan un conocimiento que ya no podemos pasar por alto. Tarde o temprano tendremos que hacernos cargo. “Es tarea de todos”, nos dicen, y en esa advertencia también hay algo mágico, en que la pluralidad y la diferencia son belleza, en que lo humano es algo diverso y único. En que la humanidad y todos los nuevos seres que llegan son un milagro, y que también como un milagro, lograremos el mundo que queremos, pero solamente si entendemos la importancia de articularnos pacíficamente, expresarnos, escucharnos y respetarnos. Gracias a ellos sabemos la fuerza que tiene el lograr entendernos, sin dejar de lado nuestras particularidades, y al contrario, haciendo gala de lo mágico de nuestras diferencias. No les hemos puesto tanta atención como debiéramos, porque de otra manera haríamos las cosas de otra forma, y no seguiría existiendo opresión ni violencia en el mundo, pero lo bueno es que estamos a tiempo, y quizá hoy sea el primer día en que los tomemos en serio a ellos, y nos tomemos en serio a nosotros, y el mundo será diferente y sublime, para todos.



Manifiesto II

Lo que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección, intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia, inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me trate con respeto y no como a un imbécil, quiero echar a andar mi proyecto de autonomía.





Obras citadas



Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro, Ed Península, Barcelona, 1996

Castoriadis, Cornelius. Los dominios del hombre, Gedisa, Barcelona, 1998.

Figueroa, Maximiliano. Totalitarismo, banalidad y despolitización. La actualidad de

Hannah Arendt. Santiago de Chile: Ediciones LOM y Universidad Alberto Hurtado.

Gianini, Humberto. “Humanidad e individuo”, en Segundas Jornadas de Filosofía.

Santiago de Chile: Universidad Adolfo Ibáñez, 2011.





Bibliografía



Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro, Ed Península, Barcelona, 1996

---. La condición humana, Ed. Paidos, Barcelona, 2005.

---. De la historia a la acción, Ed. Paidos, Barcelona, 1999.

---. Filosofía y Política, Besataria, Bilbao, 1996.

---. ¿Qué es la política?, Ed. Paidos, Barcelona, 2001.

---. Crisis de la república, Taurus, Madrid.

Castoriadis, Cornelius. Los dominios del hombre, Gedisa, Barcelona, 1998.

---. El mundo fragmentado, Editorial Altamira, Buenos Aires, 1990.

---. El avance de la insignificancia, EUDEBA, Buenos Aires, 1997.

Figueroa, Maximiliano. Totalitarismo, banalidad y despolitización. La actualidad de

Hannah Arendt. Santiago de Chile: Ediciones LOM y Universidad Alberto Hurtado.

Gianini, Humberto. “Humanidad e individuo”, en Segundas Jornadas de Filosofía.

Santiago de Chile: Universidad Adolfo Ibáñez, 2011.

Rorty, Richard. Contingencia, ironía y solidaridad, Paidós, Barcelona, 1996.

* Trabajo elaborado por:
Andrea Balart Armendariz
Santiago, 06 de enero de 2012.

Magíster en Humanidades, mención Filosofía y mención Literatura
Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez
Cátedra: El sentido de lo político
Profesor: Maximiliano Figueroa