El
sentido de lo político en Arendt y Castoriadis: el proyecto de autonomía.
Aplicaciones a nuestra actualidad.
Manifiesto
Entender
el mundo y las razones de las cosas, es no dejarse engañar, no creer que todas
las decisiones fueron adoptadas por los motivos expresados, desentrañar el
verdadero sentido de los sucesos, y sus consecuencias, una mirada atenta nos
llena de dignidad y nos hace acreedores de un trato con respeto, de una
claridad y una voz firme para decir, no dejaré que vulneren mi libertad y mi integridad,
quiero pensar por mí mismo, quiero que dejen de bombardearme con estímulos que
no me dejan oír el río, quiero saber la verdad, quiero aceptar todas las
verdades, exijo igualdad de derechos para todas las personas, no quiero que la
riqueza y el poder gobiernen.
Introducción
Este
ensayo, de extensión breve, aborda algunas de las reflexiones políticas de
Hannah Arendt y Cornelius Castoriadis, a la luz del proyecto de autonomía que
impulsan. El objetivo es desarrollar de manera concisa los conceptos, para dar
paso a algunas reflexiones sobre la aplicación de estos a nuestra actualidad.
El año que acaba de pasar, fue un año convulsionado para nuestro país, en el que
miles de estudiantes y familias salieron a las calles a manifestarse en contra
del sistema educativo chileno, altamente segmentado e inequitativo. Es de
nuestro interés, verter en estas páginas algunos elementos que están presentes
en la discusión, aportando así, un grano de arena más en pos del proyecto de
autonomía. En el primer acápite se desarrolla de manera sucinta el sentido y
contribución social de la educación para Hannah Arendt. En segundo lugar, se
aborda el proyecto de una sociedad autónoma de Cornelius Castoriadis, y su
vinculación con las ideas de Arendt. Por último, se da paso a las reflexiones señaladas
con miras a la auto-institución de la sociedad que queremos.
Hannah
Arendt y el sentido político de la educación
Para
Hannah Arendt, accedemos a la verdad a través del diálogo, del intercambio
comunicativo con otro. Para esta autora, la política significa ponernos de
acuerdo sobre el mundo y sobre la marcha del mundo, sobre lo que vamos a hacer
en el mundo. Si a cada persona se le aparece éste completo, lo que nos queda es
abrirnos a la experiencia de la comunicación. La política en este sentido es la
opción por la comunicación, la opción alternativa a la violencia. Debemos salvar
a la política de la epysteme, asunto fundamental
para salvarla de la violencia. La política existe donde hay debate. La gran
tesis de Arendt es defender la doxa (modo
en que a cada cual se le aparece el mundo), defendiendo así la pluralidad. La
política estaría entonces donde los asuntos son debatibles.
¿Qué ha puesto
históricamente un límite al debate? Los que creen que es posible llegar con
nuestra razón al fundamento divino, y al fundamento natural de las cosas. Los
que apelan a la voluntad de los dioses, y los que apelan al orden natural. Ahí
están presentes los argumentos para clausurar el debate.
La política nunca acaba
porque el debate no puede parar, porque todo el tiempo nacen nuevas personas,
con nuevas perspectivas. Una nueva generación puede ver cosas que los que están
actualmente en la tierra no ven.
Para Hannah Arendt, es
rol de la educación el acoger a las nuevas generaciones. La educación es la institución
o mecanismo que la propia sociedad se ha dado a sí misma para reproducirse. En
ese sentido tiene un significado social y político. Es un mecanismo que
responde a la historicidad constitutiva de cada sociedad. La educación es el
mecanismo que la sociedad tiene para responder a su condición histórica. Toda
sociedad tiene que proyectarse en el tiempo, establecer una vinculación entre
el pasado y el futuro. No es mecánica, requiere ser pensada, y dicha,
elaborada, creada, producto de una decisión. Toda sociedad tiene que pensarse a
sí misma como una construcción en el tiempo, tiene que pensar cómo era y cómo
quiere ser. Toma esa decisión a través de su proceso educativo. A través de la
educación la natalidad se convierte en humanización.
Gianini expresa: “nacer
es un evento que compromete a toda la sociedad. Y, en virtud de cada
nacimiento, una sociedad es –como lo es el individuo- históricamente
indivisible y continua en su identidad. Pero esto significa que desde el
momento, llamémoslo así, de la epifanía natalicia, la sociedad empieza a estar
en deuda consigo misma: la deuda de convertir un hecho biológico en valor; al
individuo numérico, en individuo humano” (Gianini 17).
Para
Hannah Arendt, “nuestra esperanza siempre está en lo nuevo que trae cada
generación”, pero, la educación que se le da a esa nueva generación ha de ser
conservadora al mismo tiempo. Lo explica así: “Precisamente por el bien de lo
que hay de nuevo y revolucionario en cada niño, la educación ha de ser
conservadora; tiene que preservar ese elemento nuevo e introducirlo como
novedad en un mundo viejo que, por muy revolucionarias que sean sus acciones,
siempre es anticuado y está cerca de la ruina desde el punto de vista de la
última generación” (Arendt 204).
La
autora va más allá en cuanto al sentido de la educación, y expresa que ella es
“el punto en el que decidimos si amamos el mundo lo bastante como para asumir
una responsabilidad por él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la
renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y jóvenes, sería inevitable.
También mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante
como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarlos a sus propios recursos, ni
quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que
nosotros no imaginamos, lo bastante como para prepararlos con tiempo para la
tarea de renovar un mundo común” (Arendt 208).
Cornelius
Castoriadis y el proyecto de una sociedad autónoma
Para Castoriadis, lo
que distingue a Occidente, en contraposición a Oriente, es que ha tenido lugar
en él el proyecto de autonomía. En este proyecto, Occidente encuentra lo mejor
de sí, y es esto lo más distintivo y lo más valioso. No aparece en otras
culturas la autonomía como proyecto. Sin embargo, el autor expresa que este
proyecto se puso en marcha, pero no está concluido, asunto de la esencia misma
del concepto de “proyecto”.
Para este filósofo, el proyecto
se puso en marcha en Grecia, asunto en el cual coincide con Hannah Arendt. El
proyecto se puso en marcha con la creación de la filosofía y la democracia,
alrededor del siglo V a.C. La filosofía sería el valor de la autonomía llevada
al plano del pensamiento. Un pensamiento autónomo significa la posibilidad de
una interrogación sin límites, y éste sería el aporte de la filosofía. Un
pensamiento que es capaz de poner en cuestión y pedir razón de todo. Interrogar
sobre las cosas que son y sobre las cosas que valen. Preguntar: ¿Podrían ser de
otra manera?, ¿podrían ser objeto de otra estimación? Estas son preguntas
subvertidoras del orden establecido, que interrogan donde no cabe preguntar,
donde se acata. La filosofía habría introducido la idea de tener la tarea de
asegurar la validez de esas certezas. No hay clausura y se rompe cualquier
dogmatismo, paternalismo, autoritarismo, sería una afirmación radical del
pensamiento libre. Incluso la idea de lo absoluto puede ser cuestionada.
Para Castoriadis, la
democracia sería el principio de autonomía llevada el plano de la organización
social. El proyecto consiste en la formación de un individuo y de una sociedad
autónoma. La democracia es la aparición en el orden histórico social de una
sociedad que se instituye a sí misma. Define su nomos, su ley. La ley puede ser revisada, puede ser cambiada, una y
otra vez, por decisión del demos, del
pueblo. El proyecto de autonomía
significa una desacralización, una humanización. La sociedad humanizada puede
auto definir su curso, autoinstituirse.
¿Dónde estaría lo
político? En este esquema, podríamos preguntarnos por ejemplo si una protesta
por el Transantiago sería política.
Pero, la respuesta es que sería una manifestación social, no política. Estaríamos
en el contexto económico productivo, estas personas estarían protestando porque
quieren llegar a tiempo al trabajo y a ver a sus familias luego de él. Un
movimiento es político cuando quiere modificar algún aspecto relevante de la
sociedad. Tener poder de decisión en la autoinstitución que se hace de la
sociedad. Cuando el movimiento estudiantil protesta por becas es una protesta social,
pero cuando critica al modelo de educación, en ese caso la protesta es
política. La democracia sería la sociedad definiéndose a sí misma en lo que
pretende ser. Se requieren individuos autónomos para que en el plano social
exista autonomía.
Para Castoriadis, a
partir del siglo XX en adelante este proyecto de autonomía está en crisis, y
tiene extravíos. Se ha perdido en la carretera del individualismo. Han venido a
operar las fuerzas del mercado, del capitalismo. Son los tiempos del avance de
la insignificancia, y de la privatización de la existencia. El sujeto corta
vínculos con los referentes de significado. Con los que implicaban una apertura
más allá de lo individual. Crisis de la conciencia histórica, política, social,
de todas las fuentes de significado, un coqueteo con la insignificancia. Por
eso, él ve la pérdida de la autonomía como valor, como horizonte, como
proyecto. En esta privatización de la existencia, los sujetos transaron una
libertad mayor por pequeñas libertades. El sujeto de hoy pesa poco, es
consumidor, cliente, hoy se deciden insignificancias, no se toman decisiones sobre
la institución de la sociedad. Se decide sobre pequeñas cosas.
Cuando Camila Vallejo
dice: “No quiero que los políticos se pongan de acuerdo”, el mensaje es que no quieren que los
ciudadanos sean transformados en meros espectadores. Se produce una
privatización de la política en una oligarquía, en un pequeño grupo. Las
personas no quieren relacionarse con la política, hasta que la política termina
involucrándose con ellos y entonces se dan cuenta de que hay crisis de
representatividad. Al igual que Hannah Arendt, Castoriadis piensa que los
sujetos están hipotecando su libertad, la están arriesgando, y perdiendo la
oportunidad de experimentar otro tipo de relación con el mundo y sus
contemporáneos. Ambos autores postulan una soberanía activa, aproximarse a la
democracia directa. Rechazan la democracia cuando representa gestos
oligárquicos solamente. Hay que estar atentos que en Chile tenemos una
democracia representativa y cada vez menos participativa.
Castoriadis analiza el
concepto de creación, de introducción
de algo nuevo, la misma idea que desarrolla Hannah Arent con el concepto de acción. La tesis de Castoriadis es
mostrar que existe una creación histórico-social, que realizan los humanos.
Intenta rescatar este concepto
monopolizado por la metafísica y la teología. Para el autor, la creación
radical, la creación de formas, la realizan los humanos, por ejemplo, una
sinfonía de Mahler, o de Bach. Expresa que por más que analices las condiciones
de ese eidos, no puedes explicar por
qué nació esa creación, no hay un basamento histórico, fisiológico. La
democracia, por ejemplo, se pregunta ¿por qué nació en particular en Grecia? No
hay razones específicas que hayan tenido los griegos que expliquen el
nacimiento de la democracia. Otros pueblos tenían esas características y sin
embargo no la crearon. Es una idea original, y el autor la llama creación
radical. Explica que esto viene de un fondo que no controlamos completamente, y
de ahí emerge un acto creativo, del subconsciente.
Para el autor, idea
compartida por Hannah Arendt, hay que proteger a la sociedad instituyente. Una
sociedad democrática, no solo cuida lo ya instituido, sino que también deja
espacio para la fuerza instituyente que crea. Expresa que querer controlar
esto, sería controlar la psiquis profunda del ser humano, controlar lo
incontrolable. Castoriadis hace un rescate de la capacidad creativa del ser
humano, expresando que no solo es capacidad de dios. Hannah Arendt, cuando se
refiere a la política, expresa que es la capacidad de hacer milagros, la
situación de hacer posible lo que creíamos completamente imposible. Castoriadis
expresa que estoy ya ha sucedido, y que la creación de la política y la
filosofía, es creación radical.
Para ambos autores, una
sociedad tiene que querer ser autónoma para serlo, y eso es imposible si los
niños y niñas no son educados para ese fin. Es necesario educar en la
autonomía, y para la autonomía. Para el individuo actual la autonomía implica
incomodidad, da pereza, y amenaza la cobardía. Significa hacer más cosas, tomar
más decisiones, preocuparse del proyecto social. Eso significa ser libre,
hacernos cargo de la vida y del mundo. El problema es que el consumo, la
entretención, los medios de comunicación, la publicidad, la educación, no están
generando autonomía, sino pasividad, conformismo, insignificancia.
La esencia política para
ambos autores es el debate, donde cabe la contingencia, la doxa.
Cualquier acuerdo es revisable, y hay espacio para la interrogación sin fin. Si
el mundo está ordenado, no hay lugar para el pensamiento político. El debate
político tiene relación con qué sociedad queremos, y en ese debate no caben los
expertos solamente, sino que todos las personas. Por ejemplo la pregunta, muy
actual por estos días, ¿Queremos un modelo de educación gratuita para todos? Para
ambos autores es una pregunta política, y todos debieran opinar.
El modelo social actual
tiende a desactivar los impulsos políticos, el vis formandi, la sociedad instituyente. Esto por la banalización de
la existencia, la trivialización de la existencia, hasta fenómenos como el
endeudamiento. El sujeto endeudado es un sujeto capturado, no se puede
organizar, no puede generar sociedad civil, no puede pertenecer al sindicato,
no puede perder el trabajo porque tiene que pagar las deudas. En ese modelo,
los estudiantes pueden movilizarse, porque no están endeudados. ¿Cuándo empezaron
a movilizarse? en el caso de Chile, cuando comenzaron a estar endeudados,
cuando vieron el horizonte de la deuda, ya que es muy distinto endeudarse
cuando se es adulto, que endeudarse cuando se está en etapa de configurar la
vida, en la etapa juvenil. Además, endeudarse
por la educación, cuando en la Constitución de Chile se establece que es un
derecho del cual todos los sujetos sin excepción son acreedores. En ese
contexto la explosión social aparece sola. Lo mismo la rabia, cuando aparece en
el diario todos los años, la diferencia de los puntajes en la prueba de
selección universitaria entre los colegios privados y públicos.
Podemos preguntarnos, ¿Puede
llegar la educación a ser gratuita? Hannah Arendt diría que los milagros son
posibles. Pero para eso debemos decidir la sociedad que queremos. El modelo
social que queremos, eso es la política. Ningún experto tiene derecho a tener
más palabra que la nuestra. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el
concepto de autonomía implica graduaciones, por ejemplo en el caso de los
niños. Los niños aprenden autonomía con autonomía. Es una autonomía progresiva.
Se debe subrayar lo progresivo. Para ambos autores, solo la educación puede
crear ciudadanos.
Lo que ellos persiguen
es despojar a la palabra política de la carga negativa. La política tiene que
ver con la definición que hacemos de la sociedad que queremos. Crear personas
que pueden hacerse cargo del mundo. Se ha vaciado la sociedad y la educación de
su sentido político. Hoy en día, por ejemplo, internet permite la participación
de todos. Pero el individuo que concurre a internet, concurre despolitizado,
porque no se ve todavía realmente como una herramienta política.
Si toda nuestra
participación política es votar, y solo votamos cada cierto número de años,
opinamos en total unas cinco veces en la vida, y además elegimos quien nos va a
representar, sin decidir directamente. Queremos opinar más que eso, opinar todo
el tiempo. Lo que se necesita es que las personas sientan que quieren vivir
como ciudadanos, como adultos. Nos engañamos cuando creemos que somos ciudadanos,
adultos y libres, si no participamos activamente en la construcción de nuestra
sociedad.
En
cuanto a la concepción sustantiva de la democracia, Castoriadis expresa: “Para
Pericles el objeto de la institución de la polis
es la creación de un ser humano, el ciudadano ateniense, que existe y que
vive en la unidad y por la unidad de estos tres elementos: el amor y la
práctica de la belleza, el amor y la práctica de la sabiduría y la
responsabilidad del bien público, de la colectividad, de la polis. (…) El ciudadano ateniense no es
un “filósofo privado” ni un “artista privado”, es un ciudadano para quien el
arte y la filosofía han llegado a ser modos de vida. Esa es la respuesta
concreta de la antigua democracia a la pregunta relativa al “objeto” de la
institución política. (…) Cuando digo
que los griegos son para nosotros un germen, quiero decir en primer lugar que
los griegos nunca dejaron de reflexionar sobre la cuestión de saber qué debe
realizar la institución de la sociedad; y, en segundo lugar, quiero decir que,
en el caso paradigmático de Atenas, los griegos aportaron esa respuesta: la
creación de seres humanos que viven con la belleza, que viven con sabiduría y
que aman el bien común” (Castoriadis 131).
Aplicaciones
a nuestra actualidad
Existe
hoy lo que Figueroa llama las “fuerzas de despolitización”, y la “traducción
práctica hoy en día de tales fuerzas se verifica de múltiples maneras, desde el
avance de una globalización económica que debilita el poder y la existencia
efectiva de la esfera pública política, y que armada del dispositivo
(ideo)lógico neoliberal llega incluso a reclamar su completa subordinación a la
supuesta cientificidad de sus requerimientos, hasta un sujeto socialmente
estimulado para el individualismo y la indiferencia política, paradójicamente
socializado para la desocialización, promovido y considerado casi únicamente
como productor y consumidor” (Figueroa 31).
El análisis de los
conceptos e ideas expresadas por Arendt y Castoriadis, no puede sino hacernos
pensar en cuánto nos falta por recorrer en Chile para dar ese vuelco respecto a
mirar positivamente la política, y hacer de este país, uno verdaderamente
democrático. Estamos en total deuda con nuestro afán de real democracia.
Sin embargo, las
marchas estudiantiles de este año nos traen aires de esperanza, de una sociedad
a la que sí le importa su destino. Desde ahora queremos expresarnos, y
pareciera que ya no queremos que sigan decidiendo por nosotros. Nos hemos
llenado de ira y ahora exigimos nuestra autonomía.
El movimiento de
estudiantes viene a refrescar el aire y despertarnos del sopor, adormecimiento
cómodo para muchos a quienes beneficia el modelo actual. Al fin estalló con más
fuerza que nunca la voz de la mayoría cansada de la privatización paulatina de
la existencia. Pareciera que la reacción tardó más de lo esperado, pero
pareciera decidida a quedarse. Tantos años de leyes producto de una dictadura
parecen haber logrado su efecto finalmente, y nos viene la pregunta de cuándo
van a eliminarse los resabios de ésta por completo.
Por otro lado, estamos
hartos de que la publicidad llega hasta en forma de mensajes de texto a
nuestros celulares, un espacio que queremos destinar para recibir noticias de
personas cercanas a nosotros, y ni ese espacio se nos respeta. Nuestros correos
electrónicos están también llenos de spam,
como una invasión desesperante a un espacio que queremos destinar para
comunicarnos con otros, pero que se ve ensuciado por mensajes de vacío.
Tanta publicidad nos
hace dudar de nosotros mismos, ¿para qué estoy aquí? ¿tengo tantas necesidades?
¿cuáles son mis necesidades? Si no estamos atentos podemos pensar que vinimos
para comprar a este mundo, porque ir por la calle es atender a ese mensaje por
todas partes. En el metro no podemos mirar hacia ningún lado sin saber que algo
nos falta, y ahora además debemos escuchar esos mensajes, en los televisores
que se han instalado en los andenes. Una de las primeras cosas que debiésemos
pedir para poder empezar a preocuparnos de lo importante en la construcción de
nuestro mundo, es que se acaben todos esos mensajes que no nos dejan ni pensar
ni escucharnos, ni a nosotros mismos ni a otros. La publicidad nos está matando
las últimas neuronas que nos van quedando para saber hacia dónde vamos. La
televisión nos tiene hipnotizados en un sueño que lo único que va a lograr es
que cuando despertemos esté la muerte esperándonos.
Estamos desesperados y
aun así este año nos hemos unido para marchar por lo que nos indigna, por lo
que nos horroriza, por un modelo de sociedad que es perverso, que tiene a gran
parte de nuestra población de rodillas, endeudada, estresada, maltratada. Y ya
no es divertido, y ya no lo podemos seguir permitiendo. El modelo está haciendo
agua por todas partes, y al fin un grupo enorme de personas se han unido para
decir basta. Pero no podemos conformarnos ni por un minuto, hay que continuar
hasta las últimas consecuencias, de manera pacífica, pero firme: no queremos
más inequidad, no queremos más injusticia, no queremos más exclusión, no
queremos más coacción, no queremos más violencia, no queremos más desigualdad,
no queremos más resabios de totalitarismo. Y la lista sigue, no queremos más
abuso sexual contra los niños y niñas, no queremos más desigualdad de ingresos
para las mujeres, no queremos más matrimonio solamente para los heterosexuales,
no queremos más penalización de las drogas, no queremos más monopolio de los
medios: por favor, un poco de autonomía y libertad. La lista mezcla varios
planos, y así es la sensación incubada, de un malestar incierto, pero certero,
está ahí. Ocupemos nuestras fuerzas en identificar lo que queremos cambiar, lo
que ya no queremos seguir avalando, lo que nos está llevando a la ruina, lo que
nos gustaría hacer mejor. Todos tenemos un espacio, y juntos, podemos crear
entre todos un lugar agradable para vivir, donde existir no sea una pesadilla
para nadie, sino que una alegría para todos. Preocupémonos de quienes no
optaron por lo que les tocó y no se lo merecen. Participemos hoy con las
herramientas que tenemos. De esa forma no nos aplastará el mundo del que no
decidimos nada ni modificamos nada de su constitución. El presente es hoy, no
mañana, y unidos podemos llegar lejos, e intervenir en la construcción de la
sociedad que queremos. El conformismo ha llegado a su fin.
¿Cómo podemos aceptar
que algunas personas sean tratadas distinto por tener diferente nacionalidad?
¿Cómo podemos callar nuestro descontento cuando la justicia no trata a todos
como iguales? La ley y la justicia son las primeras que deben avalar nuestro
proyecto democrático. El proyecto de la autonomía, en que las personas pueden expresarse
todo el tiempo, y que sus opiniones serán tomadas en cuenta. En que los adultos
son tratados como adultos y no como dignos de tutela. Pero eso debemos
exigirlo, votar, manifestarnos, unirnos, no quedarnos solos y aislados por
nuestro desconcierto y cansancio. Si estamos juntos entonces tendremos que ser
escuchados, porque ya no será posible callarnos.
El gobierno de hoy
parece estar jugando a ser gobierno, como un pasatiempo secundario, en que es
indiferente al final del día lo que estás haciendo. Porque los que están al
mando están fuera del estado cuando dejan sus oficinas. No son los que reciben
los subsidios, no son los que tienen que ir a escuelas financiadas por otros,
en el mundo fuera del horario laboral están sus familiares cercanos y ahí acaba
todo. Si el mundo no cambia gracias a ellos, al final de cuentas, igual podrán
seguir estudiando, trabajando y yendo de vacaciones. Pero no todos tienen la
misma suerte, y no todos nacieron en esa cuna. Y ese juego se nota, se respira,
y eso es lo que causa indignación, esa sutil indiferencia que tanto duele, y
tanto demuestra. Esto no es un juego, el mundo y todo lo que sucede es lo más
serio que existe. Lo que falta es difusión, de quienes no lo están pasando
bien, de los adolescentes que están abandonados a su propia suerte en centros
privativos de libertad, de niños violentados en centros de protección, de niños
extranjeros que no los aceptan en el consultorio ni les ingresan las notas al
sistema de registro escolar, de niños mapuches que reciben balines mientras
están en recreo, de mujeres y niños abusados sexualmente, eso también es Chile,
pero nadie parece darse cuenta. Esto es realmente muy serio, y no podemos
seguir trabajando como en un juego, hay asuntos que enmendar.
En este esquema de
silencio y obediencia, debemos mencionar también a la iglesia católica, que no
nos ha ayudado mucho, que nos indica que debemos subordinarnos a algo superior
y mejor que no pensemos tanto por nosotros mismos. Nos han tratado como niños,
y a muchos niños como animales, no, peor que animales, no respetando su
dignidad e integridad. Hasta cuándo somos el último país en aprobar las leyes
basándonos en los dictados de algún dios, y hasta cuándo callamos los abusos y
violaciones. Esto también lo debiéramos repensar.
Por lo visto son varios
frentes, pero no debemos sentirnos abrumados en ningún momento, porque para eso
somos hartos para darnos ánimo y avanzar juntos. En autores como los abordados
en este ensayo, encontramos aliados en este camino, y podemos apoyarnos en
ellos para entender el porqué de este malestar difuso. Ellos nos ayudan a darle
forma, a entender sus razones, y nos dan claridad respecto a lo que nos falta y
lo que debemos exigir. Ellos nos dan herramientas de paz, herramientas de
cambio, para ir transformando el mundo con todas las opiniones y sin dejar a
nadie fuera. Nos entregan algo que es más valioso que todo, nos impulsan a
pensar por nosotros mismos, y nos revelan algo que nos hace realmente adultos:
no hay nada más que nosotros para cambiar el mundo. El mensaje de estos autores
es un mensaje de aliento, somos autónomos, no estamos atrapados, y tenemos
chance de cambiar las cosas. Nuestra opinión vale, y no solo eso, estamos
obligados a darla, y el país irá para donde queramos llevarlo. Todo lo que sucede nos atañe y es
nuestra responsabilidad. “Frente a la experiencia todavía cercana de nuestros
propios tiempos de terror y oscuridad, uno de los más importantes desafíos en
que quizá podamos reconocernos concernidos en esta parte del mundo por los
escritos de Hannah Arendt [y Cornelius Castoriadis], radica en la promoción
social de un individuo habilitado como persona moral y agente político, capaz
de dar vida a una auténtica sociedad democrática que nos evite volver a vivir
las pruebas de la tiranía. Esta promoción es imposible sin la correspondiente
afirmación y fortalecimiento del sentido político de la educación, por una
parte, y de un auténtico espacio público político, por otra” (Figueroa 31).
Tantas veces leemos el
diario como algo ajeno, como acontecimientos que están ocurriendo en marte,
pero ellos no nos dejan desembarazarnos: nosotros tenemos parte en lo que
acontece, y es nuestra tarea cambiar eso que no está bien y que de a poco nos
envilece. Nuestra estadía en el mundo es corta, pero sustantiva para hacerlo
bien. “Eres responsable”, nos dicen estos autores, y en ese llamado de atención
nos entregan un conocimiento que ya no podemos pasar por alto. Tarde o temprano
tendremos que hacernos cargo. “Es tarea de todos”,
nos dicen, y en esa advertencia también hay algo mágico, en que la pluralidad y
la diferencia son belleza, en que lo humano es algo diverso y único. En que la
humanidad y todos los nuevos seres que llegan son un milagro, y que también
como un milagro, lograremos el mundo que queremos, pero solamente si entendemos
la importancia de articularnos pacíficamente, expresarnos, escucharnos y
respetarnos. Gracias a ellos sabemos la fuerza que tiene el lograr entendernos,
sin dejar de lado nuestras particularidades, y al contrario, haciendo gala de
lo mágico de nuestras diferencias. No les hemos puesto tanta atención como
debiéramos, porque de otra manera haríamos las cosas de otra forma, y no
seguiría existiendo opresión ni violencia en el mundo, pero lo bueno es que
estamos a tiempo, y quizá hoy sea el primer día en que los tomemos en serio a
ellos, y nos tomemos en serio a nosotros, y el mundo será diferente y sublime,
para todos.
Manifiesto II
Lo
que no quiero es que me pasen gato por liebre, que me pasen devastación
ambiental por energía, segregación y segmentación educativa por educación de
calidad, empresario por presidente, estafa por repactación, publicidad por
progreso, programa estúpido por televisión de calidad, publicidad de los
sucedáneos a la leche materna por protección a la lactancia materna, bono bodas
de oro por programas sociales, conservadores por liberales, discriminación por
pluralidad, racismo por acogida, indiferencia por interés, vocación pública por
ambición de poder, cárceles por necesidad, autos por bicicletas, injusticia por
oportunidades, personas que delinquen por delincuentes, personas con
discapacidad por discapacitados, adolescentes por activistas, robos por
catástrofes, pederastas por curas, abuso sexual por centro de protección,
intereses económicos por dios, inmoralidad por valores cristianos, matrimonio
por amor, control social por confesión católica, secretismo por transparencia,
inequidad por sueldos igualitarios para hombres y mujeres, quiero que se me
trate con respeto y no como a un imbécil, quiero echar a andar mi proyecto de
autonomía.
Obras citadas
Arendt, Hannah. Entre el pasado y el
futuro, Ed Península, Barcelona, 1996
Castoriadis, Cornelius. Los dominios
del hombre, Gedisa, Barcelona, 1998.
Figueroa, Maximiliano. Totalitarismo, banalidad y despolitización.
La actualidad de
Hannah
Arendt. Santiago de Chile: Ediciones LOM y Universidad
Alberto Hurtado.
Gianini, Humberto. “Humanidad e
individuo”, en Segundas Jornadas de
Filosofía.
Santiago de Chile:
Universidad Adolfo Ibáñez, 2011.
Bibliografía
Arendt, Hannah. Entre el pasado y el
futuro, Ed Península, Barcelona, 1996
---. La condición humana, Ed.
Paidos, Barcelona, 2005.
---. De la historia a la acción,
Ed. Paidos, Barcelona, 1999.
---. Filosofía y Política, Besataria,
Bilbao, 1996.
---. ¿Qué es la política?, Ed. Paidos,
Barcelona, 2001.
---.
Crisis de la república, Taurus,
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Castoriadis, Cornelius. Los dominios
del hombre, Gedisa, Barcelona, 1998.
---. El mundo fragmentado, Editorial
Altamira, Buenos Aires, 1990.
---. El avance de la insignificancia,
EUDEBA, Buenos Aires, 1997.
Figueroa, Maximiliano. Totalitarismo, banalidad y despolitización.
La actualidad de
Hannah
Arendt. Santiago de Chile: Ediciones LOM y Universidad
Alberto Hurtado.
Gianini, Humberto. “Humanidad e
individuo”, en Segundas Jornadas de
Filosofía.
Santiago de Chile:
Universidad Adolfo Ibáñez, 2011.
Rorty, Richard. Contingencia, ironía y solidaridad, Paidós, Barcelona, 1996.
*
Trabajo elaborado por:
Andrea Balart Armendariz
Santiago, 06 de enero de 2012.
Magíster en Humanidades, mención Filosofía y mención Literatura
Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez
Cátedra: El sentido de lo político
Profesor: Maximiliano Figueroa