12 de enero de 2012

Agonía romántica

La muerte, o tal vez agonía, de la mentalidad romántica en mí, entiéndase idealización, ha contribuido, gradualmente, y en gran medida a mi aceptación del presente, aportando a mi bienestar. Así como Flaubert emprendió la batalla hace tantos años contra el romanticismo, así continuamos nosotros con su aniquilación, que parece nunca ser definitiva. No hay tal cosa como el príncipe azul. Todos los príncipes son celestes con el tiempo. Eso los hace más hermosos cuando se espera lo suficiente para descubrir los matices de ese celeste, que puede parecerse al cielo. Sin esa espera el celeste se vislumbra desteñido y falto de gracia. El celeste que se pega en mí aún brilla, espero que nunca deje de hacerlo.

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